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viernes, 23 de marzo de 2012

La Dama de Elche

Los fenicios comenzaron a llegar alrededor de 1,000-900 ac, su primera gran colonia fue Gades (Cádiz moderno). Siglos más tardes, llegaron los griegos y establecieron su principal colonia en Emporiae (hoy conocido como Ampurias) en 575 ac. Un proceso similar de la difusión cultural ocurrió en Iberia como en Sicilia, es decir que los íberos locales comenzaron a adoptar los estilos artísticos de los griegos y fenicios. El ejemplo más evidente de este proceso es una serie de famosas esculturas del Sudeste de España, como la Dama de Elche.
Una de las obras claves de representación fenicio-cananea en la Contestanía puede ser la Dama de Elche la cual podría representar a  la diosa fenicia Astarté, cuyas joyas y amuletos son de carácter semita y de estilo orientlizante perteneciente a la antigua colonia de Illice.
 Esta escultura ibérica se caracteriza por la influencia recibida del entorno fenicio aunque adaptada a las necesidades propias de los indígenas de la Península.
Los esquemas decorativos de la Dama de Elche pertenecen al mundo oriental del Mediterráneo", señala, lo que le permite concluir que "como ese repertorio fue objeto de una relectura, de una integración en un estilo propio de la zona, debía de haber una escuela local de artesanos escultores" en el momento de creación de la Dama, en el IV o V siglo a. C.
Fechada en el siglo VI a. C., al parecer la estatua es una representación de la diosa Tanit — la Astarté fenicia — protectora de la fecundidad, del hombre y de los animales. Con todo, la escultura acusa una influencia griega en ciertos elementos, como la distribución del ropaje sobre el cuerpo y la ejecución del rostro, de gran realismo y encanto hierático. Sin embargo, lo que más sorprende de la Dama de Elche es su enigmático rostro, de bellas y delicadas facciones.
Los últimos estudios apuntan a que la estatua pudo ser obra de los llamados escultores nesióticos, es decir, de aquellos que iban de isla en isla y de país en país trabajando de modo itinerante en función de la demanda de sus servicios.
La complejidad del tocado ya habla de un pueblo dado al adorno al menos en circunstancias especiales y con tiempo de sobra ya que ese tocado debe llevar horas montarlo.

Con el nombre de arracadas se distinguen los pendientes completos, y más especialmente los de grandes dimensiones. Los llevaron de este tipo y de forma circular muchos pueblos antiguos como los egipcios, asirios, fenicios, etruscos, celtas e iberos. De estos últimos, son buena prueba algunas estatuas como la famosa de la Dama de Elche y quizás tuvieran el mismo destino muchas de las placas en forma de disco de bronce repujado halladas en sepulturas celtíberas. De labor fenicia con reminiscencias asirias son las magníficas arracadas de oro halladas en el Tesoro de Aliseda.
Algunas culturas utilizan los pendientes como amuleto protector, para impedir que los malos espíritus se introduzcan en el cuerpo a través de los oídos.

El tema representa  a una mujer ricamente vestida con una doble túnica sobre la que lleva un manto que le cubre la cabeza y los brazos y que presenta pliegues en zig-zag en sus bordes asimétricos. Luce tres hileras de collares abigarrados, uno con lengüetas, el del centro es de anforillas (según los expertos para contener perfumes). En la cabeza lleva un tocado muy complicado, compuesto por un velo sujeto sobre una peineta adornado con diademas, posiblemente de oro, y por dos enormes discos o rodetes a los lados del rostro, junto a los que cuelgan dos aparatosas arracadas formadas también por multitud de anforillas.
El rostro presenta una gran serenidad y belleza muy sencilla, con los ojos algo oblicuos, una nariz recta, pómulos ligeramente marcados y una boca de labios bien diseñados, con restos de policromía. Tiene un ligero aire melancólico.
La composición es muy sencilla, cerrada, poco estudiada; la figura está hecha para ser vista de frente. Se estructura en un eje vertical. Predominan las líneas rectas, aunque las curvas en rodetes y collares compensan y dan mayor veracidad. Aparece estática, algo rígida, con hombros demasiado anchos y cuello corto. El artista ha tallado con especial cuidado los adornos y joyas, prestando gran atención a los detalles para mostrarnos la posición social superior de la dama.
La función de la escultura es probable que sea funeraria: posiblemente era una urna cineraria ya que en la espalda tiene un hueco para meter las cenizas del muerto ( igual que la Dama de Baza). No sabemos quién es esta dama: podría ser una sacerdotisa o bien una señora de la aristocracia difunta o más probablemente una diosa-madre que acompaña al fallecido al otro mundo.
El estilo es  una obra del arte Ibérico perteneciente a la segunda mitad del siglo V ó al IV a.C ( existe poca precisión a la hora de datar la escultura porque se ha hallado sola) . Presenta similitudes con las esculturas griegas de comienzos del siglo V a.C , aún con ciertos rasgos de arcaísmo ( la frontalidad, la rigidez, los ojos oblicuos ,etc) pero hay ya búsqueda de belleza idealizada y serenidad. Sin embargo el escultor no se limitó a copiar sino que interpretó los modelos orientales con gran originalidad.
De escultor y  autor desconocido, sin duda un indígena que tenía conocimiento de obras de arte griegas. La dama de Elche es una muestra extraordinaria de la escultura ibérica porque en ella se ve muy bien la síntesis cultural que los pueblos ibéricos, establecidos en el litoral levantino y sur de la península durante la segunda Edad del Hierro, realizaron debido al contacto comercial con los pueblos colonizadores mediterráneos, especialmente fenicios y griegos. La influencia fenicia aparece claramente en las joyas que porta la dama (en el Museo Arqueológico Nacional hay piezas de orfebreria fenicia-tartésica muy semejantes, como las piezas de oro del tesoro de la Aliseda, realizadas en filigrana y granulado).
De acuerdo con William H.Swatos el autor de "La enciclopedia de la religión y la sociedad", la Dama de Elche, podría tener una estrecha relación con Tanit, la diosa y patrona de Cartago, a la que rendían culto los íberos púnicos. Tanit fue una diosa fenicia que representaba a la luna y a sus fases, el culto a esta diosa se extendió por toda la zona mediterránea, de Malta a Gades en tiempos del imperio helenístico.
Una de las hipótesis barajadas era que se tratara de una mujer con un elevado estatus social, con total probabilidad una reina, simplemente por el hecho de que se decidiera inmortalizar su imagen en una escultura y además se hiciera de un modo presuntamente idealizado conforme a los cánones de belleza de los antiguos griegos, ya que el autor de la escultura pudo haber sido algún griego o algún artista local formado en Grecia.

También existe la posibilidad de que se tratase de un regalo de boda para alguna dama noble. En este caso podría haberse representado a la misma novia o a alguna diosa ibérica de la fertilidad. Si este supuesto fuese cierto, el hueco que se encuentra en la parte trasera de la estatua serviría simplemente para que se sostuviera sobre alguna viga o columna.
Según Langlotz, los rasgos de la dama recuerdan a los de las esculturas del templo de la diosa Hera en Seliunte. Esto, unido a las riquezas de la vestimenta ha inducido a pensar en la posibilidad de que la dama fuese una vestal o sacerdotisa que probablemente sirviese a la diosa Tanit.
En la celebración de muchos rituales religiosos que provienen tanto del paganismo, como de la época ibérica se consideraba que la participación de mujeres era impura, por este motivo era frecuente que algún adolescente de rasgos finos representara el papel de una diosa. Aunque en este caso se ha especulado sobre si el busto representaba a alguna versión ibérica del dios Apolo. No obstante no existe fundamentación suficiente para justificar que se tratara de un varón.
De todas estas teorías, la que más fuerza cobra es que la escultura tuvo fines funerarios, que fue una urna de enterramiento. Tanto la estructura hueca, como los rasgos faciales relajados así lo indican, ya que la abertura que se encuentra en la parte trasera de la figura servía para colocar los restos mortales y los rasgos relajados indican que fue esculpida a partir de un molde realizado sobre el cuerpo de la fallecida, este molde serviría como modelo al artista ya que la muerte de la dama debió producirse antes que la talla de la escultura. Todo parece indicar que la dama era una joven de alta posición social que falleció a una edad aproximada de unos veinticinco años. Si se observa el rostro, no es que carezca de expresión, sino que representa la tristeza y el luto.
La Dama de Elche, fechada en el siglo VI a.C., se consideraba la obra cumbre del arte ibérico. Ambas son una versión de la diosa Tanit, equivalente a la Astarté fenicia, versión semita de la Ishtar babilónica, diosa protec-tora de la fecundidad, de los animales, del hombre y de la vida en sus más variados aspectos. Traída a Occidente por los fenicios, fue muy venerada entre iberos y turdetanos, como lo indican otras estatuillas de diosas, entre las que destaca la Dama de la Galera (Granada), del siglo VII a.C A esta protecto-ra de la fecundidad se la representó varias veces alada en la cerámica de Elche, sola o acompañada de caballos, de diversos animales o de motivos vegetales, como Astarté en el Oriente.
La Dama de Elche acusa influencia griega en diversos elementos: los rodetes para recoger el cabello también han sido encontrados en algunas terracotas áticas del siglo VI a.C.; la distribución del ropaje sobre el cuerpo recuerda los mantos de terracota de Rodas, hallados en Baleares, y la ejecución del rostro está realizada al estilo griego, con un gran realismo y encanto hierático. Todos los amuletos que lleva sobre el pecho son de origen fenicio y aparecen ya en los collares de la Aliseda (Cáceres), obra de artistas indígenas que trabajaban hacia el 600 a.C., y que se repiten en la Dama de Baza y en otros exvotos de piedra y bronce. Precisamente esta mezcla de elementos de diversa procedencia es una característica básica del arte ibero.

 

domingo, 11 de marzo de 2012

LA METALURGIA Y LA MINERIA

  La búsqueda de materiales exóticos y metales estaba  destinada a surtir una extraordinaria cadena de producción artesanal especializada, encontrando e el mundo griego y en los habitantes de Iberia algunos de sus principales  destinatarios.
  Hasta la edad del hierro el monopolio del comercio de los metales puede haber sido una prerrogativa de los reyes.           
  Este comercio se hacía por vía acuática. Las nuevas técnicas de la metalistería fenicia fueron transmitidas a los tartesios y nativos en general, según se comprueba en objetos de prestigio hallados en varias necrópolis.
  Desde el tercer milenio antes de Cristo, se sabe de la presencia de marinos y comerciante fenicios en las costas del sureste peninsular, contactando con los pueblos de la Cultura Megalítica y posteriormente con la cultura de El Algar. 
   La escasez de materias primas en sus lugares de origen, hizo que estos fenicios buscaran materias primas por toda la costa mediterránea.
   En aquellos tiempos, la Península Ibérica contaba con una de las reservas de plata, oro, plomo, cobre y estaño más ricas de occidente, nace el mito de Tharsis.
  Los primeros intercambios comerciales y culturales se producían generalmente en las mismas playas, mediante contactos directos con los mineros y artesanos del lugar, será a partir del primer milenio antes de Cristo, cuando se produce la verdadera incorporación de la Península Ibérica a la cultura Mediterránea y al mundo civilizado de la época.
   Los navegantes y comerciantes fenicios, comenzaron a establecer pequeñas factorías en las costas de las regiones mineras, con el fin de controlar las rutas comerciales.
La desembocadura del río Almanzora y el SE., rico en minerales de galena argentífera, cobre, hierro e incluso oro, debió albergar indudablemente un poderoso núcleo desde el s. IX, débilmente detectado, pero presentido por la existencia de metalurgia y metalistería de bronce, fíbulas de codo, brazaletes de marfil, cuentas de pasta vítrea, hierro, e incluso, por generalizarse el rito de la incineración en gran parte del territorio.
   Los fenicios, asentados en el litoral andaluz entre los siglos XIV y XII a.C. aportaron no sólo nuevas técnicas para el aprovechamiento de los recursos minerales, sino también mejores sistemas comerciales para distribuir los metales de los tartesios por el mercado mediterráneo, a través de factorías y asentamientos costeros.
  El distrito minero de Huelva, con la localidad de Tharsis a su cabeza, alcanzó una gran importancia como centro comercial de distribución de metales por las costas y el interior andaluz. La expansión minera de los fenicios alcanzó también las minas de plomo de Almería y la provincia de Jaén, en cuyas minas extraían la plata contenida en el plomo.
Se han encontrado varios hornos de fundición con restos o lingotes de plomo, de estaño y de algunas carbonillas, en la Fonteta,  (Crevillente-Alicante) en Villaricos ( Baria-Almeria) y en las distintas necrópolis y poblados de la Península Ibérica.
  Analizando la totalidad de estos materiales metalúrgicos en función a una serie de variables como la cronológica y la adscripción a etapas concretas del proceso metalúrgico, observamos una clara tendencia que marca un descenso de la producción metalúrgica conforme nos alejamos de niveles fundacionales y nos acercamos al cambio de milenio. No obstante, esta apreciación requiere una serie de matizaciones concretas para cada uno de los períodos.
  La cantidad total de elementos metalúrgicos y metálicos pertenecientes al período colonial supera a las dos etapas posteriores; sin embargo, la presencia de mineral de hierro, por ejemplo, es mucho mayor para el período urbano.
  En el Cerro de Montecristo (Adra- Almeria ) se han encontrado restos de galena, cuchillos de cobre, básicamente clavos, anzuelos, varillas, plaquitas, piezas
circulares, etc.; y una pesa de red de plomo.
  La extracción y comercialización de metales debió constituir, siempre bajo presupuestos organizativos lógicos, un modelo de riqueza bastante rentable. Ello se debe a que el beneficio de metales no es una actividad temporal como sucede con la agricultura, la recolección o la pesca; lo cual les permitiría un aprovechamiento continuo del medio, sin  problemas de carácter estacional.
  Entre el siglo X y el VI a.C., el pueblo de los tartesios, de fundación fenicia, y como sabemos vivían también sus ciudades, se caracterizó por disponer de abundante plata, estaño, plomo y oro, lo cual deja constancia de la importancia que esta civilización otorgó a la minería. 
  Las principales explotaciones mineras fueron las de Riotinto (Huelva), de las que extraían cobre, plata y oro de los yacimientos piríticos.
Igualmente, los tartesios realizaron la explotación de diferentes minas en la provincia de Córdoba, como las de cobre de Cerro Muriano y las de plata de Fuenteovejuna, y en la provincia de Almería, en las que extraían plomo de las minas de Sierra de Gádor, Berja y Dalías.
  En el año 3.000 a.C, la era del metal, se consiguió en los Lobos plata pura y galena argentífera; mezcla de plata y plomo. Comienzan a usarse técnicas de fisión. Los poblados estaban ubicados en colinas altas estratégicas y también en llanos del río Almanzora.
  El reino de Tartessos era la  principal fuente del oro, plata y cobre fenicio, atribuida su ubicación al entorno de los importantes yacimientos metalíferos del suroeste de la Península Ibérica.
Otras fuentes de aprovisionamiento de metales se sitúan en la isla de Chipre (cobre), en las costas de la actual Etiopía (oro y plata) o en la Costa de Marfil (oro).
  Las motivaciones de carácter económico son las que explican la penetración de las influencias coloniales por Extremadura y la Meseta, pues presentan un atractivo por su riqueza agrícola y ganadera y sobre todo minera.
  Con la llegada de los fenicios por la denominada “Ruta del Sur” a la Península Ibérica se produce un florecimiento de la minería y la metalurgia en el sureste peninsular, destacando las explotaciones del Cabezo Rajado, Cabezo Agudo y Cabezo de la Cuesta de las Lajas, cercanos a la antigua ciudad de Mastia (Cartagena) y a la conocida como “Ciudad del Plomo” (Portman)
  Fué Aleto, minero mastieno quien descubrió la forma de beneficiar las galenas argentíferas mediante el método de la copelación.
 De la Meseta de la tierra de los Celtíberos, obtenían lapis especularis que les servía par hacer espejos, también obtenían la sal Gema , sal de minas que luego comercializaban a través de todas sus redes de comercio.
Se adentraban en la meseta para alcanzar la región minera del Noroeste Peninsular.
 Los metales y la sal parecen haber sido los elementos fundamentales que impulsaron estos intercambios, desde el Levante peninsular hasta las costas de la Galia, pasando por el litoral catalán y un comercio de vinos y aceite, como se deduce de la presencia de las ánforas.
 Estaño, plata, oro, cobre, hierro, eran comercializados por los fenicios hacia el mediterráneo Central y Oriental.
  La técnica metalúrgica empleada por los mineros del poblado del Cerro Salomón para la obtención del mineral de plata, no deriva de la empleada por las gentes del Argar,y todos los avances observados en ella se encuentran documentados en la Palestina del siglo X a.C. en las minas del desierto de Arabia. 
  Los martillos de piedra documentados en Río Tinto, Tejada y Cerro Muriano (Córdoba),son similares a los utilizados por los mineros del Arabab Occidental (Palestina) en sus campamentos de trabajo del s. X a.C Todo ello revela que no parece haberse desarrollado según sus manifestaciones arqueológicas hasta el s. VIII a.C.,nos lleva a pensar que fueron los fenicios los que introdujeron en esta área de la Península Ibérica los conocimientos técnicos necesarios para la realización de una metalurgia del bronce, y para la extracción y obtención de los minerales de plata y cobre, amén del conocimiento del hierro. Fueron los fenicios los primeros que obtuvieron el estaño de la Fachada Atlántica ,necesario para la fabricación de los bronces meridionales y para la composición de espejos.
  Fueron los fenicios y celtas quienes enseñaron alos íberos a trabajar el metal, y con él fabricaban los aperos de labranza, armas y todo tipo de herramientas.
La copelación es una técnica metalúrgica aplicada desde la antigüedad para el beneficio de la plata incluida en la galena (aquí, sobre su uso en el mundo turdetano/tartésico), y fue el método de refino más utilizado para la plata y el oro hasta la Edad Moderna. Hoy la copelación se sigue usando como método analítico para medir la pureza de oro, pues esta técnica de refino es todavía la de mayor eficacia, rebajando las impurezas al 0,01 %, (esta concentración es hoy el oro de 24 kilates).

El refinado mediante copelación aprovecha la afinidad del oro y la plata por el plomo para lavar y separar los metales preciosos de otros, como por ejemplo del cobre o del hierro.

Cuando estando el oro primario incluido en la calcopirita y pirita, lo primero a hacer sería tostar en horno los sulfuros para volatilizar el azufre (y el arsénico) y oxidar hierro y cobre. 
Así lograremos liberar las partículas de oro de los cristales de calcopirita (CuFeS2) o pirita (FeS2), obteniendo como resultado un concentrado metálico formado por óxidos de hierro, cobre y oro libre. Hecho esto, deberíamos mezclar esos óxidos con plomo y fundirlos en horno a unos 330 ºC. El plomo así derretido capturará el oro y podemos verterlo en una pequeña vasija o copela. Calentando de nuevo la copela en un horno bien aireado a 900 ºC, oxidamos el plomo convirtiéndolo en litargirio o óxido de plomo (PbO), que funde a unos 890 ºC, decantando el oro sólido al fondo de la copela. Si la copela es porosa, el litargirio fundido se infiltrará en los poros, y nos bastaría raspar el fondo de la copela o romperla para sacar el oro. Cuando las cantidades a copelar son grandes no utilizamos copelas, sino que disponemos los óxidos y el plomo en lechos de cal dentro del horno.

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