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martes, 31 de enero de 2012
LIXUS
En la costa noroccidental de Marruecos, hay una loma que se adentra en el océano y el territorio donde se asienta la llamada al-´Arâ´is (jardín de las flores) desemboca del río Lucus…
Los restos arqueológicos de la ciudad de Lixus se hallan junto al río Lucus, sobre unas colinas situadas a unos 3,5 Km. al este de Larache. “Según la tradición, hacia el año 1.100 a.C., los fenicios fundan tres ciudades en Occidente: Gades (en la península ibérica, actual Cádiz), Utica (en Túnez) y Liks, Lixos o Likus, en la margen derecha del río Lucus y a unos cuatro kilómetros del mar, en una colina conocida actualmente en la zona con el topónimo de Shemmish. El yacimiento, en el que conviven vestigios fenicios, romanos, griegos y musulmanes, se extiende sobre una colina a las afueras de la ciudad costera de Larache (norte de Marruecos), cuyos habitantes se han levantado contra este proyecto. Solo se conoce una ínfima parte del yacimiento debido a unas obras de construcción.
En la parte del yacimiento que ya se ha sacado a la luz, la forma de la antigua ciudad se revela en vestigios medio ocultos por la maleza: cubas para la salazón de pescados, arcos de acueductos, plantas de viviendas o templos, caminos.
En cuanto a los descubrimientos, se encontraron inscripciones en lengua púnica, algunos edificios monumentales, ciertas tumbas y las fábricas de salazón comunes por todo el Mediterráneo. Varias fragmentos de cerámica fenicia de engobe rojo, un cazo de bronce de origen chipriota.
Las cerámicas, a mano y a torno (engobe rojo, cerámicas grises, claras, pintadas y ánforas de transporte), indican estrechas relaciones con el litoral andaluz ya que desde el puerto de Lixus salían hacia el Mediterráneo, además de alimentos, pieles de animales, madera de tuya, elefantes, para los ejércitos, marfil, plumas y huevos de avestruz, materias con las que la sociedad de cultura orientalizante fabricaba objetos de lujo como los que se encuentran habitualmente en las tumbas importantes. Hay vajilla de bronce de Chipre, exponente de un nivel económico destacado.
Como otros muchos centros fenicios de Occidente, Lixus experimentó una crisis a finales del siglo VI a.C. debido, en parte, a la reorganización del poblamiento colonial después de la caída de Tiro (Líbano) (538 a.C.), metrópolis de donde eran originarios sus fundadores.
Tras la primera época colonial y hasta el siglo IV a.C. tiene lugar una fase cultural que denominamos púnica (de phoeniké, fenicio en griego) para designar la continuidad de la tradición fenicia en Occidente, con datos arqueológicos todavía escasos en Lixus, pese a los vestigios aportados por las últimas actuaciones ; destacan algunas tumbas de la necrópolis de Raqqada, al noroeste de Lixus.
El púnico era la lengua oficial y como tal consta en las monedas de la ciudad, acuñadas en bronce, en cuyos reversos aparecen, entre otros motivos, racimos de uva, espigas y atunes, como exponente de los recursos del lugar, además del emblemático altar.
Los anversos con cabeza masculina tocada con un gorro cónico son los más comunes.
Algunas estelas epigráficas contienen, sin embargo, textos inscritos en púnico y en libio, que refuerzan la tesis de la pluralidad étnica propia de Lixus.
A esta ciudad fenicia, y más tarde romana, hacen mención las fuentes clásicas: el periplo de Scylax de Caria, del s.VI a.C., se refiere a ella como ciudad fenicia. En la “Historia Natural”, Plinio el Viejo, s.I d.C., sitúa en Lixus el Jardín de las Hespérides, con sus árboles cargados de manzanas de oro. Por otra parte, el Periplo de Hannón, s.V a.C., narra una expedición cartaginesa en la que las naves atravesaron el Mediterráneo de Este a Oeste, pasaron Gibraltar, siguieron la costa africana del actual Marruecos y penetraron en el golfo de Guinea. En él se hace referencia a los lixitas, habitantes de Lixus.
El geógrafo conocido como Pseudo-Scylax (s. VI a.C.) califica Lixos de ciudad fenicia y habla de otra ciudad autóctona en la orilla opuesta del río. El famoso explorador cartaginés Hannón (s. V o s. IV a.C.) señala en su Periplo que, habiendo encontrado lixitas nómadas con sus rebaños en las orillas del río Lixos, los tomó como intérpretes porque hablaban el púnico y la lengua local. Estrabón (final del s. I a.C.) dice que el comercio del litoral atlántico del norte de la antigua Mauritania estaba centralizado en Lixus. Pero el testimonio más importante y más detallado es el de Plinio el Viejo (murió en el 79 d.C.) quien alude a una isla en la desembocadura del río en la que había un altar o templo dedicado a Hércules -eqivalente al dios fenicio Melqart- supuestamente construido en el s. XII a.C., anterior, por tanto, al de Gadir (Cádiz). Con un cierto escepticismo relata después las leyendas de los Trabajos de Hércules contra el gigante Anteo, cuyo palacio sitúa en Lixus, así como la expedición del héroe al Jardín de las Hespérides para coger las manzanas de oro, vigiladas por un dragón que el antiguo naturalista romano ve reflejado en los meandros del río, previos a su desembocadura en el Océano.
Dice Plinio el Viejo en su descripción de Lixo en su Historia Natural, que el comienzo de la tierra se llama las Mauritanias, reinos hasta el emperador Gayo, el hijo de Germánico; por la crueldad de aquél fueron divididas en dos provincias. Los griegos dan el nombre de Ampelusia al cabo más lejano del Océano. Más allá de las Columnas de Hércules han desaparecido las poblaciones de Lisa y Cotas, ahora está Tánger, fundada en otro tiempo por Anteo; después el emperador Claudio, al hacerla colonia, la llamó Julia Traducía. Dista de Belo, población de la Bética, treinta mil pasos por la ruta más corta. A veinticinco mil pasos de ella en la costa del Océano está la colonia de Augusto Julia Constancia Zulil, separada del poder de los reyes y obligada a pasarse a la jurisdicción de la Bética. A treinta y dos mil pasos de ella está Lixo, convertida en colonia por el emperador Claudio. Los antiguos hablaron de ella con muchísimas leyendas: allí estaba el palacio de Anteo y tuvo lugar su lucha con Hércules, también estaban los Jardines de las Hespérides. Por lo demás, desde el mar se extiende un estuario con un curso muy sinuoso, que ahora se cree que eran las serpientes que estaban a modo de guardia. Encierra dentro de él una isla, que es la única que no inundan las mareas, a pesar de que el espacio circundante es un poco más elevado que ella. También queda allí un altar de Hércules, y, excepto unos acebuches, nada de aquél aurífero bosque del que hablaban.
Por supuesto que no se extrañarían tanto de las tremendas patrañas griegas publicadas acerca de estos lugares y del río Lixo quienes pensaran que nuestros autores, y no hace mucho, han transmitido algunas cosas no menos prodigiosas: que esta ciudad era muy poderosa e incluso mayor que Cartago Magna; que, además, estaba situada frente a ella y a una distancia casi inmensa de Tánger, y otras cosas que Cornelio Nepote se creyó enseguida.
A cuarenta mil pasos de Lixo en el interior está otra colonia de Augusto, Baba, llamada Julia Campestre…
Pero si la tradición literaria sitúa el nacimiento de Lixus en el siglo XII a.C., los hallazgos arqueológicos no permiten ir más allá del s.VIII a.C. Sabemos que, a partir del s. III a.C. Lixus conoce una prosperidad urbana importante, que se extiende a lo largo de varios siglos. En el 42 d.C., bajo el reinado del emperador Claudio, Lixus se convierte en ciudad romana, siendo la época en la que se construyen varios monumentos públicos y casas privadas ricamente decoradas. (del prólogo de “Larache a través de los textos”).
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lunes, 26 de diciembre de 2011
EL IMPERIO ECONOMICO Y CULTURAL
A día de hoy, los expertos consideran que Fenicia fue
un primer ejemplo de “economía global” dirigida por imperios. El momento de
máximo esplendor de la cultura fenicia se sitúa entorno al 1.200 a.C. y 800
a.C.
La mayoría de los asentamientos fenicios más
importantes tuvo lugar durante todo este período: Biblos, Sidón, Tiro, Simyra,
Aradus y Beritus ya aparecen en las Tablillas de Amarna si bien los primeros
restos arqueológicos con elementos culturales claramente identificables con la
cultura fenicia, corresponden a fechas tan tempranas como el III milenio a.C.
Realmente, Fenicia no era una nación, sino una liga
de ciudades – estado, semejantes a las que encontraremos con posterioridad en
la Grecia Clásica. A principios de la Edad del Hierro, alrededor del año 1.200
a.C., la repentina y violenta aparición en la parte oriental del Mediterráneo
de los Pueblos del Mar, que desplazaron el centro de poder en la zona, dominada
por hititas y egipcios, permitieron el florecimiento de las ciudades fenicias,
convirtiéndose en potencias marineras.
Despunta muy pronto entre las demás, la ciudad de Biblos, que se vuelve el centro del dominio fenicio en el Mediterráneo. Ya alrededor del 1.000 a.C., Tiro y Sidón reclaman su parcela de poder, convirtiéndose ahora Tiro en la ciudad hegemónica, bajo el mando de Hiram I (969 – 936 a.C.). Es en este período del liderazgo de Tiro, en que se funda Cartago (en el año 814 a.C.) bajo el reinado de Pigmalión (820 – 774 a.C.).
Despunta muy pronto entre las demás, la ciudad de Biblos, que se vuelve el centro del dominio fenicio en el Mediterráneo. Ya alrededor del 1.000 a.C., Tiro y Sidón reclaman su parcela de poder, convirtiéndose ahora Tiro en la ciudad hegemónica, bajo el mando de Hiram I (969 – 936 a.C.). Es en este período del liderazgo de Tiro, en que se funda Cartago (en el año 814 a.C.) bajo el reinado de Pigmalión (820 – 774 a.C.).
Se creaba así la futura potencia que habría de
desafiar a Roma siglos después.
Las finanzas y el
comercio a nivel multinacional o en grandes proporciones ya se conocía desde la
Edad Antigua, eran pues los fenicios quienes se encargaron de él, es decir, de
transportar mercancías a alto nivel por todo el Mediterráneo tanto Oriental
como Occidental, superando beneficios, como si se tratase de mercancía valiosa
y manufacturada que llevaban a lo largo y ancho del Mar.
Para los fenicios, la mayor parte de su vida giraba en torno al
comercio y los mercadeos.
De hecho, los hallazgos arqueológicos muestran que su afán
comercial les condujo hasta los mas
remotos lugares del mundo antiguo; sus factorías, de salazones, de cerámica y
otros objetos, que comerciaban con los indígenas y con las gentes de las costas
repartidas a lo largo y ancho del Mediterráneo, dan buena prueba de ello.
repartidas a lo largo y ancho del Mediterráneo, dan buena prueba de ello.
Dada la importancia que tuvieron los fenicios durante la
Antigüedad, resulta verdaderamente curioso que hasta mediados del siglo pasado apenas se supiera nada de ellos. Hasta el momento, la historiografía contaba tan solo con vagas noticias de su existencia, citas de Homero en la Iliada y la Odisea, menciones de pioneros de la historia como Herodoto y Plinio, y
sobre todo, pasajes de la Biblia. El descubrimiento casual del sarcófago de Eshmunazar, rey de Sidon, en el año 1856, fue el detonante que desencadeno una autentica fiebre arqueológica por desenterrar del olvido a este pueblo.
Antigüedad, resulta verdaderamente curioso que hasta mediados del siglo pasado apenas se supiera nada de ellos. Hasta el momento, la historiografía contaba tan solo con vagas noticias de su existencia, citas de Homero en la Iliada y la Odisea, menciones de pioneros de la historia como Herodoto y Plinio, y
sobre todo, pasajes de la Biblia. El descubrimiento casual del sarcófago de Eshmunazar, rey de Sidon, en el año 1856, fue el detonante que desencadeno una autentica fiebre arqueológica por desenterrar del olvido a este pueblo.
Por citar un
ejemplo próximo de las continuas sorpresas que todavía pueden depararnos, basta con citar el hallazgo, el
26 de septiembre de 1980, de un valioso
sarcófago en pleno centro de Cádiz, ciudad que cuenta con mas de 3000 años de historia y cuya fundación se debe,
precisamente a los fenicios.
Para encontrar el lugar de procedencia de este pueblo ancestral
debemos viajar hasta una estrecha franja del litoral Mediterráneo que antiguamente se llamaba Canaan. Fue en el norte de esta tierra, en el actual Líbano, y la costa de Siria, donde una serie de tribus, que hablaban lenguas semíticas, decidieron establecerse en pequeñas aldeas de pescadores junto a la costa.
Para encontrar el lugar de procedencia de este pueblo ancestral
debemos viajar hasta una estrecha franja del litoral Mediterráneo que antiguamente se llamaba Canaan. Fue en el norte de esta tierra, en el actual Líbano, y la costa de Siria, donde una serie de tribus, que hablaban lenguas semíticas, decidieron establecerse en pequeñas aldeas de pescadores junto a la costa.
Con el tiempo, esos pequeños establecimientos acabarian
convirtiéndose en autenticas ciudades.
Ugarit, Biblos y Sidon fueron algunas de las primeras, y su origen puede
situarse a finales del quinto milenio antes de Cristo.
La historia de Fenicia se
encuentra indisolublemente unida a estas urbes, a las que debemos añadir Tiro, que surgió algo mas tarde.
Ninguna de estas ciudades podía comunicarse fácilmente por
tierra con otras, ya que la geografía resultaba demasiado accidentada, por lo que cada una de ellas fue constituyéndose en un estado autónomo que velaba por sus propios intereses, centrados especialmente en la buena marcha de los
negocios. Tal vez este hecho explique su peculiar organizacion de gobierno.
El sistema político de las ciudades fenicias funcionaba como la plantilla de una gran empresa. Al frente de la misma se hallaba un monarca, cuya misión principal consistía en defender los intereses de su ciudad frente a los otros estados, e incluso frente a las grandes potencias de la época como Egipto, Babilonia o Asiria. Buena parte de la prosperidad alcanzada por los fenicios
se debió a sus reyes, que sabiamente supieron pactar con los vecinos en los momentos oportunos y rendir vasallaje y pagar tributos a las grandes potencias, cuando las circunstancias lo requerían. Un rasgo característico de la política de estos príncipes fue su tolerancia a los extranjeros, a los que se les permitía asentarse en la ciudad y montar sus propios negocios. La medida resultaba de lo mas conveniente, pues en algún caso los extranjeros podían intervenir frente a los grandes imperios para que no ejercieran presión sobre las urbes donde ellos habitaban.
El rey no solo se hallaba a la cabeza del gobierno, sino que
también era el principal comprador y vendedor del Estado. A través de los textos bíblicos podemos hallar un buen ejemplo en Hiram, monarca de Tiro, que proporciono al rey David los operarios para construir su palacio. Años después, cuando reinaba Salomon en Israel, el mismo Hiram le facilitó los arquitectos y la mano de obra que hicieron posible la edificación del templo de Jerusalem. La autoridad real se transmitía de padres a hijos. Ahora bien, por si el derecho dinástico no bastara, los reyes asentaban su poder en la religión, e incluso se da el caso de que en muchas inscripciones la función sacerdotal (cuyas atribuciones consistían en levantar templos a los dioses y presidir las grandes ceremonias) se antepone a la monárquica. En el ejercicio del poder, el rey se hallaba respaldado por un funcionario civil, con el titulo de gobernador, y otro militar al que se denominaba comandante de campo.
Ninguna de estas ciudades podía comunicarse fácilmente por
tierra con otras, ya que la geografía resultaba demasiado accidentada, por lo que cada una de ellas fue constituyéndose en un estado autónomo que velaba por sus propios intereses, centrados especialmente en la buena marcha de los
negocios. Tal vez este hecho explique su peculiar organizacion de gobierno.
El sistema político de las ciudades fenicias funcionaba como la plantilla de una gran empresa. Al frente de la misma se hallaba un monarca, cuya misión principal consistía en defender los intereses de su ciudad frente a los otros estados, e incluso frente a las grandes potencias de la época como Egipto, Babilonia o Asiria. Buena parte de la prosperidad alcanzada por los fenicios
se debió a sus reyes, que sabiamente supieron pactar con los vecinos en los momentos oportunos y rendir vasallaje y pagar tributos a las grandes potencias, cuando las circunstancias lo requerían. Un rasgo característico de la política de estos príncipes fue su tolerancia a los extranjeros, a los que se les permitía asentarse en la ciudad y montar sus propios negocios. La medida resultaba de lo mas conveniente, pues en algún caso los extranjeros podían intervenir frente a los grandes imperios para que no ejercieran presión sobre las urbes donde ellos habitaban.
El rey no solo se hallaba a la cabeza del gobierno, sino que
también era el principal comprador y vendedor del Estado. A través de los textos bíblicos podemos hallar un buen ejemplo en Hiram, monarca de Tiro, que proporciono al rey David los operarios para construir su palacio. Años después, cuando reinaba Salomon en Israel, el mismo Hiram le facilitó los arquitectos y la mano de obra que hicieron posible la edificación del templo de Jerusalem. La autoridad real se transmitía de padres a hijos. Ahora bien, por si el derecho dinástico no bastara, los reyes asentaban su poder en la religión, e incluso se da el caso de que en muchas inscripciones la función sacerdotal (cuyas atribuciones consistían en levantar templos a los dioses y presidir las grandes ceremonias) se antepone a la monárquica. En el ejercicio del poder, el rey se hallaba respaldado por un funcionario civil, con el titulo de gobernador, y otro militar al que se denominaba comandante de campo.
Tal vez estos dos personajes
constituyeran las máximas autoridades de la ciudad, pero no conviene olvidar
que, para los fenicios, la actividad mercantil constituía el eje de toda la
sociedad, y en el gobierno no podían faltar los representantes de las familias
mas acreditadas para defender sus intereses comerciales. Formaban un consejero
que asistía al rey en sus deliberaciones, con lo que se establecía así una
especie de compromiso
político entre la monarquía y una oligarquía de ciudadanos adinerados.
Este poderoso estrato social contaba con cuantiosos recursos
para constituir flotas, costear expediciones comerciales e incluso formar sociedades aseguradoras que cubriesen los riesgos que podían acechar a las naves en la mar, y que abarcaban desde los piratas hasta las tormentas.
político entre la monarquía y una oligarquía de ciudadanos adinerados.
Este poderoso estrato social contaba con cuantiosos recursos
para constituir flotas, costear expediciones comerciales e incluso formar sociedades aseguradoras que cubriesen los riesgos que podían acechar a las naves en la mar, y que abarcaban desde los piratas hasta las tormentas.
Ahora bien, quien no se
arriesga no obtiene beneficios, y para los fenicios resultaba totalmente
necesario efectuar viajes a ultramar para conseguir las materias primas y las
mercancías que traficaban.
De su buena fama como navegantes y navieros nos hablan ya las fuentes egipcias en una fecha tan temprana como el año 2600 AC, en el que el faraón Sakhure compró a los fenicios, entre otras cosas, un lote de 40 barcos construidos con la tan preciada madera de cedro de Libano.
De su buena fama como navegantes y navieros nos hablan ya las fuentes egipcias en una fecha tan temprana como el año 2600 AC, en el que el faraón Sakhure compró a los fenicios, entre otras cosas, un lote de 40 barcos construidos con la tan preciada madera de cedro de Libano.
En aquella época, la ciudad
fenicia mas prospera era Ugarit, que no solo mantenía relaciones con Egipto,
sino también con la potencia naval indiscutible del momento: Creta.
Pero el mapa político, dominado
por los imperios hitita y egipcio, sufrió un tremendo cambio en el siglo XII
AC: la invasión de una misteriosa horda, a las que se ha denominado Pueblos del
Mar, provoco el retraimiento de Egipto y el derrumbamiento del imperio hitita.
En cuanto al ámbito del Egeo, los micénicos, y después los aqueos, habían
tomado el relevo a la brillante cultura de los cretenses.
Tampoco Ugarit salió muy bien
librada del maremagnum, pero Tiro, que se hallaba emplazada en una isla, pudo resistir con éxito las invasiones.
Y liberada del yugo de los grandes imperios, inicio una verdadera aventura comercial y marítima a gran escala. Las sucursales de esta ciudad fenicia abarcaron todo el Mediterráneo y alcanzaron incluso el extremo mas occidental, mediante la fundación de Gadir (Cádiz), hacia el año 1100 AC. Con el tiempo Gadir pasaría a convertirse en la colonia mas importante de la zona, pues no en vano su ámbito de influencia económica alcanzaba no solo la franja
comprendida entre Oran e Ibiza, sino también el litoral atlántico de
Marruecos.
Los orígenes de Cádiz se debieron a motivos meramente
comerciales, en sus alrededores se podía obtener fácilmente la plata, mineral del que existía una fuerte demanda en los imperios de Oriente, sobre todo en Asiria. Lo mismo podríamos decir de las innovaciones técnicas de los fenicios en el arte de la navegación. Cualquier invento que facilitase una mayor carga de mercancías, mas rapidez en su transporte, o protección frente al enemigo era aplicada inmediatamente a los navíos. Las embarcaciones fenicias comerciales resultaban claramente identificables por la forma ancha y redonda del casco, estructura que permitía cargar gran cantidad de productos, pero que afeaba su aspecto. No en vano los griegos las llamaban gaulos (bañera).
Y liberada del yugo de los grandes imperios, inicio una verdadera aventura comercial y marítima a gran escala. Las sucursales de esta ciudad fenicia abarcaron todo el Mediterráneo y alcanzaron incluso el extremo mas occidental, mediante la fundación de Gadir (Cádiz), hacia el año 1100 AC. Con el tiempo Gadir pasaría a convertirse en la colonia mas importante de la zona, pues no en vano su ámbito de influencia económica alcanzaba no solo la franja
comprendida entre Oran e Ibiza, sino también el litoral atlántico de
Marruecos.
Los orígenes de Cádiz se debieron a motivos meramente
comerciales, en sus alrededores se podía obtener fácilmente la plata, mineral del que existía una fuerte demanda en los imperios de Oriente, sobre todo en Asiria. Lo mismo podríamos decir de las innovaciones técnicas de los fenicios en el arte de la navegación. Cualquier invento que facilitase una mayor carga de mercancías, mas rapidez en su transporte, o protección frente al enemigo era aplicada inmediatamente a los navíos. Las embarcaciones fenicias comerciales resultaban claramente identificables por la forma ancha y redonda del casco, estructura que permitía cargar gran cantidad de productos, pero que afeaba su aspecto. No en vano los griegos las llamaban gaulos (bañera).
Alrededor del año 800 AC los
barcos de guerra fueron dotados de
una invención terrible: el espolón. No sabemos con seguridad si tal innovación se debió a los fenicios. Lo que si sabemos es que fueron los inventores del navío mas temible de la antigüedad: el trirreme. Como bien es sabido, cuando el viento no sopla con la fuerza precisa, el velamen se convierte en un elemento inútil para la navegación. Ahora bien, la velocidad y la maniobrabilidad mediante los remos resulta notablemente menor a la que proporciona el viento: la solución consiste en construir barcos mas largos, para albergar mayor numero de remeros. Pero con ello se pierde maniobrabilidad. Si se superponen 2 filas de remos, ya no es necesario alargar la nave. El birreme era una embarcación que venia empleándose desde tiempos antiguos, y los fenicios lo mejoraron añadiéndole una fila mas de remeros. El invento se produjo en los astilleros de Cartago en el siglo IV AC. Esta
ciudad tuvo su origen como colonia fenicia y, según una leyenda, fue fundada alrededor el año 814 AC por Dido, hermana de Pigmalion, rey de Tiro. Existe otra leyenda cuyo protagonista, venerado como un dios, se llama tambien Pigmalion. Este era rey de una colonia fenicia de Chipre, y su historia
ilustra a la perfección la fama que alcanzaron los fenicios como creadores de productos artesanales: Pigmalion era un ser traumatizado por la idea de que en toda mujer anidaba la maldad, así que decidió no tener contacto con ninguna.
una invención terrible: el espolón. No sabemos con seguridad si tal innovación se debió a los fenicios. Lo que si sabemos es que fueron los inventores del navío mas temible de la antigüedad: el trirreme. Como bien es sabido, cuando el viento no sopla con la fuerza precisa, el velamen se convierte en un elemento inútil para la navegación. Ahora bien, la velocidad y la maniobrabilidad mediante los remos resulta notablemente menor a la que proporciona el viento: la solución consiste en construir barcos mas largos, para albergar mayor numero de remeros. Pero con ello se pierde maniobrabilidad. Si se superponen 2 filas de remos, ya no es necesario alargar la nave. El birreme era una embarcación que venia empleándose desde tiempos antiguos, y los fenicios lo mejoraron añadiéndole una fila mas de remeros. El invento se produjo en los astilleros de Cartago en el siglo IV AC. Esta
ciudad tuvo su origen como colonia fenicia y, según una leyenda, fue fundada alrededor el año 814 AC por Dido, hermana de Pigmalion, rey de Tiro. Existe otra leyenda cuyo protagonista, venerado como un dios, se llama tambien Pigmalion. Este era rey de una colonia fenicia de Chipre, y su historia
ilustra a la perfección la fama que alcanzaron los fenicios como creadores de productos artesanales: Pigmalion era un ser traumatizado por la idea de que en toda mujer anidaba la maldad, así que decidió no tener contacto con ninguna.
No obstante, su misoginia no le impedía albergar el instinto
natural de tener a su lado una compañera, por lo que construyo con sus propias
manos una perfecta figura femenina de marfil, material que los antiguos
consideraban como el mas próximo a la carne humana. Y resulto que se enamoro
locamente de la estatua. Desesperado por el deseo, pidió a los dioses que le
dieran una
mujer semejante a la que el había fabricado, y estos accedieron: la estatua cobro vida y de la unión nació una niña.
mujer semejante a la que el había fabricado, y estos accedieron: la estatua cobro vida y de la unión nació una niña.
Verdaderamente, el mito de
Pigmalion halla un justo eco en las
talla de marfil desenterradas por la arqueología: los mangos de espejos y abanicos, las estatuillas y las placas, con su variedad de formas, constituyen la clara muestra de una habilidad artesanal exquisita. El mismo Salomon hubo de recurrir a los artistas fenicios para que le construyeran el Arca de Alianza.
talla de marfil desenterradas por la arqueología: los mangos de espejos y abanicos, las estatuillas y las placas, con su variedad de formas, constituyen la clara muestra de una habilidad artesanal exquisita. El mismo Salomon hubo de recurrir a los artistas fenicios para que le construyeran el Arca de Alianza.
La artesanía fenicia alcanzo
también altas cotas en la joyería, terreno en el que se perfeccionaron en tal
grado que consiguieron lo
inimaginable con la fabricación de esterillas cuyo diámetro tan solo media una décima de milímetro. Asimismo, resultan sorprendentes sus finos trabajos en vidrio. No obstante, y a pesar de la brillantez de sus obras artesanales, se hace patente cierta falta de originalidad. Para ser mas precisos, se podría decir que cuando en el espectro político domina Egipto, el arte de los fenicios copia a
los egipcios, el arte de los fenicios copia a los griegos cuando la dominación procede de los griegos. A fin de cuentas, no conviene olvidar que estos productos constituían sobre todo mercancías de lujo cuya finalidad era la venta. Y al igual que sucede hoy en día, si en el mercado aparecía una moda determinada, el negocio consistía en ofrecer lo que el publico quería, especialmente en lo tocante a productos de lujo. De todas formas, si existía una mercancía totalmente fenicia: se trataba de la púrpura, tan apreciada por las gentes de la Antigüedad, hecha con tejidos teñidos con el jugo del murex, un molusco que habitaba en las costas del Libano.
inimaginable con la fabricación de esterillas cuyo diámetro tan solo media una décima de milímetro. Asimismo, resultan sorprendentes sus finos trabajos en vidrio. No obstante, y a pesar de la brillantez de sus obras artesanales, se hace patente cierta falta de originalidad. Para ser mas precisos, se podría decir que cuando en el espectro político domina Egipto, el arte de los fenicios copia a
los egipcios, el arte de los fenicios copia a los griegos cuando la dominación procede de los griegos. A fin de cuentas, no conviene olvidar que estos productos constituían sobre todo mercancías de lujo cuya finalidad era la venta. Y al igual que sucede hoy en día, si en el mercado aparecía una moda determinada, el negocio consistía en ofrecer lo que el publico quería, especialmente en lo tocante a productos de lujo. De todas formas, si existía una mercancía totalmente fenicia: se trataba de la púrpura, tan apreciada por las gentes de la Antigüedad, hecha con tejidos teñidos con el jugo del murex, un molusco que habitaba en las costas del Libano.
Desde luego, el mercado
internacional no demandaba únicamente
productos suntuosos. La oferta de los fenicios abarcaba prácticamente todo.
productos suntuosos. La oferta de los fenicios abarcaba prácticamente todo.
A la plata que solicitaban los
imperios de oriente, y que ya hemos mencionado, debemos añadir cereales, vinos,
aceites, etc. El método utilizado por estos avispados comerciantes podría
definirse hoy como el arte de la astucia. El sistema de trueque, que se
empleaba desde tiempos inmemoriales, solo comenzó a
decaer a partir de que Giges, rey de Lidia entre los años 680-652 acuño monedas por primera vez en la historia.
decaer a partir de que Giges, rey de Lidia entre los años 680-652 acuño monedas por primera vez en la historia.
Los fenicios no gozaron
precisamente de muy buena fama como
comerciantes honrados y escrupulosos. Si bien al principio no traficaban esclavos, llego un momento en el que los confiados nativos aprendieron cuan peligroso resultaba dejar que sus hijos o hijas se aventuraran a subir a sus naves. Ni el osado Ulises quiso aceptar el ofrecimiento de unos marinos fenicios de llevarlo a su isla Itaca. Y es que conocía muy bien la triste historia de su porquero Eumeo, que había sido príncipe hasta que, siendo todavía un niño, se atrevió a visitar el navío de tan pérfidos mercaderes y fue raptado y vendido como esclavo.
comerciantes honrados y escrupulosos. Si bien al principio no traficaban esclavos, llego un momento en el que los confiados nativos aprendieron cuan peligroso resultaba dejar que sus hijos o hijas se aventuraran a subir a sus naves. Ni el osado Ulises quiso aceptar el ofrecimiento de unos marinos fenicios de llevarlo a su isla Itaca. Y es que conocía muy bien la triste historia de su porquero Eumeo, que había sido príncipe hasta que, siendo todavía un niño, se atrevió a visitar el navío de tan pérfidos mercaderes y fue raptado y vendido como esclavo.
Así pues, cualquier cosa de la que
se pudiera extraer un
beneficio y fuera transportable, constituía materia negociable.
beneficio y fuera transportable, constituía materia negociable.
El afán comercial de los fenicios
era la obsesión de sus vidas, y de esta obsesión enfermiza nació el mayor logro
que este pueblo ha legado a la humanidad. Nos estamos refiriendo al alfabeto.
Los sumerios habían inventado la escritura alrededor del año 3100 AC, y sus
artífices fueron los sacerdotes del templo de
la ciudad de Uruk. Este templo, consagrado a la diosa Eana, era también una especie de almacén donde entraban y salían toda clase de productos. Como los sacerdotes debían llevar una estricta contabilidad y eran tantas las mercancías en movimiento, la memoria les faltaba a menudo, asi que se les ocurrió la genial idea de anotar sobre barro una serie de signos para identificar el numero y el nombre de los productos. Naturalmente, los signos resultaban tan innumerables que era preciso casi una vida entera para comprender su significado. Pero a pesar de los inconvenientes, el invento se extendió a otros países. El escriba se convirtió en una figura tan imprescindible como emblemática.
la ciudad de Uruk. Este templo, consagrado a la diosa Eana, era también una especie de almacén donde entraban y salían toda clase de productos. Como los sacerdotes debían llevar una estricta contabilidad y eran tantas las mercancías en movimiento, la memoria les faltaba a menudo, asi que se les ocurrió la genial idea de anotar sobre barro una serie de signos para identificar el numero y el nombre de los productos. Naturalmente, los signos resultaban tan innumerables que era preciso casi una vida entera para comprender su significado. Pero a pesar de los inconvenientes, el invento se extendió a otros países. El escriba se convirtió en una figura tan imprescindible como emblemática.
Las cosas siguieron así durante
largo tiempo, hasta que los
fenicios entablaron contacto con todos los países que habían adoptado la escritura. En muchas ocasiones las transacciones eran de poca monta, pero debían anotarse con exactitud. Debido a este tipo de comercio al detall, el mercader fenicio tuvo que ingeniárselas como pudo, prescindiendo de los servicios del escriba. Y se dio cuenta de que en todos los lugares, en todos los idiomas se repetían una serie de sonidos que muy bien podían convertirse
en otros tantos signos identificables. De esta forma, y para facilitar no solo la rapidez de las transacciones, sino también la inteligibilidad inmediata de una lengua extranjera, los fenicios redujeron los sonidos de todas las lenguas al asombroso y reducido numero de 30 signos. De esta forma surgió el alfabeto.
fenicios entablaron contacto con todos los países que habían adoptado la escritura. En muchas ocasiones las transacciones eran de poca monta, pero debían anotarse con exactitud. Debido a este tipo de comercio al detall, el mercader fenicio tuvo que ingeniárselas como pudo, prescindiendo de los servicios del escriba. Y se dio cuenta de que en todos los lugares, en todos los idiomas se repetían una serie de sonidos que muy bien podían convertirse
en otros tantos signos identificables. De esta forma, y para facilitar no solo la rapidez de las transacciones, sino también la inteligibilidad inmediata de una lengua extranjera, los fenicios redujeron los sonidos de todas las lenguas al asombroso y reducido numero de 30 signos. De esta forma surgió el alfabeto.
Desde luego, y hasta el año 332 AC, en el que
iniciaron su decadencia tras las conquistas de Alejandro Magno; decadencia que culminaría
cuando Fenicia entro a formar parte del ámbito romano; podríamos afirmar que
los fenicios sobrepasaron con creces las limitaciones de su tiempo, gracias a
su ingenio y habilidad para los negocios. Sin embargo, vivieron de lleno la epoca
que les toco en suerte, y una mancha negra pesara sobre su cultura.
A pesar de todos sus adelantos y refinamientos no consiguieron superar las imposiciones de su religión primitiva y cruel.
Estos inventores del alfabeto, estos pioneros del comercio, estos navegantes intrépidos que tal vez alcanzaron las costas de América, creían firmemente que las fuerzas de la naturaleza se debían a la lucha de los dioses cada cierto periodo anual, y para que el ritmo natural de las estaciones no se detuviera.
A pesar de todos sus adelantos y refinamientos no consiguieron superar las imposiciones de su religión primitiva y cruel.
Estos inventores del alfabeto, estos pioneros del comercio, estos navegantes intrépidos que tal vez alcanzaron las costas de América, creían firmemente que las fuerzas de la naturaleza se debían a la lucha de los dioses cada cierto periodo anual, y para que el ritmo natural de las estaciones no se detuviera.
domingo, 18 de diciembre de 2011
EL CERRO DEL PEÑON
Ya desde sus primeras fases de ocupación, a principios
del siglo VIII aC, y durante toda su frecuentación, la obtención de metales fue
uno de los intereses primarios de los fenicios que fundaron este enclave.
Las características tecnológicas de la
obtención de metales en el Primera Edad del Hierro son todavía en
gran medida desconocidas. En particular, los estudios en el área peninsular
bajo los influjos orientalizantes fenicios se han polarizado en la metalurgia
de la plata del suroeste, sin que hasta el presente se hayan podido resolver la
mayoría de las incógnitas planteadas.
Este
yacimiento fenicio llamado Cerro
del Peñón, se encuentra en una elevación del terreno en la margen derecha del
río Vélez, se caracteriza por su piedra arenisca, explotada desde antiguo como
cantera.
Con el registro de datos actualmente
disponible sobre la metalurgia del Cerro del Peñón
se puede afirmar que toda la ocupación del
sitio ha estado caracterizada de especial manera por una economía orientada a
la producción y comercio de metal. El estudio científico de estos materiales
proporcionará en su momento información sobre el nivel tecnológico alcanzado
por los fenicios en esta época.
En el Cerro del Peñón se plantea tanto su cronología, como
también cual sería su función, ya que aquí se encontraron una serie de restos
de alabastrones y de thimiaterion o
“quemaperfumes” de bronce, siendo estos elementos algo típico del ajuar usado
dentro del mundo funerario fenicio. Por esta razón, quizás pudo ser la, o al menos,
una de las necrópolis de Toscanos. Entre lo hallado también hay una serie de
piezas cerámicas griegas de importación, como ánforas áticas tipo Sos o ánforas
de la isla de Chíos. También se halló un alabastrón corintio antiguo y varios
fragmentos de “bucchero sottile”
etrusco.
En su cima se halla un asentamiento de entre los siglos VII
y VI a.C. que, tras ser abandonado, volvió a estar habitado en época medieval
(siglos X y XI). Los investigadores consideran este yacimiento como una zona de
expansión de Toscanos, con dos áreas bien diferenciadas en su primera época:
una de hábitat y otra industrial. En esta última se ha localizado una serie de
hornos de fundición de metales. Dista unos 800 metros de la actual línea de
costa, aunque en época fenicia el mar bañaría casi toda su base.
Estos
objetos podrían pertenecer a la primera necrópolis de Toscanos, que aun hoy día
no ha sido descubierta. La necrópolis fenicia arcaica de Toscanos no se puede
colocar cronológicamente antes del siglo VII a.C. (y por tanto no hay ninguna
tumba del siglo VIII a.C.), estando localizada en la zona de Cerro del Mar. De
esta forma, y basándose en una tesis antigua, que hoy día esta siendo retomada
por los especialistas, quizás en Cerro del Peñón pudo darse un santuario, que
se manifestaría en la existencia allí del thimiaterion,
y quizás aquí pudo estar la necrópolis primigenia.
Junto a esto, en la falda de Cerro del Peñón se
localizaron restos importantes de unas instalaciones metalúrgicas que pudieron
ser usadas para la obtención del hierro. Se sabe por tanto que en el estrato IV
de Toscanos hay un barrio “industrial” cuyo objetivo sería la obtención de
manufacturas de cobre y de hierro, para uso local. Aquí se vería, por tanto, la
existencia de un grupo de especialistas para obtener estas manufacturas, y por
tanto de una sociedad con cierta organización social y separación profesional.
Hay hornos de
pequeño tamaño, de no más de 50 cm. de diámetro, que poco tienen que ver con el
modelo propuesto por Keesmann y Niemeyer para los restos encontrados en el
mencionado Cerro del Peñón, a partir de los cuales reconstruyeron un horno de
cuerpo tronco-cónico de unos dos metros de base circular y algo menos de
altura, con boca de salida de escorias.
Se encuentran
también escorias pobres en sílice y arrastran mucho hierro sin reducir que se
pierde en la escoria en un taller
fenicio que se fecha en el siglo VII . Las temperaturas teóricas de
fluidificación son similares a las de las escorias de La Fonteta. Con esas
exigencias térmicas es imposible obtener una escoria fluida que pueda ser
evacuada sangrando el horno.
Thymiaterion es el nombre que
recibe un tipo de quemaperfumes utilizado en la antigüedad. Éste del Cerro del
Peñón tiene un quemador decorado con 45 gallones o gajos irradiados desde el
centro hasta formar en el borde unas especies de ovas, siendo lisa la parte
superior del borde y ligeramente vuelta hacia el exterior. Bajo esta pieza se
acopla un adorno en forma de flor de 8 pétalos invertidos. El pie es cónico,
hueco en la parte inferior, mientras en la superior se dispone en forma de eje
para poder engarzar en los correspondientes orificios abiertos en el centro de
la flor y el quemador. Esta pieza fue hallada en el Cerro del Peñón, en las
proximidades del río Vélez, un yacimiento próximo al poblado fenicio de
Toscanos, en el que también se han encontrado restos de una instalación
metalúrgica. Probablemente, Chipre era el lugar de mayor producción de
quemaperfumes, donde se han hallado más ejemplares, pero parece que en la Península
Ibérica existían también lugares donde se fabricaban, tanto para abastecer la
demanda local como la del Mediterráneo occidental. La clase alta fenicia se
distinguía ciertos actos rituales y por la categoría de los utensilios que
empleaba; una de estas ceremonias era la quema de perfumes en acontecimientos
religiosos, por lo que existiría una gran demanda de estos objetos de lujo.
Conocemos algunas piezas parecidas a ésta, como el thymiaterion Clerq de París,
cuya base y adorno floral son similares, o el de Villagarcía de la Torre
(Badajoz), que tiene un quemador parecido.
La presencia de estos ejemplares de indudable origen
chipriota en nuestra Península constituyen un nuevo dato de importancia para el
conocimiento del modo orientalizante en la Península Ibérica. Por una parte se
añaden a las escasas importaciones chipriotas seguras conocidas hasta ahora en
la Península, confirmando así el importante papel que esta isla debió ejercer
en el proceso de aculturación de la Península en el periodo orientalizante, y
que conocemos sobre todo más por influjos indirectos que por importaciones
seguras, tal vez por el papel de intermediario que debió representar en estos
primeros contactos coloniales.
Por otra parte, estos thymiateria son una notable aportación
a la serie de elementos orientalizantes de la Península que en estos últimos
años se viene sistematizando, especialmente al conjunto de bronces entre los cuales vienen a ocupar,
junto con el thymiaterion del Cerro del Peñón, un lugar destacado. La existencia
entré dichos bronces de estos seguros elementos importados permitirá lograr
mayores y más seguras precisiones sobre el origen de algunos otros bronces
orientalizantes considerados tartésicos.
La presencia de estas importaciones seguras, el muy puro sabor
chipriota de algunos bronces, especialmente ciertos jarros, pateras y
«braseros», y el papel jugado por ciertos centros de importancia, como debió
ser Cádiz, creemos que exigirán una revisión de ideas simples mantenidas hasta
ahora, y en todo caso obligan a mantener cierta prudencia a la hora de
determinar los centros de fabricación de todas estas piezas.
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