Es posible, que el marfil fuese un botín de la conquista que Asurbanipal llevada a cabo en Egipto al invadir Tebas o que se hubiese contratado a un artista fenicio para llevar a cabo tan fina y sofisticada labor.
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lunes, 6 de febrero de 2012
ARSLAN TASH
La antigua ciudad de Hadattu se encuentra, en la región siria de la alta Gezirah, corresponde a lo que actualmente se llama Arslan Tash cerca de la frontera de Turquía.
Mientras que algunos autores nos dicen que esta ciudad estaba alejada de Fenicia, otros nos dicen que Arslan Tash era una ciudad fenicia dentro de la región de Asiria.
Se trata de una ciudad o un poblado sirio-fenicio, así pues consideraremos a esta población como un enclave fenicio o en los confines de Fenicia, por tener la misma cultura y costumbres que los cananeos de la costa, aunque tampoco sabemos si realmente eran cananeos, asirios, o estaban incluidos en la propia región de Canaán, ya que sabemos que los feno-cananeos, las ciudades fenicias de la costa propiamente dichas, nunca tuvieron un imperio y siempre fueron ciudades-estado.
Allí, lejos de Fenicia, o lo que es lo mismo, en lo que era el antiguo territorio de Hadattu se encontraron dos pequeñas tablillas, muy similares entre sí, talladas. Se trata de "amuletos" - como convencionalmente pueden definirse - o, más exactamente, de objetos con aparente función "mágica". Ambas se hallan hoy en el museo de Alepo.
Los fenicios sabían labrar bien el marfil y el hueso, técnica procedente del Antiguo bronce, y la aportaron en todas sus ciudades tanto del Oriente como el Occidente, siendo su cronología desde el siglo XIII al siglo VII a C. sabiendo aprovechar bien la iconografía y el espacio.
En Arslan Tash se encontró un marfil que es la representación de una mujer mirando por una ventana, donde se ubicaba el palacio neo-asirio de Hadattu. Esta clase de relieves en los que la mujer mira por el balcón, son típicos de la región y aparecen, ya sea en marfil o en arcilla, en casi todos los poblados o enclaves de la antigua región sirio-cananea.
En el palacio de Aslan Tarsh había dos leones de piedra flanqueando la entrada del palacio de Hadatu, de ahí su nombre ya que Arslan Tash significa “La casa del León”
Al este del palacio fue descubierto un pequeño edificio llamado "La construcción de los marfiles," porque han encontrado varias tallas de marfil, , comprendidas entre los siglos IX y VIII a.C., y por eso se cree que había un taller o un lugar determinado donde se elaboraban estos marfiles tan estilizados.
Es posible que los marfiles hallados en Arslan Tash pueden provenir de tributos de colonias fenicias o saqueos a reinos circundantes, ya que se ha encontrado una placa de la cama del rey de Damasco.
El movimiento de este arte hecho o elaborado en marfil, (ya sea por saqueos o por comercio), era muy común en asiria, ya que fue un material muy apreciado en la antigüedad, sobre todo entre las altas capas sociales (los reyes no dudaban en aceptar o recibir las obras como tributos).
La fina labra del marfil, practicada especialmente por los fenicios y los asirios, provocó una masiva producción en torno al siglo IX, que casi provoca la extinción del elefante sirio, del cual acopiaban sus magníficos colmillos. Esta escasez de material a raíz de la desmesurada manufactura de las obras en marfil, hizo que se importasen piezas de marfil desde África, Tailandia y la India.
Es posible, que el marfil fuese un botín de la conquista que Asurbanipal llevada a cabo en Egipto al invadir Tebas o que se hubiese contratado a un artista fenicio para llevar a cabo tan fina y sofisticada labor.
Es posible, que el marfil fuese un botín de la conquista que Asurbanipal llevada a cabo en Egipto al invadir Tebas o que se hubiese contratado a un artista fenicio para llevar a cabo tan fina y sofisticada labor.
En los marfiles de Arslan-Tash pueden contemplarse dos genios egipcios, enfrentados, con tallos de loto en las manos, simbolizando la unión de los dos reinos. Posteriormente experimentarán variaciones en sus ropajes a manos de los fenicios.
Isis y Nephtys, las diosas egipcias protectoras de Horus, figuran en un marfil Arslan-Tash con genuinas vestiduras fenicias.
Los grifos están fielmente representados en los marfiles de Arslan-Tash.
Se integra a la mitología del Próximo Oriente este fabuloso animal alado hacia el II milenio, presentando ya cuerpo de león y cabeza de ave.
Respecto a la amplia iconografía asiria, con magníficas representaciones, podemos decir, que éstas, tienen sus paralelismos correspondientes en los yacimientos de la Península Ibérica de la Cruz del Negro y el Bencarrón.
En el mundo fenicio poseemos algunos epígrafes que, su rareza es tanta que su autenticidad misma es puesta en duda. Así ocurre con dos pequeñas «tablillas» de piedra, decoradas con figuras, incisas con inscripciones y perforadas para ser colgadas (por lo que pronto fueron consideradas «amuletos»). Fueron al parecer encontradas (en circunstancias confusas) en Arslan Tash, en la Siria interior (donde existió un importante asentamiento neo-asirio en tomo al s. VII a. C., momento al que deberían corresponder). Aunque la escritura de estas tablillas es más bien de tipo arameo, su lengua parece fenicia, si bien con rasgos especiales ((hasta el punto de que ha llegado hablarse de un dialecto «mixto» fenicio-arameo).
En los amuletos de Arslan Tash, el contenido refleja de forma directa un fragmento mínimo de las tradiciones míticas del área Siria en su época, relacionadas, pero no de forma inmediata -y tanto menos coincidente- con los testimonios ugaríticos conocidos.
Se encontró una esfinge , de pie y de perfil, que se cubre con tiara egipcia y se apoya en el árbol sagrado o árbol de la vida típicamente fenicio. Lotos, flores sagradas a pie, ambientan la escena. formalmente acusa claras influencias orientales, y fecha a mediados del IX a. C.,
La cola tiene paralelos en los grifos del cinturón de la Aliseda o en marfiles de Carmona y con el grifo de Ibiza que es de terracota.
De ámbito funerario, José Mª Blázquez defiende que debió tener pareja simétrica, y el árbol sagrado entre esfinges sería una sustitución de la diosa de la fecundidad.
Los textos encontrados en Arslan Tash están esculpidos en pequeños objetos de piedra mediante un alfabeto lineal de tradición aramea, que sostiene una lengua semítica noroccidental que remite al fenicio; el texto ugarítico está en cambio inciso sobre una tablilla de arcilla en el alfabeto cuneiforme y en la lengua semítica noroccidental característicos de la ciudad.
La artesanía sirio-fenicia en marfil conoce su apogeo entre los siglos IX y VII , documentándose en grandes cantidades sobre todo en el gran centro asirio de Nimrud (la antigua Kalhu), aunque también en Khorsabad, Arslan Tash, Samaría y Karkemish.
La vaca amamantando a su cría y la mujer en la ventana, como antes hemos dicho, son motivos representantes de todos los yacimientos sirio-fenicios.
“La vaca con su ternero”, tema bien conocido en la iconografía fenicia con un claro simbolismo de la divinidad nutricia del rey, pues alude a la iconografía de Hathor alimentando al faraón y es característico del mundo fenicio egiptizante.
La mayoría de las escenas de estas tallas de marfil representan temas variados de la vida cotidiana.
Una placa encontrada tiene una imagen de una criatura esfinge querubín y una loba en un lado. La loba parece estar devorando a un hijo. En el reverso la figura de un dios de un poco de variedad, marchando y sosteniendo un hacha. Hay una inscripción mágica primaria, así como la escritura de la esfinge, la loba y la deidad. El idioma es un dialecto del fenicio / cananeo. Puede valer la pena destacar la importancia dada al papel de las deidades femeninas (las esposas de los Hawron y Baal) en el control del demonio (s). Rosenthal supone que la loba y la Esfinge / Querubín representan demonias diferentes. Y se puede pensar que ambos representan la misma 'Lili'.
Esta placa fue fechada originalmente en los siglos VII y VI a C. Sin embargo, algunos estudios recientes han sugerido que la placa puede ser una falsificación que data de la década de 1930 . Si es auténtico, todavía hay algún problema en cuanto a si el 'Lili' se hace referencia es el mismo que el Lilitu de los mesopotámicos. Si se trata de una falsificación, por supuesto, no puede haber duda de que es Lilith, pero debe ser reevaluado como un caso especial entre los amuletos modernos.
Hasta que se descubrió Samaria y Arslan Tash, se pensaba que los fenicios imitaban a los egipcios , pero se vio que no era así ya que los fenicios desarrollaban sus propias habilidades en sus talleres.
Se ha encontrado también un timaterio cuyo paralelo esta en el Cerro del Peñón.
En los palacios aquí encontrados se encuentran mosaicos de guijarros que tienen su paralelismo en hallados en Castulo en la Península Ibérica
domingo, 5 de febrero de 2012
MARFILES FENICIOS
Los fenicios llegan al país de Canaan hacia el siglo XXVIII a. de J. C. procedentes del interior, integrándose con los habitantes de esta región, cuyo poblamiento se inició en el Paleolítico, para alcanzar un apreciable nivel cultural en el Neolítico. El pueblo fenicio entra en contacto con Egipto en el III milenio, suministrándole por mar mercancías de diverso género, principalmente madera del Líbano (cedro, abeto), aromas y resinas para una actividad altamente ejercida allí: los embalsamamientos.
El marfil es una materia dura, compacta y blanca que constituye la parte fundamental de los dientes en los vertebrados y aparece cubierta en la corona por el esmalte, tiene la misma composición química que el hueso, por lo que existen dificultades para su distinción. Sólo puede lograrse mediante el examen microscópico, donde se pone de manifiesto la distinta estructura celular.
La máxima calidad la ofrece el marfil blanco y denso procedente de los elefantes de Thailandia.
Los de Gabón y Guinea palidecen con el tiempo, y el de El Cabo se torna amarillo.
Los fenicios tanto en oriente como en occidente sabían trabajar, elaborar y labrar bien el marfil y el hueso, cuya talla se venía realizando desde el Bronce Antiguo en toda la zona sirio-palestina. Aunque su marco cronológico abarca desde el siglo XIII al VII a. C., la verdadera edad de marfil del Mediterráneo oriental se produjo, al decir de R. D. Barnett, únicamente en los siglos VIII y VII a. C., Otros autores nos dicen que el auge fenicio de la talla de marfil tiene lugar en Tiro como centro principal en los siglos IX y VIII a C. en los cuales su talla constituyó una de las mayores industrias de la zona, con obradores quizás en las principales ciudades de Palestina, Siria y Fenicia.
Todas las piezas que han llegado a nuestros días demuestran, en general, la pericia de los eborarios fenicios, quienes debían labrar sus composiciones, de tipo religioso o decorativo, en pequeños espacios, sabiendo asimilar sabiamente iconografías y tipologías de ámbitos sirios e hititas, egeos y egipcios.
Se cree que tenían un carácter específicamente funerario, tal como se han encontrado en las distintas necrópolis de la Península Ibérica y demás del Mediterráneo y en los hallazgos, la mayoría de ellos, en los ajuares, iban acompañados de huevos de avestruz, típicos de las necrópolis fenicias .
La fina labra del marfil, practicada especialmente por los fenicios y los asirios, provocó una masiva producción en torno al siglo IX, que casi provoca la extinción del elefante sirio, del cual acopiaban sus magníficos colmillos. Esta escasez de material a raíz de la desmesurada manufactura de las obras en marfil, hizo que se importasen piezas de marfil desde Africa y la india.
Las manufacturas fenicias de marfil se dedican preferentemente a la ornamentación mediante plaquetas y paneles en relieve, o simplementecalados, enriquecidos con piedras y pastas coloreadas.
En 1938 Dollman señaló que algunos marfiles de Nimrud eran de elefante indio. La misma procedencia tienen varios marfiles encontrados en Bahreim, en el Golfo Pérsico, fechados en los siglos VI y V a. C.
Se distinguen dos clases de marfiles, los peines y placas con decoración incisa y los paneles calados.
De los hallados en las necrópolis españolas, podemos decir que su cronología se data del siglo IX al VIII a C.
El árbol de la vida formado por palmetas de cuenco superpuestas, es típico de los marfiles de Chipre y de Cancho Roano datados a finales del siglo VIII a C.
Las palmetas de cepillo apiladas en forma de árbol de la vida son un tema muy frecuente en los marfiles de Nimrud. El tema de las palmetas es típico de todo el Mediterráneo, así una diadema de oro adornada con palmetas de cuenco ha aparecido también en Peña Negra, en Crevillente.

Estos marfiles eran trabajados con técnica de taracea, esto es, al marfil se le incorporaban vidrios policromos, lapislázuli y otras piedras semipreciosas.
Su temática corresponde a patrones egipcios: figuras situadas ante un símbolo central (Isis, Horus...), escenas de luchas de animales (leones, ciervos, bóvidos, esfinges y grifos). En cuanto a decoración fitomorfa, árbol sagrado, palmetas y, por supuesto, variadas representaciones de Astarté.
Aunque las figuras, posturas y atuendos responden a modelos egipcios, se mueven todas ellas en un mundo semita.
Entre las piezas más importantes hay que reseñar los paneles que formaron parte de tronos, con figuras de divinidades leontocéfalas y los temas ya vistos de la Vaca amamantando a su ternerillo, la Mujer en la ventana y las Esfinges aladas.
Adoptaron los fenicios al grifo como simbología frecuente en sus representaciones marfileñas, tomándola del mundo micénico, pero no obstante se advierte una clara influencia oriental en el tratamiento de la anatomía de animales, como el toro.
En los ejemplares hallados figuraban a sirios y nubios, toda una fauna animalística, portando leones, con melenas estilizadas y en diferentes posiciones o posturas, ciervos o antílopes formando escenas de lucha solos o en grupo, monos, cérvidos (de procedencia hitita), terneros, caballos, gacelas o rebecos como tributo, algunos de ellos van acompañados de flores de loto o de ánades y en otros el acompañamiento es nulo. Se cree que los marfiles acompañados de aves solo son típicos de la península ibérica al tener contacto con la civilización griega, ya que en los marfiles orientales, el ave que les acompaña no existe.
A este grupo sirio deben adscribirse también los marfiles de Zincirli (Sam´al) del siglo VIII-VII a. C. y los de la necrópolis fenicia de la Cruz del Negro en Carmona (Sevilla), fruto de diferentes influencias estilísticas.
Los talleres fenicios de marfil y hueso del siglo IX y VIII se distinguen por su estilo orientalizante y por su preferencia hacia los temas egipcios de la dinastía XVIII.
Marfil Cruz del Negro
Estos elementos de marfil (peines) vienen caracterizados por su esquematismo en los temas decorados, animales y plantas, por su forma rectangular con muescas laterales y por la decoración en zigzag que delinea el contorno de la parte maciza del peine.
En Nimrud aparecen esta clase de marfiles fenicios con el animal fantástico provisto de alas, al igual que cuerpo y la cabeza de semejante estilo.
Maria Eugnia Aubet nos dice que a leona alada con la cabeza humana simboliza a la diosa Astarté de rasgos egiptizantes y se da en todos o en la mayoría de los marfiles fenicios de Oriente.
De carácter fenicio-chipriota son los temas de algunos marfiles aparecidos en la Cruz del Negro donde se representa un caballo paciendo delante de un árbol o grupo de árboles.
La presencia de la cabra, representada en uno de los marfiles de el Acebuchal, de carácter sirio-fenicia de principios del hierro no es muy frecuente, pero si es evidente que el tipo de animal que aparece en estos marfiles procede de las cabras representadas en los marfiles del segundo milenio a. C., tal como se puede observar en los marfiles y cuencos de Nimrud y Curium fechados en los siglos IX y VIII a C.
Los marfiles hallados en Kamid el Loz, con clara influencias egipcias y cananeas consisten en estatuillas , mangos de espejos, y otros utensilios , rostros humanos, cajas, cucharas, tableros de ajedrez decorado con escenas de caza.
El tema de las diosas aladas flanqueando una palmeta gigantesca o con un motivo floral aparece en dos peines de la necrópolis de Dermech en Cartago.
En Nimrud y Aslan Tash aparece una adaptación de un motivo simétrico de dos diosas aladas llevando lotos y celebrando el nacimiento de Horus o flanqueando el árbol sagrado que tiene su paralelo en uno de los marfiles de la Cruz del Negro.
En la necrópolis de la Albufereta en Alicante se ha encontrado un marfil egipcio con una representación del dios solar Horus.
En Nimrud se recuperó un variadísimo catálogo de piezas de marfil, fabricadas en muy diversos talleres y que proceden de los botines de guerra y tributos donados a los asirlos.
Megiddo, el fuerte reducto de Canaan, llave del paso a Egipto, nos ha legado, , una serie de placas alargadas de marfil, posibles piezas de cofres, cuyas representaciones seriadas constituyen un excepcional documento sobre sus ritos religiosos y demás manifestaciones de este pueblo, donde se ha hallado una plaqueta de marfil con representaciones de caza.
Cuando estudiamos a los fenicios tenemos que considerar que además de los hallazgos de Biblos y Ugarit dentro del contexto general histórico de los cananeos, hay otros artículos procedentes de los yacimientos claves palestinos: Megiddo y Hazor.
Con independencia de todo ello, Bernett atribuye los marfiles de Nimrud a dos talleres no locales:
a) Sirio (materiales de Loftus), de tradición cananeo-micénica.
b) Fenicio, antecedentes cananeo-egiptizantes.
Ambos, pues, tienen sus antecedentes en los primitivos talleres de la Edad del Bronce en cuanto a técnicas y figuras zoomorfas.
El movimiento del arte hecho en marfil, (ya sea por saqueos o por comercio) era muy común en asiria, ya que fue un material muy apreciado, sobre todo entre las altas capas sociales (los reyes no dudaban en aceptar las obras como tributos).
martes, 31 de enero de 2012
LIXUS
En la costa noroccidental de Marruecos, hay una loma que se adentra en el océano y el territorio donde se asienta la llamada al-´Arâ´is (jardín de las flores) desemboca del río Lucus…
Los restos arqueológicos de la ciudad de Lixus se hallan junto al río Lucus, sobre unas colinas situadas a unos 3,5 Km. al este de Larache. “Según la tradición, hacia el año 1.100 a.C., los fenicios fundan tres ciudades en Occidente: Gades (en la península ibérica, actual Cádiz), Utica (en Túnez) y Liks, Lixos o Likus, en la margen derecha del río Lucus y a unos cuatro kilómetros del mar, en una colina conocida actualmente en la zona con el topónimo de Shemmish. El yacimiento, en el que conviven vestigios fenicios, romanos, griegos y musulmanes, se extiende sobre una colina a las afueras de la ciudad costera de Larache (norte de Marruecos), cuyos habitantes se han levantado contra este proyecto. Solo se conoce una ínfima parte del yacimiento debido a unas obras de construcción.
En la parte del yacimiento que ya se ha sacado a la luz, la forma de la antigua ciudad se revela en vestigios medio ocultos por la maleza: cubas para la salazón de pescados, arcos de acueductos, plantas de viviendas o templos, caminos.
En cuanto a los descubrimientos, se encontraron inscripciones en lengua púnica, algunos edificios monumentales, ciertas tumbas y las fábricas de salazón comunes por todo el Mediterráneo. Varias fragmentos de cerámica fenicia de engobe rojo, un cazo de bronce de origen chipriota.
Las cerámicas, a mano y a torno (engobe rojo, cerámicas grises, claras, pintadas y ánforas de transporte), indican estrechas relaciones con el litoral andaluz ya que desde el puerto de Lixus salían hacia el Mediterráneo, además de alimentos, pieles de animales, madera de tuya, elefantes, para los ejércitos, marfil, plumas y huevos de avestruz, materias con las que la sociedad de cultura orientalizante fabricaba objetos de lujo como los que se encuentran habitualmente en las tumbas importantes. Hay vajilla de bronce de Chipre, exponente de un nivel económico destacado.
Como otros muchos centros fenicios de Occidente, Lixus experimentó una crisis a finales del siglo VI a.C. debido, en parte, a la reorganización del poblamiento colonial después de la caída de Tiro (Líbano) (538 a.C.), metrópolis de donde eran originarios sus fundadores.
Tras la primera época colonial y hasta el siglo IV a.C. tiene lugar una fase cultural que denominamos púnica (de phoeniké, fenicio en griego) para designar la continuidad de la tradición fenicia en Occidente, con datos arqueológicos todavía escasos en Lixus, pese a los vestigios aportados por las últimas actuaciones ; destacan algunas tumbas de la necrópolis de Raqqada, al noroeste de Lixus.
El púnico era la lengua oficial y como tal consta en las monedas de la ciudad, acuñadas en bronce, en cuyos reversos aparecen, entre otros motivos, racimos de uva, espigas y atunes, como exponente de los recursos del lugar, además del emblemático altar.
Los anversos con cabeza masculina tocada con un gorro cónico son los más comunes.
Algunas estelas epigráficas contienen, sin embargo, textos inscritos en púnico y en libio, que refuerzan la tesis de la pluralidad étnica propia de Lixus.
A esta ciudad fenicia, y más tarde romana, hacen mención las fuentes clásicas: el periplo de Scylax de Caria, del s.VI a.C., se refiere a ella como ciudad fenicia. En la “Historia Natural”, Plinio el Viejo, s.I d.C., sitúa en Lixus el Jardín de las Hespérides, con sus árboles cargados de manzanas de oro. Por otra parte, el Periplo de Hannón, s.V a.C., narra una expedición cartaginesa en la que las naves atravesaron el Mediterráneo de Este a Oeste, pasaron Gibraltar, siguieron la costa africana del actual Marruecos y penetraron en el golfo de Guinea. En él se hace referencia a los lixitas, habitantes de Lixus.
El geógrafo conocido como Pseudo-Scylax (s. VI a.C.) califica Lixos de ciudad fenicia y habla de otra ciudad autóctona en la orilla opuesta del río. El famoso explorador cartaginés Hannón (s. V o s. IV a.C.) señala en su Periplo que, habiendo encontrado lixitas nómadas con sus rebaños en las orillas del río Lixos, los tomó como intérpretes porque hablaban el púnico y la lengua local. Estrabón (final del s. I a.C.) dice que el comercio del litoral atlántico del norte de la antigua Mauritania estaba centralizado en Lixus. Pero el testimonio más importante y más detallado es el de Plinio el Viejo (murió en el 79 d.C.) quien alude a una isla en la desembocadura del río en la que había un altar o templo dedicado a Hércules -eqivalente al dios fenicio Melqart- supuestamente construido en el s. XII a.C., anterior, por tanto, al de Gadir (Cádiz). Con un cierto escepticismo relata después las leyendas de los Trabajos de Hércules contra el gigante Anteo, cuyo palacio sitúa en Lixus, así como la expedición del héroe al Jardín de las Hespérides para coger las manzanas de oro, vigiladas por un dragón que el antiguo naturalista romano ve reflejado en los meandros del río, previos a su desembocadura en el Océano.
Dice Plinio el Viejo en su descripción de Lixo en su Historia Natural, que el comienzo de la tierra se llama las Mauritanias, reinos hasta el emperador Gayo, el hijo de Germánico; por la crueldad de aquél fueron divididas en dos provincias. Los griegos dan el nombre de Ampelusia al cabo más lejano del Océano. Más allá de las Columnas de Hércules han desaparecido las poblaciones de Lisa y Cotas, ahora está Tánger, fundada en otro tiempo por Anteo; después el emperador Claudio, al hacerla colonia, la llamó Julia Traducía. Dista de Belo, población de la Bética, treinta mil pasos por la ruta más corta. A veinticinco mil pasos de ella en la costa del Océano está la colonia de Augusto Julia Constancia Zulil, separada del poder de los reyes y obligada a pasarse a la jurisdicción de la Bética. A treinta y dos mil pasos de ella está Lixo, convertida en colonia por el emperador Claudio. Los antiguos hablaron de ella con muchísimas leyendas: allí estaba el palacio de Anteo y tuvo lugar su lucha con Hércules, también estaban los Jardines de las Hespérides. Por lo demás, desde el mar se extiende un estuario con un curso muy sinuoso, que ahora se cree que eran las serpientes que estaban a modo de guardia. Encierra dentro de él una isla, que es la única que no inundan las mareas, a pesar de que el espacio circundante es un poco más elevado que ella. También queda allí un altar de Hércules, y, excepto unos acebuches, nada de aquél aurífero bosque del que hablaban.
Por supuesto que no se extrañarían tanto de las tremendas patrañas griegas publicadas acerca de estos lugares y del río Lixo quienes pensaran que nuestros autores, y no hace mucho, han transmitido algunas cosas no menos prodigiosas: que esta ciudad era muy poderosa e incluso mayor que Cartago Magna; que, además, estaba situada frente a ella y a una distancia casi inmensa de Tánger, y otras cosas que Cornelio Nepote se creyó enseguida.
A cuarenta mil pasos de Lixo en el interior está otra colonia de Augusto, Baba, llamada Julia Campestre…
Pero si la tradición literaria sitúa el nacimiento de Lixus en el siglo XII a.C., los hallazgos arqueológicos no permiten ir más allá del s.VIII a.C. Sabemos que, a partir del s. III a.C. Lixus conoce una prosperidad urbana importante, que se extiende a lo largo de varios siglos. En el 42 d.C., bajo el reinado del emperador Claudio, Lixus se convierte en ciudad romana, siendo la época en la que se construyen varios monumentos públicos y casas privadas ricamente decoradas. (del prólogo de “Larache a través de los textos”).
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