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miércoles, 8 de enero de 2014

VINARRAGELL


A partir del s. XIII a.C., en el mundo mediterráneo se producen cambios trascendentales en el ámbito social, político y tecnológico. Las transformaciones acaecidas con la desaparición de los centros orientales suponen la aparición de nuevas formas de poder político y la  descentralización del comercio de artículos de alto valor.
Algunos núcleos cuya dinámica socio-económica así lo permitió se convierten con el Hierro Antiguo en verdaderas ciudades.
   El contexto sociopolítico mediterráneo permite un comercio más ágil, no monopolizado por los grandes estados, apoyado en puntos estratégicos y comunidades de paso que experimentan un importante desarrollo al amparo de su papel de intermediarios. Estos procesos crecientes de interacción y multidireccionalidad de influjos culturales son catalizados desde el Mediterráneo centro-oriental hacia occidente. La expansión de la cultura tartésica por el sureste se hace patente en yacimientos del Bronce Final como el yacimiento de Vinarragell.
   Este enclave, situado en la desembocadura del Mijares, ofrece una buena posición estratégica y cumple todos los requisitos para ser una comunidad de paso, al ubicarse en un punto que controla las vías de comunicación y puede articular varias regiones.
Nos encontramos con  un asentamiento donde los fenicios se habían instalado creando así la producción cerámica, broncista y orfebre, inspirada esta última en joyas  etruscas orientalizantes y de influencia jónica.
       A demás parece que  trabajaba un artesanado extranjero produciendo armas y objetos de tipo atlántico, lo que da idea de la existencia de este tipo de contactos comerciales a larga distancia. Los artesanos fenicios instalados en el poblado suscitaron una destacada producción alfarera cuyas piezas sirvieron para abastecer a otros yacimientos más interiores.
   La interacción humana y comercial con el mundo fenicio fue incrementándose, de modo que Vinarragell, partícipe de la corriente orientalizante, experimentó en el siglo VII a.C. una formidable expansión urbanística. El asentamiento adquirió un perímetro amurallado y experimentó obras públicas y de aterrazamiento.
  La ciudad portuaria instalada al abrigo de los vientos de levante, se encontraba en un punto estratégico no sólo para la explotación primaria de los recursos económicos sino, y a ello se debió tal elección, en un lugar óptimo de un cauce fluvial que comunicaba el Este Peninsular con el Bajo Aragon, un eje comercial de especial importancia en la protohistoria de ambas regiones.
    El yacimiento se encuentra en la orilla derecha del paleoestuario del río Mijares al final del Camí Santa Pau y forma parte de una extensa finca de naranjos y pertenece al término de Burriana, ciudad de la que dista cinco kilómetros y con la cual se comunica.  El río Mijares es el curso fluvial más importante de la provincia de Castellón, tanto en caudal como en longitud. Su nacimiento se sitúa sobre los 1.600 metros de altitud, en la provincia de Teruel. La desembocadura está formada por un cono aluvial, cerrado superficialmente por un cordón de gravas, roto sólo por los efectos de los temporales de levante sobre la línea de costa.
Se puede decir que este yacimiento no pasó por la fase del íbero pleno, pasando desde  la  Primera Edad del Hierro  o del estado castreño a la etapa orientalizante.
Tras diversas campañas, entre 1974 y 1979 se localizaron seis fases distintas de esta pequeña elevación que fue creciendo a causa de sus sucesivos hábitats. La primera es la época fundacional o europeizante, a la que siguen la fenicia, ibérica independiente, ibérica dependiente, semita y también cristiana.
En su desembocadura forma una especie de albufera alargada de unos 90 metros de anchura, que se hace más angosta en la línea de la costa por el avance de un cordón litoral desde el norte que la cierra parcialmente.
  La intensidad del comercio fenicio queda justificado con la presencia antigua de manufactura de bronce en todo el levante.
  El yacimiento es de gran relevancia, pues se trata de una de  las colonias fenicias más importantes en el este peninsular.
Se considera Vinarragell como un gran poblado  costero de carácter íbero-fenicio en cuyo hábitat un jefe local se establece de forma destacada y donde se pueden observar los elementos determinantes para ostentar y acrecentar su prestigio, por ejemplo, las poderosas fortificaciones o el control de la producción del vino, bebida de destacada importancia en los contextos político-ceremoniales mediterráneos de consolidación del poder aristocrático.
 Este poblado fenicio de la Ilergavonia estuvo habitado entre fines del siglo VIII y el tercer cuarto del siglo VI a.C.
 El emplazamiento fenicio se debería a los marinos metalúrgicos y comerciantes que necesitaban un puerto en el estuario, y un hinterland rico en mercancías (azafrán, vino, lapis specularis, hierro). Ocupaba un sitio privilegiado como papel de puerto de mar y punto de salida para el comercio de los productos de su hinterland.
 Vinarragell generalizó diferentes productos, principalmente cerámicas torneadas, en el hinterland del Mijares y del Bajo Ebro, mientras que los artesanos fenicios instalados en esta población suscitaron una destacada producción alfarera cuyas piezas sirvieron para abastecer a otros yacimientos más interiores.
Las cerámicas fenicias han sido el principal objeto de estudio para establecer la cronología y el ritmo de los principales cambios estructurales que dieron lugar  a la incorporación de la sociedad prehistórica occidental en la historia general del Mundo Mediterráneo.
La  producción anfórica se inició antes de la mitad del siglo VIII a.C. en buena parte de los centros afectados por el comercio fenicio, especialmente en aquellos que contaban con ciertos recursos agrícolas y pesqueros.
La presencia de los fenicios es difícil de datar cronológicamente; es posible que fueran ellos los que enseñaron al núcleo ibérico la utilización del torno y el horno de alfarería.
La cronología de estas ánforas data entre el 675 a C al 550 a C, fabricándose en diversos centros del sur de la Península, que posteriormente los íberos adoptaron formas fenicias, pasando rápidamente a ser fabricadas por los propios indígenas.
Hay también una serie de piezas  fenicias hechas a torno a las que resulta difícil encontrar un cierto paralelo entre las de más factorías  fenicias del Mediterráneo, que pueden corresponder a novedades de los alfareros de la zona.
Se trata pues, de un yacimiento indígena  de carácter hallstático sumergido en las redes comerciales de las factorías o  colonias  fenicias instaladas en el Mediterráneo.
En este poblado tras las diferentes excavaciones no se ha encontrado la necrópolis correspondiente, por tanto, es obvio, la inexistencia de ajuares en las tumbas.
Su posición indica que actuó como escala en la ruta que unía los enclaves fenicios ibicencos con las colonias fenicias andaluzas y valencianas. Es un yacimiento perteneciente  a la primera Edad del Hierro y a la cultura de los campos de urnas en un principio hasta que llegaron los colonizadores del Mediterráneo, es decir fenicios y griegos, notándose una gran influencia tartésica, a lo que se sumó paralelamente el efecto directo de la acción de los colonizadores, muy activos en la costa.
Las ánforas, tinajas y otras cerámicas a torno, lisas o pintadas fenicias introducidas en el medio indígena peninsular desde las colonias fenicias de Andalucía, dieron lugar a una corriente de imitaciones, burdas en un principio, pero gracias al torno de alfarero y al horno de cámara alcanzaron pronto un alto nivel tecnológico.
 Por su proximidad sería el gran foco difusor de los nuevos adelantos tecnológicos y culturales  de carácter orientalizante que afectaron de manera progresiva a las comunidades indígenas del Bajo Aragón.
Se encontraron muros pero por la destrucción que  padecen es casi imposible estudiar sus características. Había una estancia dedicada al almacenamiento de grano.
Dentro de la investigación protohistórica sobre los fenicios, el comercio ha sido uno de los pilares del estudio arqueológico, interpretándose tradicionalmente como el principal motor económico del mundo orientalizante, a excepción de otras posturas que defendían el desarrollo de políticas de implantación territorial como impulso económico.
Un problema de los estudios sobre las estructuras comerciales protohistóricas ha sido la aplicación de modelos interpretativos o terminologías modernas sin una reflexión previa sobre dichos conceptos, tales es el caso de términos como economía, comercio o intercambio. El comercio, interpretado de forma determinista como vertebrador únicamente de intercambios con fines de enriquecimiento o subsistencia, también incluye una dimensión social en la cual existe una gran multiplicidad de transmisiones e interacciones relativas a la esfera social y cultural, ya que la realización de estos intercambios de bienes conlleva implícitamente el establecimiento de relaciones sociales e intercambios de conocimiento entre los agentes implicados en esta actividad.
Este enclave era más que suficiente para el comercio colonial primitivo, siendo esta privilegiada situación del yacimiento
Se hallaron fragmentos de vasijas  de importación en forma de ánforas. Toda la cerámica encontrada está fragmentada. Se halló  una vasija geminada de bronce. Se halló un fragmento de vaso esgrafiado bruñido, así como varias piedras de molino barquiformes.
Había también bordes de ollas de perfil con cabeza de caballo. Se encontraron varios fragmentos de los llamados Kalathos o sombrero de copa y también  fragmentos de cerámica ibérica de grandes vasijas o tinajas realizadas a torno pintadas  decoradas en negro, marrón o rojo, con bandas, filetes, flecos, círculos y semicírculos concéntricos, tableros de ajedrez y varios motivos geométricos propios de la época.
Se hallaron también fragmentos arcaizantes hechos a torno de cerámica negra pertenecientes a bocas lisas algo exvasadas.
Se documentan muestras de pithoi perteneciente a la cerámica ática. Platos y cuencos de pie trípode. Todo ello apunta al periodo  y carácter orientalizante de todas las poblaciones de la  costa.
 Según las excavaciones se podría interpretar Vinarragell como el hábitat donde un jefe local se establece de forma destacada y donde se pueden observar los elementos determinantes para ostentar y acrecentar su prestigio, por ejemplo, las poderosas fortificaciones o el control de la producción del vino, bebida de destacada importancia en los contextos político-ceremoniales mediterráneos de consolidación del poder aristocrático.

CERÁMICA IBERICA

A partir de finales del siglo VII a. C. y durante gran parte del siglo VI a. C., las primeras cerámicas ibéricas pintadas y lisas del sur y sureste peninsular muestran repertorios de clara filiación fenicia, sobre todo en lo que se refiere a los grandes contenedores como ánforas o tinajas, que incorporan poco a poco formas nacidas de la creatividad indígena.
En Vinarragell queda bien patente la progresiva sustitución de las cerámicas hechas a mano por las realizadas a torno. Todo ello provocará una mayor estabilidad de la población mediante la concentración en núcleos mayores y la consolidación de nuevas formas constructivas.
Por los vestigios hallados parece que en esta villa la economía de las gentes  era  que se dedicaban principalmente a la agricultura, al comercio marítimo  y a la ganadería. Esto lo prueba la existencia de un horno encontrado para cocer pan. En las cercanías hay una presa pre-romana con su  respectivo canal de drenaje. La cultura material del enclave se define por la existencia de un repertorio cerámico donde predominan las producciones a torno, en las que destacan las ánforas, los recipientes o jarras de  tipo pithos y vajilla de mesa, con platos y cuencos, que dejan sentir el peso de la influencia fenicia, aunque el conjunto se aleja de los ajuares hallados en enclaves coloniales. Junto a las cerámicas a torno coexiste un importante conjunto de cerámicas realizadas a mano que alcanza porcentajes cercanos al 25-30 % del total.
       Este poblado estaba en la red del extenso comercio fenicio, como demuestra la aparición de ánforas de cintas de origen centro- Mediterráneo y probablemente fenicio sardo. Debemos recordar que todas las piezas que han sido encontradas en este yacimiento han aparecido muy fragmentadas, por lo que es casi imposible hacer un estudio detallado, aunque lo podamos hacer bastante aproximado
  Junto a la cerámica a mano local encontramos en Vinarragell cerámicas a torno de imitación e ingentes cantidades de cerámicas importadas, lo que nos lleva a hablar de la presencia estable de gentes fenicias. Estas gentes configurarían un barrio colonial especializado en tareas mercantiles y artesanales.
Hay, también, grandes recipientes globulares, bien espatulados, decorados barrocamente con una temática geométrica que comporta bandas horizontales y en zig-zags, hechas con el lomo de la espátula, y cordones entrecruzados, dejando áreas triangulares decoradas con esférulas; así como pequeños recipientes con pitorro vertedor.
Los molinos de fabricación casera son barquiformes, aprovechando los rodenos del río.
Según Plinio  nos encontramos en un opiddum o poblado que era el límite entre la Edetanía y la Ilercavonia.
Se cree que fue una colonia fenicia, o tenía buenas influencias comerciales con los fenicios en la cual se hacía comercio con lo típico de la época (adornos, brazaletes, fíbulas, botones, vino, cerámica, garum, aceite, marfiles) con todos los puertos del Mediterráneo, dándole un carácter orientalizante.
Es probable que hubiera un taller de imitación de cerámica negra de carácter oriental o jónica.
Fragmentos correspondientes a grandes ollas o recipientes a torno, con el borde saliente,  con la pasta color anaranjado, cuarzo, cal y dióxido de hierro como  material desgrasante, llevan en el exterior un engobe amarillento, y podemos decir que son parte de la cerámica procedente de Cartago. Estos recipientes presentan una orejeta con perforación vertical, sobre una característica carena, y se describen como vasos cortados con asas y orejetas.
  Los ejemplares de este tipo datados en la segunda mitad del siglo VI a C. constituían los precedentes para  las urnas de orejetas ibéricas, los cuales copiarán los indígenas en cada uno de sus poblados o talleres.
  Es posible que tuvieran como divinidad a la diosa Astarté como demuestran los hallazgos de una figura de terracota, dedicada a esta divinidad, en uno de los santuarios cercanos.
 El intercambio comercial marítimo se efectúa entre promontorios costeros y prelitorales conectados visual y físicamente a través de los cursos fluviales que actuaban como una vía de penetración a las tierras del interior (Maestrazgo) constituyendo una vía de penetración hacia el interior a través del río Mijares.
Debió ser un gran núcleo urbano fechado en el siglo VI a.C. y como  es de suponer tendría también una fábrica o factoría dedicada a la producción salazones como todas las ciudades del litoral Mediterráneo.
Los mercaderes fenicios instalados aquí posiblemente negociaron con objetos de metal, pero también con otros productos, principalmente vajillas cerámicas u productos agropecuarios almacenados en ánforas u otros grandes contenedores.
 Por  la cantidad de fragmentos cerámicos correspondientes a ánforas, se cree que era un gran centro mercantil en el que se comerciaba tanto con aceite y vino, procedente de las colonias del Mediterráneo y del resto de la Península, es decir, tanto de la costa como del interior.



martes, 7 de enero de 2014

El torrelló del Boverot



 Este poblado, situado en las terrazas superiores del río Mijares, es muy pequeño en extensión, no obstante, eso resulta interesantísimo desde el punto de vista de los materiales, piezas excepcionales tanto por sus formas como por sus decoraciones. 
El asentamiento del Torrelló se asienta en la parte oeste del término municipal, de Almassora junto al río Millars ( Mijares) y lindando con el término municipal de Onda.
En él se ha documentado mediante varias excavaciones arqueológicas unos restos del poblado de la época del Bronce, datados hacia el año 1000 a.C. A ellos se superponen diversas clases de estructuras urbanas, que dan pie a distintos momentos de la ocupación, quizás los más visibles son la calle ibérica con sus viviendas adosadas, datada alrededor del 160-140 a.C.
Otras estructuras importantes son las distintas murallas, un total de más de 70 metros longitudinales, que protegían la aldea de las constantes invasiones.
Una de las fases que más conocemos es la que se produce alrededor de las siglos VIII - VII a.C., donde se construyen unas viviendas elipsoidales en las cuales aparecen unas cerámicas realizadas a mano y de colores negruzcos.
Posteriormente, hay un cambio en el sentido orientativo de las casas, realizándose ahora de norte a sur, y con unos muros completamente rectilíneos, apareciendo por primera vez las vasijas levantadas con el torno de alfarero, lo que supone un cambio considerable en la economía.
Como en todos los poblados ibero-fenicios es de suponer que aquí se encontrase un taller local de alfareros indígenas que fabricaban ánforas de imitación fenicia además de  diferente cerámica ibérica.
Aunque también es posible que toda la cerámica hallada fuese de importación de Andalucía.
En este periodo cuando se documentan por primera vez algunas semillas de uva.
La importancia de este poblado radica en su situación estratégica de control de las rutas de comercio hacia el interior, en su condición fronteriza y en los numerosos restos de un importante comercio con los fenicios que lo convierten en un centro distribuidor de mercancías fenicias hacia el interior.
Por tanto vemos que aquí es notoria la influencia de los colonizadores semitas del Mediterráneo, es decir, se ve claramente la influencia de carácter fenicio en este poblado, que formaría parte del Hinterland de Vinarragell.
 Posteriormente y ya en la última fase de la ocupación del poblado, al final del momento Ibérico, siglo II a.C., encontramos diversas viviendas que se alinean entorno a una calle central de un metro de anchura, donde se han encontrado unas escaleras con cuatro peldaños.
En el interior de una de estas casas y situado debajo del suelo de una chimenea, se obtuvieron los restos de un niño recién nacido, que posiblemente murió en el parto. Encontrar niños enterrados en las casas es bastante normal, esto suponía creer en una inmediata fecundidad. Respecto a los restos de contenidos en algunas piezas cerámicas se han documentado miel con restos de higos o miel con frutos carnosos, además de la existencia también en ánforas de cebada fermentada o cerveza. En cuanto al estudio de los huesos, se han detectado gallos, ovejas, cabras, conejos, caballos, cerdos, es decir animales domésticos principalmente, aunque también se han encontrado huesos de ciervo.
      En la última fase de la ocupación del poblado, al final del momento Ibérico, siglo II a. C., se hallan diversas viviendas que se alinean en torno a una calle central de un metro de anchura, donde se han encontrado unas escaleras con cuatro peldaños.
    Los huesos de animal, ovicáprido, se dan en la modalidad de quemados con lo que podía pensarse también en una ofrenda alimenticia procedente de un sacrificio ritual que acompañase al difunto en el viaje a ultratumba.
  Los animales consumidos eran sacrificados a una edad superior a los 40 meses, según nos indica el desgaste de los dientes de las mandíbulas.
  Parece usual el material óseo de animales, en los ritos cultuales ibéricos en enterramientos de incineración, pero no lo es tanto el que estos también hayan sido quemados, aunque a medida que se elaboran estudios más profundos, se detecta que éstos se presentan abrasados en el interior de las urnas. 
Hay varias formas de cerámica globular y bruñida fabricadas a mano, decorada con incisiones en su parte exterior, así como impresiones correspondientes a la I edad el Hierro y fechadas en el siglo VII a. C.
También se encontraron diferentes formas de cerámica realizada a mano datadas en la misma época.
    Se han encontrado varias ánforas  fabricadas a torno de las conocidas como fenicias, en las cuales se ha podido  documentar que llevaban o transportaban en unas vino y otras salazones.
 Entre los diferentes hallazgos se han encontrado en la necrópolis y en diferentes tumbas varias urnas de carácter cinerario.
En dicha  necrópolis también se ha hallado un escarabeo etrusco, ese amuleto con forma de escarabajo pelotero -de ahí su nombre-, y que tiene su origen en la mitología egipcia. También se halló una tumba -incineración 20- con las cenizas de dos personas, además de restos de ovicáprido, e interesantes fragmentos de cerámica policromada.
   En una de las tumbas de dicha necrópolis la cerámica ofrece una pintura singular que carece de paralelos en todo el yacimiento como puede verse en el estudio de ella.
 Realmente, se cree que las tres piezas con pintura policroma se realizaron para esta tumba ex profeso y por el mismo alfarero. Es decir, se llevarían a cabo para la función de contener las cenizas de unos difuntos, y por tanto deben de entenderse ellas mismas como ajuar, al igual que otras piezas en otras necrópolis.
 Se ha encontrado dos fragmentos fenicios a torno correspondientes a lo que se conoce como tipo “Cruz del Negro” con pasta de Sándwich, gris interior y ocres anaranjados en los exteriores con abundante desgrasante equistoso correspondiente a finales del siglo VII a. C..y primeros del VI.
 También se ha encontrado varios fragmentos de  pithoi de carácter fenicio con decoración de bandas y filetes.
  Tenemos también varios fragmentos de  diversos platos de trípode fenicio fabricado a torno con pasta gris oscura y desgrasante de cuarzo y micas con las caras exteriores con un engobe verde aceituna.
 Existen también numerosos fragmentos de ánforas fenicias fabricadas a torno y con distintas clases de  engobe.
Estas cerámicas, debieron ser sometidas a un sistema de cocción bastante rudimentario, en el cual, probablemente no superaron en ningún caso los 800º Centígrados, ya que los materiales se mantienen intactos en los fragmentos analizados.
Hay otro grupo de pastas que corresponden a un grupo de muestras fenicias, cuyo origen más probable sea el sur de la Península, caracterizadas en su mayoría, por una cantidad  de desgrasantes, cocción a elevada temperatura y un bajo contenido en calcita y materiales arcillosos.
Estas primeras piezas con torno llegan desde las costas mediterráneas de Málaga, hasta la desembocadura del Millars o Mijares. 
En este poblado las gentes del lugar se dedicaban al comercio que realizaban a través del río y consistía en la producción de vino ya que formaba  parte de su estatus y al intercambio de distintas mercancías que río arriba y río abajo transportaban con sus barcazas.
 Formaba parte de lo que conocemos como el Hinterland de Vinarragell, localizado en la desembocadura del Mijares.
Las importaciones fenicias, en tanto que con-tenedores de productos alimenticios, se vinculan al interés de los grupos –aquellos interlocutores de los intercambios– por el consumo convivial. Beber y consumir alimentos pueden ser actos sociales con funciones determinadas, la más extendida de las cuales es potenciar –y manipular– la interacción social a través de la institución de la hospitalidad. Esta puede producirse de muchos modos, pero lo más destacable es que mediante su práctica se establecen diferentes relaciones sociales; así, se pueden producir relaciones de reciprocidad u obligaciones sociales pero, al mismo tiempo, puede servir para aumentar el prestigio y el poder social o, de forma sutil, crear vínculos de dependencia.
Puesto que las ánforas fenicias contuvieron principalmente vino cabe plantear las ventajas sociales, políticas y económicas de la bebida en una sociedad precapitalista de pequeña escala. Sin embargo, el vino fenicio no debió ser la primera bebida alcohólica que consumieron los grupos indígenas de la costa oriental peninsular, ya que es probable la elaboración de cerveza durante el Bronce Final, y con toda seguridad en el norte y este peninsular, ya que  se documentan copas o pequeños cuencos de tipología variable.
Los bienes de prestigio no actúan por sí solos, ni sus significados son fijos, sino que sus valores dependen de quienes se los otorgan.    
  Los intercambios expresan, así, la particularidad de una situación entre una expansión comercial protagonizada por los grupos fenicios y los intereses de ciertos grupos indígenas en asentamientos que controlan las vías de comunicación y ya existentes desde el Bronce Final.

lunes, 6 de enero de 2014

FENICIOS EN LA ILERGAVONIA


Será en el siglo XIII a. C. cuando se produzcan cambios importantes en el mundo Mediterráneo.
  Hablar de una relación indígena-fenicio que se limita al mero contacto mercantil, lejos de los planteamientos coloniales, ya sean meramente comerciales, o agrícolas y comerciales. Por tanto, estamos ante una relación indígena-comerciante, una relación que seguramente seguirá en siglos posteriores.
Los ríos como vías de penetración se consideran en el caso del Ebro y del Mijares, con asentamientos que pueden hacer la función de redistribuidores, es el caso de Aldovesta de Benifallet en el Ebro y el Torrelló de Almassora y Vinarragell de Burriana en el Mijares. A través de las vías fluviales se llega a los extremos más interiores, es el caso de la necrópolis de Can Bec de Baix en Agullana con el Muga, Anglés con el Ter, Castellvell y Anserese con el Llobregat, Santa Bàrbara con el Foix, la Morranda con el Senia, Cortes de Arenoso con el Mijares y el Villahermosa, y Bejís con el Palencia.
La historiografía fenicio-púnica, que aunque se había iniciado rezagada en relación al sur, en el último cuarto del siglo XX tuvo su gran esplendor dentro de la investigación arqueológica, aportando datos que permitieron dar una nueva visión, no solamente a los estudios fenicios y púnicos, si no también a los referidos a las culturas locales, especialmente al mundo ibérico. Así, la Cultura Ibérica dejaba de tener su nacimiento en la «generación espontánea, y como marcan los cánones del origen y desarrollo de cualquier cultura, se le dotó de un precedente y un motivo de desarrollo, el cual a su vez, contextualizaba la Cultura Ibérica dentro de una cronología más acorde en el ámbito de la protohistoria mediterránea, situando a los iberos en el mosaico cultural mediterráneo del momento, lo que significó toda una revolución en la concepción de la iberización.
En 1974 se publica la estratigrafía del yacimiento de Vinarragell de Burriana, en donde de nuevo, se volvían a presentar materiales fenicios en esta zona al norte del río Segura (Mesado 1974). Aunque la visión que se quería ofrecer en la interpretación de la estratigrafía era la de una conjunción con los planteamientos «académicos» del momento en la historiografía valenciana, el corte estratigráfico, juntamente con otras estratigrafías de sumo interés para el proceso de la investigación protohistórica, como el caso de los Saladares de Orihuela (Arteaga – Serna 1973; 1975), rompían las tesis sobre las que se había planteado los estudios de las colonizaciones  antiguas.
 La llegada del pueblo fenicio a Castellón. Esta revelación histórica es la que se extrae, en un principio, de los dos poblados de la Edad de Hierro hallados en los alrededores de la ermita de Santa Llúcia de Alcalà de Xivert.
Así pues, se establecía una proyección hacia el norte costero peninsular de las denominadas factorías fenicias del sur. Una proyección que se justificaba por la búsqueda de nuevos puntos de aprovisionamiento de metales, especialmente hierro, y de nuevas rutas hacia el Atlántico para llegar a los centros del estaño a través del istmo de Aquitania. La contrapartida fenicia venía indicada por las ánforas, y las cerámicas pintadas con bicromía que corresponderían a los pithoi, lo que denunciaba un comercio de productos alimenticios, ya sea aceite, vino o salazones.
  Unas excavaciones  han sacado a la luz dos yacimientos con numerosas piezas de cerámica y otros metales que arrojan luz “sobre el asentamiento del pueblo fenicio en la provincia y su aportación del comercio como forma de vida”, explica el arqueólogo que dirige las prospecciones, Gustavo Aguilella, quien asegura que, “a nivel de investigación, estos descubrimientos son muy importantes, porque se puede llegar a conocer los detalles de la presencia fenicia y su cronología”.
En la montaña hay dos poblados diferenciados, uno fechado en el siglo VI antes de Cristo y otro datado del segundo milenio antes de Cristo. No obstante, Aguilella afirma que el enclave “podría estar repleto de más yacimientos similares”, ya que “si hemos encontrado dos poblados es muy probable que demos con más y, por tanto, podríamos descender hasta estratos más inferiores para buscar más material”.
Por ello, confía en que “en un futuro se puedan realizar más catas, para sacar a la luz más hallazgos y completar las piezas encontradas”. En este sentido, destacó que “se han extraído un buen número de elementos y muy bien conservados, pero estos tendrán que ser sometidos a un exhaustivo proceso de análisis y restauración para recuperarlos”.
Muchos de los restos han aparecido rotos, por lo que las nuevas prospecciones se hacen necesarias “para poder completarlas”.
 Un trabajo que se prolongará “por varios meses”, dada la gran cantidad de material que se ha encontrado.
Indicar que uno de los legados más importantes que dejó el pueblo fenicio fue su arte en objetos cerámicos y el comercio, que extendió por una gran parte de la costa del mar Mediterráneo.

LOS HINTERLAND FENICIOS

EL HINTERLAND DE MAZARRON

EL HINTERLAND DE VINARRAGELL

 HINTERLAND TARTESICO EN LA MANCHA

 SEXI Y SU HINTERLAND

EL HINTERLAND DEL RIO GUADALHORCE

EL HINTERLAND DE LA FONTETA

 EL HINTERLAND DE ANDALUCIA

  EL  HINTERLAND DE HUEVA

EL HINTERLAND DE GADIR

ALHONOZ Y SU HINTERLAND 

EL HINTERLAND DE EXTREMADURA

CASTULO Y SU HINTERLAND

EL HINTERLAND DEL CERRO DE ALCORCON

EL HINTERLAND DE MASTIA

AKRA LEUKA Y SU HINTERLAND

EL HINTERLAND  DE SUKRO – CULLERA

EL HINTERLAND DE  AMPURIAS

HINTERLAND DE ALLONIS