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martes, 7 de enero de 2014

El torrelló del Boverot



 Este poblado, situado en las terrazas superiores del río Mijares, es muy pequeño en extensión, no obstante, eso resulta interesantísimo desde el punto de vista de los materiales, piezas excepcionales tanto por sus formas como por sus decoraciones. 
El asentamiento del Torrelló se asienta en la parte oeste del término municipal, de Almassora junto al río Millars ( Mijares) y lindando con el término municipal de Onda.
En él se ha documentado mediante varias excavaciones arqueológicas unos restos del poblado de la época del Bronce, datados hacia el año 1000 a.C. A ellos se superponen diversas clases de estructuras urbanas, que dan pie a distintos momentos de la ocupación, quizás los más visibles son la calle ibérica con sus viviendas adosadas, datada alrededor del 160-140 a.C.
Otras estructuras importantes son las distintas murallas, un total de más de 70 metros longitudinales, que protegían la aldea de las constantes invasiones.
Una de las fases que más conocemos es la que se produce alrededor de las siglos VIII - VII a.C., donde se construyen unas viviendas elipsoidales en las cuales aparecen unas cerámicas realizadas a mano y de colores negruzcos.
Posteriormente, hay un cambio en el sentido orientativo de las casas, realizándose ahora de norte a sur, y con unos muros completamente rectilíneos, apareciendo por primera vez las vasijas levantadas con el torno de alfarero, lo que supone un cambio considerable en la economía.
Como en todos los poblados ibero-fenicios es de suponer que aquí se encontrase un taller local de alfareros indígenas que fabricaban ánforas de imitación fenicia además de  diferente cerámica ibérica.
Aunque también es posible que toda la cerámica hallada fuese de importación de Andalucía.
En este periodo cuando se documentan por primera vez algunas semillas de uva.
La importancia de este poblado radica en su situación estratégica de control de las rutas de comercio hacia el interior, en su condición fronteriza y en los numerosos restos de un importante comercio con los fenicios que lo convierten en un centro distribuidor de mercancías fenicias hacia el interior.
Por tanto vemos que aquí es notoria la influencia de los colonizadores semitas del Mediterráneo, es decir, se ve claramente la influencia de carácter fenicio en este poblado, que formaría parte del Hinterland de Vinarragell.
 Posteriormente y ya en la última fase de la ocupación del poblado, al final del momento Ibérico, siglo II a.C., encontramos diversas viviendas que se alinean entorno a una calle central de un metro de anchura, donde se han encontrado unas escaleras con cuatro peldaños.
En el interior de una de estas casas y situado debajo del suelo de una chimenea, se obtuvieron los restos de un niño recién nacido, que posiblemente murió en el parto. Encontrar niños enterrados en las casas es bastante normal, esto suponía creer en una inmediata fecundidad. Respecto a los restos de contenidos en algunas piezas cerámicas se han documentado miel con restos de higos o miel con frutos carnosos, además de la existencia también en ánforas de cebada fermentada o cerveza. En cuanto al estudio de los huesos, se han detectado gallos, ovejas, cabras, conejos, caballos, cerdos, es decir animales domésticos principalmente, aunque también se han encontrado huesos de ciervo.
      En la última fase de la ocupación del poblado, al final del momento Ibérico, siglo II a. C., se hallan diversas viviendas que se alinean en torno a una calle central de un metro de anchura, donde se han encontrado unas escaleras con cuatro peldaños.
    Los huesos de animal, ovicáprido, se dan en la modalidad de quemados con lo que podía pensarse también en una ofrenda alimenticia procedente de un sacrificio ritual que acompañase al difunto en el viaje a ultratumba.
  Los animales consumidos eran sacrificados a una edad superior a los 40 meses, según nos indica el desgaste de los dientes de las mandíbulas.
  Parece usual el material óseo de animales, en los ritos cultuales ibéricos en enterramientos de incineración, pero no lo es tanto el que estos también hayan sido quemados, aunque a medida que se elaboran estudios más profundos, se detecta que éstos se presentan abrasados en el interior de las urnas. 
Hay varias formas de cerámica globular y bruñida fabricadas a mano, decorada con incisiones en su parte exterior, así como impresiones correspondientes a la I edad el Hierro y fechadas en el siglo VII a. C.
También se encontraron diferentes formas de cerámica realizada a mano datadas en la misma época.
    Se han encontrado varias ánforas  fabricadas a torno de las conocidas como fenicias, en las cuales se ha podido  documentar que llevaban o transportaban en unas vino y otras salazones.
 Entre los diferentes hallazgos se han encontrado en la necrópolis y en diferentes tumbas varias urnas de carácter cinerario.
En dicha  necrópolis también se ha hallado un escarabeo etrusco, ese amuleto con forma de escarabajo pelotero -de ahí su nombre-, y que tiene su origen en la mitología egipcia. También se halló una tumba -incineración 20- con las cenizas de dos personas, además de restos de ovicáprido, e interesantes fragmentos de cerámica policromada.
   En una de las tumbas de dicha necrópolis la cerámica ofrece una pintura singular que carece de paralelos en todo el yacimiento como puede verse en el estudio de ella.
 Realmente, se cree que las tres piezas con pintura policroma se realizaron para esta tumba ex profeso y por el mismo alfarero. Es decir, se llevarían a cabo para la función de contener las cenizas de unos difuntos, y por tanto deben de entenderse ellas mismas como ajuar, al igual que otras piezas en otras necrópolis.
 Se ha encontrado dos fragmentos fenicios a torno correspondientes a lo que se conoce como tipo “Cruz del Negro” con pasta de Sándwich, gris interior y ocres anaranjados en los exteriores con abundante desgrasante equistoso correspondiente a finales del siglo VII a. C..y primeros del VI.
 También se ha encontrado varios fragmentos de  pithoi de carácter fenicio con decoración de bandas y filetes.
  Tenemos también varios fragmentos de  diversos platos de trípode fenicio fabricado a torno con pasta gris oscura y desgrasante de cuarzo y micas con las caras exteriores con un engobe verde aceituna.
 Existen también numerosos fragmentos de ánforas fenicias fabricadas a torno y con distintas clases de  engobe.
Estas cerámicas, debieron ser sometidas a un sistema de cocción bastante rudimentario, en el cual, probablemente no superaron en ningún caso los 800º Centígrados, ya que los materiales se mantienen intactos en los fragmentos analizados.
Hay otro grupo de pastas que corresponden a un grupo de muestras fenicias, cuyo origen más probable sea el sur de la Península, caracterizadas en su mayoría, por una cantidad  de desgrasantes, cocción a elevada temperatura y un bajo contenido en calcita y materiales arcillosos.
Estas primeras piezas con torno llegan desde las costas mediterráneas de Málaga, hasta la desembocadura del Millars o Mijares. 
En este poblado las gentes del lugar se dedicaban al comercio que realizaban a través del río y consistía en la producción de vino ya que formaba  parte de su estatus y al intercambio de distintas mercancías que río arriba y río abajo transportaban con sus barcazas.
 Formaba parte de lo que conocemos como el Hinterland de Vinarragell, localizado en la desembocadura del Mijares.
Las importaciones fenicias, en tanto que con-tenedores de productos alimenticios, se vinculan al interés de los grupos –aquellos interlocutores de los intercambios– por el consumo convivial. Beber y consumir alimentos pueden ser actos sociales con funciones determinadas, la más extendida de las cuales es potenciar –y manipular– la interacción social a través de la institución de la hospitalidad. Esta puede producirse de muchos modos, pero lo más destacable es que mediante su práctica se establecen diferentes relaciones sociales; así, se pueden producir relaciones de reciprocidad u obligaciones sociales pero, al mismo tiempo, puede servir para aumentar el prestigio y el poder social o, de forma sutil, crear vínculos de dependencia.
Puesto que las ánforas fenicias contuvieron principalmente vino cabe plantear las ventajas sociales, políticas y económicas de la bebida en una sociedad precapitalista de pequeña escala. Sin embargo, el vino fenicio no debió ser la primera bebida alcohólica que consumieron los grupos indígenas de la costa oriental peninsular, ya que es probable la elaboración de cerveza durante el Bronce Final, y con toda seguridad en el norte y este peninsular, ya que  se documentan copas o pequeños cuencos de tipología variable.
Los bienes de prestigio no actúan por sí solos, ni sus significados son fijos, sino que sus valores dependen de quienes se los otorgan.    
  Los intercambios expresan, así, la particularidad de una situación entre una expansión comercial protagonizada por los grupos fenicios y los intereses de ciertos grupos indígenas en asentamientos que controlan las vías de comunicación y ya existentes desde el Bronce Final.

martes, 31 de enero de 2012

LIXUS

En la costa noroccidental de Marruecos, hay una loma que se adentra en el océano y el territorio donde se asienta la llamada al-´Arâ´is (jardín de las flores)  desemboca del río Lucus…
Los restos arqueológicos de la ciudad de Lixus se hallan junto al río Lucus, sobre unas colinas situadas a unos 3,5 Km. al este de Larache.  “Según la tradición, hacia el año 1.100 a.C., los fenicios fundan tres ciudades en Occidente: Gades (en la península ibérica, actual Cádiz), Utica (en Túnez) y Liks, Lixos o Likus, en la margen derecha del río Lucus y a unos cuatro kilómetros del mar, en una colina conocida actualmente en la zona con el topónimo de Shemmish. El yacimiento, en el que conviven vestigios fenicios, romanos, griegos y musulmanes, se extiende sobre una colina a las afueras de la ciudad costera de Larache (norte de Marruecos), cuyos habitantes se han levantado contra este proyecto. Solo se conoce una ínfima parte del yacimiento debido a unas obras de construcción.
 En la parte del yacimiento que ya se ha sacado a la luz, la forma de la antigua ciudad se revela en vestigios medio ocultos por la maleza: cubas para la salazón de pescados, arcos de acueductos, plantas de viviendas o templos, caminos.
En cuanto a los descubrimientos, se encontraron inscripciones en lengua púnica, algunos edificios monumentales, ciertas tumbas y las fábricas de salazón comunes por todo el Mediterráneo. Varias fragmentos de cerámica fenicia de engobe rojo, un cazo de bronce de origen chipriota.
Las cerámicas, a mano y a torno (engobe rojo, cerámicas grises, claras, pintadas y ánforas de transporte), indican estrechas relaciones con el litoral andaluz ya que desde el puerto de Lixus salían hacia el Mediterráneo, además de alimentos, pieles de animales, madera de tuya, elefantes, para los ejércitos, marfil, plumas y huevos de avestruz, materias con las que la sociedad de cultura orientalizante fabricaba objetos de lujo como los que se encuentran habitualmente en las tumbas importantes. Hay vajilla de bronce de Chipre, exponente de un nivel económico destacado.
Como otros muchos centros fenicios de Occidente, Lixus experimentó una crisis a finales del siglo VI a.C. debido, en parte, a la reorganización del poblamiento colonial después de la caída de Tiro (Líbano) (538 a.C.), metrópolis de donde eran originarios sus fundadores.

Tras la primera época colonial y hasta el siglo IV a.C. tiene lugar una fase cultural que denominamos púnica (de phoeniké, fenicio en griego) para designar la continuidad de la tradición fenicia en Occidente, con datos arqueológicos todavía escasos en Lixus, pese a los vestigios aportados por las últimas actuaciones ; destacan algunas tumbas de la necrópolis de Raqqada, al noroeste de Lixus.
El púnico era la lengua oficial y como tal consta en las monedas de la ciudad, acuñadas en bronce, en cuyos reversos aparecen, entre otros motivos, racimos de uva, espigas y atunes, como exponente de los recursos del lugar, además del emblemático altar.
Los anversos con cabeza masculina tocada con un gorro cónico son los más comunes.
Algunas estelas epigráficas contienen, sin embargo, textos inscritos en púnico y en libio, que refuerzan la tesis de la pluralidad étnica propia de Lixus.
A esta ciudad fenicia, y más tarde romana, hacen mención las fuentes clásicas: el periplo de Scylax de Caria, del s.VI a.C., se refiere a ella como ciudad fenicia. En la “Historia Natural”, Plinio el Viejo, s.I d.C., sitúa en Lixus el Jardín de las Hespérides, con sus árboles cargados de manzanas de oro. Por otra parte, el Periplo de Hannón, s.V a.C., narra una expedición cartaginesa en la que las naves atravesaron el Mediterráneo de Este a Oeste, pasaron Gibraltar, siguieron la costa africana del actual Marruecos y penetraron en el golfo de Guinea. En él se hace  referencia a los lixitas, habitantes de Lixus.
El geógrafo conocido como Pseudo-Scylax (s. VI a.C.) califica Lixos de ciudad fenicia y habla de otra ciudad autóctona en la orilla opuesta del río. El famoso explorador cartaginés Hannón (s. V o s. IV a.C.) señala en su Periplo que, habiendo encontrado lixitas nómadas con sus rebaños en las orillas del río Lixos, los tomó como intérpretes porque hablaban el púnico y la lengua local. Estrabón (final del s. I a.C.) dice que el comercio del litoral atlántico del norte de la antigua Mauritania estaba centralizado en Lixus. Pero el testimonio más importante y más detallado es el de Plinio el Viejo (murió en el 79 d.C.) quien alude a una isla en la desembocadura del río en la que había un altar o templo dedicado a Hércules -eqivalente al dios fenicio Melqart- supuestamente construido en el s. XII a.C., anterior, por tanto, al de Gadir (Cádiz). Con un cierto escepticismo relata después las leyendas de los Trabajos de Hércules contra el gigante Anteo, cuyo palacio sitúa en Lixus, así como la expedición del héroe al Jardín de las Hespérides para coger las manzanas de oro, vigiladas por un dragón que el antiguo naturalista romano ve reflejado en los meandros del río, previos a su desembocadura en el Océano.
 Dice Plinio el Viejo en su descripción de Lixo en su Historia Natural, que el comienzo de la tierra se llama las Mauritanias, reinos hasta el emperador Gayo, el hijo de Germánico; por la crueldad de aquél fueron divididas en dos provincias. Los griegos dan el nombre de Ampelusia al cabo más lejano del Océano. Más allá de las Columnas de Hércules han desaparecido las poblaciones de Lisa y Cotas, ahora está Tánger, fundada en otro tiempo por Anteo; después el emperador Claudio, al hacerla colonia, la llamó Julia Traducía. Dista de Belo, población de la Bética, treinta mil pasos por la ruta más corta. A veinticinco mil pasos de ella en la costa del Océano está la colonia de Augusto Julia Constancia Zulil, separada del poder de los reyes y obligada a pasarse a la jurisdicción de la Bética. A treinta y dos mil pasos de ella está Lixo, convertida en colonia por el emperador Claudio. Los antiguos hablaron de ella con muchísimas leyendas: allí estaba el palacio de Anteo y tuvo lugar su lucha con Hércules, también estaban los Jardines de las Hespérides. Por lo demás, desde el mar se extiende un estuario con un curso muy sinuoso, que ahora se cree que eran las serpientes que estaban a modo de guardia. Encierra dentro de él una isla, que es la única que no inundan las mareas, a pesar de que el espacio circundante es un poco más elevado que ella. También queda allí un altar de Hércules, y, excepto unos acebuches, nada de aquél aurífero bosque del que hablaban.
Por supuesto que no se extrañarían tanto de las tremendas patrañas griegas publicadas acerca de estos lugares y del río Lixo quienes pensaran que nuestros autores, y no hace mucho, han transmitido algunas cosas no menos prodigiosas: que esta ciudad era muy poderosa e incluso mayor que Cartago Magna; que, además, estaba situada  frente a ella y a una distancia casi inmensa de Tánger, y otras cosas que Cornelio Nepote se creyó enseguida.
A cuarenta mil pasos de Lixo en el interior está otra colonia de Augusto, Baba, llamada Julia Campestre…
Pero si la tradición literaria sitúa el nacimiento de Lixus en el siglo XII a.C., los hallazgos arqueológicos no permiten ir más allá del s.VIII a.C. Sabemos que, a partir del s. III a.C. Lixus conoce una prosperidad urbana importante, que se extiende a lo largo de varios siglos. En el 42 d.C., bajo el reinado del emperador Claudio, Lixus se convierte en ciudad romana, siendo la época en la que se construyen varios monumentos públicos y casas privadas ricamente decoradas. (del prólogo de “Larache a través de los textos”).

ACINIPO

 El yacimiento arqueológico de Acinipo, se ubica en el término municipal de Ronda, a 20 kilómetros de Ronda.en una gran mesa caliza de origen terciario, con una altitud media de 999 mts. sobre el nivel del mar. Su prominencia en la Depresión de Ronda le confirió un claro valor estratégico, factor este que fue tenido en cuenta en época preromana y romana a la hora de emplazar el núcleo poblacional. Acinipo es uno de los asentamientos cuyo nombre aparece por primera vez en un texto clásico como el de Ptolomeo y Plinio. Este yacimiento ha sido objeto de atención por muchos investigadores; las primeras noticias aparecen ya en, el siglo XVI con Lorenzo de Padilla, siendo Fariña del Corral, en 1650, quién identificó el teatro como de época romana. Aunque la mayoría de los restos visibles son romanos, no podemos olvidar los importantes restos prehistóricos de la ciudad. Los hallazgos más antiguos se remontan al Neolítico, teniendo continuidad en la Edad del Cobre y la del Bronce. Va a ser en la fase prehistórica y con el impacto colonizador fenicio cuando Acinipo tenga un auge importante, que se verá rematado en época romana, precedida de la fase ibérica.. La factores que intervinieron en la ubicación de Acinipo, en el espacio actual son múltiples. De una parte su prominencia en la depresión, como uno de los puntos más altos de ésta, le confirieron un claro valor estratégico y de dominio visual del territorio circundante. De otra, el enclave romano de Acinipo se encuentra en una zona de fácil comunicación con otras áreas de la provincia romana. Los accesos al Valle del Guadalquivir, a la costa gaditana y al rosario de depresiones del surco intrabético, son bien perceptibles, lo que le permitió fáciles contactos y relaciones comerciales con otras áreas, según se desprende de los hallazgos numismáticos (Acinipo gozó de la potestad de acuñar monedas). Otro factor que influyó en la ubicación de este núcleo fue la disponibilidad de tierras potencialmente fértiles para uso agrícola. Por otro lado, el municipio de Acinipo, se benefició, de recursos existentes en su espacio natural próximo, tales como mármol, piedra para la construcción, mineral de hierro y arcilla deexcelente calidad para la producción alfarera.

Dado el espacio excavado, la fase romana es la más importante. No obstante, existen estructuras asignables a la fase prehistórica reciente, como las cabañas circulares con porche empedrado. Según una enciclopedia española, fueron los mercaderes fenicios que se establecieron allí procedentes de Sidón (ciudad del actual Líbano) quienes le dieron este nombre, que se deriva de las palabras en griego y en latín para uva. De hecho, se han encontrado monedas antiguas con la inscripción “Acinipo” y con espigas de trigo por una cara y un racimo de uvas por la otra, lo que denota la importancia de la producción agrícola y vinícola. Cierta obra señala que gracias a “su emplazamiento, [...] Acinipo se convierte en ciudad, llegando a ser municipio, con poderes para acuñar monedas y, más tarde, sus vecinos [pasan] a tener los mismos derechos que cualquier ciudadano de la imperial Roma”
 La factores que intervinieron en la ubicación de Acinipo, en el espacio actual son múltiples. De una parte su prominencia en la depresión, como uno de los puntos más altos de ésta, le confirieron un claro valor estratégico y de dominio visual del territorio circundante. De otra, el enclave romano de Acinipo se encuentra en una zona de fácil comunicación con otras áreas de la provincia romana. Los accesos al Valle del Guadalquivir, a la costa gaditana y al rosario de depresiones del surco intrabético, son bien perceptibles, lo que le permitió fáciles contactos y relaciones comerciales con otras áreas, según se desprende de los hallazgos numismáticos (Acinipo gozó de la potestad de acuñar monedas).
 Su prominencia en la Depresión de Ronda le confirió un claro valor estratégico, factor este que fue tenido en cuenta en época preromana y romana a la hora de emplazar el núcleo poblacional. Acinipo es uno de los asentamientos cuyo nombre aparece por primera vez en un texto clásico como el de Ptolomeo y Plinio. Este yacimiento ha sido objeto de atención por muchos investigadores; las primeras noticias aparecen ya en, el siglo XVI con Lorenzo de Padilla, siendo Fariña del Corral, en 1650, quién identificó el teatro como de época romana. Aunque la mayoría de los restos visibles son romanos, no podemos olvidar los importantes restos prehistóricos de la ciudad. Los hallazgos más antiguos se remontan al Neolítico, teniendo continuidad en la Edad del Cobre y la del Bronce. Va a ser en la fase prehistórica y con el impacto colonizador fenicio cuando Acinipo tenga un auge importante, que se verá rematado en época romana, precedida de la fase ibérica.. Aunque en el entorno de la ciudad se han encontrado restos prehistóricos que se remontan al Neolítico entre los que destacan las pinturas rupestres de la Cueva de la Pileta, los orígenes de Ronda son celtas quienes en el siglo VI a. C. la llamaron Arunda. Posteriormente los fenicios se instalaron en una aldea cercana que llamaron Acinipo. Arunda, tras ser conquistada por los griegos, pasó a denominarse Runda. Los contactos de la producción en cerámica gris con las formas de la vajilla fenicia quedan demostrados por el descubrimiento de un quemaperfumes -pieza raramente realizada con fuego reductor-, el cuenco tipo 12 de Caro y un plato de ala, de clara tipología fenicia, cuyo paralelo formal más cercano se han encontrado en el Cerro del Alarcón
La evidencia más destacable es la presencia de cerámica gris en el asentamiento de Acinipo desde los niveles más antiguos, fechados en la primera mitad del siglo VIII a.C. en datación arqueográfica convencional. De esta manera, el material cerámico gris pertenece a una fase muy antigua, que contradice la casi unánime hipótesis de los investigadores que propone la aparición de esta clase cerámica
sólo desde el siglo VII a.C. Los principales defensores de esta hipótesis son González Prats (1983) y García Alfonso (2007), los cuales reconocen en los ejemplares del siglo VII la directa participación de los fenicios –en las piezas mejor realizadas- y los primeros intentos de imitación indígena –para los vasos peor producidos-.
Otro tema relacionado con la directa intervención fenicia en la fabricación de la cerámica gris es la substitución de la producción a mano por la torneada, hipótesis que tampoco concuerda con lo observado en Acinipo, donde todos los datos apuntan a una larga convivencia de los dos sistemas de fabricación, a mano y a torno, además de la falta de una regla estricta para realizar un tipo cerámico con un sistema u otro, habiéndose documentados –en el mismo nivel- vasos de las mismas formas fabricados indiferentemente con las dos técnicas. Asimismo, se observa durante toda la secuencia estratigráfica de Acinipo una aplastante presencia de vasos abiertos respecto a las formas cerradas y a los soportes. Esta mayor presencia es constante en todos los niveles encontrados, mientras los hallazgos de formas cerradas se concentran únicamente en el nivel 11, relacionados con las viviendas de habitaciones aglutinadas rectangulares y cabañas circulares más modenas. Este dato confirma el comienzo de una producción más tardía de las formas cerradas, ya que para éstas se continuó utilizando el modelado a mano que respondía perfectamente a las necesidades de los indígenas.
Otros elementos a subrayar son la cuidada depuración de la pasta y la buena calidad del acabado superficial de todas estas vasijas de cerámicas grises, ya desde sus niveles iniciales.
Se ha observado, además, la presencia de tipos híbridos: formas propias del repertorio cerámico de las poblaciones autóctonas reproducidas fielmente con la técnica gris torneada y formas fenicias reproducidas en gris a torno –como los diversos platos originariamente hechos en barniz rojo, los quemaperfumes y el cuenco tipo 12 de Caro-; las mismas formas se realizan indistintamente también en cerámica pintada torneada y se mezclan con tipos indígenas decorados con motivos típicamente orientales. Es evidente, por lo tanto, la gran variedad de la producción orientalizante que no sigue los esquemas rígidos propuestos, mayoritariamente, por la arqueología protohistórica peninsular y los
arqueólogos. Además, los vasos híbridos nos están indicando que los indígenas no sólamente se han apropiado de los aspectos funcionales de estos elementos, sino que para ellos estos constituían una respuesta a los cambios en curso en sus sociedades, del mismo modo que otra amplia serie de costumbres y tecnologías fenicias.
Desde el punto de vista tecnológico, la cerámica gris es modelada a torno y cocida a fuego reductor, en hornos de alta temperatura, tipo bicameral. No obstante, estos son los resultados a que han llegado
diferentes investigadores que se han basado sobre todo en observaciones ópticas, mientras muy pocos son los análisis técnicos de laboratorio realizados sobre la cerámica. Son excepción los análisis petrográficos realizados por González Prats y Pina Gosalbez en Peña Negra (1983); Lorrio en la necrópolis de Medellín (1989) o López Palomo sobre el asentamiento de Ategua (2005). El escaso número de hornos identificados, bien en los yacimientos indígenas, bien en los enclaves fenicios, dificultan en última instancia la cuestión sobre el origen de la cerámica gris. Los pocos hornos encontrados testimonian la producción de las cerámicas oxidantes y de las reductoras – evidenciando que lo único que cambiaba era el procedimiento con la clara intención de obtener un efecto u otro -, pero no son anteriores al siglo VII a.C

lunes, 30 de enero de 2012

SEXI- ALMUÑECAR


Cerro de Montecristo, en Almuñecar (Granada) donde se emplaza la fenicia Abdera, situada a unos 300 metros al noreste de la actual población, junto y en la orilla derecha del antiguo cauce del Río Grande o de Adra.
La extensión del establecimiento fenicio en el s. VIII-VI a.C., según los datos proporcionados por los sondeos, debió alcanzar unas 3 hectáreas, con una demografía mixta, indígena y oriental, de un millar de habitantes en su apogeo.
La ciudad estaba en un promontorio al estilo de península. Tenían agua dulce y abundante pesca, estaban rodeados de valles fértiles y exportaban madera de  pinos y encinas por todo el "Hinterland"
  Se encontraron varios materiales:
n     Varias urnas de Alabastro con inscripciones jeroglíficas egipcias de Faraones de con inscripciones egipcias  de los faraones Osorkon II, Takelot II y Chechonq de la dinastía XIII fechadas entre850 y el 773 a.C., según las cartelas.
n     Ajuares cerámicos de barniz rojo dispersos y fragmentados, fechadas con sobre el siglo III a C.
n     Un plato fenicio de barniz rojo.
n     Numerosas monedas de bronce, de las que se han establecidos verios grupos,con epigrafía púnica, con epigrafía neopúnica y latina ,representándose en ellas la cabeza de Melkart o Hércules, atunes, delfines, símbolos astrales, proa de nave y la leyenda SKS.
n     Cerámicas de barniz rojo, como oinochoai piriformes, jarros de boca de setas, platos y lucernas,
n     Otras especies cerámicas comunes, kotylai protocorintias.
n     Huevos de avestruz decorados o pintados, frecuentes en Cartago y numerosos en las necrópolis de Puig des Molins y Villaricos.
n     Pendientes globulares de oro análogos a los de Trayamar fechados en la segunda mitad del s. VII a.C.
n     Un colgante anular de plata con escarabeo basculante.
n      Un estuche porta-amuleto o «mezuzot» de plata de la tumba idéntico al del Castillo de Doña Blanca y al de la tumba de Yadamilk de Cartago fechables en la primera mitad del s. VII a.C.
n     amuletos y adornos personales.
El topónimo de la ciudad se transcribe como Ex o Eks por los griegos, Sex o SKS por los púnicos y Sexi o Firmun Iulium Sexitanum por los romanos.
Hecateo de Mileto, quien a principios del s. V a.C., citó y situó algunas ciudades de Iberia entre las que se halla «Sixos, ciudad de los mastienos». Conocidas por los griegos focenses y samios las costas meridionales ibéricas, éstos crearon el mito de que el reino de Tartessos se extendía hasta Mastia, situada en Cartagena y, en consecuencia, las ciudades fenicias de la costa andaluza pertenecerían a los mastienos.
Hacia el 200 a.C. Ateneo de Naucratis, tomando la cita de Difilo de Sínope en el s. IV a.C. y refiriéndose a las salazones de pescado, afirma que «las de Iberia, llamadas sexitanas, son las más finas y suaves».
Quizás sea el geógrafo griego Estrabón, quien hacia el cambio de era nos proporcionó los datos más interesantes sobre los fenicios en Almuñécar, al referirse a la fundación de Cádiz.. Estrabón sitúa a Sex al oriente de Malaca, denominándola «ciudad de los exitanos», de la cual las salazones hispanas reciben su nombre.
El uso del ocre en los enterramientos era una práctica griega, pero se trata más bien de un rito muy generalizado desde el epipaleolítico hasta la iberización.
La cronología de Laurita quedaría definida dentro de los tres primeros cuartos del s. VII a.C.

domingo, 29 de enero de 2012

MALAKA

La ciudad fue fundada por los fenicios, quienes construyeron un poblado cerca del cerro donde hoy se encuentra la Alcazaba.
Malaka fue el nombre originario de la actual ciudad de Málaga, en el sur de España. Este asentamiento fenicio, fundado en el siglo VIIi a d C en el entorno del Cerro Gibralfaro, fue bautizado con el nombre Mlk, que según algunos autores, significa factoría. Para otros, es el nombre de una deidad fenicia.
La ciudad tenía su propia ceca (de la voz fenicia sikka) y acuñaba moneda. Como ya sabemos, la base económica de Malaka estaba constituida por la obtención de la púrpura, el trabajo del metal (con la orfebrería incluida) y, sobre todo, las salazones de pescado y, a este respecto, se han encontrado redes de pesca bastante tupidas, lo que nos hace pensar en la captura del boquerón.
La ciudad primitiva la conocemos por fuentes como Estrabón o Pompilio. El primero de ellos habla de Mainake y Malaka, de la que dice que era una ciudad semita, de planta irregular, a diferencia de Mainake, que se encontraba mucho más al este, y cuyas casas seguían un trazado totalmente ortogonal. Por todo lo expuesto y por la numismática pensamos que Malaka coincide con Málaga, mientras que Mainake se corresponde con el yacimiento fenicio de Toscanos.  Malaka para algunos significa emporio, lugar de trabajo, factoría o incluso “aderezo con sal”, lo que implica que las salazones de pescado constituían el pilar fundamental de la economía de la ciudad, que llegó a alcanzar 6 o 7 hectáreas. Ubicada en la bahía de Málaga, Malaka se extiende a los pies de la colina donde se emplazan las fortalezas medievales de la Alcazaba y Gibralfaro, próximo al cauce del río Guadalmedina.
Si pensáramos que la ciudad de Malaka se había fundado únicamente con los habitantes del Cerro del Villar, sería fenopúnica. Pero hoy sabemos que la ciudad ya existía en el S. VII. Los materiales más antiguos que teníamos con anterioridad a las últimas excavaciones y que hacían referencia a un pasado anterior a la época romana, procedían del derribo de la Alcazaba y el Teatro Romano.  El carácter costero y la clara vocación marinera de los asentamientos fenicio-púnicos malagueños, algunos de ellos importantes centros portuarios, va más allá de su valoración como meras escalas en la navegación del Estrecho, aunque hayan desempeñado, y lo seguirán haciendo, un papel destacado en una de las principales vías comerciales del Mediterráneo occidental, aquella que conducía a Gadir como principal emporio en el comercio con Tartessos y, en la época que nos ocupa, a la ruta del Atlántico, igualmente capitalizada por la ciudad fenicia.
El área estaría posiblemente ocupada por cabañas distribuidas de manera dispersa, de las que se excavó un fondo en la plaza de San Pablo, rodeado de silos. La cabaña estaría construida con adobes y elementos orgánicos vegetales, presentaba planta oval y en su interior conservaba restos de combustión, restos faunísticos, elementos metalúrgicos de fundición de cobre y abundante cerámica a mano, fundamentalmente de cocina (85, 5%) con importaciones fenicias a torno (14,5%) consistentes en ánforas, pla tos y cuencos de barniz rojo, pithoi, urnas, lucernas y ampollas. Tras la conquista de los territorios fenicios por Nabucodonosor II, Malaka pasa a ser dominada por los cartagineses sobre el 573 a. C. Los romanos conquistaron la ciudad en el año 218 a. C. tras las Guerras Púnicas, y la llamaron Malaca.
Entre el ajuar de la necrópolis ha aparecido gran cantidad de cerámica griega (de importación) y, entre todo ese volumen de materiales se ha encontrado un conjunto de cuatro pendientes de oro. Lo que esto nos indica es que Malaka debía contar con talleres metalúrgicos de importancia, algunos de los cuales estaban dedicados a los trabajos de orfebrería. La presencia de cerámicas y otros objetos de distintos puntos del Mediterráneo en las excavaciones urbanas de Málaga pueden contribuir al conocimiento de las relaciones comerciales de la antigua Malaka a partir del siglo VI a.C., que continúan mostrando la presencia de objetos griegos y etruscos ya conocida en el siglo VII a.C. en los asentamientos coloniales de Toscanos y el Cerro del Villar. En el primer conjunto que se data por sus excavadores en el segundo tercio del siglo VI a.C., las cerámicas griegas son el 8,8% del total. Están presentes las ánforas samias, lesbias, clazomenias, ánforas “à la brosse”, jonias indeterminadas, así como ánforas del continente corintias tipo A y SOS áticas. Las ánforas de la Grecia del Este son un 12% del conjunto, mientras que las ánforas áticas y corintias suponen un 23% del conjunto.
Por lo que respecta a los contenidos, el 60% de las ánforas estaban destinadas al transporte de aceite y el 40% al de vino. Entre la cerámica fina destacan las copas para beber de producción samia, que sumadas a otros fragmentos de vasos jonios como aryballos, cuencos, hidrias o jarritos y a las ánforas, otorgan un 54,34% de importaciones jonias sobre el total del conjunto. Otras producciones presentes son las áticas, con fragmentos de oinochoes, lekánides y copas de figuras negras, así como algunos fragmentos de producción massaliota. Por su parte, el conjunto del sector del teatro, correspondiente a la fase Málaga IB de las excavaciones de Gran Aymerich, comprende un periodo situado entre el último tercio del siglo VI a.C. y el primer cuarto del V y presenta diferencias acusadas respecto del horizonte de importaciones precedente. En primer lugar destaca el predominio de las producciones áticas, tanto en ánforas como en cerámicas finas, entre las quese encuentran copas de bandas, de barniz negro y de figuras negras..
EL SANTUARIO DE NOCTILUCA
La más impresionante de todas las salas, a la que se llega pasando por una serie de galerías laberínticas, es el Santuario de Noctiluca, sala en la que se encuentra un “betilo” o formación rocosa en la que la imaginación nos hace ver un perfil tosco femenino con una especie de tocado atravesado por una oquedad redonda, que simbolizaría a la Luna. Al pie de este misterioso rostro se encuentra otra formación de menor tamaño, con una curiosa forma de media luna, que nos hace recordar la media luna a los pies de la Virgen María Inmaculada, o la antigua barca de Isis. Una serie de pilas o vasos comunicantes rodea el conjunto en forma descendente, haciendo caer el agua que se infiltra sobre todo en época de lluvias, desde la pila superior hasta la inferior. En estas pilas se encontraron restos de cenizas pertenecientes a animales sacrificados, que sitúan la utilización del complejo ritual en el Neolítico.
Rufo Fiesto Avieno dice en su “Ora Marítima” : “... bajo el dominio de los tartesios existe allí, frente a la ciudad (Mainake o Málaga) una isla, consagrada antes por los habitantes a Noctiluca” . Noctiluca era esa diosa lunar de la fecundidad, la vida y la muerte del Neolítico, anterior al parecer incluso a los tartesios, que entre los fenicios fue representada en forma de betilo en la Tierra, y por las distintas fases de la Luna en los Cielos. El culto a esta divinidad, bajo estos mismos elementos, fue representado también en las monedas fenicias de Malaka (Málaga), todo lo cual confirma a la llamada Cueva del Tesoro como el antiguo Santuario de esta antiquísima y misteriosa divinidad.
Es posible que además de Noctiluca y Astarté tuvieran  una divinidad, como Shmun, a la cual rendían culto en Malaka ya que viene representado en unas monedas  en las que aparecería como un joven imberbe tocado con un sombrero cilíndrico. Esta imagen se da también en Beirut, Tiro y Sidón donde esta divinidad se situaba en la cumbre del panteón.

HERNA

La ciudad antigua de Herna citada en los textos de Avieno, según algunos historiadores modernos correspondería a la Peña Negra en la Sierra de Crevillente, según las últimas investigaciones realizadas últimamente en dicho yacimiento.
Algunos historiadores nos dicen que  la ciudad de Herna en vez de corresponder a Peña Negra en Crevillente (Alicante) y cerca de Guardamar del Segura y de Illici, como sabemos, viene situada en el yacimiento que actualmente conocemos como la Fonteta en Guardamar del Segura en Alicante.
Sea cual fuere  su enclave o la situación, la ciudad de Herna, sabemos que ya existía en tiempos de los fenicios y antes que llegasen los romanos.
La pronta presencia fenicia de los fenicios en Peña Negra llevaría, en el paso del siglo VIII al VII, a la instalación de una pequeña factoría exótica dedicada a la elaboracion de cerámicas, principalmente en los sectores 7 y 8 de la gran ciudad orientalizante que, en 1983, se identificó con la Herna de la Ora Maritima, un floreciente centro de mercado en donde confluían variadas rutas comerciales y encrucijada de gentes y productos variopintos.
El foco metalúrgico de tipología atlántica de Peña Negra I actuó de reclamo directo para la llegada -si es que no se desarrolló como respuesta a su presencia- de gentes orientales que se beneficiaron de la producción metalúrgica de la Sierra de Crevillente, a un tiro de piedra de la desembocadura del Segura.
La civilización que llamamos Ibérica no pudo surgir de la nada en un tiempo breve, hubo de haber una larga etapa de contactos en un periodo largo. En la primera etapa de contactos, el motor del cambio cultural fue la influencia fenicia. Desde Agadir ( Cádiz ) hasta Villaricos, con algún otro punto de contacto en Los Saladares ( Orihuela ), La Peña Negra ( Crevillent ) o Vinarragell ( Borriana ) a partir del siglo VIII, sino es antes en Andalucía, hay presencia fenicia que acarrea multitud de objetos que van poco a poco a las gentes del Bronce Final de Andalucía a nuevas tecnologías y a modelos diferentes para multitud de utensilios.
Con la presencia de los dos centros orientalizantes, tartesizantes, de Los Saladares y la Peña Negra, que acaban en el siglo IV en poblados ibéricos, han tenido mucho papel en la iberización de lo que hoy llamamos Murcia y Alicante. En las costas alicantinas los yacimientos ibéricos que encontramos, no presentan objetos anteriores al siglo V a.c.
 La Illeta dels Banyets se trata de un emporion, un lugar de intercambio de productos que se llevaba a cabo protegido por la presencia de los dioses. Lugares semejantes han sido postulados a lo largo y ancho del Mediterráneo, y nada impide suponer que éste fuera el papel desempeñado por el yacimiento de El Campello, ya que la evidencia es paladina.
La intensidad de la impronta tartésica se empezó a comprobar hace algunos años en los yacimientos dela Peña Negra de y otros. Las cerámicas con decoración bruñida, los vasos carenados y demás signos materiales del Bronce final tartésico se hacen comunes en los yacimientos que, seguidos de una etapa orientalizante, constituyen la base estructural de la plena cultura ibérica.
La investigación arqueológica ha venido, una vez más, a confirmar aspectos de la realidad cultural que sugerían las fuentes literarias. En la problemática "Ora Marítima" de Avieno se sitúa el límite de los tartesios en las inmediaciones de la desembocadura del río Sicano (el Júcar), por donde se hallaba una ciudad limítrofe, Herna, que ha de identificarse con alguno de los centros de la zona alicantina.
Con estos precedentes, lo que suele entenderse por culturas ibéricas clásicas, se manifiestan ya con plenitud desde fechas que la investigación más reciente ha ido remontando a tiempos más antiguos de lo que hasta no hace mucho se pensaba. Ya en el siglo VI a. C., rasgos principales de la cultura ibérica aparecen perfectamente definidos, y sus centros más activos estarán en condiciones de ofrecer muy pronto algunas de las más vigorosas creaciones de toda la historia de la cultura ibérica, entre ellas su mejor escultura.
En Peña negra aparece un tipo de platillos de ala horizontal rectilínea y carena externa correspondiente a la Fase II de PN.
La etapa orientalizante  de esta población de Herna o PN, se data cronológicamente desde el siglo 675 a C. Al 536 a C, de la cual han aparecido varios tipos de ánforas de elaboración local en un número considerable.
Un plato de borde reentrante de pasta gris, que ha sido hallado en una de las  excavaciónes, también se fecha en la fase Peña Negra I, no obstante es un plato muy abundante en todos los yacimientos del Bronce Final y en la gran mayoría de las factorías fenicias de la Península Ibérica.
De la fase I de Peña Negra se recogió una vasija  de cuerpo troncocónico con carena en el tercio superior, generalmente redondeada y con un corto borde recto o vertical marcado.
 En la necrópolis asociada a Peña Negra, “Les moreres” se encontró un vaso con el fondo ligeramente cóncavo.
 En Peña Negra parecieron también vasos de borde ligeramente exvasado.
Se encuentra  un fragmento de un vaso de dos mamelones perforados ligeramente en la carena.
 Varios fragmentos como el anteriormente citado proceden de viviendas angulares, que en algunos casos se superponen a otras de planta circular, o de un vertedero asociado a las primeras, con abundantes restos metalúgicos.
 Según los hallazgos, la habitación del poblado se fecha en torno a la segunda mitad del siglo VIII a C.
 De estas fechas es también un horno metalúrgico aquí encontrado, que algunos investigadores  o arqueólogos nos dicen que es de época más tardía, a la primera datación del poblado.
 Aparecen cuencos en cerámica gris de borde reentrante, propios de las necrópolis fenicias de la época, donde es de una forma bien difundida y con larga perduración.
 Existe también un  tipo de urnas de cerámica gris a torno y con un largo cuello vertical con hombro marcado.
 En la necrópolis de les “Moreres” aparecen urnas de incineración de cuello cilíndrico.
   De carácter orientalizante son dos fíbulas de codo y de doble resorte, un tipo que se viene fechando entre los siglos XI y IX a. C. y se encuentra un paralelismo con las de Ronda la Vieja en Málaga, es decir, la antigua fundación fenicia de Acinipo.
   Fragmentos correspondientes a grandes ollas o recipientes a torno, con el borde saliente,  con la pasta color anaranjado, cuarzo, cal y dióxido de hierro como  material desgrasante, llevan en el exterior un engobe amarillento, y podemos decir que son parte de la cerámica procedente de Cartago. Estos recipientes presentan una orejeta con perforación vertical, sobre una característica carena, y se describen como vasos cortados con asas y orejetas.
  Los ejemplares de este tipo datados en la segunda mitad del siglo VI a C. constituían los precedentes para  las urnas de orejetas ibéricas, los cuales copiarán los indígenas en cada uno de sus poblados o talleres.
 González Prats cuando analiza la metalurgia de Peña Negra y otros aspectos de la cultura material, señala la existencia de relaciones comerciales y culturales entre la Meseta Norte y el Sureste por el borde oriental de ambas  mesetas aprovechando una antigua ruta ganadera, en la que los pastores conducían sus rebaños.
 La cerámica más característica del mundo fenico y de todos los cananeos, como es la vajilla de engobe y barniz rojo, nos viene muy bien representada en el yacimiento crevillentino.



sábado, 7 de enero de 2012

SALTISH

Desde el mítico reino tartesio de Argantonio hasta el Imperio romano, la colonización vandálica y visigoda o el asentamiento de culturas como la árabe dieron esplendor al sur peninsular y convirtieron la provincia de Huelva en un auténtico crisol en el que se funde lo que hoy es la realidad andaluza.
Ha sido frecuente relacionar la onubense Isla de Saltés con la capital de Tartesios. Así lo hizo, en su Ora Marítima, el poeta romano Rufo Festo Avieno en el Siglo IV cuando podría referirse a ella como la «isla entre dos ríos». Anteriormente, Estrabón (III,5,5) hablaba de los viajes de los marineros fenicios a la zona desde el siglo VIII a. C. Lo cierto es que entre la leyenda y la referencia bíblica —el Tarschish de El libro de los Reyes—, Tartesios contacta con el mundo griego a mediados del siglo VII a. C.
Tradiciones y mitos movieron a no pocos románticos e investigadores, como Adolf Schulten, a buscar en estas tierras, entre el Guadiana y el Guadalquivir, tesoros de valor incalculable que se atribuían a este pueblo asentado en la rica tierra de Tharsis o Tartesios. Queda claro en todo caso, y está contrastado arqueológicamente, que en estas tierras floreció una avanzada cultura gracias al contacto con el elemento indígena, dedicado al pastoreo y la agricultura, con otros orientales, fenicios, resultando de ello una relevante cultura metalúrgica y comercial en los albores del bronce final. El esplendoroso reino tartesio desaparece entre 530 y 508 a. C. cuando los Púnicos consiguen prohibir el comercio griego con esta zona. Aquello implica una posible crisis en la ciudad que hunde la economía y demografía. Pero aún en crisis, la ciudad continúa permanentemente habitada al ser su situación (minas, río, mar) estratégica para nuevos pueblos.
La Ría de Punta Umbría se sitúa en el estuario de los ríos Tinto y Odiel, y está formada por varios canales o 'burros' los cuales varían dependiendo de las mareas. Podemos destacar el canal de Saltés, Mojarrera, el del Burrillo y el de Ciate, también encontramos dos islas la de Bacuta y la de Saltés unidas entre si por un puente.
Dentro de las Marismas del Odiel, en la isla Saltes y más concretamente en la zona conocida como el Almendral, se encuentran los restos de una ciudad que en época protohistórica la ocupación de la isla de  debió ser estacional por parte de pescadores a la captura de moluscos, ello se deduce de los escasos restos cerámicos fechados en los siglos VII y IV a.C. que llevan a plantear la hipótesis de la existencia de una factoría Fenicia de industrias de pescado o fábrica de salazones,  y cabe considerar  la posibilidad que estos  talleres o fábricas se dedicasen a una labor intensiva y  ya existía aquí un comercio  floreciente con el salazón de pescado donde se fabricaba el garum que como bien sabemos era una famosa salsa muy bien preciada  y considerada en todo el mundo antiguo.
 Además de su valor ecológico por situarse en una zona de marismas y anidamiento de aves destaca por su valor arqueológico para la zona. Ha sido frecuente relacionarla con la capital de Tartessos. Así lo hizo, en su Ora Marítima, el poeta romano Rufo Festo Avieno en el siglo IV cuando podría referirse a ella como la "isla entre dos ríos". Anteriormente, Estrabón (III,5,5) hablaba de los viajes de los marineros fenicios a la zona desde el VIII a. C. cuyo oráculo les indica que deben edificar un templo a Hércules. Lo cierto es que entre la leyenda y la referencia bíblica -el Tarschish de "El Libro de los Reyes"-, Tartessos contacta con el mundo griego a mediados del siglo VII a. C.
«El mar rodea la isla de Salthish por todas las partes; en una de ellas, sólo está separada del continente por un brazo de mar [de escasa] anchura (...); por allí pasan sus habitantes para buscar el agua necesaria (...) Hay pozos de agua dulce, de donde se puede sacar agua sin descender mucho, y también hermosos jardines. Esta isla posee las especies más bellas de pinos, grandes pastos siempre verdes y fuentes de agua dulce; los lacticinios y las leguminosas son excelentes.
En la isla de Saltés, José Antonio Conde conjeturó  que era Tartís o Tarsis, hallaron un templo consagrado a Hércules Thobel. También acuñaron monedas, y en una de las mejor conservadas se ve por el anverso una cabeza con morrión y la leyenda C. Caeli Q. Publici, y por el reverso dos espigas y el nombre de Onuba entre ellas
Las ofrendas intermitentes al viejo santuario de Tiro, enviadas por Cartago, simbolizaban la dependencia espiritual de la capital del mundo púnico de su metrópoli. En el puerto tenía un templo. En las costas del Atlántico existían dos santuarios: El de Lixus y Cádiz; con una isla, Saltes, consagrada a Herakles.
Los fenicios ocupaban promontorios e islas. Estos dos templos españoles se enclavaban precisamente en islas. Advirtió Estrabón la orientación típicamente semita del Herakleion: «Alzaron el santuario en la parte oriental de la isla y la ciudad en la occidental».
Recintos sagrados fenicios al aire libre serían el Promontorium Junonis y el Ara Junonis, citadas por Estrabón y Mela . Estrabón señala también una isla de Juno cerca de Gibraltar ; era parajes consagrados al culto de Astarté.
Onoba acabó probablemente teniendo también un barrio o colonia fenicia, quizás primero con un asentamiento estacional inicial en la isla de Saltes, donde hay cerámicas fenicias fechadas a finales del siglo VII a.C., sobre el nivel de arena de playa en la base la habitación de una casa, que incluyen un plato de engobe rojo o
un cuenco con decoración bruñida al interior. Es posible que formase parte de un santuario de mlqrt, y que la isla estaba consagrada a esta divinidad.
En 1925 se halló una posible cabeza de arcilla de Heracles, y se han localizado en sus proximidades hallazgos subacuáticos de bronces orientalizantes. La presencia de un espacio sacro facilitaría las transacciones comerciales, que se realizarían en la propia isla, un entorno más seguro para los fenicios.
Este primer asentamiento, una de las primeras fundaciones tirias en Occidente (Mederos 2003-04: 131), se trasladaría después junto al poblado indígena del Bronce Final IIIA preexistente, como sugieren las propuestas recientes que consideran que pudo haber existido un asentamiento fenicio de unas 2 o 3 Ha. que alcanzó las 10 Ha. en el siglo VII a.C. (Pellicer 1996: 121), o bien un barrio fenicio al pie del Cabezo de San Pedro, junto al actual puerto, lo cual apoya la abundante presencia de graffiti fenicios.
Un texto de Estrabón (Str., III, 1, 5) recogeuna versión gaditana que trataba de defender la mayor antigüedad de su fundación frente a Sexi (Almuñécar) y Onoba (Huelva) , pero también implica que ambas ciudades entonces disputarían a Gadir, con leyendas propias, la primacía de su fundación por los fenicios.
Otros autores, sin embargo, han defendido que los tartesios expulsaron a los fenicios de la isla de Saltes en Huelva (Schulten 1945: 65-66) o de la propia ciudad de Huelva (Bendala 1979: 38), lo que les obligó a asentarse después en Gadir.
En una excavación se detectó una primera fase constructiva, de fines del siglo VIII o inicios del siglo VII a.C., con un pequeño templo que presentaba muros de adobe sin zócalo y hogares sobre placas de arcilla cuadrangulares, el cual perduró durante toda la fase fenicia hasta el 575 a.C. cuando la zona parece ser destruida por un “maremoto”, por la existencia en la parte superior de “abundantes de restos de origen marino”, sin más precisiones. Esta fase presenta un tintinabulum de bronce, incensarios, lucernas fenicias y griegas, trípodes, urnas Cruz del Negro, platos de barniz rojo, grafitos fenicios y abundante cerámica griega.
Además de esta estructura cultual se documentó un horno de copelación de plata, un pequeño lingote de plata con forma de piel de buey de 2.6 x 3.9 x 5.4 cm. y un pequeño lingote de bronce.
Esta última fase, que comenzaría hacia el 550-500 a.C., aunque tiene varias unidades de habitación anexas a pequeño templo, estas parecen tener una función de almacenaje de ánforas púnicas, y al exterior se localizó galena, escorias de ‘sílice libre’ y un posible
taller de orfebre.
Esta función religiosa, vinculada a un espacio sacro, debió existir previamente en la fase localizada estratigráficamente entre -5 y -6 m. de la que proceden los materiales arqueológicos recuperados, y explicaría bien su gran calidad y abundancia, tanto de cerámicas protogeométricas como la presencia de algunos objetos con posible uso cultual como  pequeños betilos, cáscara de huevo de avestruz
con restos de pintura o de astrágalos de hueso generalmente relacionados con la adivinación, que menciona Pausanias (VII, 25, 1) o astragalomanteia.
 Un cuenco con astrágalos junto a una serie de artefactos cultuales fue documentado en el 920-900 AC y también han sido documentados en Taanach en el interior de una habitación de uso cultual en el siglo X AC  y en Megiddo o Huelva, a veces están perforados y rellenos de metal, cobre o bronce o plomo.
Pero aún excavando mas profundo, encontramos restos tartésicos a varios metros de profundidad.  Según las fuentes antiguas cabe señalar que esta isla era uno los lugares citados como posible ubicación de la ciudad de Tartessos, ya que reúne prácticamente los mismos requisitos que Huelva capital y además es una isla (requisitos recogidos en el artículo de “La ciudad de Tartessos en Huelva capital”). Una de las razones por la que la descartaban como localización de la ciudad, era porque se pensaba que la isla era demasiado pequeña para esa ciudad (aunque quizás no).
Esta ciudad basaba su economía, al parecer por los restos encontrados, en la metalurgia del hierro, siendo el último eslabón en el tratamiento de este metal, aunque también tenían ricos cultivos de legumbres y cereales además de ganadería.
El sincretismo religioso entre griegos y fenicios fue tan grande que muchos de sus dioses, aunque con distintos nombres, eran los mismos. En el caso de Hércules, el sincretismo fue aún mayor, ya que dicho nombre llegó a sustituir al originario Melcart fenicio, aunque en algunos casos como el del Hércules gaditano, se le solía denominar Hércules Melcart, para distinguirlo del Hércules peloponésico.
  • El culto a Hércules es de origen fenicio y en efecto, los fenicios tuvieron una colonia comercial en la isla de Cítera, frente a la costa sur del Peloponeso, que sin duda fue anterior a la fundación de Cádiz. La pequeña isla de Anticítera, perdida en el mar a unos 25 km de la de Cítera, también debía estar dominada por los fenicios, los cuales vinieron a llenar el hueco dejado por el hundimiento del imperio micénico en el año 1.200 a.C., asentándose en las puertas mismas de Micenas.
  • Los fenicios solían ubicar el templo dedicado a Melcart en pequeñas islas relativamente alejadas de la colonia, donde los navegantes iban a dar gracias por la buena fortuna de la travesía. En dichos templos, sobre todo en los primeros tiempos, la víctima ofrecida en sacrificio solía ser un niño, humanizándose más tarde el rito y sacrificándose en su lugar un cordero o un cabrito.
  • El santuario dedicado en Cádiz a Hércules Melcart, llamado Heracleion, estaba ubicado en otra pequeña isla, hoy denominada Sancti Petri, situada a unos 20 km al sur de Cádiz, siendo visitado en su tiempo por personajes tan insignes como Aníbal, Amílcar Barca, Julio César, Trajano, etc. En Sancti Petri se construyó más tarde una torre de vigilancia, reconvertida con el tiempo en prisión y hoy fuera de uso, la cual destaca al norte del islote. La isla de Sancti Petri, en tiempos de los fenicios alejada de la costa, se encuentra actualmente mucho más cerca de ella, estando casi unida al continente por un banco de arena que emerge cuando baja la marea.
  • Debido a la aversión semítica por las imágenes, en los templos fenicios no había imagen alguna que representara al dios (aunque más tarde, una vez helenizados sí las hubo), había en cambio, como rasgo característico, dos pilares o columnas, que en el caso del Heracleion gaditano eran de bronce y tenían ocho codos de altura (3,25 m), semejantes a los existentes en el templo de Tiro.
  • Aunque la denominación inicial de Columnas de Hércules, para designar un accidente geográfico, corresponde a los promontorios próximos a la isla de Anticítera, no es menos cierto que algo más tarde, dicho apelativo debió aplicarse también al estrecho de Gibraltar, teniendo en ambos casos el mismo origen, es decir, las columnas existentes en el templo de Hércules.
  Más tarde se fue afianzando la denominación de Columnas de Hércules para el estrecho de Gibraltar, los fenicios incluso fundaron una colonia en la bahía de Algeciras a la que llamaron Heraclia (que posteriormente se denominó Carteya), cuyo santuario marinero dedicado a Hércules Melcart, se corresponde, casi con toda seguridad, con el templo recientemente descubierto en una cueva ubicada al pie del peñón de Gibraltar, en la que se han encontrado miles de objetos votivos datados en el siglo VIII a.C., lo cual reforzó indudablemente dicho apelativo, existiendo también junto al cabo Espartel, en las cercanías de Tánger, otra cueva conocida como la gruta de Hércules, llegándose casi a perder, entre unas cosas y otras, la memoria de que la denominación de Columnas de Hércules se había aplicado con anterioridad a otro lugar.
  Como ya se ha dicho, en tiempos de Platón existía un cierto confusionismo en cuanto al lugar denominado Columnas de Hércules. No es de extrañar por tanto que Platón pudiera confundir, por desconocimiento, o más bien a propósito, dichos lugares, aprovechando esta coincidencia para sacar la Atlántida del Mediterráneo ya que, al haberla hecho tan grande no cabía dentro del mencionado mar. No obstante, Platón nunca identificó las Columnas de Hércules con el estrecho de Gibraltar, simplemente dijo que la Atlántida estaba al otro lado de dichas columnas.
  De todas formas, lo más importante para Platón no era decirnos dónde estaba la Atlántida, que seguramente no lo sabía, o no le importaba demasiado donde podía estar, sólo quería hacer una crítica de la política de su tiempo y, para hacer dicha crítica, partió de unos datos reales, aunque confusos que guardaba en su memoria, fruto de su viaje a Egipto, los cuales fueron modificados y aplicados a lo que realmente le interesaba.
  Y, ya que estamos hablando de este tema, vamos a referir a continuación algunos datos sobre la fundación de Cádiz (Gadir para los fenicios), recogidos por el sabio Posidonio de labios de sus propios habitantes: “Cierto oráculo mandó a los tirios (los fenicios de Tiro) fundar un establecimiento en las Columnas de Hércules; los enviados para hacer la exploración llegaron hasta el estrecho que hay junto a Calpe (Gibraltar) y creyeron que los promontorios que formaban el estrecho eran los confines de la tierra habitada y el término de las empresas de Hércules; suponiendo entonces que allí estaban las columnas, echaron el ancla en cierto lugar más acá de las Columnas, donde hoy se levanta la ciudad de los sexitanos (Almuñécar). Mas como en este punto de la costa ofreciesen un sacrificio a los dioses y las víctimas no fueron propicias, entonces se volvieron. Tiempo después los enviados atravesaron el estrecho, llegando hasta una isla consagrada a Hércules (Saltés), sita junto a Onuba (Huelva), ciudad de Iberia, y a unos 1.500 estadios fuera del estrecho, sacrificaron de nuevo a los dioses; mas otra vez fueron adversas las víctimas, y regresaron a la Patria. En la tercera expedición fundaron Cádiz y alzaron el santuario en la parte oriental de la isla y la ciudad en la occidental”.
  En cuanto al último párrafo de esta cita, cabe hacer varias interpretaciones, una que esté mal transcrito, otra que existieran dos templos dedicados a Hércules, uno en la isla de Cádiz y otro en la de Sancti Petri, ya que de la existencia de un templo dedicado a Hércules en Sancti Petri no cabe ninguna duda. También puede ser que el templo de la isla de Cádiz no estuviera dedicado a Hércules.
  De todo esto se deduce que los fenicios no iban buscando las Columnas de Hércules, sino más bien un lugar para colocarlas en el templo que pretendían fundar.

LOS HINTERLAND FENICIOS

EL HINTERLAND DE MAZARRON

EL HINTERLAND DE VINARRAGELL

 HINTERLAND TARTESICO EN LA MANCHA

 SEXI Y SU HINTERLAND

EL HINTERLAND DEL RIO GUADALHORCE

EL HINTERLAND DE LA FONTETA

 EL HINTERLAND DE ANDALUCIA

  EL  HINTERLAND DE HUEVA

EL HINTERLAND DE GADIR

ALHONOZ Y SU HINTERLAND 

EL HINTERLAND DE EXTREMADURA

CASTULO Y SU HINTERLAND

EL HINTERLAND DEL CERRO DE ALCORCON

EL HINTERLAND DE MASTIA

AKRA LEUKA Y SU HINTERLAND

EL HINTERLAND  DE SUKRO – CULLERA

EL HINTERLAND DE  AMPURIAS

HINTERLAND DE ALLONIS