El término Fenicia es griego, puesto que éstos denominaban a la tierra que ocupaban los fenicios como Phoiniki, un término que tomaron prestado del vocablo egipcio Fnkhw, que podríamos traducir por “sirios”. Debido a la similitud fonética, la palabra griega para designar Fenicia era sinónimo del color púrpura (phoínix), puesto que en Tiro se elaboraba el famoso tinte de ese color que procedía del molusco gasterópodo del género Murex (que en España se conoce como cañadilla o canaílla), por el que se pagaba un alto precio en el mercado, debido a que para obtener un solo gramo de tinte, eran necesarios unos 10.000 moluscos y era un color que no se podía conseguir de otra forma (que se supiera). Así, los fenicios eran conocidos como “El pueblo púrpura”.
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lunes, 13 de marzo de 2017
FENICIA
Antes de analizar la colonización fenicia es necesario conocer a sus protagonistas: Los fenicios eran los habitantes de la costa occidental del Próximo Oriente, que vivían en una estrecha franja costera entre Siria y Palestina. El territorio vinculado a este pueblo era fértil, y permitía buenos cultivos de frutas, legumbres y abundantes pastos para la cría de ganado.
Los cultivos eran intensivos y diversificados, basados en la tríada: cereal, vid y olivo, completada con legumbres y frutas. La tecnología empleada era la más avanzada del Mediterráneo. El mar constituía otra fuente de recursos del que obtenían pescado para salazón, garum romano y la púrpura, que se extraía del murex; además eran expertos en la pesca de atunes, siendo los primeros en utilizar la técnica de la almadraba. A pesar de sus riquezas, los fenicios estaban condicionados por las reducidas dimensiones de su territorio, lo que les obligó a buscar otras fuentes de producción con el fin de mantener su crecimiento demográfico. La solución fue el uso del mar como cauce del transporte, de las materias primas necesarias para su diversificada industria artesanal. La navegación por todo el Mediterráneo les permitió conseguir sus objetivos de intercambio comercial.
Los fenicios eran de etnia semita y nunca constituyeron una nación compacta, ya que su estructura política estaba fundamentada en ciudades Estado, muchas veces no bien avenidas. Las ciudades más conocidas eran Ugarit, Sukal, Arvard, Byblos, Beirut; Sidón y Tiro.
La falta de unidad las hizo blanco de sus vecinos asirios, babilonios y persas, que en un principio exigieron sumisión mediante la entrega de bienes, para llegar por último a la conquista y destrucción de las ciudades.
La necesidad de metales para la industria manufacturera obligó a la colonización fenicia a través del Mediterráneo occidental.
Los tratados más antiguos dan como motivo de la colonización la búsqueda de: oro, plata, y cobre, para su transformación artesana. Sin embargo los metales no fueron su único objetivo colonial. La demografía y la desigual distribución de la riqueza entre sus ciudadanos, se considera hoy, que fue el principal motor colonizador, que tuvo como medio la utilización de todos los sistemas productivos conocidos, que emplearon en mayor o menor, medida en función de las posibilidades de los lugares colonizados.
La llegada a la península Ibérica según las cronologías literarias conocidas hasta hace poco tiempo fue la del 1100 a.C. fecha en la que se estimó la fundación de Gadir (Cádiz). La misma fecha se fija para Lixus y Utica. La realidad del registro arqueológico fija que los primeros contactos con Kition en Chipre fueron hacia el año 820 a. C., lugar que fue cabeza de puente con las ciudades fenicias. En la Península la datación del carbono 14 de Morro de Mezquitilla, vinculada a una de las fases más antiguas de este yacimiento dan:
800 ± 50 años a.C.; 690 ± 30 años a.C. y 620 ± 50 años a.C. En los últimos años han aparecido cronologías semejantes en diferentes puntos de Andalucía.
Actualmente se conoce por que Fenicia a aquel territorio correspondido entre el Líbano e Israel donde se asentó o se inicio lo que conocemos hoy por “Cultura Fenicia o Civilización Fenicia” Los fenicios fueron expertos marineros, y mercaderes ya que basaron su cultura hegemónica en el comercio marítimo, que les llevó establecer rutas marítimas comerciales por todo el Mediterráneo e incluso a lugares tan distantes como la costa oeste de África (se especula con que llegaron a doblar el Cabo de Buena Esperanza) las Islas Británicas (algo que no se puede probar arqueológicamente, pero se puede suponer) o Norteamérica y Brasil (en ambos casos, no parece tan claro como ya veremos aunque varios autores digan lo contrario).
La cultura fenicia floreció entorno al período comprendido entre los años 1.200 a.C. y 900 a.C. y se aglutinó, sobretodo, alrededor de varias ciudades principales: Biblos, Sidón y Tiro. En su lengua original, se autodenominaban kena´ani, siendo el fenicio un lenguaje cananita, perteneciente a la familia de las lenguas semíticas.
El término Fenicia es griego, puesto que éstos denominaban a la tierra que ocupaban los fenicios como Phoiniki, un término que tomaron prestado del vocablo egipcio Fnkhw, que podríamos traducir por “sirios”. Debido a la similitud fonética, la palabra griega para designar Fenicia era sinónimo del color púrpura (phoínix), puesto que en Tiro se elaboraba el famoso tinte de ese color que procedía del molusco gasterópodo del género Murex (que en España se conoce como cañadilla o canaílla), por el que se pagaba un alto precio en el mercado, debido a que para obtener un solo gramo de tinte, eran necesarios unos 10.000 moluscos y era un color que no se podía conseguir de otra forma (que se supiera). Así, los fenicios eran conocidos como “El pueblo púrpura”.
El término Fenicia es griego, puesto que éstos denominaban a la tierra que ocupaban los fenicios como Phoiniki, un término que tomaron prestado del vocablo egipcio Fnkhw, que podríamos traducir por “sirios”. Debido a la similitud fonética, la palabra griega para designar Fenicia era sinónimo del color púrpura (phoínix), puesto que en Tiro se elaboraba el famoso tinte de ese color que procedía del molusco gasterópodo del género Murex (que en España se conoce como cañadilla o canaílla), por el que se pagaba un alto precio en el mercado, debido a que para obtener un solo gramo de tinte, eran necesarios unos 10.000 moluscos y era un color que no se podía conseguir de otra forma (que se supiera). Así, los fenicios eran conocidos como “El pueblo púrpura”.
miércoles, 8 de enero de 2014
VINARRAGELL
A partir del s. XIII a.C., en el mundo mediterráneo
se producen cambios trascendentales en el ámbito social, político y
tecnológico. Las transformaciones acaecidas con la desaparición de los centros
orientales suponen la aparición de nuevas formas de poder político y la
descentralización del comercio de artículos de alto valor.
Algunos núcleos cuya dinámica socio-económica así lo
permitió se convierten con el Hierro Antiguo en verdaderas ciudades.
El
contexto sociopolítico mediterráneo permite un comercio más ágil, no
monopolizado por los grandes estados, apoyado en puntos estratégicos y
comunidades de paso que experimentan un importante desarrollo al amparo de su
papel de intermediarios. Estos procesos crecientes de interacción y
multidireccionalidad de influjos culturales son catalizados desde el
Mediterráneo centro-oriental hacia occidente. La expansión de la cultura
tartésica por el sureste se hace patente en yacimientos del Bronce Final
como el yacimiento de Vinarragell.
Este enclave, situado en la
desembocadura del Mijares, ofrece una buena posición estratégica y cumple todos
los requisitos para ser una comunidad de paso, al ubicarse en un punto que
controla las vías de comunicación y puede articular varias regiones.
Nos encontramos con un
asentamiento donde los fenicios se habían instalado creando así la producción
cerámica, broncista y orfebre, inspirada esta última en joyas etruscas
orientalizantes y de influencia jónica.
A demás parece
que trabajaba un artesanado extranjero produciendo armas y objetos de
tipo atlántico, lo que da idea de la existencia de este tipo de contactos
comerciales a larga distancia. Los artesanos fenicios instalados en el poblado
suscitaron una destacada producción alfarera cuyas piezas sirvieron para
abastecer a otros yacimientos más interiores.
La interacción humana y comercial
con el mundo fenicio fue incrementándose, de modo que Vinarragell, partícipe de
la corriente orientalizante, experimentó en el siglo VII a.C. una formidable
expansión urbanística. El asentamiento adquirió un perímetro amurallado y
experimentó obras públicas y de aterrazamiento.
La ciudad portuaria instalada
al abrigo de los vientos de levante, se encontraba en un punto estratégico no
sólo para la explotación primaria de los recursos económicos sino, y a ello se
debió tal elección, en un lugar óptimo de un cauce fluvial que comunicaba el
Este Peninsular con el Bajo Aragon, un eje comercial de especial importancia en
la protohistoria de ambas regiones.
El yacimiento se
encuentra en la orilla derecha del paleoestuario del río Mijares al final del Camí Santa Pau
y forma parte de una extensa finca de naranjos y pertenece al término de
Burriana, ciudad de la que dista cinco kilómetros y con la cual se
comunica. El río Mijares es el curso
fluvial más importante de la provincia de Castellón, tanto en caudal como en
longitud. Su nacimiento se sitúa sobre los 1.600 metros de altitud, en la
provincia de Teruel. La desembocadura
está formada por un cono aluvial, cerrado superficialmente por un cordón de gravas,
roto sólo por los efectos de los temporales de levante sobre la línea de costa.
Se puede decir que este yacimiento no pasó por la fase del íbero pleno,
pasando desde la Primera Edad del Hierro o del estado
castreño a la etapa orientalizante.
Tras diversas campañas, entre 1974 y 1979 se
localizaron seis fases distintas de esta pequeña elevación que fue creciendo a
causa de sus sucesivos hábitats. La primera es la época fundacional o
europeizante, a la que siguen la fenicia, ibérica independiente, ibérica
dependiente, semita y también cristiana.
En
su desembocadura forma una especie de albufera alargada de unos 90 metros de
anchura, que se hace más angosta en la línea de la costa por el avance de un
cordón litoral desde el norte que la cierra parcialmente.
La intensidad del comercio fenicio queda
justificado con la presencia antigua de manufactura de bronce en todo el
levante.
El
yacimiento es de gran relevancia, pues se trata de una de las colonias fenicias más importantes en el
este peninsular.
Se considera
Vinarragell como un gran poblado
costero de carácter íbero-fenicio en cuyo hábitat un jefe local se
establece de forma destacada y donde se pueden observar los elementos
determinantes para ostentar y acrecentar su prestigio, por ejemplo, las
poderosas fortificaciones o el control de la producción del vino, bebida de
destacada importancia en los contextos político-ceremoniales mediterráneos de
consolidación del poder aristocrático.
Este poblado fenicio de la Ilergavonia estuvo
habitado entre fines del siglo VIII y el tercer cuarto del siglo VI a.C.
El
emplazamiento fenicio se debería a los marinos metalúrgicos y comerciantes que
necesitaban un puerto en el estuario, y un hinterland rico en mercancías
(azafrán, vino, lapis specularis, hierro). Ocupaba un sitio privilegiado
como papel de puerto de mar y punto de salida para el comercio de los productos
de su hinterland.
Vinarragell generalizó diferentes productos,
principalmente cerámicas torneadas, en el hinterland del Mijares y del Bajo
Ebro, mientras que los artesanos fenicios instalados en esta población
suscitaron una destacada producción alfarera cuyas piezas sirvieron para
abastecer a otros yacimientos más interiores.
Las cerámicas
fenicias han sido el principal objeto de estudio para establecer la cronología
y el ritmo de los principales cambios estructurales que dieron lugar a la incorporación de la sociedad
prehistórica occidental en la historia general del Mundo Mediterráneo.
La producción anfórica se inició antes de la
mitad del siglo VIII a.C. en buena parte de los centros afectados por el
comercio fenicio, especialmente en aquellos que contaban con ciertos recursos
agrícolas y pesqueros.
La presencia de los
fenicios es difícil de datar cronológicamente; es posible que fueran ellos los
que enseñaron al núcleo ibérico la utilización del torno y el horno de
alfarería.
La cronología de
estas ánforas data entre el 675 a C al 550 a C, fabricándose en diversos
centros del sur de la Península, que posteriormente los íberos adoptaron formas
fenicias, pasando rápidamente a ser fabricadas por los propios indígenas.
Hay también una serie de
piezas fenicias hechas a torno a las que resulta difícil encontrar un
cierto paralelo entre las de más factorías fenicias del Mediterráneo, que
pueden corresponder a novedades de los alfareros de la zona.
Se trata pues, de
un yacimiento indígena de carácter
hallstático sumergido en las redes comerciales de las factorías o
colonias fenicias instaladas en el Mediterráneo.
En este poblado
tras las diferentes excavaciones no se ha encontrado la necrópolis
correspondiente, por tanto, es obvio, la inexistencia de ajuares en las tumbas.
Su posición indica
que actuó como escala en la ruta que unía los enclaves fenicios ibicencos con
las colonias fenicias andaluzas y valencianas. Es un yacimiento perteneciente a la primera Edad del Hierro y a la cultura
de los campos de urnas en un principio hasta que llegaron los colonizadores del
Mediterráneo, es decir fenicios y griegos, notándose una gran influencia
tartésica, a lo que se sumó paralelamente el
efecto directo de la acción de los colonizadores, muy activos en la costa.
Las ánforas, tinajas y otras cerámicas a torno, lisas o pintadas
fenicias introducidas en el medio indígena peninsular desde las colonias fenicias de Andalucía,
dieron lugar a una corriente de imitaciones, burdas en un principio, pero
gracias al torno de alfarero y al horno de cámara alcanzaron pronto un
alto nivel tecnológico.
Por su proximidad sería el gran foco difusor
de los nuevos adelantos tecnológicos y culturales de carácter orientalizante que afectaron de manera progresiva a
las comunidades indígenas del Bajo Aragón.
Se
encontraron muros pero por la destrucción que
padecen es casi imposible estudiar sus características. Había una
estancia dedicada al almacenamiento de grano.
Dentro de la investigación protohistórica sobre los
fenicios, el comercio ha sido uno de los pilares del estudio arqueológico,
interpretándose tradicionalmente como el principal motor económico del mundo
orientalizante, a excepción de otras posturas que defendían el desarrollo de
políticas de implantación territorial como impulso económico.
Un
problema de los estudios sobre las estructuras comerciales protohistóricas ha
sido la aplicación de modelos interpretativos o terminologías modernas sin una
reflexión previa sobre dichos conceptos, tales es el caso de términos como
economía, comercio o intercambio. El comercio, interpretado de forma
determinista como vertebrador únicamente de intercambios con fines de
enriquecimiento o subsistencia, también incluye una dimensión social en la cual
existe una gran multiplicidad de transmisiones e interacciones relativas a la
esfera social y cultural, ya que la realización de estos intercambios de bienes
conlleva implícitamente el establecimiento de relaciones sociales e
intercambios de conocimiento entre los agentes implicados en esta actividad.
Este
enclave era más que suficiente para el comercio colonial primitivo, siendo esta
privilegiada situación del yacimiento
Se
hallaron fragmentos de vasijas de
importación en forma de ánforas. Toda la cerámica encontrada está fragmentada.
Se halló una vasija geminada de bronce.
Se halló un fragmento de vaso esgrafiado
bruñido, así como varias piedras de molino barquiformes.
Había también
bordes de ollas de perfil con cabeza de caballo. Se encontraron varios
fragmentos de los llamados Kalathos o sombrero de copa y también fragmentos de cerámica ibérica de grandes vasijas o tinajas realizadas a torno
pintadas decoradas en negro, marrón o rojo, con bandas,
filetes, flecos, círculos y semicírculos concéntricos, tableros de ajedrez y
varios motivos geométricos propios de la época.
Se hallaron también
fragmentos arcaizantes hechos a torno de cerámica negra pertenecientes a bocas
lisas algo exvasadas.
Se
documentan muestras de pithoi perteneciente a la cerámica ática. Platos y
cuencos de pie trípode. Todo ello apunta al periodo y carácter orientalizante de todas las poblaciones de la costa.
Según las excavaciones se
podría interpretar Vinarragell como el hábitat donde un jefe local se establece
de forma destacada y donde se pueden observar los elementos determinantes para
ostentar y acrecentar su prestigio, por ejemplo, las poderosas fortificaciones
o el control de la producción del vino, bebida de destacada importancia en los
contextos político-ceremoniales mediterráneos de consolidación del poder
aristocrático.
CERÁMICA
IBERICA
A partir de finales del siglo VII a. C. y durante gran parte
del siglo VI a. C., las primeras cerámicas ibéricas pintadas y lisas
del sur y sureste peninsular muestran repertorios de clara filiación fenicia,
sobre todo en lo que se refiere a los grandes contenedores como ánforas o
tinajas, que incorporan poco a poco formas nacidas de la creatividad indígena.
En Vinarragell
queda bien patente la progresiva sustitución de las cerámicas hechas a mano por
las realizadas a torno. Todo ello provocará una mayor estabilidad de la
población mediante la concentración en núcleos mayores y la consolidación de
nuevas formas constructivas.
Por
los vestigios hallados parece que en esta villa la economía de las gentes era
que se dedicaban principalmente a la agricultura, al comercio
marítimo y a la ganadería. Esto lo
prueba la existencia de un horno encontrado para cocer pan. En las cercanías
hay una presa pre-romana con su
respectivo canal de drenaje. La cultura material del enclave se define por la existencia de un
repertorio cerámico donde predominan las producciones a torno, en las que
destacan las ánforas, los recipientes o jarras de tipo pithos y vajilla
de mesa, con platos y cuencos, que dejan sentir el peso de la influencia
fenicia, aunque el conjunto se aleja de los ajuares hallados en enclaves
coloniales. Junto a las cerámicas a torno coexiste un importante conjunto de
cerámicas realizadas a mano que alcanza porcentajes cercanos al 25-30 % del
total.
Este
poblado estaba en la red del extenso comercio fenicio, como demuestra la
aparición de ánforas de cintas de origen centro- Mediterráneo y probablemente
fenicio sardo. Debemos recordar que todas las piezas que han sido encontradas
en este yacimiento han aparecido muy fragmentadas, por lo que es casi imposible
hacer un estudio detallado, aunque lo podamos hacer bastante aproximado
Junto a la cerámica a mano
local encontramos en Vinarragell cerámicas a torno de imitación e ingentes
cantidades de cerámicas importadas, lo que nos lleva a hablar de la presencia
estable de gentes fenicias. Estas gentes configurarían un barrio colonial
especializado en tareas mercantiles y artesanales.
Hay, también, grandes recipientes globulares, bien
espatulados, decorados barrocamente con una temática geométrica que comporta
bandas horizontales y en zig-zags, hechas con el lomo de la espátula, y
cordones entrecruzados, dejando áreas triangulares decoradas con esférulas; así
como pequeños recipientes con pitorro vertedor.
Los molinos de fabricación casera son barquiformes,
aprovechando los rodenos del río.
Según
Plinio nos encontramos en un opiddum o
poblado que era el límite entre la Edetanía y la Ilercavonia.
Se
cree que fue una colonia fenicia, o tenía buenas influencias comerciales con
los fenicios en la cual se hacía comercio con lo típico de la época (adornos,
brazaletes, fíbulas, botones, vino, cerámica, garum, aceite, marfiles) con
todos los puertos del Mediterráneo, dándole un carácter orientalizante.
Es
probable que hubiera un taller de imitación de cerámica negra de carácter
oriental o jónica.
Fragmentos correspondientes
a grandes ollas o recipientes a torno, con el borde saliente, con la pasta color anaranjado, cuarzo, cal y
dióxido de hierro como material
desgrasante, llevan en el exterior un engobe amarillento, y podemos decir que
son parte de la cerámica procedente de Cartago. Estos recipientes presentan una
orejeta con perforación vertical, sobre una característica carena, y se describen
como vasos cortados con asas y orejetas.
Los ejemplares de este tipo datados en la segunda mitad del siglo
VI a C. constituían los precedentes para
las urnas de orejetas ibéricas, los cuales copiarán los indígenas en
cada uno de sus poblados o talleres.
Es posible que tuvieran como divinidad a la diosa Astarté como
demuestran los hallazgos de una figura de terracota, dedicada a esta divinidad,
en uno de los santuarios cercanos.
El intercambio comercial marítimo se efectúa
entre promontorios costeros y prelitorales conectados visual y físicamente a
través de los cursos fluviales que actuaban como una vía de penetración a las
tierras del interior (Maestrazgo) constituyendo una vía de penetración hacia el
interior a través del río Mijares.
Debió
ser un gran núcleo urbano fechado en el siglo VI a.C. y como es de suponer tendría también una fábrica o
factoría dedicada a la producción salazones como todas las ciudades del litoral
Mediterráneo.
Los mercaderes fenicios instalados aquí posiblemente negociaron con
objetos de metal, pero también con otros productos, principalmente vajillas
cerámicas u productos agropecuarios almacenados en ánforas u otros grandes
contenedores.
Por
la cantidad de fragmentos cerámicos correspondientes a ánforas, se cree
que era un gran centro mercantil en el que se comerciaba tanto con aceite y
vino, procedente de las colonias del Mediterráneo y del resto de la Península,
es decir, tanto de la costa como del interior.
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domingo, 11 de marzo de 2012
LA METALURGIA Y LA MINERIA
La búsqueda de materiales exóticos y metales estaba destinada a surtir una extraordinaria cadena de producción artesanal especializada, encontrando e el mundo griego y en los habitantes de Iberia algunos de sus principales destinatarios.
Hasta la edad del hierro el monopolio del comercio de los metales puede haber sido una prerrogativa de los reyes.
Este comercio se hacía por vía acuática. Las nuevas técnicas de la metalistería fenicia fueron transmitidas a los tartesios y nativos en general, según se comprueba en objetos de prestigio hallados en varias necrópolis.
Hasta la edad del hierro el monopolio del comercio de los metales puede haber sido una prerrogativa de los reyes.
Este comercio se hacía por vía acuática. Las nuevas técnicas de la metalistería fenicia fueron transmitidas a los tartesios y nativos en general, según se comprueba en objetos de prestigio hallados en varias necrópolis.
Desde el tercer milenio antes de Cristo, se sabe de la presencia de marinos y comerciante fenicios en las costas del sureste peninsular, contactando con los pueblos de la Cultura Megalítica y posteriormente con la cultura de El Algar.
La escasez de materias primas en sus lugares de origen, hizo que estos fenicios buscaran materias primas por toda la costa mediterránea.
La escasez de materias primas en sus lugares de origen, hizo que estos fenicios buscaran materias primas por toda la costa mediterránea.
En aquellos tiempos, la Península Ibérica contaba con una de las reservas de plata, oro, plomo, cobre y estaño más ricas de occidente, nace el mito de Tharsis.
Los primeros intercambios comerciales y culturales se producían generalmente en las mismas playas, mediante contactos directos con los mineros y artesanos del lugar, será a partir del primer milenio antes de Cristo, cuando se produce la verdadera incorporación de la Península Ibérica a la cultura Mediterránea y al mundo civilizado de la época.
Los navegantes y comerciantes fenicios, comenzaron a establecer pequeñas factorías en las costas de las regiones mineras, con el fin de controlar las rutas comerciales.
Los primeros intercambios comerciales y culturales se producían generalmente en las mismas playas, mediante contactos directos con los mineros y artesanos del lugar, será a partir del primer milenio antes de Cristo, cuando se produce la verdadera incorporación de la Península Ibérica a la cultura Mediterránea y al mundo civilizado de la época.
Los navegantes y comerciantes fenicios, comenzaron a establecer pequeñas factorías en las costas de las regiones mineras, con el fin de controlar las rutas comerciales.
La desembocadura del río Almanzora y el SE., rico en minerales de galena argentífera, cobre, hierro e incluso oro, debió albergar indudablemente un poderoso núcleo desde el s. IX, débilmente detectado, pero presentido por la existencia de metalurgia y metalistería de bronce, fíbulas de codo, brazaletes de marfil, cuentas de pasta vítrea, hierro, e incluso, por generalizarse el rito de la incineración en gran parte del territorio.
Los fenicios, asentados en el litoral andaluz entre los siglos XIV y XII a.C. aportaron no sólo nuevas técnicas para el aprovechamiento de los recursos minerales, sino también mejores sistemas comerciales para distribuir los metales de los tartesios por el mercado mediterráneo, a través de factorías y asentamientos costeros.
El distrito minero de Huelva, con la localidad de Tharsis a su cabeza, alcanzó una gran importancia como centro comercial de distribución de metales por las costas y el interior andaluz. La expansión minera de los fenicios alcanzó también las minas de plomo de Almería y la provincia de Jaén, en cuyas minas extraían la plata contenida en el plomo.
Se han encontrado varios hornos de fundición con restos o lingotes de plomo, de estaño y de algunas carbonillas, en la Fonteta, (Crevillente-Alicante) en Villaricos ( Baria-Almeria) y en las distintas necrópolis y poblados de la Península Ibérica.
Analizando la totalidad de estos materiales metalúrgicos en función a una serie de variables como la cronológica y la adscripción a etapas concretas del proceso metalúrgico, observamos una clara tendencia que marca un descenso de la producción metalúrgica conforme nos alejamos de niveles fundacionales y nos acercamos al cambio de milenio. No obstante, esta apreciación requiere una serie de matizaciones concretas para cada uno de los períodos.
La cantidad total de elementos metalúrgicos y metálicos pertenecientes al período colonial supera a las dos etapas posteriores; sin embargo, la presencia de mineral de hierro, por ejemplo, es mucho mayor para el período urbano.
En el Cerro de Montecristo (Adra- Almeria ) se han encontrado restos de galena, cuchillos de cobre, básicamente clavos, anzuelos, varillas, plaquitas, piezas
circulares, etc.; y una pesa de red de plomo.
La extracción y comercialización de metales debió constituir, siempre bajo presupuestos organizativos lógicos, un modelo de riqueza bastante rentable. Ello se debe a que el beneficio de metales no es una actividad temporal como sucede con la agricultura, la recolección o la pesca; lo cual les permitiría un aprovechamiento continuo del medio, sin problemas de carácter estacional.
Entre el siglo X y el VI a.C., el pueblo de los tartesios, de fundación fenicia, y como sabemos vivían también sus ciudades, se caracterizó por disponer de abundante plata, estaño, plomo y oro, lo cual deja constancia de la importancia que esta civilización otorgó a la minería.
Las principales explotaciones mineras fueron las de Riotinto (Huelva), de las que extraían cobre, plata y oro de los yacimientos piríticos.
Las principales explotaciones mineras fueron las de Riotinto (Huelva), de las que extraían cobre, plata y oro de los yacimientos piríticos.
Igualmente, los tartesios realizaron la explotación de diferentes minas en la provincia de Córdoba, como las de cobre de Cerro Muriano y las de plata de Fuenteovejuna, y en la provincia de Almería, en las que extraían plomo de las minas de Sierra de Gádor, Berja y Dalías.
En el año 3.000 a.C, la era del metal, se consiguió en los Lobos plata pura y galena argentífera; mezcla de plata y plomo. Comienzan a usarse técnicas de fisión. Los poblados estaban ubicados en colinas altas estratégicas y también en llanos del río Almanzora.
El reino de Tartessos era la principal fuente del oro, plata y cobre fenicio, atribuida su ubicación al entorno de los importantes yacimientos metalíferos del suroeste de la Península Ibérica.
Otras fuentes de aprovisionamiento de metales se sitúan en la isla de Chipre (cobre), en las costas de la actual Etiopía (oro y plata) o en la Costa de Marfil (oro).
Las motivaciones de carácter económico son las que explican la penetración de las influencias coloniales por Extremadura y la Meseta, pues presentan un atractivo por su riqueza agrícola y ganadera y sobre todo minera.
Con la llegada de los fenicios por la denominada “Ruta del Sur” a la Península Ibérica se produce un florecimiento de la minería y la metalurgia en el sureste peninsular, destacando las explotaciones del Cabezo Rajado, Cabezo Agudo y Cabezo de la Cuesta de las Lajas, cercanos a la antigua ciudad de Mastia (Cartagena) y a la conocida como “Ciudad del Plomo” (Portman)
Fué Aleto, minero mastieno quien descubrió la forma de beneficiar las galenas argentíferas mediante el método de la copelación.
De la Meseta de la tierra de los Celtíberos, obtenían lapis especularis que les servía par hacer espejos, también obtenían la sal Gema , sal de minas que luego comercializaban a través de todas sus redes de comercio.
Se adentraban en la meseta para alcanzar la región minera del Noroeste Peninsular.
Los metales y la sal parecen haber sido los elementos fundamentales que impulsaron estos intercambios, desde el Levante peninsular hasta las costas de la Galia, pasando por el litoral catalán y un comercio de vinos y aceite, como se deduce de la presencia de las ánforas.
Estaño, plata, oro, cobre, hierro, eran comercializados por los fenicios hacia el mediterráneo Central y Oriental.
La técnica metalúrgica empleada por los mineros del poblado del Cerro Salomón para la obtención del mineral de plata, no deriva de la empleada por las gentes del Argar,y todos los avances observados en ella se encuentran documentados en la Palestina del siglo X a.C. en las minas del desierto de Arabia.
Los martillos de piedra documentados en Río Tinto, Tejada y Cerro Muriano (Córdoba),son similares a los utilizados por los mineros del Arabab Occidental (Palestina) en sus campamentos de trabajo del s. X a.C Todo ello revela que no parece haberse desarrollado según sus manifestaciones arqueológicas hasta el s. VIII a.C.,nos lleva a pensar que fueron los fenicios los que introdujeron en esta área de la Península Ibérica los conocimientos técnicos necesarios para la realización de una metalurgia del bronce, y para la extracción y obtención de los minerales de plata y cobre, amén del conocimiento del hierro. Fueron los fenicios los primeros que obtuvieron el estaño de la Fachada Atlántica ,necesario para la fabricación de los bronces meridionales y para la composición de espejos.
Los martillos de piedra documentados en Río Tinto, Tejada y Cerro Muriano (Córdoba),son similares a los utilizados por los mineros del Arabab Occidental (Palestina) en sus campamentos de trabajo del s. X a.C Todo ello revela que no parece haberse desarrollado según sus manifestaciones arqueológicas hasta el s. VIII a.C.,nos lleva a pensar que fueron los fenicios los que introdujeron en esta área de la Península Ibérica los conocimientos técnicos necesarios para la realización de una metalurgia del bronce, y para la extracción y obtención de los minerales de plata y cobre, amén del conocimiento del hierro. Fueron los fenicios los primeros que obtuvieron el estaño de la Fachada Atlántica ,necesario para la fabricación de los bronces meridionales y para la composición de espejos.
Fueron los fenicios y celtas quienes enseñaron alos íberos a trabajar el metal, y con él fabricaban los aperos de labranza, armas y todo tipo de herramientas.
La copelación es una técnica metalúrgica aplicada desde la antigüedad para el beneficio de la plata incluida en la galena (aquí, sobre su uso en el mundo turdetano/tartésico), y fue el método de refino más utilizado para la plata y el oro hasta la Edad Moderna. Hoy la copelación se sigue usando como método analítico para medir la pureza de oro,
pues esta técnica de refino es todavía la de mayor eficacia, rebajando
las impurezas al 0,01 %, (esta concentración es hoy el oro de 24
kilates).
El refinado
mediante copelación aprovecha la afinidad del oro y la plata por el
plomo para lavar y separar los metales preciosos de otros, como por
ejemplo del cobre o del hierro.
Cuando estando el oro primario
incluido en la calcopirita y pirita, lo primero a hacer sería tostar en
horno los sulfuros para volatilizar el azufre (y el arsénico) y oxidar
hierro y cobre.
Así lograremos liberar las partículas de oro de los cristales de calcopirita (CuFeS2) o pirita (FeS2), obteniendo como resultado un concentrado metálico formado por óxidos de hierro, cobre y oro libre. Hecho esto, deberíamos mezclar esos óxidos con plomo y fundirlos en horno a unos 330 ºC. El plomo así derretido capturará el oro y podemos verterlo en una pequeña vasija o copela. Calentando de nuevo la copela en un horno bien aireado a 900 ºC, oxidamos el plomo convirtiéndolo en litargirio o óxido de plomo (PbO), que funde a unos 890 ºC, decantando el oro sólido al fondo de la copela. Si la copela es porosa, el litargirio fundido se infiltrará en los poros, y nos bastaría raspar el fondo de la copela o romperla para sacar el oro. Cuando las cantidades a copelar son grandes no utilizamos copelas, sino que disponemos los óxidos y el plomo en lechos de cal dentro del horno.
Así lograremos liberar las partículas de oro de los cristales de calcopirita (CuFeS2) o pirita (FeS2), obteniendo como resultado un concentrado metálico formado por óxidos de hierro, cobre y oro libre. Hecho esto, deberíamos mezclar esos óxidos con plomo y fundirlos en horno a unos 330 ºC. El plomo así derretido capturará el oro y podemos verterlo en una pequeña vasija o copela. Calentando de nuevo la copela en un horno bien aireado a 900 ºC, oxidamos el plomo convirtiéndolo en litargirio o óxido de plomo (PbO), que funde a unos 890 ºC, decantando el oro sólido al fondo de la copela. Si la copela es porosa, el litargirio fundido se infiltrará en los poros, y nos bastaría raspar el fondo de la copela o romperla para sacar el oro. Cuando las cantidades a copelar son grandes no utilizamos copelas, sino que disponemos los óxidos y el plomo en lechos de cal dentro del horno.
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LITARGIRIO
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lunes, 6 de febrero de 2012
LA AGRICULTURA
La región era una franja costera, aislada del continente por dos cadenas de montañas de norte a sur. Era una región muy accidentada, cubierta en ese entonces por espesos bosques de cedro, famosos en la antigüedad por suministrar madera de alta calidad a todo el Mediterráneo. Fenicia no pudo ser una región agrícola pues la extensión de su tierra cultivable era muy pequeña aunque ellos descendieran de los cananeos, pueblos agrícolas y ganaderos.
Esta civilización no se destacó por una agricultura extensiva porque su territorio estaba conformado por suelos montañosos y no aptos para dicha actividad y la configuración geográfica impide la práctica de una agricultura de carácter extensivo. Estos accidentes geográficos imposibilitan la ampliación del territorio.
Sabemos que la región era deficitaria en el abastecimiento de cereales y aceite y por ello se estructuran para aprovechar lo máximo que podían el terreno agrícola y buscaban tierras muy fértiles y aptas para regadío y secano (es el caso de los valles andaluces de Málaga, Cádiz, Huelva y cercanías en la desembocadura de los ríos).
No existe una agricultura única que se pueda para el Líbano. Túnez, Cerdeña o la Península Ibérica, en donde en cada zona se presentan facetas diferentes.
En cuanto a los asentamientos costeros solían situarse en un paisaje formado por suaves plataformas que bajan desde las colinas hasta el mar, donde acaban normalmente en fuertes acantilados, salvo en alguna cala que se abre en la desembocadura de algún torrente..
En los valles más estrechos de las regiones montañosas no existía el incentivo de unirse, el terreno tendía más bien a separar a las ciudades fenicias que se situaban en la porción de la franja costera.
Aunque las partes bajas de las faldas de las ciudades son fértiles, no hay posibilidad de ampliarlas, cuando la población crece, la producción es insuficiente para mantener a los habitantes. Por esto, Fenicia nunca pudo vivir ni prosperar con su agricultura, ni convertirse en un país exportador.
La agricultura se practicaba en terrazas escalonadas, en las laderas de las montañas, y de ellas se obtenían, todas los productos agrícolas.
Practicaban la agricultura intensiva que dependía de las lluvias, abundantes en invierno disminuyendo en primavera y desapareciendo desde mayo hasta septiembre. En este periodo sólo era posible la irrigación gracias a las aguas procedentes del deshielo. El suelo cultivable, mayoritariamente aluvial, era muy fértil.
En sus huertos cultivaban hortalizas, que junto con las legumbres (garbanzos, guisantes y lentejas) forman parte de su dieta. Llegaron a tener auténticos vergeles de árboles frutales, comían higos, manzanas, melocotones, nueces, muchas de estas frutas las introdujeron en otras zonas y también las llevaron secas, así las ciruelas, pasas, dátiles e higos iban en sus cargamentos, también sabemos que comercializaron con aceitunas y uvas, además del vino y el aceite. Elaboraban gachas y panes de distintos sabores y formas, hacían queso y endulzaban sus manjares con miel, la apicultura fue otra de sus actividades y su miel exportada.
Phoenix dactylifera, “el arbol de phoneicia que da dátiles”. La palmera datilera es el “arbol de la Diosa del parto” en el Osasis, . De Babilonia, la diosa Ilu y su palmera. Por eso el nombre de Phoenix para la palmera, está vinculado al parto. Y en griego “dar a la luz” es por eso mismo “Phaíno”. Los griegos usan la raíz “phan-“ para todo aquello que hace referencia a “lo luminoso, la luz, la claridad”. De tal forma que la palmera se llama Phoenix, por el griego “phaíno” (dar a luz). No por el arameo o cananita o hebreo. Sino porque Fenicia es la “tierra donde hay palmeras”, donde hay “arboles del dar-a-luz”. Les remito al post sobre “La palmera sagrada y el oasis de Ammón”. Pensemos en que los griegos tienen dos términos que mostrarían ese trasvase de sentido: lo mayeútico y lo phanésico. Phanes y Maïa. El hijo dado a luz por la Madre del Agua Maïa. Eso es el método mayeútico de Sokratés: la verdad alumbrada debajo de una palmera filosófica. Los griegos tendrán su Diosa palmeril reconvertida, que será Artamis o Artemis. Que proviene de un término, que los seguidores de la kerontología ya conocen: Tammar o Dammar. La Tammar es la “palmera” en hebreo, pero es el nombre de la incestuosa mujer de la Bíblia. De aquella Tammar, esta ArTammar o ArTammis o Artemis.
En el Próximo Oriente, la palmera siempre tuvo un significado sagrado, relacionadas con los ciclos iconográficos de la diosa Astarté en Fenicia. En Cartago, se la relaciona con el ámbito funerario.
El granado y su fruta tuvieron una presencia destacada en muchas civilizaciones mediterráneas antiguas. Los egipcios utilizaban la granada tanto para curtir, por su riqueza en taninos, como para teñir el cuero de amarillo, pero también conocieron sus virtudes medicinales (usaban la raíz contra la tenia), y la apreciaban como fruta fresca. Todavía hoy el jugo de su fruto fresco -la granadina- sigue siendo muy popular en El Cairo. En la mitología griega, la granada fue el instrumento utilizado por Hades, señor del mundo subterráneo, para conseguir que su joven y bella esposa, Perséfone, permaneciera a su lado, pese a haber sido raptada por el oscuro dios: podría abandonar el mundo de las sombras siempre que no hubiera tomado alimento alguno. Desgraciadamente, la divina dama había tomado varios granos de una jugosa granada, por lo que no pudo "plantar" a su siniestro marido, al menos de forma permanente: tras las súplicas de su madre, Deméter, Hades acabó consintiendo en que, durante seis meses al año la diosa pudiera retornar a la luz del sol, instaurando así , esos períodos del calendario que conocemos como primavera y verano.
El nombre del género, Punica deriva de fenicios, quienes fueron unos difusores activos de su cultivo, en parte por razones de tipo religioso.
En el Latín clásico el nombre de la especie era malum punicum ó malum granatum,
El fruto es originario de una región que abarca desde Irán hasta el norte de los Himalayas en India, y fue cultivado y naturalizado en toda la región del Mediterráneo incluyendo Armenia desde la Antigüedad. Muy apreciada en las zonas desérticas, por estar protegida de la desecación por su piel gruesa y coriácea, lo que permitía que las caravanas la pudieran transportar grandes distancias, sin que le afectara en la conservación de sus cualidades tan apreciadas. Se encuentran sus huellas en todos los documentos antiguos.
Se sabe del cultivo de la granada, desde hace al menos 5000 años en Asia occidental y en el Norte de África; se encontraba en los jardines pensiles de Babilonia y en los bajorrelieves egipcios. Los antiguos egipcios preparaban con su jugo un vino ligero con sabor a frambuesa.
Se sabe del cultivo de la granada, desde hace al menos 5000 años en Asia occidental y en el Norte de África; se encontraba en los jardines pensiles de Babilonia y en los bajorrelieves egipcios. Los antiguos egipcios preparaban con su jugo un vino ligero con sabor a frambuesa.
La granada simboliza la abundancia y fertilidad, así a Canaán la tierra prometida se le llama, "Tierra de Granados", así los espías trajeron granadas en su inspección representando la abundancia.
El simbolismo erótico sexual de la granada como símbolo de fertilidad es tomado del Cantar de los Cantares quien detalla, a la granada como una "dulce fruta y suave" 4:13,16, y el sexo oral a la fruta dulce de parte del "amado" bebiendo vino de granadas.
Los romanos conocieron la granada gracias a los fenicios que la trajeron de Fenicia (aproximadamente en el actual Líbano) a Roma de ahí su nombre científico de Punica.
Cada ciudad tenía un jefe que contaba con la ayuda de una gran cantidad de funcionarios pertenecientes a la nobleza, formada por los comerciantes más destacados. El resto de la población se dedicaba a la agricultura, ganadería y restantes actividades productivas que proporcionaban productos para la exportación gracias a la riqueza de las tierras fenicias en productos agrícolas y ganaderos. Los agricultores fenicios disponían de unas técnicas agrícolas desconocidas en occidente con las que proporcionaron una base sólida y estable.
Los análisis procedentes de enclaves en la Península Ibérica muestran la presencia de cereales y un alto porcentaje de malas hierbas asociadas al cultivo cerealístico y sugieren un entorno donde abundaban los campos de cultivo y la realización de trabajos de trilla, cribado o tamizado del grano en el mismo asentamiento o en sus cercanías.
Se considera que en muchos casos los territorios controlados por los enclaves coloniales fenicios debieron ser pequeños y que la mayor parte de las tierras fértiles próximas a ellos habrían permanecido en manos de la población autóctona, lo que, por otro lado, revelaría una dudosa estrategia colonial al permitir que el suministro de alimentos que precisaban los colonos quedara en manos de factores externos por medio de un intercambio que resulta difícil de precisar. Sin embargo, el territorio controlado por los Fenicios, aunque pequeño, junto con el modelo de agricultura intensiva diversificada que parece haber sido aplicado habría sido suficiente para asegurar el abastecimiento de la población colonial.
En lo que a la propiedad de la tierra agrícola concierne, la presencia sobre el lugar de población autóctona que se manifiesta en el registro arqueológico no constituye un elemento de prueba definitivo, ya que resulta llamativo comprobar como esta presencia en el entorno productivo más cercano a los asentamientos coloniales no se produce, en algunos casos, hasta la instalación del enclave colonial en la costa.
La adquisición de estas tierras se podía, realizar de diversas maneras, por medio de la violencia, o mediante pactos y alianzas que en la práctica vienen a resultar desiguales o, incluso, por medio de su compra. A partir de ahí las relaciones de los colonizadores con los pueblos autóctonos van quedar caracterizadas de diversa forma.
Se realizaba también la explotación forestal, talando los bosques y aprovechando la abundancia natural de especies como el roble, el pino, el abeto y, sobre todo, el cedro, que se convirtió en el símbolo de la región, que luego exportarían por todo el Mediterráneo para la fabricación de muebles y la construcción de buques, navíos y casas.
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viernes, 3 de febrero de 2012
EL ACEITE
Los fenicios eran portadores de una rica cultura heredera de los conocimientos de antiguas civilizaciones, como la egipcia y las mesopotámicas, razones con las cuales se puede entender el desarrollo de diversos cultos paganos orientales en este lado del Mediterráneo, así como el desarrollo de una moderna agricultura que incluía especies vegetales muy domesticadas, como es el caso del olivo.Fueron los fenicios los que extendieron el olivo por todo el mediterráneo y enseñaron a elaborar aceite y derivados del aceite a los pobladores del mare nostrum. Los fenicios fueron los que difundieron por el Mediterráneo el uso del aceite como productor de luz y enseñaron a los demás pueblos la fabricación de lámparas de arcilla y bronce. En el siglo 16 AC, los Fenicios comenzaron a diseminar el cultivo del olivo en las islas griegas, y luego lo introdujeron al territorio griego entre los siglos 14 y 12 AC, donde su cultivo creció y ganó importancia en el siglo 4 AC, cuando Solon emitió decretos regulando las plantaciones de olivos.
Desde el siglo 6 AC en adelante, el olivo se diseminó a través de los países mediterráneos llegando a Tripoli, Túnez y la isla de Sicilia. Luego, ingresó en el sur de Italia. Presto, sin embargo, sostiene que la introducción del olivo en Italia se remonta a 300 antes de la caída de Troya (1200 AC). Otro estudioso romano (Penestrello) defiende la visión tradicional que el primer olivo fue traído a Italia durante el reinado de Lucius Tarquinius Priscus (616 - 578 AC), posiblemente desde Tripoli o Gabes (Túnez). Los fenicios eran un pueblo de origen semítico que no llegó a formar país ni imperio. Se trataba de ciudades estado independientes que comenzaron asentándose en Oriente Medio, llegando a formar colonias en la península ibérica.
Desde el siglo 6 AC en adelante, el olivo se diseminó a través de los países mediterráneos llegando a Tripoli, Túnez y la isla de Sicilia. Luego, ingresó en el sur de Italia. Presto, sin embargo, sostiene que la introducción del olivo en Italia se remonta a 300 antes de la caída de Troya (1200 AC). Otro estudioso romano (Penestrello) defiende la visión tradicional que el primer olivo fue traído a Italia durante el reinado de Lucius Tarquinius Priscus (616 - 578 AC), posiblemente desde Tripoli o Gabes (Túnez). Los fenicios eran un pueblo de origen semítico que no llegó a formar país ni imperio. Se trataba de ciudades estado independientes que comenzaron asentándose en Oriente Medio, llegando a formar colonias en la península ibérica.
Los fenicios no eran un pueblo belicoso, no llegando a invadir grandes extensiones de terreno. Era un pueblo de comerciantes que difundieron toda la cultura de Oriente entre pueblos más atrasados del mediterráneo.
En la antigüedad fueron los fenicios quienes abrieron el comercio del aceite que e introdujeron la producción oleícola en el Magreb, Hispania, Ibiza y Cerdeña.,
Las actividades extractivas y transformadoras de diversos cereales y bayas eran trabajos muy comunes y necesarios para las comunidades íberas y tartésicas existentes en Iberia antes de la llegada de los fenicios a Gadir (Cádiz) y años más tarde a Iboshim o Ebussus (Ibiza). Los hallazgos arqueológicos indican que en la segunda mitad del s. VII a. C. los fenicios de Gadir se establecen en la costa sur de la isla de , primero en lo que hoy es el casco urbano de Ibiza y en Sa Caleta, hacia al oeste de la ciudad. El poder producir aceite, su comercialización, supuso durante centurias buena parte de la riqueza de los habitantes de hispania.Las actividades extractivas y transformadoras de diversos cereales y bayas eran trabajos muy comunes y necesarios para las comunidades íberas y tartésicas existentes en Iberia antes de la llegada de los fenicios a Gadir (Cádiz) y años más tarde a Iboshim o Ebussus (Ibiza). El carácter comercial y su condición de buenos navegantes hace que viajen desde el Mediterráneo Oriental en busca de los metales que se hallaban en occidente e incluso más allá de las míticas Columnas de Hércules. Esta es la razón por la que fundan una primera colonia en Cádiz, y tiempo después, al saber de la vía terrestre que atravesaba el Mediodía francés, fundan Ebussus y otras pequeñas colonias que les sirvieran de apoyo en sus singladuras hasta el Golfo de León. A su llegada a la isla, los fenicios decidieron establecerse a los pies de un monte que sirve de protección a un gran puerto natural teniendo muy cercanas tierras fértiles para el cultivo y buenos nacederos de agua. La existencia de unas grandes salinas con la que confeccionarían salazones del pescado acabó por decidir la fundación de la colonia que dedicarían al dios Bes. La prosperidad del comercio y la explotación agraria de la isla, la convirtieron en una de las ciudades más pobladas y prósperas de la época, su población alcanzaba los cinco millares de almas allá por el temprano siglo IV a. C. Ciertos historiadores indican que el olivo procede de Persia, otros del valle del Nilo y otros indican que es originario del valle del Jordán. Sin embargo la mayoría creen que procede de la antigua Mesopotamia, lugar desde el cual se expandió al resto de los países. Lo que si podemos afirmar es que es milenario. A partir del siglo XVI a.C., los fenicios difunden el olivo por las islas griegas y, en los siglos XIV a XI a.C., por la Península Helénica, donde se incrementa su cultivo hasta que alcanza gran importancia en el siglo IV a.C., cuando Solón promulga decretos para regular su plantación. Griegos, fenicios, romanos, judíos, cartagineses, árabes, hispanos y demás pueblos que comerciaban en las orillas del Mar Mediterráneo fueron los encargados de difundir el cultivo y aplicaciones del olivo. No se sabe con certeza si ya entonces conocían todas sus virtudes, pero sí hay indicios de que tenían conciencia de sus beneficios. Se desconoce la fecha en la que se inicia en España el cultivo del olivo, que posiblemente corrió a cargo de fenicios, o griegos, pueblos ambos eminentemente olivareros; parece mas lógico que fueran los fenicios, dadas con sus continuas e intensas relaciones comerciales con Tartesos; les enseñaron también a extraer el aceite de las olivas mediante molienda. Cualquiera que fuera su origen, fenicio o griego, cuando los romanos ocupan la Península Ibérica se encuentran con extensos y bien cultivados olivares; sin embargo la época dorada del cultivo se desarrollará a la vez que la romanización de sus habitantes.
Los escritores de la época mencionan las propiedades beneficiosas del aceite de oliva, tal es Plinio el Viejo que intenta recopilar las recetas conocidas acerca de la elaboración de ungüentos y pomadas diversas. Parte de estas advertencias llegaron posteriormente en el siglo XV a inspirar una obra denominada "tacuinum sanitatis" en la que el aceite de oliva ocupa una posición importante. El comercio del aceite de oliva creo diversas rutas comerciales a lo largo del mediteraneo, mediante los denomiandos nauicularii (navegantes).
Para seguir las huellas del olivo y sus aceites, tenemos que remontarnos a tiempos bíblicos, pues la cuenca del mediterráneo los fenicios, los griegos y los egipcios, se encargaron de cultivarlo, como obra maestra de sus sociedades y transmitirlo de generación en generación. Desde entonces continua viva y hoy por hoy podemos gozar de sus beneficios y maravillosos sabor.
A mediados del tercer milenio en la región de Canaán (ubicada al norte de Siria) se sabe que se producían cantidades grandes de oliva como para comerciar con otros países. La documentación encontrada en forma de tablillas de barro en tres ciudades independientes: Ebla, Mari y Ugarit. Todas ellas en el Ebla (cerca de la moderna Aleppo). Indican la expansión del cultivo del olivo, así como una notable producción de aceite de oliva. Estos textos indican que el precio del aceite de oliva era por aquel entonces casi cerca de cinco veces el precio del vino y dos veces y media más caro que el aceite de sésamo y de lino.
Se sabe por las muestras que se obtienen de polen de olivo en los restos arqueológicos, que el cultivo se empieza a hacer intensivo en las muestras procedentes del Peloponeso datadas en el XX a. C. (periodo heládico medio). Estos estudios de paleobotánica muestran que la actividad agrícola del olivo tiene un apogeo en el X a. C. en la ciudad de Biblos. Esta ciudad fue el punto de contacto comercial con los egipcios. Las investigaciones paleobotánicas se extienden al estudio de los "huesos de aceituna" encontrados de forma abundante en ciertas excavaciones arqueológicas a lo largo del mediterráneo. La entereza de los huesos de aceituna hallados muestran el grado de tratamiento de cara a elaborar el aceite de oliva, los huesos machacados o rotos venían a significar un uso de almazaras. Se sabe que en la península ibérica los tartessos y turdetanos ya hacían uso de la variedad cultivada del olivo, pero no se sabe a ciencia cierta si era de uso culinario. n aquellas épocas el olivo y sus aceites se utilizaban para hacer jabones, como los de Alepo, perfumes y medicamentos para la piel, formaba parte en innumerables actos religiosos, podía ser moneda de cambio y además de todo esto ocupaba un lugar de honor en la alimentación. Siempre se le ha relacionado como símbolo de paz, abundancia y sabiduría.
miércoles, 1 de febrero de 2012
FABRICAS DE SALAZONES
Las costas españolas, en concreto las del sur de la península, siempre fueron muy ricas en pesquerías y paso obligado, junto con el norte de África, de los peces que venían a reproducirse en el Mediterráneo, siendo el más preciado de todos el atún y es gracias a este animal marino donde comenzó la riqueza de todo el litoral español que estaba en las proximidades de las Columnas de Hércules o estrecho de Gibraltar.
Por toda la costa mediterránea se han localizado un gran número de factorías de pescado, cuyo origen es fenicio o púnico pero que alcanzó su máximo desarrollo en la dominación romana debido a la necesidad de consumo de productos alimenticios en las grandes ciudades del Imperio. La tradición o costumbre de la conservación del pescado por medio de salazones se extendió por todo el Mediterráneo llevada por los comerciantes, estimando la llegada a España sobre el siglo VII a.C. traída por los fenicios al sur de la península y los griegos a las costas catalanas y valencianas.
Los fenicios fueron los que enseñaron a los habitantes del sur de España a hacer salazones en su comercio con el mítico reino de Tartessos (de la que se habla en la Biblia en varios pasajes y en muchas de las leyendas griegas, incluida la Odisea
Su pesca se hacía en almadraba y su proceso de producción era sencillo: el pescado entraba en la factoría donde se limpiaba y cortaba en pedazos, después era depositado y salado en las grandes piletas, tal y como todavía se consume con los nombres de mojama en el sur de España o las llamadas huevas secas. Con los intestinos, cabezas y otros desperdicios se elaboraba la reputadísima salsa garum, que es una mezcla de sal con sangre, hígados, huevas e intestinos de pescado, aromatizada con hierbas, famosa en Gades (Cádiz) y muy cotizada en la Antigüedad. La selección más sabrosa de estos productos se dejaba macerar durante años en las mismas ánforas comerciales en que se distribuía por todo el mundo.
Los peces se cogían directamente de la barca del pescador y generalmente se les quitaban las escamas y las tripas en la misma orilla del río. Entonces se cortaban a lo largo y se extendían planos al sol para que se secaran. Antes de esto frecuentemente les hacían unos cortes oblicuos que frotaban con sal. Cuando el proceso de secado estaba completo se almacenaban en ánforas. El pescado egipcio así conservado era famoso en todo el Mediterráneo, como queda atestiguado en la Historia de Unamón a finales del segundo milenio, costumbre que llega hasta hoy y que en el Egipto actual se llama fasikh a estos pescados salados y secados. La materia prima más preciada era el atún, obtenido con la pesca utilizando la técnica de la almadraba: red fijada con enormes anclas manteniendo la almadraba perpendicular a la costa, lográndose así capturar bancos compactos de pescado. Los peces capturados se sacaban a la arena y se introducían directamente en un depósito para escurrirlos. En otra dependencia eran troceados y almacenados en cubas mezclados con sal.
Típica fábrica de salazones en el Mediterráneo
También las huevas de algunos pescados, sobre todo del mújol se salaban y conservaban con técnicas parecidas. Separaban estos ovarios llenos de huevas del pez, los lavaban y los frotaban con sal. Después los ponían entre tablas con peso para escurrir el agua y secarlos.
Los griegos fueron los primeros en comercializar en factorías el verdadero garum, el cual fue copiado por los romanos, como otras muchas cosas, y que llamaban los griegos, garo, nombre éste del pez qué en España se conoce como caballa.
En la época de los fenicios ya se conocían las almadrabas para capturar el atún y otras clases de pescado, por lo que es de destacar que en estas fábricas de salazones se confeccionasen redes que servirían luego para distribuir por todas las instalaciones pesqueras. Las había de varias clases como nos dice el historiador Opiano” de éstas hay las llamadas redes arrojadizas, y las llamadas de arrastre: rastras, y redondas redes de bolsa, y redes barrenderas; a otras las llaman redes de cubierta, y con las redes barrederas hay las llamadas redes de suelo. Cuatro métodos de captura en el mar han ideado los pescadores. Algunos se deleitan con los anzuelos, y de este grupo unos pescan con largas cañas a las que se han atado un sedal de crin de caballo bien tranzado, otros simplemente arrojan un torzal de lino sujeto a sus manos; y otros se recrean con linos emplomados, o con linos de los que penden muchos anzuelos.
Para el abastecimiento de pescado las factorías de salazón recurrían a varios sistemas de captura. Las artes de la pesca utilizadas en este período pueden dividirse en aparejos (anzuelos) y redes, ya sean éstas móviles (de arrastre, de cerco) o fijas (almadrabas) que permitían realizar grandes capturas. Cabe destacar los establecimientos fijos situados en las zonas de paso obligado de las especies migratorias, entre los que destacan las almadrabas o arte de atunes que parecen haber sido las más utilizadas para explotación industrial de la pesca..
Estos atunes se alimentaban de lo que entonces se consideraban bellotas marinas, comentada por Estrabón como unas encinas que crecían bajo el mar, al parecer se refería a un alga llamada ‘fucus vesiculosus’, y que corroboran Teofrasto y Plinio. Parece que los atunes, que sin duda comían toda la alga, no sólo las bolsitas, engordaban más por las conchas pegadas en las algas que por las bolsitas que encierran poco alimento, mientras que las conchas contienen mucho. De hecho Estrabón dice que el atún sigue no sólo las bellotas, sino también las conchas de púrpura.
Estrabón continúa describiendo el alimento de los atunes de la siguiente forma: “Polibio dijo que las bellotas submarinas se encuentran por fuera y por dentro de las Columnas (Estrecho de Gibraltar), pero que son de menor las del mar adentro de las Columnas, del Mediterráneo, y que aquellas bellotas llegan hasta el Lacio. A no ser que procedan de Cerdeña y la región vecina. Añade que los atunes viniendo de fuera de las Columnas, adelgazan más por falta de pasto, y que puede llamarse al atún ‘cerdo marítimo’ porque gusta mucho de las bellotas y por ellas engorda en gran manera, y cuando hay escasez de tales bellotas hay escasez también de atunes”.
Heliano en su “”Historia de los Animales” para pescar anguilas nos dice "el pescador se sienta en una roca que sobresale o en un tronco desarraigado que le sirva de apoyo. Sentado en él el pescador de estas anguilas coge el intestino de un cordero recién degollado, que mide unos tres o cuatro codos y que fue bien engordado, y lo mete en el agua por un extremo y lo sostiene removiéndolo en los remolinos. El otro extremo lo tiene en sus manos y un trozo de caña de la longitud de la empuñadura de una espada ha sido insertado en él. La comida no pasa inadvertida a las anguilas, pues les gusta el intestino de cordero. La primera anguila que se acerca solicitada por el hambre y con la boca abierta, clava en el cebo sus dientes corvos, parecidos a anzuelos y difíciles de desprenderse y no deja de saltar intentando llevárselo.
Y el pescador, comprendiendo que la anguila ha quedado sujeta, pone en su boca la caña en que injirió el intestino, y soplando con toda su fuerza, infla enormemente dicha tripa que por efecto del aire que baja se distiende e hincha, y resulta que el aire se introduce así en la anguila, se difunde por su cabeza, le llena la faringe y corta la respiración a la criatura, y no pudiendo respirar ni tampoco desenganchar los dientes clavados en el cebo, muere asfixiada y es izada por culpa del intestino, del aire, y en tercer lugar, de la caña. Lo mismo sucede con las demás.
Y el pescador, comprendiendo que la anguila ha quedado sujeta, pone en su boca la caña en que injirió el intestino, y soplando con toda su fuerza, infla enormemente dicha tripa que por efecto del aire que baja se distiende e hincha, y resulta que el aire se introduce así en la anguila, se difunde por su cabeza, le llena la faringe y corta la respiración a la criatura, y no pudiendo respirar ni tampoco desenganchar los dientes clavados en el cebo, muere asfixiada y es izada por culpa del intestino, del aire, y en tercer lugar, de la caña. Lo mismo sucede con las demás.
Los salazones se elaboraban, sobre todo entre los meses de mayo y julio, cuando los bancos de atunes y otras especies migratorias recorren las costas atlánticas de Marruecos en sus desplazamientos hacia el Mediterráneo, para regresar en septiembre u octubre hacia el golfo de Guinea. Esta industria necesitaba una gran cantidad de sal que se obtenía a partir del agua de mar.
Sabiendo que los atunes del Atlántico se concentran en los meses estivales en el Estrecho de Gibraltar para su reproducción, tiene lógica la situación estratégica de Baelo Claudia y otras ciudades de los alrededores.
Los estudios en la factoría de Sta. Pola permiten identificar algunos principales especias como sardina, boga, boquerón o chuela.
En Cádiz según los hallazgos de varios yacimientos de época romana se sabe que frente a un 84 % de especies marinas que, a excepción de dos ejemplares de dorada y otros dos de marrajo, consisten en su totalidad en moluscos de 24 especies. Esta fauna marina está representada por las siguientes especies: cañadillas, navajas, almendras de mar, y ostras, que sin duda constituyen un depósito antrópico
Los fenicios también hacían un tinte entre púrpura e índigo, llamado azul real o azul de Jacinto, el cual era fabricado a partir de una especie muy parecida de caracol de mar, llamada Murex trunculus, comúnmente conocido como cañadilla.
Además de secar el pescado, se sabe también que tenían instalaciones para amontonar el murex o cañailla, maloliente, para luego poder extraer la púrpura, que era un moco que se extraía de esos caracoles, y poder teñir los tejidos que posteriormente serían exportados por el Mediterráno para las clases más pudientes..
El proceso, y el método antiguo para la producción en masa de los dos tintes múrex aún no ha sido reconstruido ; se cree que este color de un tono "sangre coagulada negruzca", el cual era más preciado que cualquier otro, se conseguía bañando dos veces las prendas, una vez en el colorante índigo del H. trunculus y otra en tinte rojo-púrpura del M. brandaris.
La explotación de la sal deviene una actividad tan ligada a la pesca que será imprescindible en las fábricas de salazón.
Los restos arqueológicos de fábricas de salazón se constatan en un tipo de medio físico muy bien definido: amplias extensiones llanas junto a la costa o a grandes ríos, abundancia de sol, brisa marina... Hoy en día las salinas son abundantes en toda la costa sur peninsular así como en ciertos puntos de las costas atlánticas68, en situación un tanto elevada por encima del mar para que las mareas lleven el agua hasta el punto deseado y no queden sumergidas.
Una segunda industria subordinada a la de la pesca industrial será la alfarería y la producción de ánforas. El producto envasado se inserta, por fin, en los circuitos comerciales internacionales de la Antigüedad.
Es posible que estas factorías puedan haber servido como viveros piscícolas para aprovisionar a las factorías de pescado fresco mientras se espera la época de paso del atún o cuando las condiciones climáticas dificultan la pesca para que no quedase la población desabastecida.
De las fábricas de salazones fenicias poco queda porque otras, las cartaginesas, romanas, árabes y cristianas, se superpusieron sobre ellas.VER MAS:
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