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sábado, 11 de marzo de 2017

HINTERLAND GUADALQUIVIR- HUELVA


HINTERLAND GUADALQUIVIR- HUELVA

En el territorio hay que diferenciar un núcleo central y un hinterland. El central tiene dos focos: el foco onubense y el foco del bajo Guadalquivir. El hinterland o “provincias tartésicas” contaría con Extremadura (provincia de Badajoz) y un foco portugués. Hacia el Mediterráneo los últimos hallazgos en Guardamar del Segura dan una cierta veracidad a las fuentes históricas que se refieren al territorio tartésico tan amplio como el comprendido entre el Tajo y el Mediterráneo y hasta el río Jucar. Se han encontrado grafitos en cerámica lo cual nos habla no sólo de extensión sino también de uso. El foco onubense es más abierto, más receptivo. El otro foco (Bajo Guadalquivir) es más interno y tradicional. El foco onubense se caracteriza porque sus poblados giran entorno a la explotación minero metalúrgica. El foco del Bajo Guadalquivir gira entorno a una economía agropecuaria y en relación a las vías naturales de comunicación con la meseta y Extremadura. En el foco onubense las vías se dirigen hacia la costa, hacia el puerto de Huelva, puerto comercial indígena y diferenciado del de Cádiz que es colonial fenicio, a pesar de ello debemos contar con el hecho de que existe una clara organización social, distribución del poblamiento y del territorio, explotación de la metalurgia y la organización que ello supone. La economía gira hacia la explotación minero-metalúrgica y hacia la economía de tipo agropecuario.

 HINTERLAND HUELVA

La urbanización y arquitectura de los s.VIII-VIII a.C. de Huelva es típicamente fenicia y diferente de aquélla de los Cabezos, no se trata de una expansión urbana por el sureste de la ciudad del núcleo tartésico de los cabezos del s.VIII a.C. hacia el Odiel, sino, "de una nueva ciudad, construida ex novo por colonos fenicios, paralela y gemela a los poblados indígenas emplazados en la altura". Los poblados altos obedecen a una necesidad de defensa natural. El emplazamiento fenicio se debería a los marinos metalúrgicos y comerciantes que necesitaban un puerto en el estuario, y un hinterland rico en plata.
La plata era el mineral más buscado por estos comerciantes. Los indígenas colaborarían con ellos, proporcionándoselo del foco minero de Riotinto y de la sierra del Andévalo, que los mismos indígenas transportarían hasta Huelva. Desde el 700 a.C. la colonia fenicia fabricaba en Huelva casi la mitad de las cerámicas con las técnicas nuevas (40,6%). A mediados del s.VII a.C. la cerámica fenicia (53,45%) superaba ya a la indígena (46,55%). A finales del s.VII a.C. la cerámica fenicia representa el 72,8% y en el tercer cuarto del s.VII acapara el 74,5%. Un 10% de esta cerámica fenicia son ánforas de transporte.
El distrito minero de Huelva, con la localidad de Tharsis (Gadir, según Avieno en su Ora Maritima) a su cabeza, alcanzó una gran importancia como centro comercial de distribución de metales por las costas y el interior andaluz.
 La expansión minera de los fenicios alcanzó también las minas de plomo de Almería y la provincia de Jaén, en cuyas minas extraían la plata contenida en el plomo.
Las principales explotaciones mineras fueron las de Riotinto (Huelva), de las que extraían cobre, plata y oro de los yacimientos piríticos.

HINTERLAND DE ANDALUCIA


En el territorio hay que diferenciar un núcleo central y un hinterland.
    El central tiene dos focos: el foco onubense y el foco del bajo Guadalquivir. El hinterland o "provincias tartésicas" contaría con Extremadura (provincia de Badajoz) y un foco portugués. Hacia el Mediterráneo los últimos hallazgos en Guardamar del Segura dan una cierta veracidad a las fuentes históricas que se refieren al territorio tartésico tan amplio como el comprendido entre el Tajo y el Mediterráneo y hasta el río Jucar. Se han encontrado grafitos en cerámica lo cual nos habla no sólo de extensión sino también de uso. El foco onubense es más abierto, más receptivo. El otro foco (Bajo Guadalquivir) es más interno y tradicional. El foco onubense se caracteriza porque sus poblados giran entorno a la explotación minero metalúrgica. El foco del Bajo Guadalquivir gira entorno a una economía agropecuaria y en relación a las vías naturales de comunicación con la meseta y Extremadura. En el foco onubense las vías se dirigen hacia la costa, hacia el puerto de Huelva, puerto comercial indígena y diferenciado del de Cádiz que es colonial fenicio, apesar de ello debemos contar con el hecho de que existe una clara organización social,distribución del poblamiento y del territorio, explotación de la metalurgia y la organización que ello supone. La economía gira hacia la explotación minero-metalúrgica y hacia la economía de tipo agropecuario.
 
Cerro Gordo

    En Gilena, el proceso histórico descrito está representado desde un punto de vista arqueológico, por la continuidad del yacimiento del Cerro Gordo, sobre el que ya se ha pormenorizado en el apartado anterior. Durante la fase que nos ocupa, la denominada como Orientalizante o Tartésico Clásico los hallazgos cerámicos realizados por diferentes intervenciones han puesto de manifiesto su importancia como lugar de tránsito de mercancías de origen oriental, acaso procedentes de la costa malagueña a través del valle del Guadalhorce, cuya cabecera tiene fácil acceso a la del río Blanco: sería el caso de las cerámicas grises de tradición oriental halladas en el lugar o los vasos polícromos con decoración figurativa.
   El repertorio cerámico registrado incluye cerámicas a torno de barniz rojo, vasos pintados con motivos figurativos (tanto florales como zoomorfos) y asas geminadas, así como platos y cuencos de cerámica gris bruñida, cuya difusión abarca tanto yacimientos coloniales, como otros del núcleo tartésico y su hinterland en ambientes cronológicos de los s. VII y VI a.C.
 Dada la importancia de Cerro Gordo como centro principal de la zona, cabría preguntarse si el actual topónimo Ípora, que aparece en las cercanías del yacimiento entre los términos de Gilena, Osuna y Aguadulce, y que da nombre a varias fincas de la zona (hacienda de Ípora, cortijo de Ípora, cortijo de Ípora Baja), podría tener un origen turdetano y, más aún, tal como apunta Ferrer: no consideramos gratuita la posible identificación de Cerro Gordo con un posible oppidum denominado Ipora.
 Para empezar, tengamos en cuenta la similitud de éste con otros del mundo prerromano andaluz, asociados generalmente con áreas de campiña, como son los casos de Ipora o Ipra (Marmolejo, Jaén), Epora o Ipora (Montoro, Córdoba) y Aipora o Ebora (Cortijo de Ebora, Sanlúcar de Barrameda, Cádiz). Incluso es posible seguir la pista de otro similar en Portugal, como es Ebora, nombre antiguo de la actual ciudad de Évora, capital del Alto Alemtejo.

 El Negrón

En la Cueva Antoniana se ha registrado un enterramiento de incineración en una cista excavada a la entrada de la misma. Las cenizas estaban depositadas en una urna cineraria a torno con decoración a bandas, típicamente turdetana. Por proximidad, podríamos suponer que sería la zona de necrópolis del asentamiento de Los Cortijos Viejos II.
   En el conjunto del término se han hallado:
Piezas a mano de uso corriente, con formas globulares de tradición del Bronce Final, que siguen en uso como piezas de cocina. La continuidad de su uso abundaría en la “vuelta a las tradiciones” de la que hablamos en la introducción al capítulo.
Piezas a torno, mucho más abundantes en número y diversificadas en cuanto a formas que en época orientalizante, producto de la imitación de las cerámicas de prestigio importadas por el común de la población. Al contrario con lo que ocurre en el área oriental de la Península, la decoración se ha simplificado, abandonando la figuración polícroma por motivos geométricos a menudo monócromos (principalmente en rojo). Su uso viene marcado por las formas y calidades, pudiendo encontrar desde cuencos, platos o ánforas de uso corriente (son típicas las ánforas “de saco” de tradición púnica), hasta piezas de lujo utilizadas en las grandes ocasiones o como ajuares funerarios acompañando a las urnas cinerarias. La decoración más frecuente consiste en bandas horizontales de anchura variable en múltiples combinaciones, aunque en ocasiones aparecen líneas onduladas verticales o aspas inscritas entre franjas.

viernes, 10 de marzo de 2017

HINTERLAND DE ALHONOZ



     A Orillas del Genil en plena campiña sevillano cordobesa nos encontramos con este yacimiento pre-romano de carácter fenicio u orientalizante.
     A través del Guadalquivir y por el río Genil llegaban las barcazas para comerciar con todos  los habitantes de la zona.
  Su zona de influencia llegaba a Puente Genil, Lucena, Aguilar de la Frontera, Samadla, Herrera, Estepa, Casariche, Marinaleda y El Rubio; es decir, en la zona en que se completa la red arterial del curso medio del Genil.
 Este es uno de los yacimientos de tipo fenicio-tartésicos de carácter orientalizante, donde se daban sitio  diferentes clases de gentes fenicios, chipriotas íberos, tartessios y griegos, gasta incluso podría darse el caso de que hubiese habido hasta asirios, en resumen, gente del  próximo oriente.
 El valle medio del Genil queda incluido en el área de influencia tartéssica y en su heredera, la cultura turdetana.
 Será en  Lucena donde hay gran concentración de población judía llegados con las migraciones cananeas.
 Sobre la etimología de Ipagrum (Aguilar de la frontera) existen diferentes versiones.
   Para unos, Ipagrum significaría "campo alto", mientras que otros opinan que el origen es turdetano-griego, proviniendo el nombre del griego hippos, esto es, caballo. Actualmente existe en el término de Aguilar un lugar denominado Llano de los Caballos.
  Sus relaciones comerciales nos vienen dadas por la riqueza de estas tierras en olivares y vides, es decir que tanto el aceite como el vino eran comecializados en esta zona.
  La  gran riqueza  mineral del sitio, podemos decir que hay una gran variedad de hulla, níquel, arcilla, sal gema, barita, casiterita (mineral del cual se extraía el estaño), cuarzo, caliza marmórea, hierro, dolomía, yeso,roca ornamental, pinta de cobre, plomo, zinc, plata y oro,  es lo que hizo que llegasen los colonizadores fenicios y demás antiguos pobladores a esta zona.
  De esta época datan importantes yacimientos como los Castellares, Las Gaseosas o la Villeta de las Mestas. Testigos materiales de la presencia de estos pueblos en la zona se encuentran en el museo arqueológico municipal como cerámica bruñida, algunos fragmentos cerámicos con decoración incisa, objetos de metal como fíbulas colgantes o puntas de flecha, y cerámica corintia del siglo IV a.C. Otro testimonio de la presencia ibérica son las diversas esculturas zoomorfas en caliza, relacionadas con el mundo funerario.
   En esta zona se han encontrado diferentes fragmentos de cerámicas a  fabricadas a torno de fácies ibérica o iberorromana, algunas muestras de manufacturas modeladas características de un horizonte de Bronce final.
  Se han hallado también algunos ejemplares polícromos y una cierta representación de la especie gris monocroma.
   En algunos casos son visibles algunos restos de elementos constructivos, como viviendas y murallas.
 Se halló un edificio con objetos del periodo orientalizante además de un gran depósito de cerámicas.
 Posiblemente fuera un santuario y junto a él se encontró un pozo o favissa.
  La favissa era un pozo rectangular del que disponían la mayoría de los santuarios ibéricos en el que se dejan los donativos o exvotos sobrantes, tras su utilización o exposición ritual en el cual pueden haber objetos de diferentes materiales y de diversas clases como cerámica, timaterios, exvotos y cualquier otro utensilio que en aquel momento se les ocurriera.
   Luis Alberto López Palomo nos dice que los materiales hallados pueden encuadrarse aproximadamente en un horizonte de colonización, dentro del epígrafe de lo tartéssico.
  En varias excavaciones se han encontrados diversos materiales, así, se hallaron varias puntas de  flecha  de bronce con una nervadura longitudinal por ambas caras.
   Pertenece al tipo El carambolo y a los ambientes genuinamente tartéssicos del Valle del Guadalquivir.
      Se halló unas láminas de bronce de forma cuadrada con dos salientes, que podían haber  formado parte de un broche de cinturón, fechables en el siglo VIII a. C.
 Junto con las cerámicas modeladas del estrato en que apareció este objeto se documentaron algunos testimonios de indudable procedencia colonial mediterránea que probablemente fueron acarreados al Valle del Guadalquivir en fecha temprana (s. VIII a. C.). 
 Parece ser que en ALHONOZ hubo varios talleres dedicados a la producción cerámica, testimoniado por las más de seiscientas piezas intactas, con una interesantísima diversificación tipológica, en muy escasa superficie de excavación, que constituyen un hallazgo sensacional y poco frecuente.
 Se halló también  la parte baja de un Thymaterion de bronce de tipo chirpiota siendo un producto de importación de los ambientes fenicios de la costa en una fecha bastante anterior a su deposición en el lugar de hallazgo, encuadrable a partir de finales del siglo V a. C..
    La vinculación tipológica del thymaterion de Alhonoz con los ambientes fenicios del Mediterráneo oriental, y más concretamente con Chipre, son indicio del horizonte de coloniación en que nos movemos y refuerzan la tesis de que la colonización fenicia fue más bien una colonización de comerciantes de Chipre.
   Se halló también un antifaz Minerva de plata en la que se aprecian sus características formales básicas y sus atributos y presenta un idéntico problema de cronología, de acuerdo con su contexto arqueológico y puede tratarse de algún objeto ritual que reproduzca los ojos de la diosa Astarté  de una tradición oriental milenaria.
   En todos los bronces y giguras tartéssicos con representaciones humanas las similitudes son grandes o muy parecidas.
  Se encontró también una hebilla de bronce, varias fíbulas del tipo   El Carambolo. 

martes, 7 de marzo de 2017

SEXI Y SU HINTERLAND



   Amuñecar dispone de un emplazamiento  estratégico donde los fenicios construyeron su base y factoría, además de ser un terreno rico en gricultura, ganadería, bosques próximos de pinos y encinas, suministradores de madera para arquitectura, astilleros y combustión y de vías naturales hacia el «hinterland».
   La extensión del establecimiento fenicio en el s. VIII-VI a.C., según los datos proporcionados por los sondeos, debió alcanzar unas 3 hectáreas, con una demografía mixta, indígena y oriental, de un millar de habitantes en su apogeo.
  Extramuros se emplazaban las tres necrópolis conocidas. La necrópolis Laurita se situaba a unos 800 metros de Sexi, en el Cerro de San Cristóbal, separada de la población por el río Seco. La necrópolis de Velilla se halla a un km. al este del núcleo urbano y separada de él por el río Verde.
  La necrópolis de Puente de Noy, con tumbas púnicas de la segunda mitad del primer milenio a.C., se sitúa a unos 400 metros al N-NE de Laurita y a un km. al N-NW de Sexi, del que la separa el río Seco.
  Estas tres necrópolis conservan las características típicas de las necrópolis fenicio-púnicas, como son la lejanía del hábitat en casi un km., el aislamiento por un río o ensenada intermedia y el emplazamiento en ladera de cerro visible desde el poblado.
La navegación de cabotaje, la practicaron los fenicios hasta el siglo XI a. c, siendo a partir de esta fecha cuando los fenicios deciden adentrarse en aguas lejanas, como Creta, Sicilia, Cerdeña, llegando hasta la misma Península Ibérica. Las escalas nocturnas tenían lugar en atracaderos costeros, separados unos de otros, por un día de navegación.
Con el transcurrir del tiempo se extendió su funcionalidad, convirtiéndose en puntos de comercio con la población indígena y como lugares de almacenaje de sus mercancías.
 Su radio de acción como puerto hegemónico, base del Hinterland, llegaba hasta Salobreña, que era un puerto fondeadero de segunda clase, y hasta el estuario del río Guadalfeo.
 Los materiales encontrados son cerámicas del siglo II a C. y un Santuario de carácter tardopúnico en Salobreña dedicado a la Diosa Tanit. 

CERRO DE LA BIENVENIDA


HINTERLAND TARTESICO EN LA MANCHA

LA BIENVENIDA

Los datos que conducen a incluir La Bienvenida dentro del hinterland tartésico, no resultan sorprendentes si se tiene en cuenta la riqueza metalífera de la zona donde se encuentra el yacimiento y la importancia que el comercio de ciertos metales, entre ellos el plomo y la plata, cobró en las estructuras del complejo tartésico. Ahora bien, si no es sorprendente la identificación de estos rasgos de filiación cultural y cronológica tan concretos, sí es importantísimo disponer de datos estratificados en un área geográfica con gran vacío de conocimientos para esteperíodo, si se exceptúa el hallazgo puntual y descontextualizado de algunos ejemplares de las llamadas "estelas de guerrero del Bronce Final" (en Alamillo, Chillón, Aldea del Rey).
 La Bienvenida, por tanto, constituye un hito muy significativo a la hora valorar la extensión del fenómeno tartésico y las claves de la dinámica histórica de la zona en que se encuentra ubicado nuestro yacimiento. Aquella nebulosa, y casi mítica Tartessos, que nos describen las fuentes antiguas, poco a poco ha pasado de ser "leyenda y mito de la España antigua", para convertirse, gracias a la Arqueología, en un complejo cultural del máximo interés, tangible en su conocimiento a través de la correcta interpretación de sus manifestaciones materiales, económicas y también sociales.
Las relaciones culturales con la mitad oriental de Badajoz y la Baja Andalucíase prolongaron hasta bien entrado el siglo VI a.C. La comunicación de La Bienvenida con aquellos ambientes se efectuó, sin duda, a través de la llamada en época romana "vía de la Plata"- camino S-N que unía los territorios antes citados con el NW peninsular.
La Bienvenida en la antigüedad estuvo ligada indudablemente con la explotación de las minas de cinabrio y plata.
El yacimiento ha podido ser identificado con un importante centro minero citado por las fuentes clásicas con el nombre de Sisapo. Se encuadra dentro de la zona denominada como la Oretania prerromana.
Esta ciudad tuvo una extensión aproximada de 10 Ha. y estaba rodeada por una muralla de más de 3 metros de ancho con unas 28 torres. En el interior del recinto se han encontrado restos de viviendas de varios momentos culturales desde el siglo VII a.C. hasta el siglo IV d.C. Hay una fase antigua correspondiente a los siglos VIII y VI a.C. donde los materiales son cerámicas hechas a mano entre las que destacan una cazuela con decoración bruñida interna y cerámicas con decoración pintada en rojo pertenecientes a cultura tartésica.
Desde mediados del siglo VI a. C. aparecen cerámicas típicamente ibéricas hechas a torno pintadas en tonos rojos y anaranjados.
   Se encuentran también fragmentos de cerámica ática de figuras rojas. Existe cerámica de fabricación local típica de la cultura Tartésica y posible influencia fenicia, con presencia de cerámica griega importada. Aparece cerámica pintada ibérica del tipo Valdepeñas, por la clase y técnica  del decorado
         En tiempos de los famosos reyes de Tartessos, había gentes que llegaron a Sisapo buscando las minas de plata y cinabrio. Aquí  se fueron sucediendo las culturas tartésica, íbera y romana denominada en este caso como ‘SISAPONE’. Se localiza en uno de los tres domos volcánicos que conforman el paisaje de Los Castillejos.
     Descubierto a mediados del siglo XX, los trabajos de excavación sistemática se vienen realizando desde 1980, sacando a la luz los restos de un núcleo antiguo que funciona casi ininterrumpidamente entre fines del siglo VIII o inicios del   VII antes de Cristo y el siglo V después de Cristo.   
  Tradicionalmente, esta ciudad se había identificado equivocadamente con la cercana Almadén (Ciudad Real), población conocida por su producción de cinabrio, al que los romanos llamaban minio y que identificaban con Sisapo en las fuentes literarias.
La mención de dos Sisapos que hace Estrabon, el antiguo y el nuevo, o en latín, Sisapo Vetus y Sisapo Nova, plantea la existencia de dos poblaciones con el mismo nombre. A.M.
      Cantó propone el yacimiento romano de Cerro de las Monas (emplazado al sur del término municipal de Almadén, a escasos kilómetros del ya mencionado yacimiento de cinabrio) como posible ubicación de Sisapo Nova, de forma que el yacimiento de La Bienvenida, por su mayor antigüedad, se correspondería con Sisapo Vetus.
A esto se añade la propuesta de identificación de Sisapo por P.Sillières en Cerro de las Monas, anterior a los descubrimientos epigráficos de 1982 en la Bienvenida que la identificaban como Sisapo, siendo a falta de nuevas referencias una de las hipótesis más plausibles.
 Es importante también la producción y explotación del azafrán, con el que comerciaban a través de  las vías de comunicación que poseían, con los fenicios, griegos y cartagineses.

EL HINTERLAND DE LA FONTETA



La Albufera de Elche o llamada también Albufera de Guardamar, es  uno de los espacios húmedos más importantes de la Comunidad Valenciana, situada al S de la provincia de Alicante y por tanto enclavada en la Contestanía de los Íberos. Veamos sobre estas líneas a los habitantes antiguos que vivían en la Albufera de Elche.
     Desde el punto de vista geológico se localiza en la Depresión de Elche, dentro de la Cuenca del Bajo Segura, y ocupa parte del sinclinal limitado por los anticlinales que constituyen la Sierra de Santa Pola y la Sierra del Molar.(Guardamar el Segura, Bajo Segura, abanico del Vinalopó, costa de la Serra del Molar) antes de la retirada del mar de las costas.
      El alejamiento posterior de la línea de costa supone en el Bajo Segura la desaparición de la laguna y la instalación de una llanura de inundación con zonas palustres y lagunares de carácter dulceacuícola.
 La Fonteta es uno de los más importantes enclaves arqueológicos de todo el levante peninsular.
  En realidad lo componen dos yacimientos. El más antiguo es la ciudad fenicia, sobre la que se superpone una rábita islámica.  
  Ambos yacimientos se han conservado óptimamente al ser cubiertos por el avance de las dunas, ahora fijadas por la repoblación forestal.
     Ciudades como La Fonteta (Guardamar), en la costa, que ha mantenido durante toda su historia su privilegiado papel de puerto de mar y punto de salida para el comercio de los productos de su hinterland, y destacadamente los arrancados a los ricos campos de toda la Vega del Segura.
     La Fonteta generalizó diferentes productos, principalmente cerámicas torneadas, en el hinterland de la Vega Baja del Segura y del Bajo Vinalopó, mientras que los artesanos fenicios instalados en Peña Negra suscitaron una destacada producción alfarera cuyas piezas sirvieron para abastecer a otros yacimientos más interiores, como El Monastil (Poveda, 2000).
       La concentración de necrópolis y poblados ibéricos antiguos (El Oral, La Escuera, El Molar, El Cabezo Lucero) en el tramo final del río Segura, no es mera coincidencia. Representa la constatación de la importancia de este foco de orientalización que generó la iberización del fondo poblacional muy mixtificado del Hierro Antiguo de la zona.
    Claro está que estaban tanto estos, como Peña Negra, de carácter fenicio y griego,  los Saladares y La Fonteta, de carácter fenício en Plena Albufera de Elche que  se extendía a esas zonas, es decir a la desembocadura del Segura.
En los centros coloniales fenicios andaluces y en La Fonteta la metalurgia del hierro se daría desde momentos cercanos a su fundación.
   Desde allí los conocimientos técnicos relacionados con el trabajo del hierro irradiarían hacia los poblados indígenas.
   Los resortes utilizados por los comerciantes extranjeros en la explotación de los recursos minerales del Sureste, más ricos en el área murciana que en la alicantina, están estrechamente vinculados con el proceso de aculturación suscitado en el mundo indígena, cuyo mejor exponente es el mestizaje cultural detectado en Peña Negra.
       Los artesanos fenicios, locales o itinerantes, ofrecieron productos de lujo a las aristocracias indígenas, como la diadema de Crevillente, joya áurea con decoración repujada, influída por los gustos de la orfebrería etrusca.
      El puerto comercial fenicio de La Fonteta sería el encargado de redistribuir por el Sureste multitud de productos mediterráneos, en muchos casos procedentes de las colonias fenicias andaluzas. Mantenía además una rápida y fácil conexión con los enclaves fenicios de la isla de Ibiza, hecho constatado por los significativos hallazgos anfóricos y de otros elementos ibicencos realizados en las costas alicantinas desde las zonas de Jávea y Denia hasta el área del Bajo Segura.
     La influencia cultural de la colonia de La Fonteta sobre las poblaciones indígenas de la antigua albufera del Segura sería determinante en la aceleración y cambio de sus procesos de estratificación social e intensificación productiva. 
    Tanto La Fonteta como los colonos fenicios asentados en Peña Negra desarrollarían una febril actividad comercial en el marco de una próspera explotación agropecuaria y metalúrgica del entorno, realizada a través de los intermediarios indígenas.
La influencia fenicia experimentada por los yacimientos de Peña Negra y Los Saladares se aprecia también en la aparición de nuevos tipos de viviendas desde el siglo IX a.C.
A cambio de productos de procedencia oriental, como orfebrería, exvotos religiosos, cerámica de lujo, productos metalúrgicos, etc., los fenicios obtenían minerales (bronce, hierro, etc.) y productos agrícolas, como aceite y vino con los que luego comerciaban por todo el Mediterráneo.
     Esta gran ciudadela con al menos diez hectáreas de extensión y una población estimada entre 2.000 y 4.000 personas, se convirtió en aquel entonces en un verdadero emporio que ejerció su influencia sobre las comunidades indígenas del Bajo Segura, lo que hace situar a la Fonteta como uno de los más importantes focos que llevaron a evolucionar a estos pueblos hacia la cultura íbera, resultado de la fusión de las tradiciones del Bronce con las influencias orientalizantes.
     El río Teodoro, (actual Segura) cerca del cual estuvo la ciudad de Herna, es para Avieno el antiguo límite de los tartesios.

LOS HINTERLAND FENICIOS


A partir del s. XIII a.C., en el mundo mediterráneo se producen cambios trascendentales en el ámbito social, político y tecnológico.
   Las nuevas influencias económicas llegan al sur de la Europa templada extendiéndose paulatinamente por el Mediterráneo Central, la Península Ibérica y el Atlántico.
  Entendidas como una fundación de los fenicios de Sidón, en las ciudades portuarias, podemos ver que los navegantes del mar  aquí podrían ser tanto sidonios, hebreos o fenicios como filisteos  o asirios, es decir todos cananeos procedentes de la Tierra de Canaán que se mezclaron  con los pobladores autóctonos o indígenas y trayendo sus propios dioses.
   Los puertos fueron un elemento esencial en relación con un municipium y con una zona subsidiaria donde se ubicaban las villae productoras de vino, generalmente en situación litoral, aunque algunas de ellas se establecieron más al interior junto a cursos fluviales utilizados como vías de comunicación.
    En la actualidad, alrededor de cada puerto existe una amplia zona que depende económicamente de él.
   Los núcleos de población que disponían de instalaciones portuarias propiamente dichas tenían, generalmente,la categoría de colonia o municipium y alrededor de ellas se configuraba una zona geográfica de interdependencia económica muy semejante a lo que en la actualidad es el hinterland de un puerto. Había puertos principales y secundarios.
   Llamamos hinterland a la zona de influencia de una zona portuaria o un puerto determinado, que a su vez puede tener otros puertos auxiliares, en los que guardan todos los productos o ánforas que se iban a llevar y poder salir despuést todos juntos a navegar.
   Sobre la delimitación del hinterland dependía de de cada puerto o ciudad constituyendo  una tarea difícil de averiguar.
Alrededor de cada portus existieron pequeños embarcaderos a través de los que se realizaba la navegación de cabotaje pero siempre desempeñando un papel subsidiario en relación con el puerto principal.
   Generalmente son delatados por la concentración de restos anfóricos depositados en los fondos subacuáticos de las cercanías.   
   La delimitación del hinterland dependiente de cada ciudad portuaria constituye una tarea difícil de realizar, por no decir imposible.
  Consecuentemente nos vemos obligados a utilizar el término hinterland como acepción útil sin intentar precisar o concretar su extensión.
   Dentro de cada hinterland las villae productoras de vino jugaban un papel esencial.
   Su localización era esencialmente costera aunque algunas se ubicaban en el interior, en lugares próximos a vías de comunicación.
    El vino producido se proyectaba comercialmente hacia una determinada zona portuaria.
    Circunstancias de todos conocidas, como la posesión y el comercio de metales entonces imprescindibles, singularmente el estaño, y las disponibilidad de magníficas tierras para la agricultura y la ganadería, hicieron de la baja Andalucía un foco de precoz arraigo de la vida urbana.
    Arqueológicamente constatamos la aparición de importantes centros de ocupación, que perduran en las ciudades históricas bien documentadas después en las fuentes, y serán las que se consolidan en los centros urbanos que, en su papel estructurador del territorio, alcanzan hasta nuestros días.
    El hinterland de Gades, Carthago-Nova y Akra-Leuké se halló dentro de la es­fera de los fenicios y cartagineses (la Fonteta, Peña Negra, Illici, Los toscanos y Trayamar) mientras que el de Emporion (junto con Indica, La Creueta, Porqueres y Sant Julia de Ramis), el de Hemeros-kopeion (con La Serreta, Covalta, Saetabi, Minateda, Albaida y Mogente, Sukro, Saguntum) y en el tercero encontramos Emporion y Dertosa muy influenciadas por el mundo griego. 
     Será mucha la colonización fenicia que ejerzan sobre estas ciudades con sus respectivas zonas de influencia y todos sus Hinterlands. El emplazamiento fenicio se debería a los marinos metalúrgicos y comerciantes que necesitaban un puerto en el estuario, y un hinterland rico en plata. La plata era el mineral más buscado por estos comerciantes. Los indígenas colaborarían con ellos, proporcionándoselo del foco minero de Riotinto y de la sierra del Andévalo, que los mismos indígenas transportarían hasta Huelva. Los beneficiarios serían las élites indígenas que aceptaron el rito de la incineración de los cadáveres.
 

domingo, 19 de febrero de 2017

El Hinterland de Mazarron


   La presencia de fenicios en la zona demuestra las relaciones que éstos mantenían con las comunidades indígenas, desde al menos el siglo VII a.C., con contactos comerciales en el litoral e, incluso, con asentamientos del interior, adonde accedían a través de la rambla de las Moreras hacia el valle del Guadalentín.
    La palabra hinterland proviene del idioma alemán, y significa literalmente "tierra posterior" (a una ciudad, un puerto, etc.).
    En un sentido más amplio al anterior, el término se refiere a la esfera de influencia de un asentamiento.
     Es el área para la cual el asentamiento central es el nexo comercial. Es también conceptualizado como espacio de crecimiento.
    Como hinterland se conocieron asimismo las zonas que rodeaban a las antiguas colonias europeas en África, que, aunque no pertenecían a la colonia, fueron influenciadas por ésta.
     Área de influencia de un centro urbano, industrial o comercial, del que depende fundamentalmente en lo económico.
    El previsible crecimiento de los tráficos portuarios, la óptima conectividad terrestre y la disponibilidad de suelo industrial en el entorno de proximidad del puerto, permitirán ampliar el hinterland natural hacia territorios más alejados que son actualmente espacios de competencia interportuaria.
     Nuestro hinterland, entendido como el espacio terrestre en el que se localizan los lugares de origen o destino de nuestros flujos portuarios, debe buscar expandir sus límites de localización; llegando a empresas e industrias más alejadas que puedan enviar o recibir sus mercancías por mar a través del puerto de A Coruña.
    Las empresas del entorno portuario, que realizan movimientos de comercio exterior, representan el principal potencial de generación de flujos de transporte marítimo; tanto en el sector de hidrocarburos, como en el movimiento de graneles sólidos y mercancía general, así como la carga contenedorizada.
    Desde mediados del VII a C., los enclaves existentes aumentaron de tamaño, al tiempo que desde algunos se lleva a cabo la ocupación intensiva de los territorios próximos con la aparición de pequeños poblados. También se crearon nuevos asentamientos en zonas más alejadas como Ibiza (Sa Caleta), Portugal (Abul y Santa Olaia) o Marruecos (Mogador) y el comercio llevó las importaciones fenicias a el litoral de Cataluña y el sur de Francia. Luego, durante el siglo VI a. C. algunos enclaves se abandonaron, como el Cerro del Villar, con cambio de emplazamiento incluido, y se produjo una reestructuración integral de la población, con el consiguiente crecimiento de lugares como Malaka, que alcanzan la categoría de ciudades. 
  Es un enclave protohistórico  de grandes dimensiones situado al sur de Qart Hadast, la actual Cartagena.
   Se conocen pocos vestigios de esta época, pero vamos a hacer un estudio detallado del poblado según los pocos hallazgos que poseemos.
   Debió existir una colonia o habitat de población fenicia, según nos demuestran los materiales encontrados.
    Antes de la fundación de Qart Hadast por los púnicos, se experimentó un florecimiento de las actividades minero-metalúrgicas beneficiando la plata y el plomo metálico, obtenido del tratamiento de minerales argentíferos procedentes del polígono minero de Mazarrón, igual que había hecho durante las fases con presencia fenicia y griega.
   Podríamos decir que se trata de un puerto de carácter secundario donde fondeaban las barcazas a la espera de que les viniese el material del puerto de Qart Hadast.
    Desde el pie de la Sierra de Almenara hasta la Sierra del Algarrobo, que queda situada al este de Leiva, existe un suelo rico en rocas ígneas que está muy relacionado con las metalizaciones de estos distritos, cuyas minas eran desde antaño.
    Anterior a la romanización los habitantes de este poblamiento deberían ser Mastieno-Bastetanos, los cuales se dedicaban a la agricultura, a la exportación de esparto y a la explotación de las minas, además de poseer, como todas las ciudades del litoral, sus fábricas de salazones, desde las cuales se exportaba el garum por todo el Mediterráneo.
   Traficaban también con múrex, que era un caracol, que su baba servía para teñir la ropa y con colmillos de elefante procedentes de Africa, además de comerciar también con lingotes de estaño.
     Era también muy importante la caza del conejo el cual era muy abundante en esta zona próxima a los espartizales en el campo de Cartagena.
   En cuanto a los fenicios encontramos evidencias físicas de su establecimiento en tierras de Mazarrón alrededor ya del s.VII a.C.: el yacimiento de Playa de la Isla con los restos subacuáticos de dos barcos, de entre 8 y 9 metros de eslora, con un cargamento de unas dos toneladas de tortas de óxidos de plomo (para su uso en otros centros mineros carentes de este mineral necesario para la obtención de la plata) y el establecimiento minero de Punta de los Gavilanes.
    La existencia de importantes yacimientos metalíferos en Mazarrón (cobre, hierro, plata, plomo), fueron objeto de una gran codicia por todos los pueblos del Mediterráneo. 
  En La Punta de Gavilanes a finales del siglo V a.C. o inicios del IV se construyó un edificio de planta rectangular, con tres ámbitos espaciales paralelos y adosados construidos sobre un muro común, que constituye el límite meridional del edificio.
    Cada uno de estos ámbitos espaciales estaba estructurado en dos espacios, una habitación de mayor tamaño que, mediante un umbral de acceso, comunica con otra más pequeña situada en la parte más septentrional de la edificación.
   En cada una de estas estancias de menor tamaño, además de en otra habitación localizada en frente occidental del edificio, se excavaron sendos hornos, en los que se benefició la plata fundiendo tortas de litargirio de plomo.
    Durante los siglos IV-III a.C se arrasaron estos dos últimos horizontes de ocupación del yacimiento de Punta de Gavilanes.
     A finales del siglo V a.C. o inicios del IV se construyó un edificio de planta rectangular, con tres ámbitos espaciales paralelos y adosados construidos sobre un muro común, que constituye el límite meridional del edificio.
    Esta actividad metalúrgica era sólo la fase final de un complejo proceso, que evidencia la existencia de una organización productiva durante los siglos IV y III a.C., que controlaba todas las fases del proceso.
    Primero, la explotación de los yacimientos metalíferos del entorno, de los que nada se sabe sobre su organización; en algunos de los cuales se han hallado restos cerámicos púnicos fechados en los siglos IV y III a.C.
   Después el mineral extraído pasaba por una industria minera transformativa, emplazada en el paraje de Los Ceniceros, donde se realizaban las operaciones de estrío, triturado, lavado y clasificación.
     En la Loma de Sánchez-Susaña se realizaban las labores de tostación y fusión del mineral, que era trasladado a través de la laguna interior en barcas de poco calado hasta los centros metalúrgicos de copelación de la plata, como Punta de Gavilanes, donde se separaba definitivamente el óxido de plomo de la plata.
      Primero, la explotación de los yacimientos metalíferos del entorno, de los que nada se sabe sobre su organización; en algunos de los cuales se han hallado restos cerámicos púnicos fechados en los siglos IV y III a.C.
   Después el mineral extraído pasaba por una industria minera transformativa, emplazada en el paraje de Los Ceniceros, donde se realizaban las operaciones de estrío, triturado, lavado y clasificación.
     A partir de dibujos y maquetas el artista recrea con el infógrafo Diego Bravo, un proyecto basado en la figura mitológica del hipocampo (caballo marino), que figura en algunas monedas fenicias, y que también aparece en el anverso de un grupo de monedas de plomo, acuñadas en las antiguas tierras de Mazarrón, junto a delfines, palomas y medias lunas crecientes, timones y naves.


LOS HINTERLAND FENICIOS

EL HINTERLAND DE MAZARRON

EL HINTERLAND DE VINARRAGELL

 HINTERLAND TARTESICO EN LA MANCHA

 SEXI Y SU HINTERLAND

EL HINTERLAND DEL RIO GUADALHORCE

EL HINTERLAND DE LA FONTETA

 EL HINTERLAND DE ANDALUCIA

  EL  HINTERLAND DE HUEVA

EL HINTERLAND DE GADIR

ALHONOZ Y SU HINTERLAND 

EL HINTERLAND DE EXTREMADURA

CASTULO Y SU HINTERLAND

EL HINTERLAND DEL CERRO DE ALCORCON

EL HINTERLAND DE MASTIA

AKRA LEUKA Y SU HINTERLAND

EL HINTERLAND  DE SUKRO – CULLERA

EL HINTERLAND DE  AMPURIAS

HINTERLAND DE ALLONIS