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lunes, 13 de marzo de 2017
MINERALES FENICIOS
El rojo de plomo o minio es un pigmento denso de color rojo naranja, de textura fina y que la mayoría de las veces era adulterado
con cinabrio.
Lo que conocemos por minio o plomo rojo es un raro mineral
secundario que se forma en las zonas altamente oxidadas de los yacimientos de
minerales de plomo, constituyendo así el tetróxido de plomo de color anaranjado
o rojo, que en tiempos de los fenicios y romanos no lo distinguían del
cinabrio, creándose así una gran confusión.
Podemos decir que este mineral es un derivado de la galena y
que era muy codiciado ya que los antiguos pueblos del Mediterráneo utilizaban
este mineral para pintar y para proteger los metales de la corrosión.
Ya era conocido por los egipcios y mesopotamios 3000 años a.C
Es de considerar que tanto cinabrio como minio significan
exactamente lo mismo: algo rojizo.
Fenicios,
Cartagineses y Romanos explotaron las minas de Mazarrón y así nació la
industria metalúrgica. Reflejada en el hallazgo de hornos y escoriales de
fundición, entre los que destaca el de la Loma de las Herrerías.
El mineral de alumbre fue
utilizado desde la antigüedad como desodorante natural en cosmética como con
tejidos en muchos lugares del mundo.. Aplicado en las axilas, pies o en otra
parte del cuerpo forma una fina película invisible de microcristales de sal
mineral.
También se utilizaba el alumbre en otras actividades, como eran
en el curtido de cueros y pieles, en la fabricación de vidrio y pergaminos, en
la elaboración de libros y códices, en la fabricación de velas, en elaboración
de productos de farmacia, en la fabricación de pinturas,
e incluso para dar graduación al vino.
La piedra de alumbre (del griego als,
alos: Sall) es un sulfato doble de aluminio y potasio. La piedra de
alumbre forma parte de los rituales ancestrales de belleza de
Oriente Medio.
La búsqueda de nuevos yacimientos de alumbre llevó en España
al descubrimiento de las minas de Mazarrón y Lorca (Murcia) y las de
Rodalquilar (Almería), entre otras.
LITARGIRIO
El litargirio es un mineral de la clase de
los minerales óxidos, de color amarillo, el cual normalmente contiene un poco
de mínio y plomo, siendo nombrado así a partir del griego litargiros, el
nombre dado por Dioscórides al material obtenido en el proceso metalúrgico de
separación del plomo y la plata. Un sinónimo poco usado es el de litargita.
La técnica de
fundición básica es por fusión. Se coloca el mineral molido con el
fundente dentro del horno, sometiéndolo a altas temperaturas y obteniendo dos
productos: la escoria o deshecho y el régulo, éste último constituyendo una
amalgama de oro, plata y plomo, además de otros minerales, siendo el plomo el
agente aglutinador de estos metales nobles.
Posteriormente se aplica el método de la
copelación, llamado así por la forma de copa de la
vasija donde se realiza.
El régulo
era colocado en estos recipientes, sometiéndose de nuevo a la acción del fuego para liberar los metales nobles (cada uno lo
hará a una temperatura propia).
Así,
parte del plomo se evaporará y otra parte quedará adherida al fondo de la
copela en forma de óxidos de plomo, entre ellos litargirio. Sobre esta capa
quedaba el metal noble en estado líquido, que se vertía en moldes.
Estos
fondos de copela, formados por óxidos de plomo, son los mismos que en número
superior a 400 y con un peso de alrededor de dos toneladas constituían el
cargamento del barco 2 de Playa de la Isla en Mazarrón.
Posiblemente para ser conducido a explotaciones mineras carentes de
plomo suficiente para la copelación de su plata y para la manufactura de
objetos de plomo.
Habría
que definir zona a zona y los diferentes metales o minerales que se explotaban
ya que Los Fenicios estuvieran por toda la cuenca Mediterránea llegando hasta
el Atlántico en las costas de Cádiz y Huelva.
Los indicios
de actividad metalúrgica atestiguados en este enclave fenicio apuntan hacia el
interés por la plata, por el litargirio (oxido de plomo utilizado como secante
en pinturas) y otros metales, explotados en las sierras de Orihuela y Callosa
del Segura.
domingo, 19 de febrero de 2017
El Hinterland de Mazarron
La presencia de
fenicios en la zona demuestra las relaciones que éstos mantenían con las comunidades
indígenas, desde al menos el siglo VII a.C., con contactos comerciales en el
litoral e, incluso, con asentamientos del interior, adonde accedían a través de
la rambla de las Moreras hacia el valle del Guadalentín.
La palabra hinterland proviene del idioma
alemán, y significa literalmente "tierra posterior" (a una ciudad, un
puerto, etc.).
En un sentido más amplio al anterior, el
término se refiere a la esfera de influencia de un asentamiento.
Es el área para la cual el asentamiento
central es el nexo comercial. Es también conceptualizado como espacio de
crecimiento.
Como hinterland se conocieron
asimismo las zonas que rodeaban a las antiguas colonias europeas en África,
que, aunque no pertenecían a la colonia, fueron influenciadas por ésta.
Área de influencia de un centro
urbano, industrial o comercial, del que depende fundamentalmente en lo
económico.
El previsible crecimiento de los tráficos portuarios, la
óptima conectividad terrestre y la disponibilidad de suelo industrial en el
entorno de proximidad del puerto, permitirán ampliar el hinterland natural hacia
territorios más alejados que son actualmente espacios de competencia
interportuaria.
Nuestro hinterland, entendido como el
espacio terrestre en el que se localizan los lugares de origen o destino de
nuestros flujos portuarios, debe buscar expandir sus límites de localización;
llegando a empresas e industrias más alejadas que puedan enviar o recibir sus
mercancías por mar a través del puerto de A Coruña.
Las empresas del entorno portuario, que
realizan movimientos de comercio exterior, representan el principal potencial
de generación de flujos de transporte marítimo; tanto en el sector de
hidrocarburos, como en el movimiento de graneles sólidos y mercancía general,
así como la carga contenedorizada.
Desde mediados del VII a C., los enclaves
existentes aumentaron de tamaño, al tiempo que desde algunos se lleva a cabo la
ocupación intensiva de los territorios próximos con la aparición de pequeños
poblados. También se crearon nuevos asentamientos en zonas más alejadas como
Ibiza (Sa Caleta), Portugal (Abul y Santa Olaia) o
Marruecos (Mogador) y el comercio llevó las importaciones fenicias
a el litoral de Cataluña y el sur de Francia. Luego, durante el siglo VI a. C.
algunos enclaves se abandonaron, como el Cerro del Villar, con cambio de
emplazamiento incluido, y se produjo una reestructuración integral de la
población, con el consiguiente crecimiento de lugares como Malaka, que
alcanzan la categoría de ciudades.
Es un enclave protohistórico de grandes dimensiones situado al sur de Qart Hadast, la actual
Cartagena.
Se conocen pocos vestigios de esta
época, pero vamos a hacer un estudio detallado del poblado según los pocos
hallazgos que poseemos.
Debió existir una colonia o habitat
de población fenicia, según nos demuestran los materiales encontrados.
Antes de la fundación de Qart Hadast por los
púnicos, se experimentó un florecimiento de las actividades minero-metalúrgicas
beneficiando la plata y el plomo metálico, obtenido del tratamiento de
minerales argentíferos procedentes del polígono minero de Mazarrón, igual que
había hecho durante las fases con presencia fenicia y griega.
Podríamos decir que se trata de un puerto de carácter secundario donde
fondeaban las barcazas a la espera de que les viniese el material del puerto de Qart Hadast.
Desde el pie de la Sierra de
Almenara hasta la Sierra del Algarrobo,
que queda situada al este de Leiva, existe un suelo rico en rocas ígneas
que está muy relacionado con las metalizaciones de estos distritos, cuyas minas
eran desde antaño.
Anterior a la romanización los habitantes de
este poblamiento deberían ser Mastieno-Bastetanos, los cuales se dedicaban a la
agricultura, a la exportación de esparto y a la explotación de las minas, además
de poseer, como todas las ciudades del litoral, sus fábricas de salazones,
desde las cuales se exportaba el garum por todo el Mediterráneo.
Traficaban también con múrex, que era un
caracol, que su baba servía para teñir la ropa y con colmillos de elefante
procedentes de Africa, además de comerciar también con lingotes de estaño.
Era también muy importante la caza del
conejo el cual era muy abundante en esta zona próxima a los espartizales en el
campo de Cartagena.
En cuanto a los fenicios encontramos
evidencias físicas de su establecimiento en tierras de Mazarrón alrededor ya
del s.VII a.C.: el yacimiento de Playa de la Isla con los restos subacuáticos
de dos barcos, de entre 8 y 9 metros de eslora, con un cargamento de unas dos
toneladas de tortas de óxidos de plomo (para su uso en otros centros mineros
carentes de este mineral necesario para la obtención de la plata) y el
establecimiento minero de Punta de los Gavilanes.
La existencia de importantes yacimientos
metalíferos en Mazarrón (cobre, hierro, plata, plomo), fueron objeto de una
gran codicia por todos los pueblos del Mediterráneo.
En La Punta de Gavilanes a finales del siglo
V a.C. o inicios del IV se construyó un edificio de planta rectangular, con
tres ámbitos espaciales paralelos y adosados construidos sobre un muro común,
que constituye el límite meridional del edificio.
Cada uno de estos ámbitos
espaciales estaba estructurado en dos espacios, una habitación de mayor tamaño
que, mediante un umbral de acceso, comunica con otra más pequeña situada en la
parte más septentrional de la edificación.
En cada una de estas estancias de
menor tamaño, además de en otra habitación localizada en frente occidental del
edificio, se excavaron sendos hornos, en los que se benefició la plata
fundiendo tortas de litargirio de plomo.
Durante los siglos IV-III a.C se arrasaron
estos dos últimos horizontes de ocupación del yacimiento de Punta de Gavilanes.
A finales del siglo V a.C. o
inicios del IV se construyó un edificio de planta rectangular, con tres ámbitos
espaciales paralelos y adosados construidos sobre un muro común, que constituye
el límite meridional del edificio.
Esta actividad metalúrgica era sólo la fase final de un
complejo proceso, que evidencia la existencia de una organización productiva
durante los siglos IV y III a.C., que controlaba todas las fases del proceso.
Primero, la explotación de los
yacimientos metalíferos del entorno, de los que nada se sabe sobre su
organización; en algunos de los cuales se han hallado restos cerámicos púnicos
fechados en los siglos IV y III a.C.
Después el mineral extraído pasaba
por una industria minera transformativa, emplazada en el paraje de Los
Ceniceros, donde se realizaban las operaciones de estrío, triturado, lavado y
clasificación.
En la Loma de Sánchez-Susaña se
realizaban las labores de tostación y fusión del mineral, que era trasladado a
través de la laguna interior en barcas de poco calado hasta los centros
metalúrgicos de copelación de la plata, como Punta de Gavilanes, donde se
separaba definitivamente el óxido de plomo de la plata.
Primero, la explotación de los
yacimientos metalíferos del entorno, de los que nada se sabe sobre su
organización; en algunos de los cuales se han hallado restos cerámicos púnicos
fechados en los siglos IV y III a.C.
Después el mineral extraído
pasaba por una industria minera transformativa, emplazada en el paraje de Los
Ceniceros, donde se realizaban las operaciones de estrío, triturado, lavado y
clasificación.
A partir de dibujos y maquetas el artista
recrea con el infógrafo Diego Bravo, un proyecto basado en la figura mitológica
del hipocampo (caballo marino), que figura en algunas monedas fenicias, y que
también aparece en el anverso de un grupo de monedas de plomo, acuñadas en las
antiguas tierras de Mazarrón, junto a delfines, palomas y medias lunas
crecientes, timones y naves.
domingo, 11 de marzo de 2012
LA METALURGIA Y LA MINERIA
La búsqueda de materiales exóticos y metales estaba destinada a surtir una extraordinaria cadena de producción artesanal especializada, encontrando e el mundo griego y en los habitantes de Iberia algunos de sus principales destinatarios.
Hasta la edad del hierro el monopolio del comercio de los metales puede haber sido una prerrogativa de los reyes.
Este comercio se hacía por vía acuática. Las nuevas técnicas de la metalistería fenicia fueron transmitidas a los tartesios y nativos en general, según se comprueba en objetos de prestigio hallados en varias necrópolis.
Hasta la edad del hierro el monopolio del comercio de los metales puede haber sido una prerrogativa de los reyes.
Este comercio se hacía por vía acuática. Las nuevas técnicas de la metalistería fenicia fueron transmitidas a los tartesios y nativos en general, según se comprueba en objetos de prestigio hallados en varias necrópolis.
Desde el tercer milenio antes de Cristo, se sabe de la presencia de marinos y comerciante fenicios en las costas del sureste peninsular, contactando con los pueblos de la Cultura Megalítica y posteriormente con la cultura de El Algar.
La escasez de materias primas en sus lugares de origen, hizo que estos fenicios buscaran materias primas por toda la costa mediterránea.
La escasez de materias primas en sus lugares de origen, hizo que estos fenicios buscaran materias primas por toda la costa mediterránea.
En aquellos tiempos, la Península Ibérica contaba con una de las reservas de plata, oro, plomo, cobre y estaño más ricas de occidente, nace el mito de Tharsis.
Los primeros intercambios comerciales y culturales se producían generalmente en las mismas playas, mediante contactos directos con los mineros y artesanos del lugar, será a partir del primer milenio antes de Cristo, cuando se produce la verdadera incorporación de la Península Ibérica a la cultura Mediterránea y al mundo civilizado de la época.
Los navegantes y comerciantes fenicios, comenzaron a establecer pequeñas factorías en las costas de las regiones mineras, con el fin de controlar las rutas comerciales.
Los primeros intercambios comerciales y culturales se producían generalmente en las mismas playas, mediante contactos directos con los mineros y artesanos del lugar, será a partir del primer milenio antes de Cristo, cuando se produce la verdadera incorporación de la Península Ibérica a la cultura Mediterránea y al mundo civilizado de la época.
Los navegantes y comerciantes fenicios, comenzaron a establecer pequeñas factorías en las costas de las regiones mineras, con el fin de controlar las rutas comerciales.
La desembocadura del río Almanzora y el SE., rico en minerales de galena argentífera, cobre, hierro e incluso oro, debió albergar indudablemente un poderoso núcleo desde el s. IX, débilmente detectado, pero presentido por la existencia de metalurgia y metalistería de bronce, fíbulas de codo, brazaletes de marfil, cuentas de pasta vítrea, hierro, e incluso, por generalizarse el rito de la incineración en gran parte del territorio.
Los fenicios, asentados en el litoral andaluz entre los siglos XIV y XII a.C. aportaron no sólo nuevas técnicas para el aprovechamiento de los recursos minerales, sino también mejores sistemas comerciales para distribuir los metales de los tartesios por el mercado mediterráneo, a través de factorías y asentamientos costeros.
El distrito minero de Huelva, con la localidad de Tharsis a su cabeza, alcanzó una gran importancia como centro comercial de distribución de metales por las costas y el interior andaluz. La expansión minera de los fenicios alcanzó también las minas de plomo de Almería y la provincia de Jaén, en cuyas minas extraían la plata contenida en el plomo.
Se han encontrado varios hornos de fundición con restos o lingotes de plomo, de estaño y de algunas carbonillas, en la Fonteta, (Crevillente-Alicante) en Villaricos ( Baria-Almeria) y en las distintas necrópolis y poblados de la Península Ibérica.
Analizando la totalidad de estos materiales metalúrgicos en función a una serie de variables como la cronológica y la adscripción a etapas concretas del proceso metalúrgico, observamos una clara tendencia que marca un descenso de la producción metalúrgica conforme nos alejamos de niveles fundacionales y nos acercamos al cambio de milenio. No obstante, esta apreciación requiere una serie de matizaciones concretas para cada uno de los períodos.
La cantidad total de elementos metalúrgicos y metálicos pertenecientes al período colonial supera a las dos etapas posteriores; sin embargo, la presencia de mineral de hierro, por ejemplo, es mucho mayor para el período urbano.
En el Cerro de Montecristo (Adra- Almeria ) se han encontrado restos de galena, cuchillos de cobre, básicamente clavos, anzuelos, varillas, plaquitas, piezas
circulares, etc.; y una pesa de red de plomo.
La extracción y comercialización de metales debió constituir, siempre bajo presupuestos organizativos lógicos, un modelo de riqueza bastante rentable. Ello se debe a que el beneficio de metales no es una actividad temporal como sucede con la agricultura, la recolección o la pesca; lo cual les permitiría un aprovechamiento continuo del medio, sin problemas de carácter estacional.
Entre el siglo X y el VI a.C., el pueblo de los tartesios, de fundación fenicia, y como sabemos vivían también sus ciudades, se caracterizó por disponer de abundante plata, estaño, plomo y oro, lo cual deja constancia de la importancia que esta civilización otorgó a la minería.
Las principales explotaciones mineras fueron las de Riotinto (Huelva), de las que extraían cobre, plata y oro de los yacimientos piríticos.
Las principales explotaciones mineras fueron las de Riotinto (Huelva), de las que extraían cobre, plata y oro de los yacimientos piríticos.
Igualmente, los tartesios realizaron la explotación de diferentes minas en la provincia de Córdoba, como las de cobre de Cerro Muriano y las de plata de Fuenteovejuna, y en la provincia de Almería, en las que extraían plomo de las minas de Sierra de Gádor, Berja y Dalías.
En el año 3.000 a.C, la era del metal, se consiguió en los Lobos plata pura y galena argentífera; mezcla de plata y plomo. Comienzan a usarse técnicas de fisión. Los poblados estaban ubicados en colinas altas estratégicas y también en llanos del río Almanzora.
El reino de Tartessos era la principal fuente del oro, plata y cobre fenicio, atribuida su ubicación al entorno de los importantes yacimientos metalíferos del suroeste de la Península Ibérica.
Otras fuentes de aprovisionamiento de metales se sitúan en la isla de Chipre (cobre), en las costas de la actual Etiopía (oro y plata) o en la Costa de Marfil (oro).
Las motivaciones de carácter económico son las que explican la penetración de las influencias coloniales por Extremadura y la Meseta, pues presentan un atractivo por su riqueza agrícola y ganadera y sobre todo minera.
Con la llegada de los fenicios por la denominada “Ruta del Sur” a la Península Ibérica se produce un florecimiento de la minería y la metalurgia en el sureste peninsular, destacando las explotaciones del Cabezo Rajado, Cabezo Agudo y Cabezo de la Cuesta de las Lajas, cercanos a la antigua ciudad de Mastia (Cartagena) y a la conocida como “Ciudad del Plomo” (Portman)
Fué Aleto, minero mastieno quien descubrió la forma de beneficiar las galenas argentíferas mediante el método de la copelación.
De la Meseta de la tierra de los Celtíberos, obtenían lapis especularis que les servía par hacer espejos, también obtenían la sal Gema , sal de minas que luego comercializaban a través de todas sus redes de comercio.
Se adentraban en la meseta para alcanzar la región minera del Noroeste Peninsular.
Los metales y la sal parecen haber sido los elementos fundamentales que impulsaron estos intercambios, desde el Levante peninsular hasta las costas de la Galia, pasando por el litoral catalán y un comercio de vinos y aceite, como se deduce de la presencia de las ánforas.
Estaño, plata, oro, cobre, hierro, eran comercializados por los fenicios hacia el mediterráneo Central y Oriental.
La técnica metalúrgica empleada por los mineros del poblado del Cerro Salomón para la obtención del mineral de plata, no deriva de la empleada por las gentes del Argar,y todos los avances observados en ella se encuentran documentados en la Palestina del siglo X a.C. en las minas del desierto de Arabia.
Los martillos de piedra documentados en Río Tinto, Tejada y Cerro Muriano (Córdoba),son similares a los utilizados por los mineros del Arabab Occidental (Palestina) en sus campamentos de trabajo del s. X a.C Todo ello revela que no parece haberse desarrollado según sus manifestaciones arqueológicas hasta el s. VIII a.C.,nos lleva a pensar que fueron los fenicios los que introdujeron en esta área de la Península Ibérica los conocimientos técnicos necesarios para la realización de una metalurgia del bronce, y para la extracción y obtención de los minerales de plata y cobre, amén del conocimiento del hierro. Fueron los fenicios los primeros que obtuvieron el estaño de la Fachada Atlántica ,necesario para la fabricación de los bronces meridionales y para la composición de espejos.
Los martillos de piedra documentados en Río Tinto, Tejada y Cerro Muriano (Córdoba),son similares a los utilizados por los mineros del Arabab Occidental (Palestina) en sus campamentos de trabajo del s. X a.C Todo ello revela que no parece haberse desarrollado según sus manifestaciones arqueológicas hasta el s. VIII a.C.,nos lleva a pensar que fueron los fenicios los que introdujeron en esta área de la Península Ibérica los conocimientos técnicos necesarios para la realización de una metalurgia del bronce, y para la extracción y obtención de los minerales de plata y cobre, amén del conocimiento del hierro. Fueron los fenicios los primeros que obtuvieron el estaño de la Fachada Atlántica ,necesario para la fabricación de los bronces meridionales y para la composición de espejos.
Fueron los fenicios y celtas quienes enseñaron alos íberos a trabajar el metal, y con él fabricaban los aperos de labranza, armas y todo tipo de herramientas.
La copelación es una técnica metalúrgica aplicada desde la antigüedad para el beneficio de la plata incluida en la galena (aquí, sobre su uso en el mundo turdetano/tartésico), y fue el método de refino más utilizado para la plata y el oro hasta la Edad Moderna. Hoy la copelación se sigue usando como método analítico para medir la pureza de oro,
pues esta técnica de refino es todavía la de mayor eficacia, rebajando
las impurezas al 0,01 %, (esta concentración es hoy el oro de 24
kilates).
El refinado
mediante copelación aprovecha la afinidad del oro y la plata por el
plomo para lavar y separar los metales preciosos de otros, como por
ejemplo del cobre o del hierro.
Cuando estando el oro primario
incluido en la calcopirita y pirita, lo primero a hacer sería tostar en
horno los sulfuros para volatilizar el azufre (y el arsénico) y oxidar
hierro y cobre.
Así lograremos liberar las partículas de oro de los cristales de calcopirita (CuFeS2) o pirita (FeS2), obteniendo como resultado un concentrado metálico formado por óxidos de hierro, cobre y oro libre. Hecho esto, deberíamos mezclar esos óxidos con plomo y fundirlos en horno a unos 330 ºC. El plomo así derretido capturará el oro y podemos verterlo en una pequeña vasija o copela. Calentando de nuevo la copela en un horno bien aireado a 900 ºC, oxidamos el plomo convirtiéndolo en litargirio o óxido de plomo (PbO), que funde a unos 890 ºC, decantando el oro sólido al fondo de la copela. Si la copela es porosa, el litargirio fundido se infiltrará en los poros, y nos bastaría raspar el fondo de la copela o romperla para sacar el oro. Cuando las cantidades a copelar son grandes no utilizamos copelas, sino que disponemos los óxidos y el plomo en lechos de cal dentro del horno.
Así lograremos liberar las partículas de oro de los cristales de calcopirita (CuFeS2) o pirita (FeS2), obteniendo como resultado un concentrado metálico formado por óxidos de hierro, cobre y oro libre. Hecho esto, deberíamos mezclar esos óxidos con plomo y fundirlos en horno a unos 330 ºC. El plomo así derretido capturará el oro y podemos verterlo en una pequeña vasija o copela. Calentando de nuevo la copela en un horno bien aireado a 900 ºC, oxidamos el plomo convirtiéndolo en litargirio o óxido de plomo (PbO), que funde a unos 890 ºC, decantando el oro sólido al fondo de la copela. Si la copela es porosa, el litargirio fundido se infiltrará en los poros, y nos bastaría raspar el fondo de la copela o romperla para sacar el oro. Cuando las cantidades a copelar son grandes no utilizamos copelas, sino que disponemos los óxidos y el plomo en lechos de cal dentro del horno.
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