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jueves, 22 de diciembre de 2011

CERRO DEL MAR

 El yacimiento de Cerro del Mar se encuentra en una pequeña elevación en el margen oriental de la desembocadura del río Vélez, a la salida de una antigua bahía existente en época fenicia. Hoy sin embargo se encuentra más alejadode la línea de costa.
Algunas teorías hacen corresponder este yacimiento con la antigua ciudad púnica y después romana de Maenoba, identificada por A. Schulten como Mainake-Maenoba. Su cronología arranca, para sus investigadores, en el siglo VI a.n.e., pero las mayores evidencias son ya del s. IV, en época púnica, con una ocupación ininterrumpida que va hasta el s. II a.n.e., sin contar con una posterior implantación de época romana imperial. Además en este yacimiento existe un sector de necrópolis arcaica (siglo VII a.n.e.) de incineración en la zona conocida como la vega de Mena, que posiblemente se relaciona con el asentamiento arcaico de Toscanos.
En la ladera suroeste de Cerro del Mar –campaña de 1978– se conoció una pequeña necrópolis compuesta por 28 tumbas de pozo o fosa, dotadas de bancos laterales, que alcanzaban entre 1 y 1,5 m de profundidad, ocupando unos 350 m², destruida por las remociones de tierra llevadas a cabo en época romana. En el S. de la Península Ibérica la incineración fue el primer rito funerario practicados en las colonias fenicias, habiéndose localizado y excavado una decena de necrópolis arcaicas con reducido número de tumbas de incineración con urna y con una cronología entre fines del s. VIII a los inicios del s. VI a.C.:
Esta necrópolis es mal conocida, pues sólo se ha publicado el plano y perfil de la tumba 14. Los escasos materiales aparecidos se asocian con los restos de una urna de alabastro de la tumba 9, varios fragmentos cerámicos de engobe rojo y algún trozo de kotyle protocorintio, que permiten datar los enterramientos en los inicios del siglo VII. Mientras, la tumba 14, una fosa de bancos laterales similar a las encontradas en Jardín, se fecharía en el siglo VI a.C, donde se encontraron más de una treinta pozos u hoyos.
Años más tarde se producen otros testimonios materiales o urnas de alabastro, pero descontextualizados. En la campaña de 1976 O. Arteaga documentó un fragmento de borde y asa17. Posteriormente, D. Antonio Valcárcel, antiguo capataz del IAAM en la zona de Vélez-Málaga, encontró otros restos pertenecientes al mismo ejemplar, completándose casi toda la pieza desde la boca hasta la zona media. Se correspondía con un ánfora de alabastro de gran tamaño, diámetro en la boca de 16,8 cm y anchura máxima 35,2 cm. Sometido a un análisis petrológico aseguró su origen egipcio.
El rito fenicio de la incineración, adoptado y conservado en el orientalizante e ibérico del interior peninsular, será sustituido por el de la inhumación hacia el s. VI a.C. en las necrópolis púnicas de la costa
.
Con el nuevo rito de las necrópolis fenicias los cadáveres se incineran en «ustrinum» o quemadero común y raramente en la misma tumba de fosa («bustum»), como sucede en ciertas necrópolis orientalizantes.
Incinerado el cadáver, las cenizas y fragmentos óseos quemados son recogidos, cuidadosamente lavados e introducidos en urnas cinerarias de cerámica o de alabastro como ocurre en Cerro del Mar, y en otras necrópolis.
Aparece un ánfora del tipo 3 tipo Laurita con las siguientes características: ovoide normal, cuello troncocónico invertido, pequeño borde saliente y asas semicirculares verticales bajo los hombros.
El tipo 3 es una derivación del ánfora cananea de cerámica o alabastro que  traían o transportaban los fenicios por todo el Mediterráneo como demuestran los diferentes hallazgos en los poblados y en las necrópolis.
Esta forma se identifica con el «alabastrón» egipcio, asimilado en cerámica por el orientalizante corintio, distribuido abundantemente por todo el Mediterráneo. El alabastrón servirá de urna cineraria en la tumba 3 de Trayamar y, algo reducida, en la necrópolis del Cerro del Mar.
En principio, la función de estos vasos es de contenedores o lujosos envases para productos de calidad, primordialmente vino y ungüentos aromáticos, según se deduce de sus inscripciones, destinados al suntuoso ajuar funerario en las tumbas de los faraones o funcionarios nobles, según se constata en la necrópolis real de Tanis, en los textos de los jeroglíficos y en las representaciones grabadas de Bes y Hathor en los vasos.
Los vasos sirvieron también de valiosos productos de exportación comercial o de apreciados regalos a los soberanos siro-palestinos y fenicios, pero la mayor parte de los vasos de la dinastía XXII hallados en Oriente y el Mediterráneo se atribuye a los saqueos de algunas tumbas reales y de nobles de la necrópolis de Tanis en momentos de anarquía de la segunda mitad del s. VIII y del s. VII, saqueos atribuidos a piratas griegos o a comerciantes poco escrupulosos.
Los fenicios de Tiro y Sidón debieron sentir una especial predilección por estos vasos, conservados como tesoros o como «sacra aegyptiaca» en sus palacios. Según una inscripción en cuneiforme de un vaso de Takelot III (764-757) hallado en el palacio de Asaradón (681-670) en Asur (W. Andrae, 1938; F.W. von Bissing, 1940; C. Preuser, 1955), el vaso contenía aceite (óleo aromático), habiendo llegado a Asiria procedente del botín del palacio sidonio de Abdimilkuti, capturado por Asaradón el año 676 a.C. Los otros vasos hallados en los palacios asirios de Nimrud y Asur provienen igualmente de los saqueos de ciudades fenicias por parte de los asirios.

Si en Egipto los vasos de alabastro se utilizaron como contenedores de vino y ungüentos de calidad, componentes del ritual funerario, como productos de exportación comercial o como prestigiosas donaciones a los soberanos orientales, y si en los palacios de Fenicia, Siria, Palestina, Asiria, Escitia y Creta serán objetos de prestigio y lujo, por otra parte, en las necrópolis fenicias del Mediterráneo occidental y concretamente de Cartago y de la Península Ibérica estos vasos cambiaron su función, convertidos en urnas cinerarias de personajes de alto rango social, especialmente en Laurita.
La oinochoe piriforme es frecuente en los yacimientos fenicios de Iberia al oriente del Guadalquivir, habiendo sido hallados cuatro ejemplares completos en la necrópolis y uno en el Cerro del Mar. fechado en la segunda mitad del s. VII.

Las incineraciones en urnas de alabastro egipcias en las necrópolis

tales como Cerro del Mar, confieren a este grupo fenicio arcaico de la costa andaluza, una homogeneidad peculiar y diferente a la de los otros grupos del Mediterráneo central y occidental.
La metalurgia del hierro, infravalorada por las investigaciones, se presenta como una artesanía y producción fundamental en los establecimientos fenicios al oriente del Estrecho, donde este mineral es relativamente abundante ya desde el s. VIII  hasta  el s. VII en el Cerro del Mar y otros yacimientos Fenicios.
 Como todos los centros  fenicios costeros y la mayoría de la antigüedad, es lógico o fácil de pensar que también  debió de existir allí una  de las muchas factorías o  fábricas de salazones e industrias de pescado  que tenían distribuidas  por todo el  Mar Mediterráneo.
Según nos dice Pilar Rodríguez Aguilar, la factoría  del Cerro del Mar se mantuvo al menos hasta el siglo III después de C,
Schulten situaba el Cerro del mar en la ciudad de Maenuba o Mainake, mientras que la ciudad griega se situaría en el Cerro del Peñón. Tengamos en cuenta que la población vivía  por etnias, unas cercanas a otras, pero cada uno en su poblado respectivo, y era así como negociaban, aunque es posible que hubiese un mestizaje de razas.

LOS HINTERLAND FENICIOS

EL HINTERLAND DE MAZARRON

EL HINTERLAND DE VINARRAGELL

 HINTERLAND TARTESICO EN LA MANCHA

 SEXI Y SU HINTERLAND

EL HINTERLAND DEL RIO GUADALHORCE

EL HINTERLAND DE LA FONTETA

 EL HINTERLAND DE ANDALUCIA

  EL  HINTERLAND DE HUEVA

EL HINTERLAND DE GADIR

ALHONOZ Y SU HINTERLAND 

EL HINTERLAND DE EXTREMADURA

CASTULO Y SU HINTERLAND

EL HINTERLAND DEL CERRO DE ALCORCON

EL HINTERLAND DE MASTIA

AKRA LEUKA Y SU HINTERLAND

EL HINTERLAND  DE SUKRO – CULLERA

EL HINTERLAND DE  AMPURIAS

HINTERLAND DE ALLONIS