ATENCION

Si alguien está  más interesado en este tema envieme un email a:
 If anyone is interested in a subject more on this subject send me an email to:

mediterrano@gmx.us

Mostrando entradas con la etiqueta vasos de alabastro. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta vasos de alabastro. Mostrar todas las entradas

viernes, 6 de enero de 2012

EL COMERCIO FENICIO

Los fenicios no tuvieron recursos naturales ni se dedicaron demasiado a la agricultura, sino que estuvieron mas orientados a la industria, sobre todo textil: los tejidos de lana y tela teñidos de púrpura gozaron de mucho prestigio en todo el mundo mediterráneo. Para lograr el color púrpura tan deseado, usaban la tinta de un molusco llamado murex.
Además de comerciantes, los fenicios fueron grandes industriales. Explotaron tres principales industrias: la de los metales, la del vidrio y la del teñido.
El teñido de los tejidos de lana fue, quizá, la industria más importante de Fenicia. Este animal segrega un líquido amarillento que al contacto con el aire y la luz adquiere un color violáceo. Los fenicios lo emplearon para teñir sus telas y adquirieron gran habilidad para realizar este trabajo. Mediante procedimientos hoy desconocidos, consiguieron obtener distintos tonos de color: rosa, lila y violeta sombrío. Éste fue el famoso color púrpura, empleado en las más ricas telas, que se vendían a nobles y reyes.
Los fenicios fueron excelentes artesanos de la industria del vidrio. También se destacaron en la producción de armas, adornos y obras de arte en hierro y bronce, incluso de estatuas y bustos de ídolos de las diferentes religiones que profesaban los pueblos con los cuales comerciaban; productos suntuosos de joyería, utensilios, vasos y vajilla confeccionados en vidrio, oro, plata y bronce. Pero sin dudas, donde se han destacado mas notoriamente, ha sido en la industria náutica, que fue posible por ser grandes navegantes o a raíz de ello. Las naves fenicias fueron de estilizadas líneas, veloces y técnicas, dotadas de un gran espolón de proa que actuaba como ariete y servía para abrir grandes vías de agua y echar a pique las naves enemigas. En el área de construcciones de naves marítimas, incidieron con el birreme, una especie de galera a la que consiguieron aumentar el número de remeros montando una hilera sobre otra. Luego construyeron naves más ágiles que hacían uso del viento.
Sin embargo, las ciudades fenicias, en el segundo milenio aJC., destacaron en el comercio. Consiguieron crear una estructura comercial propia para compensar la diferencia entre sus recursos naturales y los de sus vecinos. Como comerciantes y mercaderes, fueron los fenicios activos y prósperos. Excelentes navegantes y audaces exploradores, su importante marina iba a buscar los metales útiles como el estaño, cobre y oro en los lugares mas apartados, de gran consumo en la corte del faraón y en Ninive y Babilonia. Vendían en Grecia, en Italia, en todas las costas bañadas por el Mediterráneo, el incienso y la mirra de Arabia, las piedras preciosas, las especias y marfil de la India, la seda de China, los esclavos y caballos del Cáucaso.
Los fenicios, en los talleres de Tiro, produjeron armas de bronce y de hierro, joyas de plata y de oro, vasos, adornos y utensilios variados de bronce o de cobre. En la fabricación del vidrio superaron a los egipcios, obteniendo vidrio transparente. Mientras se hallaba todavía en estado líquido, lo mezclaban con óxidos metálicos, para lograr combinaciones de distintos colores. Pero el desarrollo de la industria de los metales y del vidrio no logró engendrar un arte fenicio original. Comerciantes antes que artistas, sólo se preocuparon de poder ofrecer a sus clientes, a bajo precio, imitaciones de estatuitas, joyas, vasos y adornos de toda especie usados en Egipto y en Mesopotamia. El teñido de los tejidos de lana fue, quizá, la industria más importante de Fenicia. Extraían la materia colorante de un caracol marino, el múrex. Los fenicios lo emplearon para teñir sus telas y adquirieron gran habilidad para realizarlo. Mediante procedimientos hoy desconocidos, consiguieron obtener el famoso color púrpura, empleado en las más ricas telas, que se vendían a nobles y reyes. El principal aporte fenicio fue el desarrollo de la navegación, ya que fueron expertos constructores náuticos, considerados los mejores de su tiempo. Empleando maderas muy resistentes de los montes Líbano, (encino, ciprés, pino y sobretodo cedro), lograron crear una poderosa flota mercante y guerrera, envidia de todo el Mediterráneo. Sus barcos fueron muy requeridos por reinos del Mediterráneo, que, como Egipto y pueblos del Egeo, con los que competía, reconocieron la mayor calidad de las naves fenicias y encargaron la construcción de importantes cantidades.
Los moluscos en general y sus conchas en particular han estado ligados a la existencia humana hasta donde tenemos constancia de ella: su utilización ha estado relacionada desde siempre con todos los aspectos de la vida cotidiana del ser humano, desde los más primarios hasta los más espirituales.


Tridacna squamosa
E s un molusco bivalvo de la familia Tridacnidae. Esta especie de almejas habita el mar Rojo y los océanos Pacífico e Índico. Se encuentra en los arrecifes coralinos y atolones, donde viven incrustados en la masa coralífera.
Esta concha de bivalvo (Tridacna squamosa) se usaba como contenedor de productos cosméticos. El umbo fue tallado en forma de cabeza de mujer y su forma natural aprovechada para dar forma a la tela que cubre la cabeza. Está esculpida con esfinges y flores de loto en un estilo similar a los diseños textiles representados en relieves asirios. Otras grabados se han perdido o apenas se distinguen. Hoy se conocen unos noventa ejemplares de tridacnas parecidos. Como dato curioso, en el túmulo H de la nécropolis de los Alcores fueron localizadas conchas con este tipo de grabados, pero sobre Unio sinuatus, que se encuentra en los ríos de Europa Occidental, lo que indicaría una fabricación en la Península Ibérica por los fenicios.
Aparte del uso puramente alimenticio, que es sin duda el más extendido en el espacio (se ha dado en todos los rincones del planeta) y en el tiempo (hay constancia de él en múltiples yacimientos prehistóricos y actualmente todavía proporciona una parte sustancial de la dieta en muchos lugares), las conchas se han utilizado también como herramientas (por sus filos cortantes al romperse, sobre todo los bivalvos) para cortar materiales o raspar pieles.
Otros usos menos prosaicos incluyen la utilización de las tridacnas (moluscos que viven en el mar Rojo) como intrumentos musicales (algunos grandes gasterópodos, soplados al modo de trompetas) y sobre todo en la ornamentación personal y en la decoración. Su uso para confeccionar adornos (sobre todo femeninos) es muy antiguo y se han encontrado conchas perforadas para confeccionar collares y abalorios en muchos yacimientos. Incluso se habla de una nueva especialidad, la arqueomalacología, que proporcionaría interesantes datos sobre las condiciones físicas de dichos yacimientos y sobre la gente que los habitaba.
Las figuras de toros son bien conocidas en la toréutica y la eboraria fenicias.
Los buques fenicios, solían hacer la ruta de la costa sur de España, bordeando la costa y llegando hasta Portugal. Actualmente, los pescadores de Nazaré y Aveiro, en el Algarve portugués, dicen ser descendientes de los fenicios y puede haber algo de cierto en ello, ya que sus barcos tienen proas muy altas y están pintados con símbolos místicos, de forma similar a los buques de comercio fenicios.
Lo cierto es que ya antes del reinado de Salomón, los fenicios habían atravesado las Columnas de Hércules (el Estrecho de Gibraltar) y se aventuraban en el Atlántico, recorriendo las costas del África Occidental y llegando hasta las actuales Gambia y Senegal, y comerciando con las Islas Canarias, Madeira y las Azores. Posteriormente, hacia el S.VI a.C., el almirante cartaginés Hanno, llegó hasta el Cabo de Buena Esperanza, lo dobló, y se introdujo en el Mar Rojo. O eso se cree.
Si bien existen pruebas no del todo contrastadas, parece casi demostrado que los fenicios también arribaron a las costas de Gran Bretaña y que se aventuraron por el Báltico, de forma esporádica y nunca estableciendo una ruta comercial. Existen teorías que indican que llegaron a Brasil y la costa sur de los Estados Unidos, si bien se trata, como decimos, de teorías que ya trataremos en otra ocasión.
Las colonias fenicias exceptuando Cartago, eran puramente factorías y asentamientos comerciales ubicados en lugares que disponían de elementos materiales que interesaban a la metrópoli. Por ejemplo, Chipre fue colonizada por la riqueza de sus yacimientos de cobre y por la abundancia de madera; Cilicia por su madera; Thasos, por sus minas de oro; Salamis y Cithera, por su púrpura; Sardinia y la costa sur de España, por sus abundantes metales; el Norte de África, por la fertilidad de sus campos (riqueza agrícola) y por el comercio interior (que proporcionaba marfil, maderas, especias, pieles…).
En cuanto a los metales vemos que fabricaban platos  de bronce realizados con la técnica de batido a torno y, después, decorados con motivos repujados y grabados, organizados a base de dos frisos de animales en torno a un motivo circular central, separados por tres simples cenefas formadas por líneas de ZZ
Trueque de numerosos productos:
Además de productos suntuosos (joyería, artesanía fina, plata), los fenicios comerciaban con cereales, vinos, aceites etc. por medio del trueque. Entre los años 680-652 Giges, rey de Lidia acuñó moneda por primera vez. Los fenicios adoptaron la moneda a partir del año 450 a. de C. fecha de la primera emisión de moneda fenicia, realizada en Sidón, que había heredado la hegemonía de Tiro. Las obras artesanales fenicias tenían cierta falta de originalidad ya que imitaban estilos para infiltrarse en otros mercados. La púrpura era una mercancía exclusiva fenicia, muy apreciada en la Antigüedad, hecha con tejidos teñidos con el jugo del murex, un molusco de las costas del Líbano. Como comerciantes no gozaron de fama de honrados y terminaron tratando con esclavos.
Las mercaderías más importantes que comerciaban eran:
De España plata, hierro, plomo, estaño y lapis especularis que les servía par hacer y fabricar espejos, que obtenían de las minas interiores de la meseta.
De Sicilia  comerciaban con cereales.
Los bordados del Kashmir, las alfombras de Babilonia o las perlas de Golfo Pérsico, se vendieron a precios que únicamente podían pagar las más ricas naciones, seguramente en oro y plata así como en las manufacturas que interesaban a los fenicios: las cerámicas del Ática, los utensilios metálicos de Corinto, los candelabros y espejos de Etruria
El marfil, muy preciado en la antigüedad   lo conseguían tanto de los elefantes de Africa como  los de la India.
Del continente africano además del marfil también comerciaban con los huevos de avestruz que les sirvieron para negociar con los indígenas para crear las urnas cinerarias,  según muestran los hallazgos, oro para crear adornos y fabricar joyas, papiro, vasos y tinajas procedentes de Egipto. 
El coral de Malta, las telas de Persia y de India, el oro de África; la plata, el plomo y el hierro de España; el trigo, el algodón y el lino de Egipto; los granos, los vinos y los aceites de Palestina; los esclavos, los caballos y las vasijas de Armenia; las drogas, las esencias y las lanas de Arabia, y tantas otras cosas que fueron el objeto de su especulación comercial y la base de sus expediciones marítimas y terrestres, tan renombradas e importantes que han valido a Fenicia el dictado de la Inglaterra de la antigüedad; pero que empezaron a decaer cuando se debilitó su liga colonial por la dominación de los persas y que desaparecieron cuando Alejandro deshizo esta liga con la destrucción de Tiro.
La muselina, tela fina parecida al algodón era importada hacia occidente desde el Valle del Indo. De Arabia acarreaban perfumes, otras clases de telas e incienso.
De Fenicia obtenían maderas de cedros del Líbano, tintes, como el murex extraído de un molusco parecido a la cañaílla, tejidos y cerámicas.
Toda esa riqueza material, iba a para a la metrópoli y retornaba a las colonias manufacturado en las más diversas formas: tejidos de lino, lana, algodón e incluso seda; diferentes variedades de alfarería, vidrios y ánforas, armas y utensilios de metal; joyas, perfumes y vinos… Este fue el inicio de las que habrían de convertirse en las poderosas rutas comerciales que explotaron con enorme éxito.
A la par del comercio marítimo, los fenicios realizaron también un activo intercambio por tierra con los países del Asia occidental. Las caravanas fenicias, valiéndose de los camellos, a los que se llamaba "naves del desierto", cruzaban las arenas como los barcos el mar, y desde Arabia a Mesopotamia repartían por todo el Cercano Oriente los variados productos de la industria fenicia.
Los gobernadores locales vendían sus prisioneros de guerra como esclavos a los fenicios, pero a veces éstos conseguían la preciada mercadería humana sin pagarla: atraían a los naturales del país exhibiendo en la playa hermosas armas, tejidos, joyas y perfumes y, si la ocasión se presentaba, raptaban a los niños y mujeres.
Para sus transacciones utilizaban el trueque. Esto se debió sobre todo a que los pueblos con los que comerciaban no conocían la moneda. Según referencias del historiador griego Herodoto, los fenicios solían practicar el trueque mudo. ¿En qué consistía? Era una manera original de negociar sin tener contacto directo con los compradores. Los fenicios se acercaban a una costa, dejaban sus productos en la playa y regresaban a sus naves.
Los habitantes del lugar se aproximaban para observar las mercaderías, ponían junto a ellas el valor que consideraban justo, ya sea en mercancías o en metales preciosos, y se retiraban. Los fenicios entonces se dirigían nuevamente a la playa, y si el precio les parecía adecuado, lo tomaban y dejaban la mercadería. Si el precio no los convencía, volvían a sus barcos a esperar otra oferta. Las relaciones comerciales de los fenicios fueron de tal magnitud que podría afirmarse que todo el mundo antiguo comerció con ellos.

Los metales fueron trabajados con maestría, y los talleres de Tiro produjeron abundantemente armas de bronce y de hierro, joyas de plata y de oro, vasos, adornos y utensilios variados de bronce o de cobre.
En la fabricación del vidrio superaron a los egipcios, obteniendo vidrio transparente. Mientras se hallaba todavía en estado líquido, lo mezclaban con óxidos metálicos, para lograr combinaciones de distintos colores.
Pero el desarrollo de la industria de los metales y del vidrio no logró engendrar un arte fenicio original. Comerciantes antes que artistas, sólo se preocuparon de poder ofrecer a sus clientes, a bajo precio, imitaciones de estatuitas, joyas, vasos y adornos de toda especie usados en, Egipto y en Mesopotamia.
En las colonias fenicias del sur de España encontraron grandes minas de plata, fuente de riqueza y expansión fenicia. Diodoros, escritor clásico anota: ” los fenicios allegaron grandes riquezas en el comercio de la plata. Gracias a este comercio que realizaron durante mucho tiempo, crecieron hasta el punto de poder fundar colonias en Sicilia e islas cercanas, en Africa y Cerdeña y en Iberia”. Vendían en Grecia, en Italia, en todas las costas bañadas por el Mediterráneo, el incienso y la mirra de Arabia, las piedras preciosas, las especias y marfil de la India, la seda de China, los esclavos y caballos del Cáucaso.
He aquí una breve lista de los  artículos que comerciaban los fenicios por todo el Mediterráneo y tierras que colonizaban.
-- Murex
-- Garum
-- Vidrio
-- Lapis Specularis
-- Marfiles Fenicios
-- Azafrán
-- Metalurgia y mineria
-- Sal
-- Huevos de Avestruz
-- Cerámica 
-- Aceite
-- Vino
-- Orfebrería
-- Madera de Cedro
-- Fragancias de Jericó
-- Jabon de Alepo
-- Perfumes Fenicios

EL CORTIJO DE MONTAÑEZ

Necrópolis fenicia situada en la Vega de Málaga en el Valle del Guadalhorce, a unos escaso kilómetros de la necrópolis del Cerro del Villar, en la que se han encontrado varias urnas  o vasos de alabastro de carácter egipcio, de los que solo se conserva uno en la actualidad. Tienen su paralelismo en las necrópolis de Trayamar, Almuñecar y Lagos.
Cronológicamente vemos que se trata de un cementerio del siglo VIII al VI a de C.
La existencia de una tumba de cámara fenicia en la vega del Guadalhorce (cf. Almagro Gorbea 1782: 251) precisaría de una confirmación más rigurosa, para no dar lugar a algunas afirmaciones un tanto temerarias, como las que aseguran la presencia en la zona de una necrópolis de tumbas de cámara al estilo de la de Trayamar.
 
Entre los hallazgos más importantes cabe  destacar cinco ánforas, un pithos de cuatro asas, dos ánforas en forma de alabastrón, una urna globular con engobe rojo y pintada, una urna de tipi "Cruz del Negro", un jarro de boca de seta, dos jarros de boca trilobulada y una lucerna de dos mechas.
Se han descubierto a unos setecientos pasos del mar unas vasijas grandes con restos humanos calcinados, que se presentaban agrupadas cada una con otras dos más pequeñas, de distancia en distancia, formando una especie de cementerio.
En cualquier caso, se trata de un conjunto bastante heterogéneo de cerámicas, cuyas pastas y tratamiento son análogas a las de las cerámicas fenicias del Cerro del Villar. Tanto las arcillas como el tipo de desgrasante y las formas apuntan, por otra parte, a la producción característica del Guadalhorce en un momento avanzado de la época fenicia.
Las cerámicas del Cortijo de Montañez corresponden a múltiples formas, todas ellas pertenecientes al grupo de la cerámica fenicia. Difieren de ésta en algunos detalles y ofrecen unas morfologias poco comunes que, en algún caso, reflejan relaciones con el hinterland tartésico. La mayor parte de 10s paralelos cronológicos se inscribe a finales del siglo VI1 y en el siglo VI. En lo que concierne al aspecto "provincial" de los hallazgos, hay que advertir que apenas se conocen formas enteras de ánforas del siglo VI, por lo que cabe la posibilidad que las formas normales parezcan tipos poco comunes.


De acuerdo con los paralelos mencionados de Trayamar, Cruz del Negro, Huelva y Rachgoun, todos los recipientes de gran tamaño pudieron haber servido de contenedores cinerarios, si bien, y a excepción del jarro y la lucerna, estos apenas proporcionan indicios acerca del contenido y ajuares funerarios de estas sepulturas. Por lo demás, resulta imposible verificar entre estos materiales la noticia de Rodríguez de Berlanga, según la cual las sepulturas de Montañez estuvieron formadas por dos recipientes apoyados sobre un ánfora cineraria central.
En líneas generales, puede decirse que, tanto algunas formas como el pithos, como el tratamiento de superficie -engobe rojo muy compacto y decoración de líneas pintadas de calidad- que caracteriza a estas cerámicas, son idénticos a los que encontramos en la cerámica de finales del siglo VII y principios del VI en el asentamiento fenicio del Cerro del Villar.
En cuanto a la cronología, todos los materiales apuntan al siglo VI para la datación del conjunto de cerámicas del Cortijo de Montañez. El jarro de boca de seta y la lucerna constituyen claros elementos del ajuar funerario de las necrópolis fenicias. En cuanto al jarro y a las ánforas n. 8 y 9, si bien recuerdan formas arcaicas del siglo VIII, corresponden claramente a tipos de finales del siglo Vi1 y principios del Vi, una época que se caracteriza en la morfología de la cerámica fenicia por la reaparición de formas arcaicas. La lucerna confirmaría esta cronología, ya que, en la necrópolis Jardín, la lucerna todavía constituye un elemento del ajuar funerario en el siglo VI a.C.

lunes, 2 de enero de 2012

NECROPOLIS DE LAGOS


Esta necrópolis viene asociada al  yacimiento de las Chorreras.
En la necrópolis de los Lagos, se encuentran algunos vasos egipcios de alabastro haciendo pensar que podría  tratarse de una necrópolis fenicia de incineración.
Como todos los emplazamientos fenicios se encuentra sobre una elevación dominando la costa.
. Los fenicios que vivían en este asentamiento aprovechaban los recursos agrícolas, ganaderos, forestales y pesqueros de la región y tenían sus propias industrias de cerámica y textil. También participaban en el comercio mediterráneo de cerámica arcaica etrusca y griega oriental.
  Las tumbas de esta necrópolis serían un nicho-cámara orientado al este, de tendencia circular irregular y unos 45-50 cm de anchura, cuyas dimensiones vienen determinadas por el tamaño de las ánforas que funcionaron como receptáculo de los restos incinerados.
Este tipo de enterramiento es característico de las tumbas fenicias arcaicas (siglos VIII-VII a.C.) en la costa andaluza mediterránea.
Se encuentran fragmentos de un pequeño y excepcional pithos en una de las tumbas.

La vinculación que se establece en los ritos fúnebres de las necrópolis del área de Málaga con las formas que adopta la representación del poder en Oriente la encontramos también en el uso de vasos de alabastro. Estos recipientes fueron utili­zados como elemento de ajuar o como urnas cinerarias en muchas de las ne­crópolis fenicias del litoral mediterráneo como  Lagos y otras. Algunos de estos vasos, que en su origen debieron contener vino y perfumes de alta calidad, son de producción egipcia y excepcional­mente disponen de inscripciones jeroglíficas.

.

Cabe destacar los enterramientos de una elite social elevada que se entierra en las lujosas tumbas de cámara, cuya cronología se data del siglo VII a C.
En las colonias fenicias del área malagueña,  se da el uso de determinadas tecnologías o formas de hacer propias de grupos locales, y determinados vasos de cerámica destinados principalmente a la preparación y cocción de alimentos.
 En estas necrópolis se intenta proteger a los antepasados, existe una clara intención de guardar o esconder a sus muertos en lugares muy próximos y/o recónditos ante el temor de que las tumbas fueran saqueadas, potencialmente por los indígenas. De ello la diferencia con respecto a las necrópolis orientales y la singularidad que nos ofrece estazona, pues los enterramientos se encuentran en un territorio ajeno.
La cultura material de estos asentamientos revela una importante diferencia con respecto a los barrios con población fenicia en los enclaves onubenses: la cultura material ligada a prácticas sociales con una alta visibilidad pública y que es crítica para la construcción de determinadas identidades y jerarquías sociales en las colonias remite prácticamente siempre a modelos fenicios, que pueden ser netamente orientales o reelaboraciones propias de estos ám­bitos occidentales.
Esta utilización de la cultura material manifiesta, por un lado, una clara intención por parte de los residentes de estos enclaves en construir una iden­tidad comunitaria, propia y diferenciada con respecto a la población local que vive en asentamientos no coloniales, y, por otro, la intención de estable­cer unas jerarquías sociales en la colonia que pivotan en torno a identidades de tipo étnico. En estos ámbitos, estas identidades sociales se establecieron, posiblemente, a través de la descendencia, pero principalmente a través del uso de una cultura material que subjetivamente identificaban como «feni­cia», tal y como sugieren los enterramientos.
Varias décadas después del establecimiento de los primeros colonos en esta área, se erigen los primeros cementerios. Los más antiguos, como el de Lagos, datan de finales del siglo VIII a. C. (Aubet et al., 1991), cuando pare­ce consolidarse el proyecto colonial en la zona. Todos los grupos de tumbas se sitúan a cierta distancia de los asentamientos e insinúan que ya a finales del siglo VIII a. C. las colonias se han apropiado de un pequeño territorio que se extiende a su alrededor. Estos cementerios coloniales son siempre agrupaciones de muy pocas tumbas –entre dos y una veintena en el mayor de los casos–, por lo que criterios muy restrictivos (López Castro, 2006: 76-77), posiblemente de descendencia, debieron de definir el enterramiento en estos espacios.
Las gentes según los hallazgos, quizá,  vivían en régimen de población mixta.
En muchas de las necrópolis fenicias y púnicas conocidas a lo largo de las costas hispanas como Lagos,  se ha venido detectando un fenómeno antropológico y social opuesto, pues las tumbas de cámara han sido interpretadas tradicionalmente por los investigadores como principescas o como sepulcros pertenecientes a las clases aristocráticas dirigentes de la empresa comercial fenicia. La escasez de los restos de tumbas de esta categoría y la enorme riqueza de los ajuares encontrados en el interior de las mismas, han hecho pensar que pertenecieron a una clase social elevada.
Una de las dolencias más habituales con las que tenían que lidiar los médicos de la Antigüedad era la artritis, un mal que afectaba a las articulaciones mucho antes de la llegada de Roma a Hispania. Así queda de manifiesto en los restos óseos de un varón de entre 40-50 años de edad que fue enterrado en una de las tumbas fenicias del siglo VIII a. C. ex­cavadas en Lagos.
Las tumbas de lagos y otras confirman el arraigo en la Península ibérica de mercaderes de rango que controlarían las transacciones comerciales entre las colonias occidentales y las ciudades reino-fenicias.

martes, 27 de diciembre de 2011

NECROPOLIS DEL JARDIN

La necrópolis «El Jardín» está enclavada en un cerro situado en la margen derecha del río Vélez, aproximadamente a 2 kilómetros del pueblo de Torre del Mar y a unos 500 m. al interior.

Se estudiaron un total de 101 tumbas, de carácter individual, aunque pudo tener 200 enterramientos o más, y constituye uno de los mayores cementerios fenicios occidentales conocidos.
Los materiales obtenidos en la necrópolis «El Jardín», así como su
modalidad de enterramientos, aportan a nuestro entender una interrogante más al esclarecimiento de la historia acaecida en el Sur de España durante la Edad de Hierro, ya que si en los momentos primeros de la arqueología en esta parte de la Península todos los yacimientos con materiales de ascendencia fenicia sufrían el elemento catalizador de Cartago y de una forma u otra terminaban dominándose púnicos, la continua aparición de elementos extraños a esa gran colonia o nueva ciudad han hecho que tengamos paulatinamente que ampliar el término, denominándolos paleopúnicos, primeramente, y fenicios de occidente u orientalizantes después.
Esta necrópolis podría ser un ejemplo junto con otros yacimientos como Trayamar, La Joya, Laurita, etc..., en que, por una parte, el enterramiento en sarcófagos de las características descritas, y por otra, gran número de sus materiales cerámicos, sin paralelos ambos en Cartago, pueden hacernos pensar o bien una existencia paralela cronológicamente a Cartago, pero no dependiente total de ésta, sino del próximo oriente de forma directa, cosa bastante difícil de aceptar, o un arraigo cultural propio de la zona, con una cronología anterior necesariamente a la de Cartago, y cuyos orígenes creo que no podemos fijar de forma más concreta que como del Próximo Oriente, ya que ante la variedad que ofrecen los elementos aparecidos hasta el momento en toda Andalucía, el encuadramiento fenicio parece quedar demasiado reducido.

Nos encontramos ante la necrópolis de un poblado en que la mayoría de los materiales pueden datarse, de acuerdo a sus paralelos tipológicos y decorativos en esa zona, en la Edad Media del Hierro (900-600 a. de J. C., en Fenicia-Palestina, según las cronologías ofrecidas, respectivamente. Teniendo que considerar ésta como la fecha más vieja, perdurando la necrópolis hasta finales del siglo IV a. de J. C., como parece probar algunos fragmentos aparecidos de cerámica precampana.

Tanto su cronología probable como su situación geográfica nos hace pensar que fuese ésta la necrópolis perteneciente al poblado de Toscanos, estudiado por el Instituto Arqueológico Aleman, y que ofrece unacronología, hasta el momento, remontada a los finales del siglo VIII a. de J C.
Se puede pensar en una extendida colonización del Próximo Oriente sobre Andalucía en sus primeros momentos anterior a Cartago y posteriormente con sólo una normal influencia de ésta, ante los materiales que nos han ofrecido los yacimientos ya publicados y los que reservan los aún inéditos, pero que ya hemos podido observar, y aunque comprendemos que esta necrópolis puede ser sólo un pequeño ejemplo, sus materiales están ahí para ofrecernos sus diferencias particulares y sólo la base común a ambos de un mismo origen, lo que unido a la proxímitud y magnitud de tantos yacimiento, no solamente en la costa sino también en el interior (se trabaja actualmente en varios yacimientos en las vegas de los ríos Guadalquivir y Genil).

Los enterramientos.

El ritual necrolático de esta necrópolis ha ofrecido dos tipos de enterramiento perfectamente diferenciados: la inhumación y la cremación.
La inhumación se realizó a su vez de dos formas distintas, de una parte, la llevada a cabo en los sarcófagos ya descritos, cuyo número debió ser superior a los cincuenta de acuerdo a las referencias ofrecidas por el propietario de la finca y sus trabajadores; de otra, enterrando el cadáver directamente, lo que observamos personalmente, rescatando lo que sepuede considerar un esqueleto completo que había sido colocado boca abajo, en una posición forzada y con las manos en la espalda, probablemente atadas.
La cremación está atestiguada por pozos realizados en el suelo, de naturaleza esquistosa, de unas medidas aproximadas de 80 cm. de
profundidad y diámetro, en los que depositaron las cenizas y restos óseos que no llegaron a la total calcinación, así como fragmentos cerámicos.
Igualmente apareció un sarcófago del mismo material y características de trabajo que los otros pero cuyas medidas son las de un cubo de aproximadamente 40 cm. de lado, y su interior no podía haber albergado más que cenizas o a lo máximo un posible feto.
Descripción de los materiales.
 Varias Jarras  — Fabricadas en barro de color rojizo, de mala cocción, cuerpo esferoidal y cuello ancho con borde perpendicular a la base. Tienen una sola asa, que va desde lo alto de la panza al borde de la boca. Se apoyan sobre base plana, sin pie.

Olpe - Trozo de olpe de forma esferoidal de cuello estrangulado muy estrecho. El asa es sustituida por un característico pezón perforado para colgar, de los que creemos tendría tres.Fabricado en barro rojizo muy poroso siendo su cocción defectuosa.
La decoración es lineal, a base de grupos de líneas de color negro y una banda roja. Presenta un dibujo especial, cual es una flecha invertida en negro.

Vasos de alabastro, típicos de la cultura fenicia, también hicieron su aparición en esta necrópolis, como el que vemos en la figura adjunta, que es posible que se utilizasen como urnas cinerarias o como transportadores de cualquier líquido o cereal.

Cuenco de pezón perforado . — Fabricado en barro rojizo de cocción defectuosa. Al igual que en la pieza anterior, el asa es sustituido por un característico pezón perforado para colgar, fabricado en sentido inclinado como para que encaje perfectamente la tapadera, que sería igualmente con pezón, de los que creemos la vasija llevaría tres.
Este trozo de cuenco con pezón está revestido con una leve película de color blanco hueso en la superficie exterior y sobre ésta, decoración lineal formada por líneas estrechas de color negro. Al parecer hubo un intento de patinar el cuenco con engobe de color rojo en la superficie exterior del recipiente.

 Varios Platos fabricados algunos con pasta rojiza y otros con pasta amarillenta.

Varias piezas  de oro aparecieron también  en esta necrópolis malagueña, tales como colgantes y anillos que actualmente se encuentran depositados en el museo de Málaga.

Uno de los más importantes hallazgos fue la aparición, en una de las tumbas, un huevo de avestruz, elemento común en varias necrópolis fenicias extendidas por  todo el Mediterráneo, cuyo fin  primordial era el ritual funerario ya fuese para poner cenizas o para utilizarlos como quemaperfumes, quemando así esencias aromáticas y olorosas.
LÁMINAS DE PLATA

En las tumbas 86 y 100 aparecieron fragmentos de lámina de plata con decoración figurada y ornamental, realizada mediante la técnica del repujado. Los fragmentos de la tumba 86 se encontraron junto al mango de plata rematado por una cabeza estilizada de ave. En cambio, la disposición original de las piezas del ajuar de la tumba 100 se ha alterado, debido a la superposición de las sepulturas pertenecientes al gran hipogeo de cámara 66.
En el momento del descubrimiento, las láminas estaban tan incrustadas, aplastadas y fragmentadas en pequeñas piezas que resulto imposible distinguir nada.

Otros hallazgos


Se encontraron también  varios utensilios y herramientas tales como objetos metálicos: agujas, mangos de cuchara, anzuelos, asas de bronce, charnelas, láminas con rosetas.

CASA DE LA VIÑA


 Este asentamiento fenicio se encontró en Torre del Mar (Málaga), muy saqueado y expoliado y tiene una buena relación con la necrópolis de Laurita A
Una parte de los ajuares fue adquirida por la Junta de Comercio y enviada al Museo de Ciencias Naturales de Madrid en 1792, pero por las dimensiones de la necrópolis vemos que la gran mayoría no corrió la misma suerte. Según las indagaciones llevadas a cabo, diferentes urnas de alabastro fueron a parar a colecciones particulares de familias veleñas, cuyos propietarios tenían la creencia de que eran pesas romanas para el trigo. El poco interés y el desconocimiento en la época de este tipo de “antigüedades” provocaron su olvido con los años, y que no se tuviera referencia alguna sobre su origen.
La necrópolis está compuesta por 25 tumbas de tipo pozo. En planta dibuja una forma trapezoidal irregular que se extiende en sentido este a oeste.
Se ha comprobado que la práctica totalidad de las tumbas conservaban losas de piedra, algunas de ellas son muy grandes con más de 1 m de diámetro, que sirvieron para su cierre y proteger el ámbito donde colocar la urna cineraria.
La tipología de las tumbas
Son de tipo pozo simple o presentan nicho  lateral al fondo. Unos modelos semejantes a los observados en la necrópolis Laurita2, aunque apreciamos ciertas diferencias.
Los materiales arqueológicos
A pesar del expolio, algunas piezas, muy pocas, han llegado completas. El material está muy fragmentado y es de complicada reconstrucción.
Eso sí, nos ha llegado una mínima parte, debido al saqueo sistemático aludido, lo que impide conocer con exactitud la evolución de los ajuares en los distintos enterramientos, aunque podemos tener un relativo conocimiento o idea de los productos que caracterizaron el ajuar de este cementerio.
Entre el material exportado al Museo Nacional de Ciencias Naturales encontramos 6 ánforas de cerámica, varios vasos de alabastro de distintas dimensiones, tinaja con tapa (no identificada), los dos jarros de boca de seta, un  collar, un ídolo, un escudo con asa de medalla y una piececita pequeña de plata.
Los inventarios no coinciden con lo conservado en el MAN
En  MAN hay 5 vasos de alabastro y dos vasos de barro cocido, que se correspondían con sendos oinocoe de boca de seta y trilobulada. Martín Almagro publicó los dos juntos como jarros de boca de seta y trilobulada, realizando un estudio más exhaustivo y fechándolos a finales del segundo cuarto del siglo VII.
Estos vasos , los dos mayores, de 65 y 87 cm de alto, debieron ser utilizados como urnas, mientras que los menores, de 23 y 18 cm de alto, serían parte del ajuar del difunto, para contener ungüentos
y perfumes.
Otros materiales encontrados son algunos fragmentos cerámicos de diversas vasijas, especialmente los restos de un jarro de boca de seta, muy fragmentado, aunque se ha reconstruido, decorado con barniz rojo; un borde poco pronunciado de ánfora arcaica, estrecho y ligeramente inclinado al exterior, así como la piedra  que debió tapar su entrada.
El elemento más singular es la jarra de boca de seta. Ostenta cuerpo globular-ovoide apoyado en un pequeño pie circular rehundido, adquiriendo su mayor anchura en la base, para ir descendiendo suavemente hacia la parte superior. Es de cuello alargado y estrecho que disminuye en amplitud hasta la boca, en el que se practica una doble acanaladura por encima de una asita, que arranca de la zona medio-baja del mismo para descansar sobre el  hombro.
Varios fragmentos de platos con barniz rojo y excelente tratamiento, pero no podemos reconstruir sus dimensiones exactas. Otro ejemplar presenta un diámetro de 21 cm y anchura de borde 1,5 cm. Igualmente documentamos un trozo de lucerna de un pico, quemado por el uso, y una jarra de boca trilobulada con barniz rojo, que conservaba parte de la boca.
También se recogió un resto de pithos de cuello corto, con asa geminada y pequeña acanaladura entre el cuello y el hombro. Se muestra en la línea de algunos tipos de Las Chorreras y con parecidas características tipométricas al encontrado en la tumba de Lagos.
Un cuenco de barniz rojo de 20 cm de diámetro; una lucerna completa de un solo pico, ennegrecido, de 14,3 cm de diámetro, y un plato de barniz rojo con 23 cm de diámetro.
En otra tumba  destacan los platos de borde ancho con barniz rojo. Uno de 31 cm de diámetro y 6,7 cm de anchura en el borde, ranurado, de perfil elevado. Otro con 32 cm de diámetro y anchura en el borde 5,35 cm.
Los ajuares estaban compuestos por urnas de alabastro (independientemente de las referidas al siglo
XVIII, actualmente se han registrado numerosos fragmentos), jarras de boca de seta y trilobulada, pithoi, platos de barniz rojo, ánforas, cuencos y lucernas. Lo que responde, muy posiblemente, a un ajuar estandarizado, pero  se desconoce en qué medida cada uno de estos productos estuvieron más o menos presentes en cada tumba.
Como vemos, este conjunto material permite tener una cierta pauta cronológica y evolutiva de los mismos y, por supuesto, de las tumbas donde estuvieron depositados. Se advierte dos momentos desde el punto de vista cronológico-secuencial, relacionados con las últimas décadas del VIII y primera mitad del VII a.C. y, un segundo periodo, entre la segunda mitad del siglo VII a.C. y principios del VI a.C., que se vincula con el mayor número de sepulturas.
La necrópolis de la Casa de la Viña, a la que se asociaban los documentos arqueológicos de siglos pasados, con el conjunto de otros ámbitos funerarios y hallazgos descontextualizados del tramo final del Vélez, ofrecen un panorama algo más completo para entender las diferentes necrópolis adscritas a la comunidad fenicia, así como su comportamiento y evolución durante los siglos VIII-VI a.C. en el territorio de la costa de Vélez-Málaga.
Las prospecciones de los últimos años en la costa oriental de Málaga han conocido nuevos yacimientos y los modos de ocupación del territorio, así como las posibilidades de explotación de sus recursos. Los originales hallazgos y la excavación de muchos de ellos, han ofertado una singular información que, adecuadamente procesada, deberá aportar otras pautas de entendimiento del proceso colonial.
Para empezar, se viene confirmando que durante los siglos VIII-VII a.C. los cementerios fenicios en la costa de Vélez eran lugares de reducidas medidas.
Los datos de que se dispone en las desembocaduras de los ríos Algarrobo y Vélez, permiten considerar una clara evolución en el comportamiento del desarrollo de tumbas y espacios funerarios vinculados a la comunidad semita.
Se percibe una notoria dispersión de lugares de enterramientos y el uso diferenciado de pequeños cementerios, posiblemente vinculados a diferentes familias, evitando erigir una verdadera, extensa, necrópolis.
 Buscan lugares próximos a la costa, apartados de los centros urbanos, que no suponen un referente visual del entorno, como en Lagos, que dista 1,3 km de Las Chorreras, y Casa de la Viña, a 0,8 km de Toscanos, inmersos en cortas cañadas cercanas al antiguo litoral, o inmediatas al asentamiento, como ocurre en Las Chorreras.
En esta situación, también se nota que los fenicios evitan crear auténticas necrópolis, probablemente para impedir el saqueo de sus tumbas por los indígenas con la intención de obtener los productos exóticos que se depositan en estas sepulturas y, lo que es más importante, la profanación de los restos de sus antepasados, ante la falta de vinculaciones y obligaciones sociales e ideológicas-familiares entre las dos etnias.
Casi todos los centros fenicios de la costa andaluza en el siglo VII, sobre todo en su segunda mitad, observan un periodo de máximo crecimiento económico, consecuencia del éxito del proceso colonial. A finales del siglo VIII se registra una basculación poblacional, económica e industrial desde la zona del río Algarrobo hacia la del Vélez.
En estos momentos Toscanos comienza una etapa de esplendor, conociendo un importante desarrollo urbano e industrial (fase Toscanos III)36.Tras un siglo de asentamiento fenicio, las relaciones entre las formaciones sociales indígena y semita fueron mejorando, especialmente a favor de las últimas, para consentir esta reestructuración  territorial. Entre fi nales del siglo VIII e inicios del VII se abandonará Las Chorreras, a pesar de la fuerte inversión constructiva realizada, cuya localización se presentaba muy limitada respecto a la disponibilidad de buenas tierras para el cultivo y posibilidades de comunicación con el interior. No debe ser casual que este abandono venga a coincidir con el auge urbanístico en Toscanos, suponiendo, probablemente, que los habitantes de Las Chorreras se desplazaron hacia la desembocadura del Vélez.
La contemporaneidad de Cerro del Mar y Casa de la Viña, separados unos 300 m, consiente estimar que durante los siglos VIII y VII a.C. el centro urbano e industrial de Toscanos dispuso de diferentes espacios funerarios, situación que puede ampliarse si tenemos en cuenta la relación de alabastros y el Thymaterion localizados en la ladera oriental del Cerro del Peñón, aunque deberá ser confi rmado por la excavación.
Otros aspectos reseñables del registro funerario es que no toda la población se entierra en estos cementerios. Los sepultados se involucran con un rico ajuar, sólo al alcance de pocos.
Una sociedad con marcadas diferencias, que se trasluce en sus reducidos cementerios, donde sólo se entierra un mínimo segmento de la misma. Pues no todo los habitantes de la “ciudad” se hallan integrados en la comunidad en igual grado.
De la gran mayoría social tenemos una significada carencia de datos, debido probablemente a causas de tipo ritual y, lo más seguro, que no todos tenían el mismo derecho a ser enterrados en este tipo de tumbas pues, las únicas conocidas pertenecen a la clase social alta, mientras que del resto mostramos un gran desconocimiento, situación que se prolongará en siglos venideros.
Alusivo al ajuar funerario, compuesto por jarros de boca de seta o trilobulada, platos, diferentes tipos de joyas y urnas de alabastro, independientemente de otros productos menos representativos como pithoi, ánforas y cuencos.
Destacamos la presencia de vasos de alabastro, productos artesanales de alta calidad, procedentes de canteras egipcias y talleres orientales, que nos alertan sobre un comercio permanente, a larga distancia, con el Mediterráneo oriental.
Este rico ajuar advierte, agudiza y consolida las diferencias sociales y económicas de la formación social fenicia, que difícilmente podría estar al alcance de la mayoría y que sólo puede vincularse con la clase dirigente.
Así pues, como es lógico pensar desde la documentación arqueológica, estos sitios necrológicos se convierten en expresión del mundo de los vivos, reafirmando el papel que ejerció la clase gobernante. Ello supone que cuando los fenicios fundaron sus centros urbanos occidentales reprodujeron las formas políticas e ideológicas existentes en Fenicia, que intervienen en la reproducción social.
Pero dentro de esta clase dirigente, el registro permite observar diferencias entre sus miembros. Si bien las tumbas de Cerro del Mar/Casa de la Viña y las de Trayamar parten del mismo principio y concepto de enterramiento, al excavarse en el suelo, desde el punto de vista constructivo y la inversión de trabajo necesaria son muy distintas.


jueves, 22 de diciembre de 2011

CERRO DEL MAR

 El yacimiento de Cerro del Mar se encuentra en una pequeña elevación en el margen oriental de la desembocadura del río Vélez, a la salida de una antigua bahía existente en época fenicia. Hoy sin embargo se encuentra más alejadode la línea de costa.
Algunas teorías hacen corresponder este yacimiento con la antigua ciudad púnica y después romana de Maenoba, identificada por A. Schulten como Mainake-Maenoba. Su cronología arranca, para sus investigadores, en el siglo VI a.n.e., pero las mayores evidencias son ya del s. IV, en época púnica, con una ocupación ininterrumpida que va hasta el s. II a.n.e., sin contar con una posterior implantación de época romana imperial. Además en este yacimiento existe un sector de necrópolis arcaica (siglo VII a.n.e.) de incineración en la zona conocida como la vega de Mena, que posiblemente se relaciona con el asentamiento arcaico de Toscanos.
En la ladera suroeste de Cerro del Mar –campaña de 1978– se conoció una pequeña necrópolis compuesta por 28 tumbas de pozo o fosa, dotadas de bancos laterales, que alcanzaban entre 1 y 1,5 m de profundidad, ocupando unos 350 m², destruida por las remociones de tierra llevadas a cabo en época romana. En el S. de la Península Ibérica la incineración fue el primer rito funerario practicados en las colonias fenicias, habiéndose localizado y excavado una decena de necrópolis arcaicas con reducido número de tumbas de incineración con urna y con una cronología entre fines del s. VIII a los inicios del s. VI a.C.:
Esta necrópolis es mal conocida, pues sólo se ha publicado el plano y perfil de la tumba 14. Los escasos materiales aparecidos se asocian con los restos de una urna de alabastro de la tumba 9, varios fragmentos cerámicos de engobe rojo y algún trozo de kotyle protocorintio, que permiten datar los enterramientos en los inicios del siglo VII. Mientras, la tumba 14, una fosa de bancos laterales similar a las encontradas en Jardín, se fecharía en el siglo VI a.C, donde se encontraron más de una treinta pozos u hoyos.
Años más tarde se producen otros testimonios materiales o urnas de alabastro, pero descontextualizados. En la campaña de 1976 O. Arteaga documentó un fragmento de borde y asa17. Posteriormente, D. Antonio Valcárcel, antiguo capataz del IAAM en la zona de Vélez-Málaga, encontró otros restos pertenecientes al mismo ejemplar, completándose casi toda la pieza desde la boca hasta la zona media. Se correspondía con un ánfora de alabastro de gran tamaño, diámetro en la boca de 16,8 cm y anchura máxima 35,2 cm. Sometido a un análisis petrológico aseguró su origen egipcio.
El rito fenicio de la incineración, adoptado y conservado en el orientalizante e ibérico del interior peninsular, será sustituido por el de la inhumación hacia el s. VI a.C. en las necrópolis púnicas de la costa
.
Con el nuevo rito de las necrópolis fenicias los cadáveres se incineran en «ustrinum» o quemadero común y raramente en la misma tumba de fosa («bustum»), como sucede en ciertas necrópolis orientalizantes.
Incinerado el cadáver, las cenizas y fragmentos óseos quemados son recogidos, cuidadosamente lavados e introducidos en urnas cinerarias de cerámica o de alabastro como ocurre en Cerro del Mar, y en otras necrópolis.
Aparece un ánfora del tipo 3 tipo Laurita con las siguientes características: ovoide normal, cuello troncocónico invertido, pequeño borde saliente y asas semicirculares verticales bajo los hombros.
El tipo 3 es una derivación del ánfora cananea de cerámica o alabastro que  traían o transportaban los fenicios por todo el Mediterráneo como demuestran los diferentes hallazgos en los poblados y en las necrópolis.
Esta forma se identifica con el «alabastrón» egipcio, asimilado en cerámica por el orientalizante corintio, distribuido abundantemente por todo el Mediterráneo. El alabastrón servirá de urna cineraria en la tumba 3 de Trayamar y, algo reducida, en la necrópolis del Cerro del Mar.
En principio, la función de estos vasos es de contenedores o lujosos envases para productos de calidad, primordialmente vino y ungüentos aromáticos, según se deduce de sus inscripciones, destinados al suntuoso ajuar funerario en las tumbas de los faraones o funcionarios nobles, según se constata en la necrópolis real de Tanis, en los textos de los jeroglíficos y en las representaciones grabadas de Bes y Hathor en los vasos.
Los vasos sirvieron también de valiosos productos de exportación comercial o de apreciados regalos a los soberanos siro-palestinos y fenicios, pero la mayor parte de los vasos de la dinastía XXII hallados en Oriente y el Mediterráneo se atribuye a los saqueos de algunas tumbas reales y de nobles de la necrópolis de Tanis en momentos de anarquía de la segunda mitad del s. VIII y del s. VII, saqueos atribuidos a piratas griegos o a comerciantes poco escrupulosos.
Los fenicios de Tiro y Sidón debieron sentir una especial predilección por estos vasos, conservados como tesoros o como «sacra aegyptiaca» en sus palacios. Según una inscripción en cuneiforme de un vaso de Takelot III (764-757) hallado en el palacio de Asaradón (681-670) en Asur (W. Andrae, 1938; F.W. von Bissing, 1940; C. Preuser, 1955), el vaso contenía aceite (óleo aromático), habiendo llegado a Asiria procedente del botín del palacio sidonio de Abdimilkuti, capturado por Asaradón el año 676 a.C. Los otros vasos hallados en los palacios asirios de Nimrud y Asur provienen igualmente de los saqueos de ciudades fenicias por parte de los asirios.

Si en Egipto los vasos de alabastro se utilizaron como contenedores de vino y ungüentos de calidad, componentes del ritual funerario, como productos de exportación comercial o como prestigiosas donaciones a los soberanos orientales, y si en los palacios de Fenicia, Siria, Palestina, Asiria, Escitia y Creta serán objetos de prestigio y lujo, por otra parte, en las necrópolis fenicias del Mediterráneo occidental y concretamente de Cartago y de la Península Ibérica estos vasos cambiaron su función, convertidos en urnas cinerarias de personajes de alto rango social, especialmente en Laurita.
La oinochoe piriforme es frecuente en los yacimientos fenicios de Iberia al oriente del Guadalquivir, habiendo sido hallados cuatro ejemplares completos en la necrópolis y uno en el Cerro del Mar. fechado en la segunda mitad del s. VII.

Las incineraciones en urnas de alabastro egipcias en las necrópolis

tales como Cerro del Mar, confieren a este grupo fenicio arcaico de la costa andaluza, una homogeneidad peculiar y diferente a la de los otros grupos del Mediterráneo central y occidental.
La metalurgia del hierro, infravalorada por las investigaciones, se presenta como una artesanía y producción fundamental en los establecimientos fenicios al oriente del Estrecho, donde este mineral es relativamente abundante ya desde el s. VIII  hasta  el s. VII en el Cerro del Mar y otros yacimientos Fenicios.
 Como todos los centros  fenicios costeros y la mayoría de la antigüedad, es lógico o fácil de pensar que también  debió de existir allí una  de las muchas factorías o  fábricas de salazones e industrias de pescado  que tenían distribuidas  por todo el  Mar Mediterráneo.
Según nos dice Pilar Rodríguez Aguilar, la factoría  del Cerro del Mar se mantuvo al menos hasta el siglo III después de C,
Schulten situaba el Cerro del mar en la ciudad de Maenuba o Mainake, mientras que la ciudad griega se situaría en el Cerro del Peñón. Tengamos en cuenta que la población vivía  por etnias, unas cercanas a otras, pero cada uno en su poblado respectivo, y era así como negociaban, aunque es posible que hubiese un mestizaje de razas.

martes, 20 de diciembre de 2011

LAS NECRÓPOLIS FENICIAS




Las investigaciones sobre las necrópolis de la edad del hierro en la región de Siria, Fenicia y Palestina, iniciadas hace siglo y medio, no han proporcionado precisamente resultados tan satisfactorios como las del Mediterráneo central y occidental. Lamentablemente todavía se echa en falta un estudio global y riguroso sobre la arqueología del mundo funerario fenicio en el Mediterráneo.
En el Mediterráneo central y en occidente las investigaciones sobre la colonización fenicia han dado en el último medio siglo un paso ingente, utilizándose una metodología mas depurada de excavación, de tal modo que se ha llegado a conocer el mundo funerario fenicio con más nitidez y profundidad que en Oriente.

EL RITO FUNERARIO DE LA INCINERACIÓN EN EL MEDITERRÁNEO

El rito funerario de la incineración del cadáver se atribuye en Europa occidental a los indoeuropeos, constatado en los campos de urnas del bronce reciente y del hierro inicial de Europa central y occidental y en los Balcanes, generalizándose a partir de 1200 a.C., a pesar de que esporádicamente ya existían muestras en el calcolítico del III milenio a.C. y en el bronce antiguo y medio de Hungría en el II milenio a.C.
La introducción del ritual funerario de la incineración en Fenicia se ha atribuido a razones sociales, culturales, religiosas, étnicas, de sexo o edad, sin que estas razones hayan sido plenamente satisfactorias en el Mediterráneo colonial, donde deberían reducirse simplemente a la moda reinante sucesivamente, la incineración en la primera fase de los siglos VIII y VII y la inhumación en la segunda fase, del s. VI a la romanización.
En el Próximo Oriente el rito funerario común de la edad del bronce (3100-1200 a.C.) es la inhumación, apareciendo las primeras necrópolis de incineración, como un fenómeno de importación, al final del bronce reciente II A, hacía el s. XIV-XIII en Anatolia septentrional (Troya VI) y central (Yasilikaia).

Es plausible admitir que la difusión del rito incinerador penetró en el Próximo Oriente por varias vías desde diferentes círculos culturales. La primera corriente incineradora, probablemente relacionada con los círculos culturales danubianos de los campos de urnas, penetraría hacia el S. y SE. por el Helesponto, extendiéndose esporádicamente en los siglos XV-XIII por Anatolia hasta el Eufrates y siguiendo la ruta del S. hasta el Orontes.
La segunda corriente, quizás egea y cretense, denominada de los pueblos del mar, se extendería por todo el frente costero siro-palestino desde el s. XII, concentrándose el pueblo filisteo en la región de Gaza e implantando la incineración en el s. XI, aunque en el siglo anterior practicasen la inhumación en sarcófagos antropoides de cerámica, de clara influencia egipcia.
La tercera corriente, la más efectiva, proviene del foco egeo ático y eubeo, quizás a través de los puertos francos del N. de Fenicia y Siria, Tell Sukas y Al- Mina, vigentes en época submicénica, geométrica y orientalizante y practicantes del doble rito de la incineración e inhumación.
La isla de Chipre mantendrá su carácter conservador y una cultura propia y peculiar con claras influencias anatolias, fenicias, siro-palestinas, egipcias y egeas. El rito funerario constante será la inhumación, con presencia esporádica de incineración en el bronce chipriota reciente III (1200-1050) en los tholoi de la necrópolis de Curium por influencia egea submicénica.
Al Mediterráneo central y occidental llevarán los fenicios el rito de la incineración desde mediados del s. VIII en sus colonias norteafricanas de Utica y Cartago y desde fines del s. VIII y s. VII en Sicilia (Motia), Cerdeña (Cagliari, Nora, Tharros, Sulcis, Bitia, Monte Sirai), Ibiza (Can Partit) y sur de la Península Ibérica.
El rito de la incineración predomina en las necrópolis fenicias arcaicas de Occidente, excepto en las islas de Malta y Gozo, donde se practica la inhumación, y de Cartago donde la incineración es minoritaria, desapareciendo a finales del s. VII y en el s. VI.
La cremación del cadáver se efectúa en «ustrina», quemaderos comunes próximos a los enterramientos, siendo raro el «bustum» o la cremación en la misma fosa.
La necrópolis más arcaica, muy similar a la de Laurita, parece ser la de la ladera E. de Juno, con tumbas de pozo con incineraciones en urna, dos de las cuales, son de alabastro, con ajuares funerarios de cerámica de barniz rojo y kotylai protocorintias, análogas a los de la necrópolis sexitana. La necrópolis de Juno, no excavada en su totalidad, donde convive la incineración y la inhumación, con cerca de un centenar de tumbas, permanece deficientemente estudiada, habiendo sido fechada desde mediados del s. VIII por una copa eubea (A.M.ª Bisi, 1983) hasta el s. VII avanzado, aunque posiblemente algunas tumbas sin cerámica griega pudieron ser ligeramente anteriores.
Ya en Argelia, la necrópolis de Rachgoun, situada en una pequeña isla de la bahía Wad Tafna, al W. de Orán, excavada por G. Vuillemot (1955), se compone de 33 tumbas de hoyo con urnas cinerarias tipo « Cruz del Negro», íntimamente relacionadas con los establecimientos fenicio-orientalizantes andaluces, además de 68 tumbas de incineración sin urna, y 9 inhumaciones infantiles, todo ello con ajuares similares a los de Laurita, como oinochoai piriformes, jarros de boca de seta y platos de barniz rojo, huevos de avestruz, etc. fechados en los s. VII y VI a.C.
El primer rito funerario fenicio constatado desde fines del s. VIII es de incineración, que perdura algo más de un siglo,
sucedido por la inhumación a mediados del s. VI.
Las incineraciones se depositan en urna cineraria colocada en cista de lajas, como sucede en las necrópolis de Bitia, Nora, Tharros u Othoca, o simplemente en el suelo de una fosa o cista, como en el caso de Pani Loriga.
En Ibiza las recientes excavaciones han confirmado la veracidad dada por las fuentes clásicas sobre la fundación de Ebusus en el 654 a.C., según la revisión de la gran necrópolis de Puig des Molins, la necrópolis de incineración de Can Partit y el descubrimiento y excavación del establecimiento fenicio arcaico de Sa Caleta (J. Ramón, 1991).
Desde el s. XIX las excavaciones de la necrópolis de Puig des Molins han entregado más de 4000 tumbas, de las que unas pocas, las más arcaicas, fechables desde mediados del s. VII a mediados del s. VI, son de incineración, sustituidas hacia el 550 a.C. por las inhumaciones en sarcófago dentro de una cámara. Can Partit se descubrió en 1986, habiendo sido destruidas o excavadas 67 tumbas, de las cuales 32 son de incineración, depositados los restos en hoyos o fosas dentro de urnas o sin ellas, habiendo sido fechadas entre el 625 y el 500 a.C. Al rito de inhumación pertenecen 25 tumbas en fosa, fechadas entre el 500 y el 200 a.C. Las 10 tumbas restantes estaban destruidas.

LA INCINERACIÓN EN LAS NECRÓPOLIS FENICIAS DE LA PENÍNSULA IBÉRICA
La supuesta hipótesis de la distribución de los campos de urnas por Levante hasta Crevillente y Almería habría que tomarla con reservas.
Sorprendentemente se ignora, por falta de pruebas fidedignas, cuál fue el rito funerario indígena del bronce final en todo el sur peninsular, desde el 1200 hasta el impacto de la colonización fenicia, hacia el 750 a.C. La ausencia o la problemática presencia de enterramientos ha creado una incomprensible confusión. Evidentemente en ese lapso temporal precolonial, de casi medio milenio, las sociedades del bronce final del S. peninsular, cuyos «hábitats » han sido excavados, enterraron sus muertos, pero se desconocen las circunstancias del dónde y cómo, lo cual no deja de ser científicamente decepcionante. Este grave vacío ha sido explicado y rellenado mediante algunas hipótesis.
Las cistas de Huelva, estudiadas por M. del Amo (1975), corresponden a un bronce medio avanzado, pero nunca al bronce final, y los túmulos con cistas de incineración del S. de Portugal (M. Varela, 1992), según sus ajuares funerarios, están influenciados por el impacto colonizador fenicios desde el s. VII a.C., sin que existan evidencias de incineraciones en monumentos auténticamente precoloniales. Algunos megalitos del altiplano granadino fueron reutilizados con inhumaciones de cronología indeterminada dentro del bronce reciente.
En los Alcores sevillanos, algunos túmulos de inhumación (Acebuchal L) o de incineración (Acebuchal I, El
Judío, Santa Marina), excavados por G. Bonsor (1899), con ajuares atípicos, no orientalizantes, o sin ajuares, podrían
suponerse precoloniales con reservas (M. Sánchez Andreu, 1994; F. Amores, 1982).
La presencia de enterramientos de incineración, juzgados del bronce final precolonial y de influencia de los campos de urnas del NE. fechados en momentos anteriores al s. VIII, como las cistas u hoyos de incineración en urna del río Guadalentín en Murcia (M. M. Ros, 1989), de Almería y Murcia, la necrópolis de Peña Negra de Crevillente con urnas de incineración, la necrópolis del Cerro de Alcalá (Torres, Jaén) y algunos otros enterramientos esporádicos, bajo mi punto de vista, no tienen su origen en los campos de urnas del NE., sino que, según las formas de sus urnas y escaso ajuar, deben ser coetáneos a los primeros contactos colonizadores fenicios en la segunda mitad del s. IX y del s. VIII, de los que reciben el rito de la incineración.

En el S. de la Península Ibérica la incineración fue el primer rito funerario practicados en las colonias fenicias, habiéndose localizado y excavado una decena de necrópolis arcaicas con reducido número de tumbas de incineración con urna y con una cronología entre fines del s. VIII a los inicios del s. VI a.C.: Villaricos (Baria) con una veintena de tumbas, El Campillo (Abdera-Adra) con un enterramiento (?), Laurita (Sex-Almuñécar) con una veintena, Lagos (Chorreras?) con dos, Trayamar (Morro de Mezquitilla) con cinco tumbas de cámara y varias de pozo(?), Cerro del Mar (Mainake-Toscanos) con más de una treinta pozos u hoyos, Peñón (Toscanos) con varios pozos, Cortijo de Montáñez (Cerro del Villar) con varias tumbas indeterminadas, Cádiz (Gádir) con una veintena de fosas y Tavira, con dos cámaras.
El rito fenicio de la incineración, adoptado y conservado en el orientalizante e ibérico del interior peninsular, será sustituido por el de la inhumación hacia el s. VI a.C. en las necrópolis púnicas de la costa (Villaricos, Velilla, Puente de Noy, Jardín, Cádiz, Isla Palomas de Tarifa).
Con el nuevo rito de las necrópolis fenicias los cadáveres se incineran en «ustrinum» o quemadero común y raramente en la misma tumba de fosa («bustum»), como sucede en Cádiz (fig. 52) y en ciertas necrópolis orientalizantes.
Incinerado el cadáver, las cenizas y fragmentos óseos quemados son recogidos, cuidadosamente lavados e introducidos en urnas cinerarias de cerámica (Lagos 1-B, Trayamar 1 y 3, Cortijo de Montáñez (?), Las Cumbres 1, Tavira) o de alabastro (Laurita, Adra, Lagos 1 A, Trayamar 1 y 2, Cerro del Mar, Cortijo de Montáñez o Cádiz) o depositadas las cenizas en un cesto o tejido (Laurita 19 B, Trayamar 4, Las Cumbres 1, Cádiz, Jardín). El enterramiento individual predomina en Laurita, donde raramente es doble en las tumbas, y en Trayamar donde en ocasiones se dan los dos ritos sucesivos en la misma tumba.
La necrópolis Laurita se caracteriza por su uniformidad en cuanto al rito, siempre de incineración en urnas de alabastro, en cuanto al tipo de tumba de pozo con nicho o sin él y en cuanto a sus ajuares funerarios cerámicos fenicios de barniz rojo, como oinochoai piriformes , jarros de boca de seta, platos y lucernas y en cuanto a otros elementos de adornos personales, escarabeos, huevos de avestruz pintados, siendo excepcionales los kotylai protocorintios de la tumba 19 B.

TIPOLOGÍA DE LAS TUMBAS FENICIAS EN IBERIA

Laurita es la única necrópolis fenicia arcaica del Mediterráneo en la que todas las tumbas son de pozo con incineraciones en urnas de alabastro, sustituidas hacia el 600 a.C. por la gran tumba E-1, de inhumación individual en cámara de pozo de la próxima necrópolis de Puente de Noy.
Las necrópolis fenicias arcaicas de Lagos, Trayamar, Cerro del Mar, Faldas del Peñón y Tavira se han relacionado con Laurita, al ser consideradas sus tumbas como de pozo erróneamente.
En la necrópolis de Lagos (M.ª E. Aubet y otros, 1991), situada a unos 1.800 m al E. del establecimiento fenicio de Chorreras, en la ladera SE. del Cerro de la Molineta, en la cañada de Miguel García, se descubrieron dos tumbas, que conservaban solamente los nichos donde se depositaron las urnas cinerarias.
En la necrópolis de Trayamar, correspondiente al próximo poblado fenicio del Morro de Mezquitilla, habían aparecido, según los obreros, en la zona de las tumbas de cámara varios pozos, posibles tumbas de fosa u hoyo, análogas a las del Cerro del Mar.
En el Cerro del Mar, situado frente y separado de Los Toscanos por el río Vélez, H.G. Niemeyer (1979) excavó un sector de 350 .Esta necrópolis destruida parece que debió identificarse con la de «La Casa de la Viña», de donde proceden un jarro de boca de seta, una oinochoe piriforme y cuatro urnas de alabastro indudablemente funerarias, aparte de varios fragmentos de grandes vasos de alabastro hallados en prospecciones.
En las faldas del Peñón, junto y al W. de Toscanos, parece que se emplazó otra necrópolis, destruida, donde fue excavada una tumba de pozo con fragmentos de alabastro, de platos, de lucernas de barniz rojo, proviniendo probablemente de esta necrópolis el famoso timiaterio fenicio de bronce.
En Tavira (Portugal), recientemente se ha localizado una necrópolis fenicia de incineración en urna, que, según sus materiales y el tipo de tumbas de cámara, se fecharía hacia el 600 a.C.
La tipología de las tumbas de la necrópolis del Cortijo de Montáñez, excavada en el s. XIX, nos es desconocida, y los cuatro vasos de alabastro recientemente localizados en Cádiz quizás correspondan a urnas cinerarias arcaicas del s. VIII a.C.

LOS HINTERLAND FENICIOS

EL HINTERLAND DE MAZARRON

EL HINTERLAND DE VINARRAGELL

 HINTERLAND TARTESICO EN LA MANCHA

 SEXI Y SU HINTERLAND

EL HINTERLAND DEL RIO GUADALHORCE

EL HINTERLAND DE LA FONTETA

 EL HINTERLAND DE ANDALUCIA

  EL  HINTERLAND DE HUEVA

EL HINTERLAND DE GADIR

ALHONOZ Y SU HINTERLAND 

EL HINTERLAND DE EXTREMADURA

CASTULO Y SU HINTERLAND

EL HINTERLAND DEL CERRO DE ALCORCON

EL HINTERLAND DE MASTIA

AKRA LEUKA Y SU HINTERLAND

EL HINTERLAND  DE SUKRO – CULLERA

EL HINTERLAND DE  AMPURIAS

HINTERLAND DE ALLONIS