El término Fenicia es griego, puesto que éstos denominaban a la tierra que ocupaban los fenicios como Phoiniki, un término que tomaron prestado del vocablo egipcio Fnkhw, que podríamos traducir por “sirios”. Debido a la similitud fonética, la palabra griega para designar Fenicia era sinónimo del color púrpura (phoínix), puesto que en Tiro se elaboraba el famoso tinte de ese color que procedía del molusco gasterópodo del género Murex (que en España se conoce como cañadilla o canaílla), por el que se pagaba un alto precio en el mercado, debido a que para obtener un solo gramo de tinte, eran necesarios unos 10.000 moluscos y era un color que no se podía conseguir de otra forma (que se supiera). Así, los fenicios eran conocidos como “El pueblo púrpura”.
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lunes, 13 de marzo de 2017
FENICIA
Antes de analizar la colonización fenicia es necesario conocer a sus protagonistas: Los fenicios eran los habitantes de la costa occidental del Próximo Oriente, que vivían en una estrecha franja costera entre Siria y Palestina. El territorio vinculado a este pueblo era fértil, y permitía buenos cultivos de frutas, legumbres y abundantes pastos para la cría de ganado.
Los cultivos eran intensivos y diversificados, basados en la tríada: cereal, vid y olivo, completada con legumbres y frutas. La tecnología empleada era la más avanzada del Mediterráneo. El mar constituía otra fuente de recursos del que obtenían pescado para salazón, garum romano y la púrpura, que se extraía del murex; además eran expertos en la pesca de atunes, siendo los primeros en utilizar la técnica de la almadraba. A pesar de sus riquezas, los fenicios estaban condicionados por las reducidas dimensiones de su territorio, lo que les obligó a buscar otras fuentes de producción con el fin de mantener su crecimiento demográfico. La solución fue el uso del mar como cauce del transporte, de las materias primas necesarias para su diversificada industria artesanal. La navegación por todo el Mediterráneo les permitió conseguir sus objetivos de intercambio comercial.
Los fenicios eran de etnia semita y nunca constituyeron una nación compacta, ya que su estructura política estaba fundamentada en ciudades Estado, muchas veces no bien avenidas. Las ciudades más conocidas eran Ugarit, Sukal, Arvard, Byblos, Beirut; Sidón y Tiro.
La falta de unidad las hizo blanco de sus vecinos asirios, babilonios y persas, que en un principio exigieron sumisión mediante la entrega de bienes, para llegar por último a la conquista y destrucción de las ciudades.
La necesidad de metales para la industria manufacturera obligó a la colonización fenicia a través del Mediterráneo occidental.
Los tratados más antiguos dan como motivo de la colonización la búsqueda de: oro, plata, y cobre, para su transformación artesana. Sin embargo los metales no fueron su único objetivo colonial. La demografía y la desigual distribución de la riqueza entre sus ciudadanos, se considera hoy, que fue el principal motor colonizador, que tuvo como medio la utilización de todos los sistemas productivos conocidos, que emplearon en mayor o menor, medida en función de las posibilidades de los lugares colonizados.
La llegada a la península Ibérica según las cronologías literarias conocidas hasta hace poco tiempo fue la del 1100 a.C. fecha en la que se estimó la fundación de Gadir (Cádiz). La misma fecha se fija para Lixus y Utica. La realidad del registro arqueológico fija que los primeros contactos con Kition en Chipre fueron hacia el año 820 a. C., lugar que fue cabeza de puente con las ciudades fenicias. En la Península la datación del carbono 14 de Morro de Mezquitilla, vinculada a una de las fases más antiguas de este yacimiento dan:
800 ± 50 años a.C.; 690 ± 30 años a.C. y 620 ± 50 años a.C. En los últimos años han aparecido cronologías semejantes en diferentes puntos de Andalucía.
Actualmente se conoce por que Fenicia a aquel territorio correspondido entre el Líbano e Israel donde se asentó o se inicio lo que conocemos hoy por “Cultura Fenicia o Civilización Fenicia” Los fenicios fueron expertos marineros, y mercaderes ya que basaron su cultura hegemónica en el comercio marítimo, que les llevó establecer rutas marítimas comerciales por todo el Mediterráneo e incluso a lugares tan distantes como la costa oeste de África (se especula con que llegaron a doblar el Cabo de Buena Esperanza) las Islas Británicas (algo que no se puede probar arqueológicamente, pero se puede suponer) o Norteamérica y Brasil (en ambos casos, no parece tan claro como ya veremos aunque varios autores digan lo contrario).
La cultura fenicia floreció entorno al período comprendido entre los años 1.200 a.C. y 900 a.C. y se aglutinó, sobretodo, alrededor de varias ciudades principales: Biblos, Sidón y Tiro. En su lengua original, se autodenominaban kena´ani, siendo el fenicio un lenguaje cananita, perteneciente a la familia de las lenguas semíticas.
El término Fenicia es griego, puesto que éstos denominaban a la tierra que ocupaban los fenicios como Phoiniki, un término que tomaron prestado del vocablo egipcio Fnkhw, que podríamos traducir por “sirios”. Debido a la similitud fonética, la palabra griega para designar Fenicia era sinónimo del color púrpura (phoínix), puesto que en Tiro se elaboraba el famoso tinte de ese color que procedía del molusco gasterópodo del género Murex (que en España se conoce como cañadilla o canaílla), por el que se pagaba un alto precio en el mercado, debido a que para obtener un solo gramo de tinte, eran necesarios unos 10.000 moluscos y era un color que no se podía conseguir de otra forma (que se supiera). Así, los fenicios eran conocidos como “El pueblo púrpura”.
El término Fenicia es griego, puesto que éstos denominaban a la tierra que ocupaban los fenicios como Phoiniki, un término que tomaron prestado del vocablo egipcio Fnkhw, que podríamos traducir por “sirios”. Debido a la similitud fonética, la palabra griega para designar Fenicia era sinónimo del color púrpura (phoínix), puesto que en Tiro se elaboraba el famoso tinte de ese color que procedía del molusco gasterópodo del género Murex (que en España se conoce como cañadilla o canaílla), por el que se pagaba un alto precio en el mercado, debido a que para obtener un solo gramo de tinte, eran necesarios unos 10.000 moluscos y era un color que no se podía conseguir de otra forma (que se supiera). Así, los fenicios eran conocidos como “El pueblo púrpura”.
sábado, 11 de marzo de 2017
HINTERLAND GUADALQUIVIR- HUELVA
HINTERLAND GUADALQUIVIR- HUELVA
En el
territorio hay que diferenciar un núcleo central y un hinterland. El central
tiene dos focos: el foco onubense y el foco del bajo Guadalquivir. El hinterland o “provincias tartésicas” contaría con
Extremadura (provincia de Badajoz) y un foco portugués. Hacia el Mediterráneo los últimos hallazgos en Guardamar
del Segura dan una cierta veracidad a las fuentes históricas que se refieren al
territorio tartésico tan amplio como el comprendido entre el Tajo y el
Mediterráneo y hasta el río Jucar. Se han encontrado grafitos en cerámica lo cual nos habla no sólo de extensión
sino también de uso. El foco onubense es más abierto, más receptivo. El otro
foco (Bajo Guadalquivir) es más interno y tradicional. El foco onubense se
caracteriza porque sus poblados giran entorno a la explotación minero
metalúrgica. El foco del Bajo Guadalquivir gira entorno a una economía
agropecuaria y en relación a las vías naturales de comunicación con la meseta y
Extremadura. En el foco onubense las vías se dirigen hacia la costa, hacia el
puerto de Huelva, puerto comercial indígena y diferenciado del de Cádiz que es
colonial fenicio, a pesar de ello debemos contar con
el hecho de que existe una clara organización social, distribución del
poblamiento y del territorio, explotación de la metalurgia y la organización
que ello supone. La economía gira hacia la explotación minero-metalúrgica y
hacia la economía de tipo agropecuario.
HINTERLAND
HUELVA
La urbanización y arquitectura
de los s.VIII-VIII a.C. de Huelva es típicamente fenicia y diferente de aquélla
de los Cabezos, no se trata de una expansión urbana por el sureste de la ciudad
del núcleo tartésico de los cabezos del s.VIII a.C. hacia el Odiel, sino,
"de una nueva ciudad, construida ex novo por colonos fenicios,
paralela y gemela a los poblados indígenas emplazados en la altura". Los
poblados altos obedecen a una necesidad de defensa natural. El emplazamiento
fenicio se debería a los marinos metalúrgicos y comerciantes que necesitaban un
puerto en el estuario, y un hinterland rico en plata.
La plata era el mineral más
buscado por estos comerciantes. Los indígenas colaborarían con ellos,
proporcionándoselo del foco minero de Riotinto y de la sierra del Andévalo, que
los mismos indígenas transportarían hasta Huelva. Desde el 700 a.C. la colonia
fenicia fabricaba en Huelva casi la mitad de las cerámicas con las técnicas
nuevas (40,6%). A mediados del s.VII a.C. la cerámica fenicia (53,45%) superaba
ya a la indígena (46,55%). A finales del s.VII a.C. la cerámica fenicia
representa el 72,8% y en el tercer cuarto del s.VII acapara el 74,5%. Un 10% de
esta cerámica fenicia son ánforas de transporte.
El
distrito minero de Huelva, con la localidad de Tharsis (Gadir, según Avieno en
su Ora Maritima) a su cabeza, alcanzó una gran importancia
como centro comercial de distribución de metales por las costas y el interior
andaluz.
La expansión minera de los fenicios alcanzó
también las minas de plomo de Almería y la provincia
de Jaén, en cuyas minas extraían la plata contenida en el plomo.
Las
principales explotaciones mineras fueron las de Riotinto (Huelva), de las que
extraían cobre, plata y oro de los yacimientos
piríticos.
HINTERLAND DE ANDALUCIA
En el
territorio hay que diferenciar un núcleo central y un hinterland.
El central tiene dos focos: el foco
onubense y el foco del bajo Guadalquivir. El hinterland o "provincias
tartésicas" contaría con Extremadura (provincia de Badajoz) y un foco
portugués. Hacia el Mediterráneo los últimos hallazgos en Guardamar del Segura
dan una cierta veracidad a las fuentes históricas que se refieren al territorio
tartésico tan amplio como el comprendido entre el Tajo y el Mediterráneo y
hasta el río Jucar. Se han encontrado grafitos en cerámica lo cual nos habla no
sólo de extensión sino también de uso. El foco onubense es más abierto, más
receptivo. El otro foco (Bajo Guadalquivir) es más interno y tradicional. El
foco onubense se caracteriza porque sus poblados giran entorno a la explotación
minero metalúrgica. El foco del Bajo Guadalquivir gira entorno a una economía agropecuaria
y en relación a las vías naturales de comunicación con la meseta y Extremadura.
En el foco onubense las vías se dirigen hacia la costa, hacia el puerto de
Huelva, puerto comercial indígena y diferenciado del de Cádiz que es colonial
fenicio, apesar de ello debemos contar con el hecho de que existe una clara
organización social,distribución del poblamiento y del territorio, explotación
de la metalurgia y la organización que ello supone. La economía gira hacia la
explotación minero-metalúrgica y hacia la economía de tipo agropecuario.
En Gilena, el proceso histórico descrito está representado desde un punto de vista arqueológico, por la continuidad del yacimiento del Cerro Gordo, sobre el que ya se ha pormenorizado en el apartado anterior. Durante la fase que nos ocupa, la denominada como Orientalizante o Tartésico Clásico los hallazgos cerámicos realizados por diferentes intervenciones han puesto de manifiesto su importancia como lugar de tránsito de mercancías de origen oriental, acaso procedentes de la costa malagueña a través del valle del Guadalhorce, cuya cabecera tiene fácil acceso a la del río Blanco: sería el caso de las cerámicas grises de tradición oriental halladas en el lugar o los vasos polícromos con decoración figurativa.
Cerro Gordo
En Gilena, el proceso histórico descrito está representado desde un punto de vista arqueológico, por la continuidad del yacimiento del Cerro Gordo, sobre el que ya se ha pormenorizado en el apartado anterior. Durante la fase que nos ocupa, la denominada como Orientalizante o Tartésico Clásico los hallazgos cerámicos realizados por diferentes intervenciones han puesto de manifiesto su importancia como lugar de tránsito de mercancías de origen oriental, acaso procedentes de la costa malagueña a través del valle del Guadalhorce, cuya cabecera tiene fácil acceso a la del río Blanco: sería el caso de las cerámicas grises de tradición oriental halladas en el lugar o los vasos polícromos con decoración figurativa.
El repertorio cerámico registrado incluye cerámicas a torno de barniz
rojo, vasos pintados con motivos figurativos (tanto florales como zoomorfos) y
asas geminadas, así como platos y cuencos de cerámica gris bruñida, cuya
difusión abarca tanto yacimientos coloniales, como otros del núcleo tartésico y
su hinterland en
ambientes cronológicos de los s. VII y VI a.C.
Dada
la importancia de Cerro Gordo como centro principal de la zona, cabría
preguntarse si el actual topónimo Ípora, que aparece en las cercanías del
yacimiento entre los términos de Gilena, Osuna y Aguadulce, y que da nombre a
varias fincas de la zona (hacienda de Ípora, cortijo de Ípora, cortijo de Ípora
Baja), podría tener un origen turdetano y, más aún, tal como apunta Ferrer: “no consideramos gratuita la posible
identificación de Cerro Gordo con un posible oppidum denominado Ipora.
Para empezar, tengamos en cuenta la similitud de éste con otros del
mundo prerromano andaluz, asociados generalmente con áreas de campiña, como son
los casos de Ipora o Ipra (Marmolejo, Jaén), Epora o Ipora (Montoro, Córdoba) y
Aipora o Ebora (Cortijo de Ebora, Sanlúcar de Barrameda, Cádiz). Incluso es posible seguir la pista de
otro similar en Portugal, como es Ebora, nombre antiguo de la actual ciudad de
Évora, capital del Alto Alemtejo.
El Negrón
En la Cueva Antoniana se ha
registrado un enterramiento de incineración en una cista excavada a la entrada
de la misma. Las cenizas estaban depositadas en una urna cineraria a torno con
decoración a bandas, típicamente turdetana. Por proximidad, podríamos suponer
que sería la zona de necrópolis del asentamiento de Los Cortijos Viejos II.
En el conjunto del término se han
hallado:
Piezas
a mano de uso corriente, con formas globulares de tradición del Bronce Final,
que siguen en uso como piezas de cocina. La continuidad de su uso abundaría en
la “vuelta a las tradiciones” de la que hablamos en la introducción al
capítulo.
Piezas a torno, mucho más
abundantes en número y diversificadas en cuanto a formas que en época
orientalizante, producto de la imitación de las cerámicas de prestigio
importadas por el común de la población. Al contrario con lo que ocurre en el
área oriental de la Península, la decoración se ha simplificado, abandonando la
figuración polícroma por motivos geométricos a menudo monócromos
(principalmente en rojo). Su uso viene marcado por las formas y calidades,
pudiendo encontrar desde cuencos, platos o ánforas de uso corriente (son
típicas las ánforas “de saco” de tradición púnica), hasta piezas de lujo
utilizadas en las grandes ocasiones o como ajuares funerarios acompañando a las
urnas cinerarias. La decoración más frecuente consiste en bandas horizontales
de anchura variable en múltiples combinaciones, aunque en ocasiones aparecen
líneas onduladas verticales o aspas inscritas entre franjas.martes, 7 de marzo de 2017
EL HINTERLAND DE LA FONTETA
La
Albufera de Elche o llamada también Albufera de Guardamar, es uno de los espacios húmedos más importantes
de la Comunidad Valenciana, situada al S de la provincia de Alicante y por
tanto enclavada en la Contestanía de los Íberos. Veamos sobre estas líneas a
los habitantes antiguos que vivían en la Albufera de Elche.
Desde el punto de vista geológico se
localiza en la Depresión de Elche, dentro de la Cuenca del Bajo Segura, y ocupa
parte del sinclinal limitado por los anticlinales que constituyen la Sierra de
Santa Pola y la Sierra del Molar.(Guardamar el Segura, Bajo Segura, abanico del
Vinalopó, costa de la Serra del Molar) antes de la retirada del mar de las
costas.
El alejamiento posterior de la línea de
costa supone en el Bajo Segura la desaparición de la laguna y la instalación de
una llanura de inundación con zonas palustres y lagunares de carácter
dulceacuícola.
La Fonteta es uno de los más importantes
enclaves arqueológicos de todo el levante peninsular.
En realidad lo componen dos yacimientos. El
más antiguo es la ciudad fenicia, sobre la que se superpone una rábita
islámica.
Ambos yacimientos se han conservado
óptimamente al ser cubiertos por el avance de las dunas, ahora fijadas por la
repoblación forestal.
Ciudades como La Fonteta (Guardamar), en la
costa, que ha mantenido durante toda su historia su privilegiado papel de
puerto de mar y punto de salida para el comercio de los productos de su
hinterland, y destacadamente los arrancados a los ricos campos de toda la Vega
del Segura.
La Fonteta generalizó diferentes productos, principalmente cerámicas
torneadas, en el hinterland de la Vega Baja del Segura y del Bajo Vinalopó,
mientras que los artesanos fenicios instalados en Peña Negra suscitaron una
destacada producción alfarera cuyas piezas sirvieron para abastecer a otros
yacimientos más interiores, como El Monastil (Poveda, 2000).
La concentración de necrópolis y
poblados ibéricos antiguos (El Oral, La Escuera, El Molar, El Cabezo Lucero) en
el tramo final del río Segura, no es mera coincidencia. Representa la
constatación de la importancia de este foco de orientalización que generó la
iberización del fondo poblacional muy mixtificado del Hierro Antiguo de la
zona.
Claro está que estaban tanto estos, como
Peña Negra, de carácter fenicio y griego,
los Saladares y La Fonteta, de carácter fenício en Plena Albufera de
Elche que se extendía a esas zonas, es
decir a la desembocadura del Segura.
En los
centros coloniales fenicios andaluces y en La Fonteta la metalurgia del hierro
se daría desde momentos cercanos a su fundación.
Desde allí los conocimientos técnicos
relacionados con el trabajo del hierro irradiarían hacia los poblados
indígenas.
Los resortes utilizados por los
comerciantes extranjeros en la explotación de los recursos minerales del Sureste,
más ricos en el área murciana que en la alicantina, están estrechamente
vinculados con el proceso de aculturación suscitado en el mundo indígena, cuyo
mejor exponente es el mestizaje cultural detectado en Peña Negra.
Los artesanos fenicios, locales o
itinerantes, ofrecieron productos de lujo a las aristocracias indígenas, como
la diadema de Crevillente, joya áurea con decoración repujada, influída por los
gustos de la orfebrería etrusca.
El puerto comercial fenicio de La
Fonteta sería el encargado de redistribuir por el Sureste multitud de productos
mediterráneos, en muchos casos procedentes de las colonias fenicias andaluzas.
Mantenía además una rápida y fácil conexión con los enclaves fenicios de la
isla de Ibiza, hecho constatado por los significativos hallazgos anfóricos y de
otros elementos ibicencos realizados en las costas alicantinas desde las zonas
de Jávea y Denia hasta el área del Bajo Segura.
La influencia cultural de la colonia de
La Fonteta sobre las poblaciones indígenas de la antigua albufera del Segura
sería determinante en la aceleración y cambio de sus procesos de
estratificación social e intensificación productiva.
Tanto La Fonteta como los colonos fenicios
asentados en Peña Negra desarrollarían una febril actividad comercial en el
marco de una próspera explotación agropecuaria y metalúrgica del entorno,
realizada a través de los intermediarios indígenas.
La
influencia fenicia experimentada por los yacimientos de Peña Negra y Los
Saladares se aprecia también en la aparición de nuevos tipos de viviendas desde
el siglo IX a.C.
A
cambio de productos de procedencia oriental, como orfebrería, exvotos
religiosos, cerámica de lujo, productos metalúrgicos, etc., los fenicios
obtenían minerales (bronce, hierro, etc.) y productos agrícolas, como aceite y
vino con los que luego comerciaban por todo el Mediterráneo.
Esta gran ciudadela con al menos diez
hectáreas de extensión y una población estimada entre 2.000 y 4.000 personas,
se convirtió en aquel entonces en un verdadero emporio que ejerció su
influencia sobre las comunidades indígenas del Bajo Segura, lo que hace situar
a la Fonteta como uno de los más importantes focos que llevaron a evolucionar a
estos pueblos hacia la cultura íbera, resultado de la fusión de las tradiciones
del Bronce con las influencias orientalizantes.
El río Teodoro, (actual Segura) cerca del cual estuvo la
ciudad de Herna, es para Avieno el antiguo límite de los tartesios.LOS HINTERLAND FENICIOS
A
partir del s. XIII a.C., en el mundo mediterráneo se producen cambios
trascendentales en el ámbito social, político y tecnológico.
Las nuevas influencias económicas llegan al
sur de la Europa templada extendiéndose paulatinamente por el Mediterráneo
Central, la Península Ibérica y el Atlántico.
Entendidas
como una fundación de los fenicios de Sidón, en las ciudades portuarias,
podemos ver que los navegantes del mar
aquí podrían ser tanto sidonios, hebreos o fenicios como filisteos o asirios, es decir todos cananeos
procedentes de la Tierra de Canaán que se mezclaron con los pobladores autóctonos o indígenas y trayendo sus propios
dioses.
Los puertos fueron un elemento esencial en
relación con un municipium y con una zona subsidiaria donde se ubicaban las
villae productoras de vino, generalmente en situación litoral, aunque algunas
de ellas se establecieron más al interior junto a cursos fluviales utilizados
como vías de comunicación.
En la actualidad, alrededor de cada puerto
existe una amplia zona que depende económicamente de él.
Los núcleos de población que disponían de
instalaciones portuarias propiamente dichas tenían, generalmente,la categoría
de colonia o municipium y alrededor de ellas se configuraba una
zona geográfica de interdependencia económica muy semejante a lo que en la
actualidad es el hinterland de un puerto. Había puertos principales y
secundarios.
Llamamos hinterland a la zona de influencia
de una zona portuaria o un puerto determinado, que a su vez puede tener otros
puertos auxiliares, en los que guardan todos los productos o ánforas que se
iban a llevar y poder salir despuést todos juntos a navegar.
Sobre la delimitación del hinterland dependía de de cada puerto o ciudad
constituyendo una tarea difícil de
averiguar.
Alrededor
de cada portus existieron pequeños embarcaderos a través de los que se
realizaba la navegación de cabotaje pero siempre desempeñando un papel
subsidiario en relación con el puerto principal.
Generalmente son delatados por la
concentración de restos anfóricos depositados en los fondos subacuáticos de las
cercanías.
La delimitación del hinterland dependiente
de cada ciudad portuaria constituye una tarea difícil de realizar, por no decir
imposible.
Consecuentemente nos vemos obligados a
utilizar el término hinterland como acepción útil sin intentar precisar
o concretar su extensión.
Dentro de cada hinterland las villae
productoras de vino jugaban un papel esencial.
Su localización era esencialmente costera
aunque algunas se ubicaban en el interior, en lugares próximos a vías de
comunicación.
El vino producido se proyectaba
comercialmente hacia una determinada zona portuaria.
Circunstancias de todos conocidas, como la posesión y el comercio de
metales entonces imprescindibles, singularmente el estaño, y las disponibilidad
de magníficas tierras para la agricultura y la ganadería, hicieron de la baja
Andalucía un foco de precoz arraigo de la vida urbana.
Arqueológicamente constatamos la aparición de importantes centros de
ocupación, que perduran en las ciudades históricas bien documentadas después en
las fuentes, y serán las que se consolidan en los centros urbanos que, en su
papel estructurador del territorio, alcanzan hasta nuestros días.
El hinterland de Gades, Carthago-Nova y
Akra-Leuké se halló dentro de la esfera de los fenicios y cartagineses (la
Fonteta, Peña Negra, Illici, Los toscanos y Trayamar) mientras que el de
Emporion (junto con Indica, La Creueta, Porqueres y Sant Julia de Ramis), el de
Hemeros-kopeion (con La Serreta, Covalta, Saetabi, Minateda, Albaida y Mogente,
Sukro, Saguntum) y en el tercero encontramos Emporion y Dertosa muy
influenciadas por el mundo griego.
Será mucha la colonización
fenicia que ejerzan sobre estas ciudades con sus respectivas zonas de
influencia y todos sus Hinterlands. El emplazamiento fenicio se debería a los marinos metalúrgicos y
comerciantes que necesitaban un puerto en el estuario, y un hinterland rico
en plata. La plata era el mineral más buscado por estos comerciantes. Los
indígenas colaborarían con ellos, proporcionándoselo del foco minero de
Riotinto y de la sierra del Andévalo, que los mismos indígenas transportarían
hasta Huelva. Los beneficiarios serían las élites indígenas que aceptaron el
rito de la incineración de los cadáveres.
miércoles, 8 de enero de 2014
VINARRAGELL
A partir del s. XIII a.C., en el mundo mediterráneo
se producen cambios trascendentales en el ámbito social, político y
tecnológico. Las transformaciones acaecidas con la desaparición de los centros
orientales suponen la aparición de nuevas formas de poder político y la
descentralización del comercio de artículos de alto valor.
Algunos núcleos cuya dinámica socio-económica así lo
permitió se convierten con el Hierro Antiguo en verdaderas ciudades.
El
contexto sociopolítico mediterráneo permite un comercio más ágil, no
monopolizado por los grandes estados, apoyado en puntos estratégicos y
comunidades de paso que experimentan un importante desarrollo al amparo de su
papel de intermediarios. Estos procesos crecientes de interacción y
multidireccionalidad de influjos culturales son catalizados desde el
Mediterráneo centro-oriental hacia occidente. La expansión de la cultura
tartésica por el sureste se hace patente en yacimientos del Bronce Final
como el yacimiento de Vinarragell.
Este enclave, situado en la
desembocadura del Mijares, ofrece una buena posición estratégica y cumple todos
los requisitos para ser una comunidad de paso, al ubicarse en un punto que
controla las vías de comunicación y puede articular varias regiones.
Nos encontramos con un
asentamiento donde los fenicios se habían instalado creando así la producción
cerámica, broncista y orfebre, inspirada esta última en joyas etruscas
orientalizantes y de influencia jónica.
A demás parece
que trabajaba un artesanado extranjero produciendo armas y objetos de
tipo atlántico, lo que da idea de la existencia de este tipo de contactos
comerciales a larga distancia. Los artesanos fenicios instalados en el poblado
suscitaron una destacada producción alfarera cuyas piezas sirvieron para
abastecer a otros yacimientos más interiores.
La interacción humana y comercial
con el mundo fenicio fue incrementándose, de modo que Vinarragell, partícipe de
la corriente orientalizante, experimentó en el siglo VII a.C. una formidable
expansión urbanística. El asentamiento adquirió un perímetro amurallado y
experimentó obras públicas y de aterrazamiento.
La ciudad portuaria instalada
al abrigo de los vientos de levante, se encontraba en un punto estratégico no
sólo para la explotación primaria de los recursos económicos sino, y a ello se
debió tal elección, en un lugar óptimo de un cauce fluvial que comunicaba el
Este Peninsular con el Bajo Aragon, un eje comercial de especial importancia en
la protohistoria de ambas regiones.
El yacimiento se
encuentra en la orilla derecha del paleoestuario del río Mijares al final del Camí Santa Pau
y forma parte de una extensa finca de naranjos y pertenece al término de
Burriana, ciudad de la que dista cinco kilómetros y con la cual se
comunica. El río Mijares es el curso
fluvial más importante de la provincia de Castellón, tanto en caudal como en
longitud. Su nacimiento se sitúa sobre los 1.600 metros de altitud, en la
provincia de Teruel. La desembocadura
está formada por un cono aluvial, cerrado superficialmente por un cordón de gravas,
roto sólo por los efectos de los temporales de levante sobre la línea de costa.
Se puede decir que este yacimiento no pasó por la fase del íbero pleno,
pasando desde la Primera Edad del Hierro o del estado
castreño a la etapa orientalizante.
Tras diversas campañas, entre 1974 y 1979 se
localizaron seis fases distintas de esta pequeña elevación que fue creciendo a
causa de sus sucesivos hábitats. La primera es la época fundacional o
europeizante, a la que siguen la fenicia, ibérica independiente, ibérica
dependiente, semita y también cristiana.
En
su desembocadura forma una especie de albufera alargada de unos 90 metros de
anchura, que se hace más angosta en la línea de la costa por el avance de un
cordón litoral desde el norte que la cierra parcialmente.
La intensidad del comercio fenicio queda
justificado con la presencia antigua de manufactura de bronce en todo el
levante.
El
yacimiento es de gran relevancia, pues se trata de una de las colonias fenicias más importantes en el
este peninsular.
Se considera
Vinarragell como un gran poblado
costero de carácter íbero-fenicio en cuyo hábitat un jefe local se
establece de forma destacada y donde se pueden observar los elementos
determinantes para ostentar y acrecentar su prestigio, por ejemplo, las
poderosas fortificaciones o el control de la producción del vino, bebida de
destacada importancia en los contextos político-ceremoniales mediterráneos de
consolidación del poder aristocrático.
Este poblado fenicio de la Ilergavonia estuvo
habitado entre fines del siglo VIII y el tercer cuarto del siglo VI a.C.
El
emplazamiento fenicio se debería a los marinos metalúrgicos y comerciantes que
necesitaban un puerto en el estuario, y un hinterland rico en mercancías
(azafrán, vino, lapis specularis, hierro). Ocupaba un sitio privilegiado
como papel de puerto de mar y punto de salida para el comercio de los productos
de su hinterland.
Vinarragell generalizó diferentes productos,
principalmente cerámicas torneadas, en el hinterland del Mijares y del Bajo
Ebro, mientras que los artesanos fenicios instalados en esta población
suscitaron una destacada producción alfarera cuyas piezas sirvieron para
abastecer a otros yacimientos más interiores.
Las cerámicas
fenicias han sido el principal objeto de estudio para establecer la cronología
y el ritmo de los principales cambios estructurales que dieron lugar a la incorporación de la sociedad
prehistórica occidental en la historia general del Mundo Mediterráneo.
La producción anfórica se inició antes de la
mitad del siglo VIII a.C. en buena parte de los centros afectados por el
comercio fenicio, especialmente en aquellos que contaban con ciertos recursos
agrícolas y pesqueros.
La presencia de los
fenicios es difícil de datar cronológicamente; es posible que fueran ellos los
que enseñaron al núcleo ibérico la utilización del torno y el horno de
alfarería.
La cronología de
estas ánforas data entre el 675 a C al 550 a C, fabricándose en diversos
centros del sur de la Península, que posteriormente los íberos adoptaron formas
fenicias, pasando rápidamente a ser fabricadas por los propios indígenas.
Hay también una serie de
piezas fenicias hechas a torno a las que resulta difícil encontrar un
cierto paralelo entre las de más factorías fenicias del Mediterráneo, que
pueden corresponder a novedades de los alfareros de la zona.
Se trata pues, de
un yacimiento indígena de carácter
hallstático sumergido en las redes comerciales de las factorías o
colonias fenicias instaladas en el Mediterráneo.
En este poblado
tras las diferentes excavaciones no se ha encontrado la necrópolis
correspondiente, por tanto, es obvio, la inexistencia de ajuares en las tumbas.
Su posición indica
que actuó como escala en la ruta que unía los enclaves fenicios ibicencos con
las colonias fenicias andaluzas y valencianas. Es un yacimiento perteneciente a la primera Edad del Hierro y a la cultura
de los campos de urnas en un principio hasta que llegaron los colonizadores del
Mediterráneo, es decir fenicios y griegos, notándose una gran influencia
tartésica, a lo que se sumó paralelamente el
efecto directo de la acción de los colonizadores, muy activos en la costa.
Las ánforas, tinajas y otras cerámicas a torno, lisas o pintadas
fenicias introducidas en el medio indígena peninsular desde las colonias fenicias de Andalucía,
dieron lugar a una corriente de imitaciones, burdas en un principio, pero
gracias al torno de alfarero y al horno de cámara alcanzaron pronto un
alto nivel tecnológico.
Por su proximidad sería el gran foco difusor
de los nuevos adelantos tecnológicos y culturales de carácter orientalizante que afectaron de manera progresiva a
las comunidades indígenas del Bajo Aragón.
Se
encontraron muros pero por la destrucción que
padecen es casi imposible estudiar sus características. Había una
estancia dedicada al almacenamiento de grano.
Dentro de la investigación protohistórica sobre los
fenicios, el comercio ha sido uno de los pilares del estudio arqueológico,
interpretándose tradicionalmente como el principal motor económico del mundo
orientalizante, a excepción de otras posturas que defendían el desarrollo de
políticas de implantación territorial como impulso económico.
Un
problema de los estudios sobre las estructuras comerciales protohistóricas ha
sido la aplicación de modelos interpretativos o terminologías modernas sin una
reflexión previa sobre dichos conceptos, tales es el caso de términos como
economía, comercio o intercambio. El comercio, interpretado de forma
determinista como vertebrador únicamente de intercambios con fines de
enriquecimiento o subsistencia, también incluye una dimensión social en la cual
existe una gran multiplicidad de transmisiones e interacciones relativas a la
esfera social y cultural, ya que la realización de estos intercambios de bienes
conlleva implícitamente el establecimiento de relaciones sociales e
intercambios de conocimiento entre los agentes implicados en esta actividad.
Este
enclave era más que suficiente para el comercio colonial primitivo, siendo esta
privilegiada situación del yacimiento
Se
hallaron fragmentos de vasijas de
importación en forma de ánforas. Toda la cerámica encontrada está fragmentada.
Se halló una vasija geminada de bronce.
Se halló un fragmento de vaso esgrafiado
bruñido, así como varias piedras de molino barquiformes.
Había también
bordes de ollas de perfil con cabeza de caballo. Se encontraron varios
fragmentos de los llamados Kalathos o sombrero de copa y también fragmentos de cerámica ibérica de grandes vasijas o tinajas realizadas a torno
pintadas decoradas en negro, marrón o rojo, con bandas,
filetes, flecos, círculos y semicírculos concéntricos, tableros de ajedrez y
varios motivos geométricos propios de la época.
Se hallaron también
fragmentos arcaizantes hechos a torno de cerámica negra pertenecientes a bocas
lisas algo exvasadas.
Se
documentan muestras de pithoi perteneciente a la cerámica ática. Platos y
cuencos de pie trípode. Todo ello apunta al periodo y carácter orientalizante de todas las poblaciones de la costa.
Según las excavaciones se
podría interpretar Vinarragell como el hábitat donde un jefe local se establece
de forma destacada y donde se pueden observar los elementos determinantes para
ostentar y acrecentar su prestigio, por ejemplo, las poderosas fortificaciones
o el control de la producción del vino, bebida de destacada importancia en los
contextos político-ceremoniales mediterráneos de consolidación del poder
aristocrático.
CERÁMICA
IBERICA
A partir de finales del siglo VII a. C. y durante gran parte
del siglo VI a. C., las primeras cerámicas ibéricas pintadas y lisas
del sur y sureste peninsular muestran repertorios de clara filiación fenicia,
sobre todo en lo que se refiere a los grandes contenedores como ánforas o
tinajas, que incorporan poco a poco formas nacidas de la creatividad indígena.
En Vinarragell
queda bien patente la progresiva sustitución de las cerámicas hechas a mano por
las realizadas a torno. Todo ello provocará una mayor estabilidad de la
población mediante la concentración en núcleos mayores y la consolidación de
nuevas formas constructivas.
Por
los vestigios hallados parece que en esta villa la economía de las gentes era
que se dedicaban principalmente a la agricultura, al comercio
marítimo y a la ganadería. Esto lo
prueba la existencia de un horno encontrado para cocer pan. En las cercanías
hay una presa pre-romana con su
respectivo canal de drenaje. La cultura material del enclave se define por la existencia de un
repertorio cerámico donde predominan las producciones a torno, en las que
destacan las ánforas, los recipientes o jarras de tipo pithos y vajilla
de mesa, con platos y cuencos, que dejan sentir el peso de la influencia
fenicia, aunque el conjunto se aleja de los ajuares hallados en enclaves
coloniales. Junto a las cerámicas a torno coexiste un importante conjunto de
cerámicas realizadas a mano que alcanza porcentajes cercanos al 25-30 % del
total.
Este
poblado estaba en la red del extenso comercio fenicio, como demuestra la
aparición de ánforas de cintas de origen centro- Mediterráneo y probablemente
fenicio sardo. Debemos recordar que todas las piezas que han sido encontradas
en este yacimiento han aparecido muy fragmentadas, por lo que es casi imposible
hacer un estudio detallado, aunque lo podamos hacer bastante aproximado
Junto a la cerámica a mano
local encontramos en Vinarragell cerámicas a torno de imitación e ingentes
cantidades de cerámicas importadas, lo que nos lleva a hablar de la presencia
estable de gentes fenicias. Estas gentes configurarían un barrio colonial
especializado en tareas mercantiles y artesanales.
Hay, también, grandes recipientes globulares, bien
espatulados, decorados barrocamente con una temática geométrica que comporta
bandas horizontales y en zig-zags, hechas con el lomo de la espátula, y
cordones entrecruzados, dejando áreas triangulares decoradas con esférulas; así
como pequeños recipientes con pitorro vertedor.
Los molinos de fabricación casera son barquiformes,
aprovechando los rodenos del río.
Según
Plinio nos encontramos en un opiddum o
poblado que era el límite entre la Edetanía y la Ilercavonia.
Se
cree que fue una colonia fenicia, o tenía buenas influencias comerciales con
los fenicios en la cual se hacía comercio con lo típico de la época (adornos,
brazaletes, fíbulas, botones, vino, cerámica, garum, aceite, marfiles) con
todos los puertos del Mediterráneo, dándole un carácter orientalizante.
Es
probable que hubiera un taller de imitación de cerámica negra de carácter
oriental o jónica.
Fragmentos correspondientes
a grandes ollas o recipientes a torno, con el borde saliente, con la pasta color anaranjado, cuarzo, cal y
dióxido de hierro como material
desgrasante, llevan en el exterior un engobe amarillento, y podemos decir que
son parte de la cerámica procedente de Cartago. Estos recipientes presentan una
orejeta con perforación vertical, sobre una característica carena, y se describen
como vasos cortados con asas y orejetas.
Los ejemplares de este tipo datados en la segunda mitad del siglo
VI a C. constituían los precedentes para
las urnas de orejetas ibéricas, los cuales copiarán los indígenas en
cada uno de sus poblados o talleres.
Es posible que tuvieran como divinidad a la diosa Astarté como
demuestran los hallazgos de una figura de terracota, dedicada a esta divinidad,
en uno de los santuarios cercanos.
El intercambio comercial marítimo se efectúa
entre promontorios costeros y prelitorales conectados visual y físicamente a
través de los cursos fluviales que actuaban como una vía de penetración a las
tierras del interior (Maestrazgo) constituyendo una vía de penetración hacia el
interior a través del río Mijares.
Debió
ser un gran núcleo urbano fechado en el siglo VI a.C. y como es de suponer tendría también una fábrica o
factoría dedicada a la producción salazones como todas las ciudades del litoral
Mediterráneo.
Los mercaderes fenicios instalados aquí posiblemente negociaron con
objetos de metal, pero también con otros productos, principalmente vajillas
cerámicas u productos agropecuarios almacenados en ánforas u otros grandes
contenedores.
Por
la cantidad de fragmentos cerámicos correspondientes a ánforas, se cree
que era un gran centro mercantil en el que se comerciaba tanto con aceite y
vino, procedente de las colonias del Mediterráneo y del resto de la Península,
es decir, tanto de la costa como del interior.
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