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martes, 31 de enero de 2012
LIXUS
En la costa noroccidental de Marruecos, hay una loma que se adentra en el océano y el territorio donde se asienta la llamada al-´Arâ´is (jardín de las flores) desemboca del río Lucus…
Los restos arqueológicos de la ciudad de Lixus se hallan junto al río Lucus, sobre unas colinas situadas a unos 3,5 Km. al este de Larache. “Según la tradición, hacia el año 1.100 a.C., los fenicios fundan tres ciudades en Occidente: Gades (en la península ibérica, actual Cádiz), Utica (en Túnez) y Liks, Lixos o Likus, en la margen derecha del río Lucus y a unos cuatro kilómetros del mar, en una colina conocida actualmente en la zona con el topónimo de Shemmish. El yacimiento, en el que conviven vestigios fenicios, romanos, griegos y musulmanes, se extiende sobre una colina a las afueras de la ciudad costera de Larache (norte de Marruecos), cuyos habitantes se han levantado contra este proyecto. Solo se conoce una ínfima parte del yacimiento debido a unas obras de construcción.
En la parte del yacimiento que ya se ha sacado a la luz, la forma de la antigua ciudad se revela en vestigios medio ocultos por la maleza: cubas para la salazón de pescados, arcos de acueductos, plantas de viviendas o templos, caminos.
En cuanto a los descubrimientos, se encontraron inscripciones en lengua púnica, algunos edificios monumentales, ciertas tumbas y las fábricas de salazón comunes por todo el Mediterráneo. Varias fragmentos de cerámica fenicia de engobe rojo, un cazo de bronce de origen chipriota.
Las cerámicas, a mano y a torno (engobe rojo, cerámicas grises, claras, pintadas y ánforas de transporte), indican estrechas relaciones con el litoral andaluz ya que desde el puerto de Lixus salían hacia el Mediterráneo, además de alimentos, pieles de animales, madera de tuya, elefantes, para los ejércitos, marfil, plumas y huevos de avestruz, materias con las que la sociedad de cultura orientalizante fabricaba objetos de lujo como los que se encuentran habitualmente en las tumbas importantes. Hay vajilla de bronce de Chipre, exponente de un nivel económico destacado.
Como otros muchos centros fenicios de Occidente, Lixus experimentó una crisis a finales del siglo VI a.C. debido, en parte, a la reorganización del poblamiento colonial después de la caída de Tiro (Líbano) (538 a.C.), metrópolis de donde eran originarios sus fundadores.
Tras la primera época colonial y hasta el siglo IV a.C. tiene lugar una fase cultural que denominamos púnica (de phoeniké, fenicio en griego) para designar la continuidad de la tradición fenicia en Occidente, con datos arqueológicos todavía escasos en Lixus, pese a los vestigios aportados por las últimas actuaciones ; destacan algunas tumbas de la necrópolis de Raqqada, al noroeste de Lixus.
El púnico era la lengua oficial y como tal consta en las monedas de la ciudad, acuñadas en bronce, en cuyos reversos aparecen, entre otros motivos, racimos de uva, espigas y atunes, como exponente de los recursos del lugar, además del emblemático altar.
Los anversos con cabeza masculina tocada con un gorro cónico son los más comunes.
Algunas estelas epigráficas contienen, sin embargo, textos inscritos en púnico y en libio, que refuerzan la tesis de la pluralidad étnica propia de Lixus.
A esta ciudad fenicia, y más tarde romana, hacen mención las fuentes clásicas: el periplo de Scylax de Caria, del s.VI a.C., se refiere a ella como ciudad fenicia. En la “Historia Natural”, Plinio el Viejo, s.I d.C., sitúa en Lixus el Jardín de las Hespérides, con sus árboles cargados de manzanas de oro. Por otra parte, el Periplo de Hannón, s.V a.C., narra una expedición cartaginesa en la que las naves atravesaron el Mediterráneo de Este a Oeste, pasaron Gibraltar, siguieron la costa africana del actual Marruecos y penetraron en el golfo de Guinea. En él se hace referencia a los lixitas, habitantes de Lixus.
El geógrafo conocido como Pseudo-Scylax (s. VI a.C.) califica Lixos de ciudad fenicia y habla de otra ciudad autóctona en la orilla opuesta del río. El famoso explorador cartaginés Hannón (s. V o s. IV a.C.) señala en su Periplo que, habiendo encontrado lixitas nómadas con sus rebaños en las orillas del río Lixos, los tomó como intérpretes porque hablaban el púnico y la lengua local. Estrabón (final del s. I a.C.) dice que el comercio del litoral atlántico del norte de la antigua Mauritania estaba centralizado en Lixus. Pero el testimonio más importante y más detallado es el de Plinio el Viejo (murió en el 79 d.C.) quien alude a una isla en la desembocadura del río en la que había un altar o templo dedicado a Hércules -eqivalente al dios fenicio Melqart- supuestamente construido en el s. XII a.C., anterior, por tanto, al de Gadir (Cádiz). Con un cierto escepticismo relata después las leyendas de los Trabajos de Hércules contra el gigante Anteo, cuyo palacio sitúa en Lixus, así como la expedición del héroe al Jardín de las Hespérides para coger las manzanas de oro, vigiladas por un dragón que el antiguo naturalista romano ve reflejado en los meandros del río, previos a su desembocadura en el Océano.
Dice Plinio el Viejo en su descripción de Lixo en su Historia Natural, que el comienzo de la tierra se llama las Mauritanias, reinos hasta el emperador Gayo, el hijo de Germánico; por la crueldad de aquél fueron divididas en dos provincias. Los griegos dan el nombre de Ampelusia al cabo más lejano del Océano. Más allá de las Columnas de Hércules han desaparecido las poblaciones de Lisa y Cotas, ahora está Tánger, fundada en otro tiempo por Anteo; después el emperador Claudio, al hacerla colonia, la llamó Julia Traducía. Dista de Belo, población de la Bética, treinta mil pasos por la ruta más corta. A veinticinco mil pasos de ella en la costa del Océano está la colonia de Augusto Julia Constancia Zulil, separada del poder de los reyes y obligada a pasarse a la jurisdicción de la Bética. A treinta y dos mil pasos de ella está Lixo, convertida en colonia por el emperador Claudio. Los antiguos hablaron de ella con muchísimas leyendas: allí estaba el palacio de Anteo y tuvo lugar su lucha con Hércules, también estaban los Jardines de las Hespérides. Por lo demás, desde el mar se extiende un estuario con un curso muy sinuoso, que ahora se cree que eran las serpientes que estaban a modo de guardia. Encierra dentro de él una isla, que es la única que no inundan las mareas, a pesar de que el espacio circundante es un poco más elevado que ella. También queda allí un altar de Hércules, y, excepto unos acebuches, nada de aquél aurífero bosque del que hablaban.
Por supuesto que no se extrañarían tanto de las tremendas patrañas griegas publicadas acerca de estos lugares y del río Lixo quienes pensaran que nuestros autores, y no hace mucho, han transmitido algunas cosas no menos prodigiosas: que esta ciudad era muy poderosa e incluso mayor que Cartago Magna; que, además, estaba situada frente a ella y a una distancia casi inmensa de Tánger, y otras cosas que Cornelio Nepote se creyó enseguida.
A cuarenta mil pasos de Lixo en el interior está otra colonia de Augusto, Baba, llamada Julia Campestre…
Pero si la tradición literaria sitúa el nacimiento de Lixus en el siglo XII a.C., los hallazgos arqueológicos no permiten ir más allá del s.VIII a.C. Sabemos que, a partir del s. III a.C. Lixus conoce una prosperidad urbana importante, que se extiende a lo largo de varios siglos. En el 42 d.C., bajo el reinado del emperador Claudio, Lixus se convierte en ciudad romana, siendo la época en la que se construyen varios monumentos públicos y casas privadas ricamente decoradas. (del prólogo de “Larache a través de los textos”).
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ACINIPO
El yacimiento arqueológico de Acinipo, se ubica en el término municipal de Ronda, a 20 kilómetros de Ronda.en una gran mesa caliza de origen terciario, con una altitud media de 999 mts. sobre el nivel del mar. Su prominencia en la Depresión de Ronda le confirió un claro valor estratégico, factor este que fue tenido en cuenta en época preromana y romana a la hora de emplazar el núcleo poblacional. Acinipo es uno de los asentamientos cuyo nombre aparece por primera vez en un texto clásico como el de Ptolomeo y Plinio. Este yacimiento ha sido objeto de atención por muchos investigadores; las primeras noticias aparecen ya en, el siglo XVI con Lorenzo de Padilla, siendo Fariña del Corral, en 1650, quién identificó el teatro como de época romana. Aunque la mayoría de los restos visibles son romanos, no podemos olvidar los importantes restos prehistóricos de la ciudad. Los hallazgos más antiguos se remontan al Neolítico, teniendo continuidad en la Edad del Cobre y la del Bronce. Va a ser en la fase prehistórica y con el impacto colonizador fenicio cuando Acinipo tenga un auge importante, que se verá rematado en época romana, precedida de la fase ibérica.. La factores que intervinieron en la ubicación de Acinipo, en el espacio actual son múltiples. De una parte su prominencia en la depresión, como uno de los puntos más altos de ésta, le confirieron un claro valor estratégico y de dominio visual del territorio circundante. De otra, el enclave romano de Acinipo se encuentra en una zona de fácil comunicación con otras áreas de la provincia romana. Los accesos al Valle del Guadalquivir, a la costa gaditana y al rosario de depresiones del surco intrabético, son bien perceptibles, lo que le permitió fáciles contactos y relaciones comerciales con otras áreas, según se desprende de los hallazgos numismáticos (Acinipo gozó de la potestad de acuñar monedas). Otro factor que influyó en la ubicación de este núcleo fue la disponibilidad de tierras potencialmente fértiles para uso agrícola. Por otro lado, el municipio de Acinipo, se benefició, de recursos existentes en su espacio natural próximo, tales como mármol, piedra para la construcción, mineral de hierro y arcilla deexcelente calidad para la producción alfarera.
Dado el espacio excavado, la fase romana es la más importante. No obstante, existen estructuras asignables a la fase prehistórica reciente, como las cabañas circulares con porche empedrado. Según una enciclopedia española, fueron los mercaderes fenicios que se establecieron allí procedentes de Sidón (ciudad del actual Líbano) quienes le dieron este nombre, que se deriva de las palabras en griego y en latín para uva. De hecho, se han encontrado monedas antiguas con la inscripción “Acinipo” y con espigas de trigo por una cara y un racimo de uvas por la otra, lo que denota la importancia de la producción agrícola y vinícola. Cierta obra señala que gracias a “su emplazamiento, [...] Acinipo se convierte en ciudad, llegando a ser municipio, con poderes para acuñar monedas y, más tarde, sus vecinos [pasan] a tener los mismos derechos que cualquier ciudadano de la imperial Roma”
La factores que intervinieron en la ubicación de Acinipo, en el espacio actual son múltiples. De una parte su prominencia en la depresión, como uno de los puntos más altos de ésta, le confirieron un claro valor estratégico y de dominio visual del territorio circundante. De otra, el enclave romano de Acinipo se encuentra en una zona de fácil comunicación con otras áreas de la provincia romana. Los accesos al Valle del Guadalquivir, a la costa gaditana y al rosario de depresiones del surco intrabético, son bien perceptibles, lo que le permitió fáciles contactos y relaciones comerciales con otras áreas, según se desprende de los hallazgos numismáticos (Acinipo gozó de la potestad de acuñar monedas).
Su prominencia en la Depresión de Ronda le confirió un claro valor estratégico, factor este que fue tenido en cuenta en época preromana y romana a la hora de emplazar el núcleo poblacional. Acinipo es uno de los asentamientos cuyo nombre aparece por primera vez en un texto clásico como el de Ptolomeo y Plinio. Este yacimiento ha sido objeto de atención por muchos investigadores; las primeras noticias aparecen ya en, el siglo XVI con Lorenzo de Padilla, siendo Fariña del Corral, en 1650, quién identificó el teatro como de época romana. Aunque la mayoría de los restos visibles son romanos, no podemos olvidar los importantes restos prehistóricos de la ciudad. Los hallazgos más antiguos se remontan al Neolítico, teniendo continuidad en la Edad del Cobre y la del Bronce. Va a ser en la fase prehistórica y con el impacto colonizador fenicio cuando Acinipo tenga un auge importante, que se verá rematado en época romana, precedida de la fase ibérica.. Aunque en el entorno de la ciudad se han encontrado restos prehistóricos que se remontan al Neolítico entre los que destacan las pinturas rupestres de la Cueva de la Pileta, los orígenes de Ronda son celtas quienes en el siglo VI a. C. la llamaron Arunda. Posteriormente los fenicios se instalaron en una aldea cercana que llamaron Acinipo. Arunda, tras ser conquistada por los griegos, pasó a denominarse Runda. Los contactos de la producción en cerámica gris con las formas de la vajilla fenicia quedan demostrados por el descubrimiento de un quemaperfumes -pieza raramente realizada con fuego reductor-, el cuenco tipo 12 de Caro y un plato de ala, de clara tipología fenicia, cuyo paralelo formal más cercano se han encontrado en el Cerro del Alarcón
La evidencia más destacable es la presencia de cerámica gris en el asentamiento de Acinipo desde los niveles más antiguos, fechados en la primera mitad del siglo VIII a.C. en datación arqueográfica convencional. De esta manera, el material cerámico gris pertenece a una fase muy antigua, que contradice la casi unánime hipótesis de los investigadores que propone la aparición de esta clase cerámica
sólo desde el siglo VII a.C. Los principales defensores de esta hipótesis son González Prats (1983) y García Alfonso (2007), los cuales reconocen en los ejemplares del siglo VII la directa participación de los fenicios –en las piezas mejor realizadas- y los primeros intentos de imitación indígena –para los vasos peor producidos-.
Otro tema relacionado con la directa intervención fenicia en la fabricación de la cerámica gris es la substitución de la producción a mano por la torneada, hipótesis que tampoco concuerda con lo observado en Acinipo, donde todos los datos apuntan a una larga convivencia de los dos sistemas de fabricación, a mano y a torno, además de la falta de una regla estricta para realizar un tipo cerámico con un sistema u otro, habiéndose documentados –en el mismo nivel- vasos de las mismas formas fabricados indiferentemente con las dos técnicas. Asimismo, se observa durante toda la secuencia estratigráfica de Acinipo una aplastante presencia de vasos abiertos respecto a las formas cerradas y a los soportes. Esta mayor presencia es constante en todos los niveles encontrados, mientras los hallazgos de formas cerradas se concentran únicamente en el nivel 11, relacionados con las viviendas de habitaciones aglutinadas rectangulares y cabañas circulares más modenas. Este dato confirma el comienzo de una producción más tardía de las formas cerradas, ya que para éstas se continuó utilizando el modelado a mano que respondía perfectamente a las necesidades de los indígenas.
Otros elementos a subrayar son la cuidada depuración de la pasta y la buena calidad del acabado superficial de todas estas vasijas de cerámicas grises, ya desde sus niveles iniciales.
Se ha observado, además, la presencia de tipos híbridos: formas propias del repertorio cerámico de las poblaciones autóctonas reproducidas fielmente con la técnica gris torneada y formas fenicias reproducidas en gris a torno –como los diversos platos originariamente hechos en barniz rojo, los quemaperfumes y el cuenco tipo 12 de Caro-; las mismas formas se realizan indistintamente también en cerámica pintada torneada y se mezclan con tipos indígenas decorados con motivos típicamente orientales. Es evidente, por lo tanto, la gran variedad de la producción orientalizante que no sigue los esquemas rígidos propuestos, mayoritariamente, por la arqueología protohistórica peninsular y los
arqueólogos. Además, los vasos híbridos nos están indicando que los indígenas no sólamente se han apropiado de los aspectos funcionales de estos elementos, sino que para ellos estos constituían una respuesta a los cambios en curso en sus sociedades, del mismo modo que otra amplia serie de costumbres y tecnologías fenicias.
Desde el punto de vista tecnológico, la cerámica gris es modelada a torno y cocida a fuego reductor, en hornos de alta temperatura, tipo bicameral. No obstante, estos son los resultados a que han llegado
diferentes investigadores que se han basado sobre todo en observaciones ópticas, mientras muy pocos son los análisis técnicos de laboratorio realizados sobre la cerámica. Son excepción los análisis petrográficos realizados por González Prats y Pina Gosalbez en Peña Negra (1983); Lorrio en la necrópolis de Medellín (1989) o López Palomo sobre el asentamiento de Ategua (2005). El escaso número de hornos identificados, bien en los yacimientos indígenas, bien en los enclaves fenicios, dificultan en última instancia la cuestión sobre el origen de la cerámica gris. Los pocos hornos encontrados testimonian la producción de las cerámicas oxidantes y de las reductoras – evidenciando que lo único que cambiaba era el procedimiento con la clara intención de obtener un efecto u otro -, pero no son anteriores al siglo VII a.C
lunes, 30 de enero de 2012
TARTESSOS
Según datos ciertos del Antiguo Testamento, era Tarschisch ya en la época del rey Salomón (1000 a. de J. e.) un riquísimo emporio y el objeto de las navegaciones fenicias.
Hacia el año 2500 a. de J. C. ya poseía la España del Sur una industria floreciente . Ya entonces se extraían la plata y el cobre de Sierra Morena, como lo demuestran las herramientas mineras de piedra y cuerno de ciervo que se han encontrado en distintos puntos. Esta riqueza en cobre dio lugar a una importante industria metalúrgica. Por aquellos tiempos forjáronse en España las más antiguas armas de metal: el hacha de combate de cobre, la alabarda, que resulta de la sustitución de la hoja de piedra por la hoja de cobre, y el puñal triangular de cobre, que no es otra cosa sino la hoja del hacha convertida en arma independiente. Aquellos hombres descubrieron también el arte de endurecer el cobre, transformándolo en bronce por adición de estaño. Pero los prehistóricos habitantes de Andalucía no se limitaron a la industria de los metales. Otras técnicas florecieron también en el suelo andaluz, nacidas asimismo de los productos de la tierra. En la Andalucía prehistórica encontramos ya el arte de tejer el esparto, planta flexible y muy duradera con que aún hoy se fabrican en la España del Sur multitud de objetos. La industria textil tuvo por consecuencia la alfarería.
La Península Ibérica se hizo famosa por sus metales y sus artículos de metal. Parece que ya entonces, en el milenio tercero antes de Jesucristo, los navegantes y mercaderes orientales se habían abierto camino hacia España e iban a este país a recoger la plata y el estaño a cambio de los productos del arte industrial de Oriente. En efecto, en Creta se han encontrado puñales hispánicos de cobre y de plata del milenio tercero; y en Troya II (hacia 2400 a. de J. C.) se han descubierto vasos de plata que pasan por españoles. Este cambio de mercaderías debió de hacerse por mar. Esta hipótesis está apoyada por el hecho de que los vasos campaniformes de España se encuentran también en Cerdeña y Sicilia, y, en cambio, faltan en Italia, en Grecia y en el África del Norte. Los agentes de este tráfico ultramarino entre España y el Oriente no debieron de ser los pretartesios, sino los mercaderes orientales, pues se conocen productos cretenses (barras de cobre) hasta en Cerdeña; pero, en cambio, no hay nada que pruebe que los pretartesios navegasen por el Mediterráneo. Además, hay que tener en cuenta que los más necesitados de materias primas eran, sin duda, los orientales.
La mítica ciudad de Tartessos aparece en las fuentes escritas como un reino histórico y una cultura determinada desarrollada por las tribus indígenas en contacto con los fenicios, los griegos y los demás pueblos de Mar. Se trataría pues de una ciudad estado, como las propias ciudades fenicias, que habiendo sido fundada por ellos, hizo que los habitantes peninsulares adquiriesen una cultura orientalizante. Después de los mercaderes cretenses o carios vinieron a Tartessos los tirios, quizá a partir de 1200 a. de J. C., cuando la potencia de Creta se hubo arruinado; de igual manera que los focenses más tarde sucedieron a los tirios. Con los viajes de los fenicios, Tartessos sale de las sombras prehistóricas y penetra en la claridad de la tradición histórica.
Las relaciones con los cultísimos comerciantes orientales aumentaron la riqueza de Tartessos y, sobre todo, tuvieron una influencia decisiva en el desarrollo de su cultura. Los productos de la industria oriental, que los tartesios adquirían a cambio de sus metales, les dieron a conocer artes nuevas, que ellos imitaron luego; y los artesanos y técnicos que venían en los barcos extranjeros les enseñaron también nuevas labores y oficios.
Era una ciudad monarquía como las del resto de los fenicios en el Mediterráneo, con sede en una ciudad desde la que se controlaba todo el territorio. Los fenicios propiciaron que toda la concentración del poder fuera sobre un rey, ya que de esa manera les resultaba más fácil establecer intercambios comerciales.
No es seguro que existiera una ciudad llamada Tartessos, dado que aún no se ha encontrado su ubicación. Aunque están perfectamente documentados otros poblados a lo largo del valle del Guadalquivir, territorio de expansión de la Civilización de Tartessos. Su capital quizá fuera Turta o *Tarta, en algún lugar de los alrededores del gran delta del Guadalquivir.
Sobre el origen y el final de Tartessos se han levantado notables polémicas y aventurado atractivas hipótesis. Andalucía en la Historia ofrece a sus lectores como Tema Central, bajo la coordinación de Jesús Maeso de la Torre cuatro estudios sobre los comienzos, la trayectoria y el final del mítico reino de Argantonio.
Para hablar de Tartessos tendríamos que decir que eran los mismos íberos que habían asimilado la cultura de los pueblos del Mar, adaptándose a sus costumbres, a su forma de vivir, a su economía y a su religión, ya que es posible un mestizaje o una mezcolanza de razas compuesta por indígenas, cananeos (judíos), fenicios, pueblos orientales y griegos.
El historiador Hecateo nos cuenta que tenían un imperio que llegaba en esta época hasta el cabo Nao.
Los tartessos, parece ser que tenían buenas relaciones con los habitantes peninsulares, y todas sus artes florecieron en el sur de La Turdetania, como nos dice Strabon, a los cuales les enseñaron las artes de la orfebrería, de la metalurgia y de la alfarería, de los grabados, de la escultura así como las tareas de agricultura.
Según nos cuentan las fuentes históricas, los tartessos tenían cerca un lago llamado el lago Ligur en el que estaban dispuestos varios puertos y era ahí donde atracaban los barcos y desembarcaban todas las naves cargando y descargando mercancías como los minerales, a las bases, pesca, ya que fueron los fenicios los introductores en la Península Ibérica de las almadrabas para pescar atún y otras especies como los boquerones y demás, o incluso esclavos.
Se cree que utilizaban el tráfico fluvial para transportar minerales de los yacimiento próximos a la ciudad de Tartessos, donde poder desarrollar las intensas actividades de beneficio metalúrgico de múltiples materias primas, así como los trabajos de orfebrería.
Argantonio es el único rey del que se tienen referencias históricas. Se sabe que fue el último rey de Tartessos. Vivió 120 años según Heródoto, aunque algunos historiadores piensan que puedan referirse a varios reyes conocidos por el mismo nombre. También dice Heródoto que su reinado duró 80 años, desde el 630 a. C. al 550 a. C. Propició el comercio con los griegos foceos durante 40 años, que crearon varias colonias costeras durante su reinado.
Ya que eran un pueblo sometido a los fenicios es normal que se de una cultura orientalizante como la que allí y en oriente se daba, y desde la caída de Tiro, en 700 a. de J. C., el mercado de Tartessos quedó abierto para una nueva potencia marítima. Siguiendo las huellas de los fenicios, navegaron los griegos hacia el Occidente remoto. Los primeros en lanzarse a alta mar fueron los focenses, cuyas naves de cincuenta remos vinieron a ser las sucesoras de aquellas naves de Tarsis que los tirios tripulaban. Naturalmente, los jonios, colonizadores del mar occidental, tenían hacía tiempo noticia de los viajes fenicios a Tartessos y de las riquezas que atesoraba esta ciudad. Este conocimiento fue aumentando cuanto más lejos penetraron ellos mismos en la dirección del Oeste remoto.
Según las fuentes Tartessos existía ya en el segundo milenio y era visitada por los marinos orientales, que veían en ella un gran mercado de la plata y del estaño; poseía una antiquísima cultura, cuya antigüedad era estimada en seis mil años; tanto los viajes tartesios al norte en busca del estaño como la industria metalúrgica tartesia coinciden con la actividad desarrollada por los agentes prehistóricos de la cultura metalúrgica andaluza en el tercer milenio, y la extensión del imperio tartesio coincide también con la primitiva zona de aquella cultura.
A partir del siglo VIII a. de C. en Tarsis existían asentamientos fenicios no fijos para el comercio. Había grandes necrópolis en contacto con las factorías, que demuestran una continuidad de asentamientos antiguos. En los profetas Isaías y Ezequiel se afirma que Tarsis ya es importante en la red internacional del comercio con Tiro. En el Libro de los Reyes y en Ezequiel, aparece Tarsis como exportador de metales.
En Isaías, Tarsis es también un país agrícola. Las fuentes sobre Tarsis son en su mayoría de segunda mano. Todas las indicaciones del Antiguo Testamento sobre Tarsis son de gran importancia, pues apenas poseemos datos relacionados con los fenicios.
Las noticias sobre Tarsis en Isaías, Ezequiel y,Asarhaddón se refieren al período más importante de Tarsis con relación al Próximo Oriente.
Tarschisch bíblico o Tartessos se hallaba en el Occidente remoto, en el camino del África occidental, tenía que estar situada en la comarca del estrecho de Gibraltar. Y, en efecto, puede demostrarse que así era. Los metales, sobre todo la plata, de que habla jeremías, lO, 9, Y el estaño, aluden a España, cuya riqueza en metales es antiquísima. España proporcionaba al mundo antiguo la plata y le vendía el estaño. En 1º de Reyes, lO, 21 leemos: «Y todos los vasos de beber del rey Salomón eran de oro... no de plata; ésta en tiempo de Salomón no era de estima». Y en el versículo 27: «Y puso el rey en Jerusalem plata como piedras». Todo lo cual indica que hubo por entonces en Jerusalem grandes entradas de metal argentino.
Las naves fueron construidas y tripuladas por los tirios, bajo el rey Hiram; las naves de Tarsis que pertenecían a Salomón fueron, sin duda, construidas para este rey, y -puesto que los judíos no eran navegantes- tripuladas también por los tirios.
El gran tamaño de las naves demuestra que Tarschisch se hallaba en remota región. Confírmalo 1º de los Reyes, 10,22, al decir que las «naves de Tarsis», pertenecientes a Hiram y a Salomón, volvían a los tres años cargadas de oro, plata, marfil, simios y pavos. Estas mercancías demuestran que Tarschisch se hallaba en el camino del África Occidental, pues el marfil y los simios son productos africanos que venían, según todas las apariencias, de las costas occidentales de África, como el oro venía de la «Costa de oro», de Ufas (hoy Ife ). El texto de Salmos, 72, 10, demuestra que Tarschisch estaba en la dependencia de Tiro y le pagaba tributo; también que estaba situada «en las islas», en el Mediterráneo o más allá todavía.
Por tano, si no fueron los fenicios quienes fundaron tartessos, y fueron otros pueblos del mar, si que podemos decir que fueron los fenicios los que llevaron a Tartessos la cultura orientalizante producida en el Sur de la Península ibérica.
Sobre su fundación. Son varias leyendas mitológicas que nos dan las fuentes históricas y quienes nos hablan de ella, pero solo se traducen en verdaderas historias o novelas de monstruos y gigantes o simplemente unos mitos.
SEXI- ALMUÑECAR
Cerro de Montecristo, en Almuñecar (Granada) donde se emplaza la fenicia Abdera, situada a unos 300 metros al noreste de la actual población, junto y en la orilla derecha del antiguo cauce del Río Grande o de Adra.
La extensión del establecimiento fenicio en el s. VIII-VI a.C., según los datos proporcionados por los sondeos, debió alcanzar unas 3 hectáreas, con una demografía mixta, indígena y oriental, de un millar de habitantes en su apogeo.
La ciudad estaba en un promontorio al estilo de península. Tenían agua dulce y abundante pesca, estaban rodeados de valles fértiles y exportaban madera de pinos y encinas por todo el "Hinterland"
Se encontraron varios materiales:
n Varias urnas de Alabastro con inscripciones jeroglíficas egipcias de Faraones de con inscripciones egipcias de los faraones Osorkon II, Takelot II y Chechonq de la dinastía XIII fechadas entre850 y el 773 a.C., según las cartelas.
n Ajuares cerámicos de barniz rojo dispersos y fragmentados, fechadas con sobre el siglo III a C.
n Un plato fenicio de barniz rojo.
n Numerosas monedas de bronce, de las que se han establecidos verios grupos,con epigrafía púnica, con epigrafía neopúnica y latina ,representándose en ellas la cabeza de Melkart o Hércules, atunes, delfines, símbolos astrales, proa de nave y la leyenda SKS.
n Cerámicas de barniz rojo, como oinochoai piriformes, jarros de boca de setas, platos y lucernas,
n Otras especies cerámicas comunes, kotylai protocorintias.
n Huevos de avestruz decorados o pintados, frecuentes en Cartago y numerosos en las necrópolis de Puig des Molins y Villaricos.
n Pendientes globulares de oro análogos a los de Trayamar fechados en la segunda mitad del s. VII a.C.
n Un colgante anular de plata con escarabeo basculante.
n Un estuche porta-amuleto o «mezuzot» de plata de la tumba idéntico al del Castillo de Doña Blanca y al de la tumba de Yadamilk de Cartago fechables en la primera mitad del s. VII a.C.
n amuletos y adornos personales.
El topónimo de la ciudad se transcribe como Ex o Eks por los griegos, Sex o SKS por los púnicos y Sexi o Firmun Iulium Sexitanum por los romanos.
Hecateo de Mileto, quien a principios del s. V a.C., citó y situó algunas ciudades de Iberia entre las que se halla «Sixos, ciudad de los mastienos». Conocidas por los griegos focenses y samios las costas meridionales ibéricas, éstos crearon el mito de que el reino de Tartessos se extendía hasta Mastia, situada en Cartagena y, en consecuencia, las ciudades fenicias de la costa andaluza pertenecerían a los mastienos.
Hacia el 200 a.C. Ateneo de Naucratis, tomando la cita de Difilo de Sínope en el s. IV a.C. y refiriéndose a las salazones de pescado, afirma que «las de Iberia, llamadas sexitanas, son las más finas y suaves».
Quizás sea el geógrafo griego Estrabón, quien hacia el cambio de era nos proporcionó los datos más interesantes sobre los fenicios en Almuñécar, al referirse a la fundación de Cádiz.. Estrabón sitúa a Sex al oriente de Malaca, denominándola «ciudad de los exitanos», de la cual las salazones hispanas reciben su nombre.
El uso del ocre en los enterramientos era una práctica griega, pero se trata más bien de un rito muy generalizado desde el epipaleolítico hasta la iberización.
La cronología de Laurita quedaría definida dentro de los tres primeros cuartos del s. VII a.C.
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CARTEIA
En el s. VII a.C. los fenicios, en el desarrollo de su importante y civilizadora actividad comercial, se establecieron en el Cerro del Prado, situado a unos 2kms. al noroeste de Carteia. Tres siglos después, sus descendientes, los de su principal colonia, la norteafricana Cartago (cartagineses o púnicos), fundaron lo que hoy conocemos como propiamente Carteia. Eligieron para la nueva ciudad un promontorio de mayor extensión y más cercano a la desembocadura del río Guadarranque, con una magnífica situación de control sobre el Estrecho y de abrigo en el interior de la bahía de Algeciras.
Según relata Livio en uno de sus escritos, el antiguo asentamiento púnico pasó a convertirse Colonia Libertinorum Carteia en el año 171 a.C., cuando allí se establecieron más de 4.000 hombres, hijos de soldados romanos y mujeres hispanas. “Según los restos que hemos encontrado, especialmente del templo, hemos podido constatar que Carteia tuvo especial relevancia en época republicana, sin embargo, la ciudad debió adquirir monumentalidad en los primeros años del reinado de Augusto”, añade Lourdes Roldán. Las ruinas encontradas se localizan en un espacio de unas 25 a 27 hectáreas, dentro de las cuales se han hallado restos de un teatro, posiblemente construido durante los siglos I y II d. C., un foro, un templo y unas termas, además de una fortaleza aneja a la ciudad romana construida ya en época medieval.
El templo asentado sobre un altar de época púnica, es de cella única, estaba rodeado de columnas por tres de sus lados y elevado sobre un podium al que se accedía a través de una gran escalinata. Debió presentar un aspecto majestuoso por su gran tamaño y altura y por sus elementos ornamentales, capiteles, cornisas y prótomos de toro que lo completaban.
Situado en la parte más alta del foro, el templo de Carteia, el más antiguo de la península ibérica, es un edificio de planta cuadrangular (18x18 m), del que se conservan únicamente los muros del podium, coronados por una moldura de cyma reversa. En su entorno quedan aún algunos de sus elementos arquitectónicos y decorativos, aunque buena parte de ellos fueron trasladados al museo de Sevilla. Se trata de columnas estriadas, rematadas por capiteles corintizantes y prótomos de todo, así como de cornisas decoradas de forma alternativa con palmetas, rosetas y cabezas de toro, en un material de caliza fosilífera estucada. “Precisamente uno de los descubrimientos que hemos efectuado en esta primera fase del proyecto ha sido el hallazgo de restos púnicos bajo el templo”, afirma Lourdes Roldán. “Hemos podido constatar que antes de asentamiento romano fue ciudad púnica y ello lo demuestran los restos de elementos religiosos y de altares púnicos”. Destacan también en las ruinas de Carteia el teatro y las termas. Las termas es otro de los recintos que merecen especial atención en esta ciudad romana. Según la interpretación del profesor Presedo, uno de los primeros arqueólogos que trabajó en este yacimiento, se trataba de un edificio construido a finales del siglo I d.C., que se mantuvo, con reparaciones y reconstrucciones, hasta el siglo IV. En el siglo V ya no se utilizaba, y posteriormente, durante los siglos VI y VII (momento en que fue abandonada la antigua necrópolis de la ciudad), este lugar fue empleado como lugar de enterramiento. No obstante, se han identificado de forma precisa la presencia de piscinas, una letrina y una palestra, así como de un caldarium, un tepidarium, y una natatio en el eje central.
Situada justo en el centro del polígono industrial de Guadarranque, en San Roque (Cádiz), permanece en pie Carteia, una de las ciudades más antiguas de la Península Ibérica, y sin embargo también una de las más desconocidas. Las excavaciones, iniciadas en el año 1994, por un grupo de arqueólogos de la Universidad Autónoma de Madrid, la han convertido en uno de los proyectos arqueológicos más interesantes del país, puesto que se ha descubierto que Carteia fue un asentamiento púnico, posteriormente la primera colonia latina de la península ibérica y por último ciudad medieval. Este proyecto de investigación, cuya primera memoria técnica será publicada en breve, ha contado con el patrocinio de CEPSA, puesto que parte de las ruinas se encuentran dentro de la refinería que esta compañía petrolífera tiene en San Roque.
“En los años 60, fue entonces cuando se iniciaron algunos trabajos de excavación en las ruinas de una antigua factoría fenicia –El Cerro del Prado– inmediata a la ciudad de Carteia. Posteriormente, en los años 70 y 80, excavaría en esta ciudad el profesor Presedo, sin embargo aquellos trabajos se abandonaron hasta el año 1994 en el que vimos las enormes posibilidades de este yacimiento, por lo que decidimos pedir nuevamente su excavación y estudio”, explica Lourdes Roldán, directora del Proyecto Carteia.
Aquellas primeras excavaciones confirmaron que allí se localizaba un asentamiento que abarcaba cronológicamente desde el siglo VIII o VII a.C. a los siglos V o IV a.C; y se demostró la existencia de un poblado con casas de paredes de piedra y barro, dedicado a la agricultura y a la pesca.
Aquellas primeras excavaciones confirmaron que allí se localizaba un asentamiento que abarcaba cronológicamente desde el siglo VIII o VII a.C. a los siglos V o IV a.C; y se demostró la existencia de un poblado con casas de paredes de piedra y barro, dedicado a la agricultura y a la pesca.
ONOBA
La antigua ciudad de Huelva se asienta sobre un triángulo formado por las desembocaduras de los ríos Tinto y Odiel, uniéndose por el norte a tierra firme. Ambos ríos eran navegables en aquella época con embarcaciones de poco calado. En este triángulo descrito se elevaban no menos de nueve colinas o «cabezos» de 50 metros de altura media, que acentuarían la ya de por sí importante situación estratégica.
"En la antigüedad fundaron los fenicios a Onoba (Huelva) -cuando los fenicios llegaron a ella ya era una población indígena-, Hispalis (Sevilla) y Gardira (Cádiz). Estas tres ciudades estaban en territorio de Tartessos, las dos primeras en la Turdetania y la tercera en la Turdulia, regiones reputadas como fenicias, según Estrabón".
La caída de Tyro a comienzos del siglo VI a.C. origina una pérdida de exclusividad del comercio fenicio, siendo entonces abundante la presencia de cerámica griega (período Tartésico final, 625-530 a.C.). A finales del siglo VI a.C. desciende la actividad constructiva, y económica en general, hasta desembocar en el mundo turdetano, con estratos de los siglos V-II a.C.
La caída de Tyro a comienzos del siglo VI a.C. origina una pérdida de exclusividad del comercio fenicio, siendo entonces abundante la presencia de cerámica griega (período Tartésico final, 625-530 a.C.). A finales del siglo VI a.C. desciende la actividad constructiva, y económica en general, hasta desembocar en el mundo turdetano, con estratos de los siglos V-II a.C.
La economía de la ciudad se sustentaba en el comercio con los fenicios y en la metalurgia, dada la relativa cercanía de las minas de Riotinto y el hecho de que la ciudad se encontrara a orillas de un río Tinto mucho más caudaloso que en la actualidad que nace en las mismas minas y termina en una ría a los pies de la ciudad. Todo ello permite una expansión demográfica y un auge constructivo en el que muros y pavimentos se superponen conviviendo con las tradicionales cabañas que continúan siendo una solución constructiva hasta mediados del siglo VI a. C. En siglos posteriores (VII y VI a. C.) el comercio con los metales continúa enriqueciendo la ciudad. Hacia el siglo VI a. C. es difícil distinguir en la ciudad los elementos orientales de los inicialmente tartesios y solo destaca un contacto económico residual con los mercados griegos no apreciándose transformaciones destacables. En el siglo siguiente se produce un colapso o al menos una crisis en la economía basada en el metal, reduciéndose el tamaño del núcleo urbano y centrándose en el autoabastecimiento mediante la agricultura y la pesca. Pese a todo el asentamiento no nunca dejó de estar habitado, no encontrando un nuevo despegue hasta la llegada de pobladores romanos y la incorporación al Imperio bajo el nombre de "ONVBA AESTUARIA". Onuba Aestuaria tuvo cierta importancia sobre todo por su situación geográfica que permitió el auge del comercio metalúrgico, agrícola y pesquero. Las intervenciones arqueológicas han encontrado diversos ejemplos de arquitectura civil tanto en el centro como en la periferia, el acueducto subterráneo que atravesaba la ciudad, edificios industriales (generalmente de salazón) y funerarios (algunos se encuentran puestos en valor).
En 2006, en la zona del Seminario, se encontraron restos datados entre el 3000 y el 2500 a. C. El hallazgo de dos depósitos cilíndricos con alrededor de unas treinta piezas de deidades prehistóricas, la mayor conocida hasta el momento, situarían en la capital onubense "el poblamiento continuado más antiguo de la Península Ibérica".
A Onuba llegaron los fenicios enviados por el Oráculo, en el segundo viaje que hicieron, según Estrabón, para entablar comercio con España. Y en la isla de Saltés, que José Antonio Conde conjeturó era Tartís o Tarsis, hallaron ya un templo consagrado a Hércules Thobel. También acuñaron monedas, y en una de las mejor conservadas se ve por el anverso una cabeza con morrión y la leyenda C. Caeli Q. Publici, y por el reverso dos espigas y el nombre de Onuba entre ellas.
De época tartesia son especialmente significativos dos hallazgos en la ría y que en la actualidad se encuentran expuestos en el Museo provincial de Huelva
- Una figura masculina datada entre los siglos VIII y VII a. C. que puede representar al dios egipcio Reshef o al dios sirio-cananeo Melqart. Este último es un dios protector del comercio marítimo localizado en zonas de importante tráfico comercial.
- También es importante el llamado “Depósito de la ría”, conjunto de objetos hallados en 1923 compuesto por espadas, cuchillos, puntas y regatones de lanzas y fíbulas. Años después también se encontró un casco de origen griego (algunos investigadores sustenta la teoría de que Onuba eran tres ciudades: la tartesia, la fenicia e incluso la griega).
domingo, 29 de enero de 2012
ABDERA
Asentamiento fenicio fundado en el s.VIII a.C. emplazada en el cerro de Montecristo. Dedicada a los salazones, la agricultura y el plomo de la sierra de Gádor. Tras pagar indemnizaciones por alinearse con el bando cartaginés, la ruptura por los romanos de los pactos provocó su sublevación junto con otras ciudades. Roma envió a Catón en el 195 a.C. Acuñó ases, semises y cuadrantes.
La existencia de Abdera en la antigüedad así como su fundación de origen fenicio está recogida en muchos autores clásicos. La cita más antigua sobre Abdera nos llega como un periplo escrito a finales del s. VI a. C. y que no se conserva en su original, sino por medio de la obra del romano Rufo Festo Avieno “Ora Marítima”, que es una obra literaria del siglo IV d. C. Avieno cita a Abdera en su libro como una fundación fenicia, tras consultar los escritos de varios autores anteriores que la visitaron entre los siglos V y II a. C.
La primera cita donde aparece Abdera, en una obra de un autor conocido se halla en la obra de Artemidoro de Efeso. Este griego escribió su obra hacia el 100 a. C. Esta es un viaje que describe la costa en dirección Este, ha llegado por medio de fragmentos de obras de otros autores como Estrabón.
Estrabón, nacido en Capadocia (actual Turquía) hacia el 65 a. C. Escribió un extenso libro llamado “Geografía”. Su libro III es el que se ocupa de la Península Ibérica y sus islas y en él relata que “Abdera, también ella fundación fenicia” es una de las principales poblaciones de la costa sur: “Después viene Abdera, también fundación fenicia. Por encima de estos parajes, en la montaña, se exhibe una ciudad llamada Odysseia y, en esta ciudad, el santuario de Atenea...” Estrabón vincula el santuario a Abdera, por donde salía el metal procedente de la Alta Andalucía, una vez abandonada la ruta que seguía el Guadalquivir.
Pomponio Mela, posterior a Estrabón, de origen hispano pues nació en Tingetera cerca del Estrecho de Gibraltar nombra en su libro “De Chorographia” a Abdera junto con otras ciudades costeras. Esta obra fue escrita a mediados del siglo I d. C.
C. Plinio, coetáneo de Mela, del siglo I d.C. escribe hacia el año 70 su “Naturalis Historiae” se refiere en su libro III a la ciudad de Abdera.
La siguiente fuente donde aparece la ciudad es en la obra de Claudio Ptolomeo (178 d. C.) que vivió en Alejandría (Egipto). Escritos, científico y astrónomo, escribió una “Guía Geográfica” compuesta de ocho libros, siendo el tomo II donde hace la referencia de Abdera, que aparece como “Abdara” y localiza su posición y coordenadas y la sitúa dentro de la etnia de los Bástulos o Cartagineses.
Atheneo de Naucratis (170-.230 d.C. en el siglo III) escribe el libro “Deipnosophistae”, con una curiosa manera de explicar a un amigo por medio de un banquete las comidas, pescados y vinos de las regiones. En esta obra el autor ensalza a los mújoles de Abdera “y similares a éstos son los Sinopic y cuando se echan en salmuera son sanos”. La procedencia de Egipto del autor puede dar una idea de la influencia de los salazones de Abdera en ese momento.
Una fuente algo imprecisa sobre Abdera es el acta del Primer Concilio de Sevilla en el año 590, donde aparece la firma del obispo Pedro de Abdera.
Una fuente algo imprecisa sobre Abdera es el acta del Primer Concilio de Sevilla en el año 590, donde aparece la firma del obispo Pedro de Abdera.
Esteban de Bizancio en el siglo VII d. C. recoge en su libro “Ethnika” una cita de Artemidoro de Efeso, en el que señala que “Abdera: hay dos ciudades con este nombre. La segunda es la de Iberia cerca de Gades, como cuenta Artemidoro en el segundo libro de su descripción geográfica. El ciudadano allí se llama Abderita”.
En el siglo VII d. C. también la obra del Anónimo de Rávena cita a Abdera como ciudad que integra la vía costera entre Malaca y Cartago Nova, parte de la antigua vía Heraklea.
En el siglo VII d. C. también la obra del Anónimo de Rávena cita a Abdera como ciudad que integra la vía costera entre Malaca y Cartago Nova, parte de la antigua vía Heraklea.
Abdera tiene tambíen la particularidad de ser un nombre que comparten desde antiguo dos ciudades:la nuestra y la que fundan en la Tracia griega el pueblo de los Klazomenios procedente de la actual Turquía, que sería la patria de filósofos como Demócrito y Protágoras.
La leyenda del topónimo Cbdrt (Abderat) coincide con un teofórico relacionado con el nombre de Abderos, con el significado de amante de Melkart. Otros interpretan el nombre como sierva de Melkart.
La mitología griega recoge de dónde procede el nombre de Abdera y la fundación de la ciudad Tracia del mismo nombre. En el octavo trabajo de Hércules, es requerido para llevar a Micenas las yeguas del Tracio Diómedes. Diómedes poseía unas yeguas tan salvajes que tenían que tenerlas atadas en pesebres de hierro con cadenas del mismo metal. Se alimentaban de la carne de los extranjeros que tenían la desgracia de llegar a sus costas.
Hércules prendió al inhumano monarca y los echó a sus propias yeguas que se lo comieron. Hércules tuvo que ausentarse y dejó a su lugarteniente Abdero, hijo de Hermes, al cuidado de las yeguas. Pero en ausencia de Hércules las yeguas volvieron a tener ansias de comer carne humana. Cuando Hércules regresó Abdero había sido muerto por las bestias.
En su honor y recuerdo Hércules fundó la ciudad a la que llamó Abdera. Consiguió reducir a las yeguas y las llevó al rey de Micenas Euristeo, el cual las consagró a la diosa Hera (diosa madre esposa de Zeus).
La raíz “abd” significa adepto o siervo en los idiomas más antiguos, lo que justificaría la existencia en Abdera de un culto primitivo a esa diosa.
Los topónimos alpujarreños próximos a Adra, también recogen la existencia de yeguas “la laguna de las Yeguas”, “El cerro de las Yeguas”.
Los topónimos alpujarreños próximos a Adra, también recogen la existencia de yeguas “la laguna de las Yeguas”, “El cerro de las Yeguas”.
Los romanos permitieron, a cambio del control del comercio de las ciudades fenopúnicas del Sur de Hispania, el uso de la escritura y la lengua fenicia. La existencia de una oleada migratoria de artesanos cartagineses que, tras la destrucción de Cartago, se instalaron en las ciudades del extremo Occidente del Mediterráneo, propició esa convivencia cultural de una población mayoritariamente semita bajo el dominio de Roma.
Los fenicios llegan en el siglo VIII hacia el 750 a. C. a estas costas, buscando emplazamientos concretos que contasen con agua, una vega con posibilidades agrícolas, un fondeadero para barcos a los pies del propio Cerro, recursos marinos y pesqueros y un acceso a los filones de hierro de la Baja Alpujarra, localizados a unos 15 kilómetros río arriba.
Montecristo parece que no era habitado por ninguna tribu autóctona, por lo que estamos ante un asentamiento de nueva creación que se formó por la llegada de un contingente de personas bastante numeroso, con una organización social y económica más avanzada que las tribus indígenas más cercanas.
Esta sociedad nueva introduce el hierro, cuando las tribus que habitaban las zonas más próximas sólo conocían el bronce. El empleo del hierro y la cerámica a torno, son grandes novedades que los arqueólogos han podido constatar en Montecristo. La primera cerámica a torno data del siglo VIII, mientras que el uso del hierro y su obtención estaría fechado entre el 700 y el 600 a. C. por la aparición de escorias de hierro y fragmento de toberas o fuelles para ventilación de los hornos de fundición.
Esta sociedad nueva introduce el hierro, cuando las tribus que habitaban las zonas más próximas sólo conocían el bronce. El empleo del hierro y la cerámica a torno, son grandes novedades que los arqueólogos han podido constatar en Montecristo. La primera cerámica a torno data del siglo VIII, mientras que el uso del hierro y su obtención estaría fechado entre el 700 y el 600 a. C. por la aparición de escorias de hierro y fragmento de toberas o fuelles para ventilación de los hornos de fundición.
Los vestigios de la antigua ciudad de Abdera se encuentran en el Cerro de Montecristo, en la actual localidad de Adra, a unos 50 km. de la ciudad de Almería (Fig. 2). El yacimiento se encuentra en un promontorio de forma triangular a 49,38 m. sobre el nivel del mar y 5 Ha. de extensión, y en la margen derecha del antiguo curso del Río Grande, desviado a unos cinco kilómetros hacia el Este en 1872.
Este río formaba un estuario que se introducía en dirección norte formando un puerto natural, idóneo para resguardar la flota relacionada con las transacciones comerciales Los orígenes de Abdera la cual hoy en día se conoce como Adra no son muy claros. Hay dos teorías al respecto:
- Por una parte se cree que ésta fue fundada por los griegos basándose en que su nombre no parece demostrar origen semítico y en que, según Apolodoro, Hércules estuvo en Abdera. Otros testimonios recogidos de Poseidonios, Artemidoros y Asclepiades Myrleanos hablan de la existencia de la ciudad de Ulisea u Odisea, en el interior de Abdera, e incluso de la existencia de un templo dedicado a Atenea. Pero esta teoría no deja de ser una suposición.
- La teoría más aceptada sobre el origen de Abdera es como colonia fenicia en el siglo VIII a. C., corroborada por la aparición de un pie de Krátera del S.IV con inscripción púnica, este se conserva en el Museo Provincial de Granada, y de las monedas que, aunque no acuñadas hasta la dominación romana, conservan los caracteres púnicos. Éstos establecerían en el municipio un enclave comercial marítimo de relativa importancia, del que importan sobre todo productos relacionados con el mar, navegantes de Tiro y Sidón (Fenicia/Líbano), en ruta comercial hasta Gadir (Gades/Cádiz).
Los restos hallados en una excavación el Cerro de Montecristo revelan un pasado púnico a partir del siglo IV a. C., si bien, algunos historiadores insisten en que anteriormente pudo ser una colonia griega.
Tras un período de abandono, la colonia pasa a manos griegas, que le dan el nombre de Abdera, de donde se deriva el nombre actual del municipio. Este nombre lo compartió con otras dos ciudades del Mediterráneo, una situada al norte de África junto a la ciudad púnica de Cartago, dentro de la actual Túnez bajo el nombre de Abdeira (según un mapa de Ptolomeo), y otra ciudad, hoy llamada Avdira, localizada en la Tracia griega y que sería ilustremente famosa por ser la ciudad de origen de filósofos como Demócrito y Protágoras.
Abdera es en toda la prehistoria y edad antigua de la península Ibérica una primitiva colonia portuaria fenicia y asentamiento púnico más tarde. Se nombra en todos los itinerarios. El río que la humedece, el río Adra, constituía la vía natural de penetración a Las Alpujarras desde la costa. A la vez, buen puerto pesquero para salazones. Lo mismo, puerto de salida del abundante mineral de sierra de Gádor. Plinio la ubicó correctamente en la secuencia Sexi, Sel (con algunas dudas sobre su emplazamiento definitivo), Abdera y Murgi (III, 8); Ptolomeo, en una situación equivalente a 10º 45' de longitud (al Oeste del meridiano de París) y 37º 10' de latitud, es decir, bastante próxima a su emplazamiento real. (II, 4, 7); Pomponio Mela describe la costa mediterránea en sentido inverso, entre Urci y Suel, la Sel de Plinio: "Urci al fondo del Sinus Urcitanus. Al mar abierto, Abdera"., y Avieno (Or. Mar. 458). Su primitivo emplazamiento, donde hoy el cerro de Montecristo y aledaños, en el extremo nororiental de la moderna ciudad de Adra, importante puerto pesquero, como su antecesora, y con recursos agrícolas de productos extratempranos que han sustituido a la caña de azúcar y otros cultivos tropicales característicos de la banda costera que se extiende desde esta ciudad hasta Torre del Mar.
Abdera formó parte de la cadena de centros industriales y comerciales que los llamados libiofenicios mantuvieron en la zona costera de Andalucía principalmente. En semejantes circunstancias no extraña la cierta autonomía de que debió gozar en los primeros tiempos de la presencia romana como se manifiesta en la utilización de un alfabeto autóctono y la acuñación de moneda propia hasta el reinado de Tiberio, en cuyas series es posible distinguir un continuado proceso de romanización desde el momento en que se produce la sustitución de monedas con inscripción fenicia por otras bilingües, y éstas, por la serie más moderna exclusivamente latina.
Abdera formó parte de la cadena de centros industriales y comerciales que los llamados libiofenicios mantuvieron en la zona costera de Andalucía principalmente. En semejantes circunstancias no extraña la cierta autonomía de que debió gozar en los primeros tiempos de la presencia romana como se manifiesta en la utilización de un alfabeto autóctono y la acuñación de moneda propia hasta el reinado de Tiberio, en cuyas series es posible distinguir un continuado proceso de romanización desde el momento en que se produce la sustitución de monedas con inscripción fenicia por otras bilingües, y éstas, por la serie más moderna exclusivamente latina.
Antigua ceca feno-púnica 'bdrt / Abdera que reanudó por breve tiempo (durante el reinado de Tiberio) sus acuñaciones de ases en bronce, utilizando su característico templo tetrástilo en el reverso. Únicamente presenta una emisión bilingüe que mantiene los antiguos caracteres neo-púnicos junto con las leyendas latinas.
Las monedas más antiguas de la ciudad tienen la inscripción fenicia abdrt con la cabeza de Heracles (Melkart) y un atún.
En ella podemos admirar una colección de ánforas fenicias, íberas y romanas. Destaca por su antigüedad una pequeña ánfora fenicia del siglo VII a.C. donada por Francois Octobon, que procede del Cerro de Montecristo. Pero esta muestras cuenta con paneles interpretativos y seis vitrinas que acogen material mayoritariamente procedente del yacimiento arqueológico del Cerro de Montecristo.
También podemos encontrar elementos metálicos, escorias de fundición, trozos de pasta vítrea y pesas de telar de barro, piezas todas del periodo romano. El último ingreso es tan reciente que aun no se ha tramitado la documentación. También se halló una ánfora y cuenco de cronología fenicia. Al margen de estas piezas arqueológico, la mayoría procedentes del Cerro de Montecristo, se unen otras que datan de la época romana e incluso monedas de la antigua Abdera.
La proyección comercial que caracterizó a la sociedad fenicia está estrechamente relacionada con la obtención de materias primas como los recursos marinos (salazones y púrpura) y terrestres (metales, madera y marfil). Muy probablemente la explotación e intercambio de metales funcionó como uno de los aspectos más ligados al “comercio profesional” en la Antigüedad, donde los fenicios jugaron sin duda un papel predominante. Esta búsqueda de materiales exóticos y metales estaba destinada a surtir una extraordinaria cadena de producción artesanal especializada, encontrando en el mundo griego y en los habitantes de Iberia algunos de sus principales destinatarios.
Las excavaciones realizadas en el Cerro de Montecristo se nos muestran que su hábitat natural está estrechamente relacionado con una economía donde primaba el sector primario, basado en la agricultura, la pesca y, hasta el siglo XIX, la minería. Lo trascendente de esta economía moderna está en que es un fiel reflejo de las actividades que muy probablemente pudieron realizarse en la Antigüedad. Así, los fenicios ya debieron aprovechar las posibilidades agrícolas inmejorables de la vega cercana al curso del río, el fondeadero natural que se abría a los pies del cerro, así como los recursos mineros, fundamentalmente hierro y plomo de las faldas de la Sierra de Gádor. Se han encontrado hornos de fundición de metales con escorias de minerales tales como fragmentos de hierro y de galena, cuchillos; varios materiales de cobre básicamente clavos, anzuelos, varillas, plaquitas, piezas circulares, etc.; y una pesa de red de plomo.
Para el caso concreto del Cerro de Montecristo, nos basamos principalmente en la riqueza en minerales de plomo y hierro de la Sierra de Gádor, que constituye un escenario idóneo para la explotación de los recursos metalíferos tan apreciados por los fenicios. Todo indica que en Abdera, las materias primas y su transformación más directa, donde podríamos incluir el metal, supusieron el principal motor económico durante siglos.
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CARTAGO
Las fuentes ponen de manifiesto intrinsecamente que la fundación de Cartago es un fenómeno aislado, que no se puede agrupar ni a la primera oleada de fundaciones (Cádiz, Utica, Líxus), ni a la expansión colonial propiamente dicha, a partir de mediados del siglo VIII a. C
La fundación de Cartago, según Timeo, tuvo lugar treinta y ocho años antes de la primera olimpíada, es decir, en el año 814 a. C. y sitúa en ese mismo año la fundación de Roma, lo que constituye una sospechosa coincidencia. La confrontación de esta cronología con la proporcionada por Fabio Pictor o Varrón para la propia Roma, permitió a autores posteriores establecen la fundación de Cartago entre unos sesenta y setenta años antes que la fecha tradicional de la fundación de Roma, lo que desde el punto de vista de la crítica textual proporciona una cierta seguridad sobre la fecha tradicional de la fundación de Cartago..
Cartago fue una importante ciudad de la Antigüedad, fundada por los fenicios procedentes de Tiro en un enclave costero del norte de África, cerca de la actual ciudad de Túnez.
La historia dio comienzo en Tiro, una de las más poderosas ciudades en la costa del Levante mediterráneo; allí se desarrolló un drama familiar digno de la mejor novela de éxito.
Cartago fue uno de varios asentamientos fenicios en el Mediterráneo occidental que fueron creados para facilitar el comercio de las ciudades de Sidón, Tiro y otras de Fenicia que estaban situadas en la costa de lo que actualmente es Siria, Líbano e Israel. En el siglo X a. C., la franja costera del Mediterráneo oriental estaba habitada por varias poblaciones semitas, quienes habían creado florecientes civilizaciones. El pueblo que habitaba el actual Líbano llamaba su lengua canaanita, pero fueron llamados "fenicios" por los griegos. El idioma fenicio era muy cercano al antiguo hebreo a tal grado que este último era a menudo utilizado como ayuda para la traducción de inscripciones fenicias.
Cartago estaba situada en una península comprendida entre el golfo y el lago de Túnez. La ciudad estaba protegida por una triple muralla, cada sección contaba con 25 m de altura y unos 10 m de ancho, situada en el istmo, a unos 4 km del mar. La propia muralla tenía cuarteles con capacidad para albergar a 20.000 infantes. El diseño urbanístico y la arquitectura eran una mezcla de modelos con antecedentes sirio-palestinos de tipo predominantemente orgánico y de modelos de lógica hipodámica, en parte creada por su propia práctica de la construcción y, en parte, sobre todo en su última fase, por influencia griega y helenística.
La ciudad de Cartago poseía dos grandes puertos, el comercial y el militar, que le permitieron dominar militar y comercialmente el Mediterráneo occidental. El acceso a los puertos desde el mar venía facilitado por una entrada de unos 21 m de ancho, que en caso de necesidad era cerrada con una cadena de hierro. Los dos puertos estaban unidos por un estrecho canal navegable. Fueron construidos artificialmente, en lo que fue una gran obra de ingeniería, admirados y envidiados, y siendo los más famosos de la Antigüedad.
El puerto civil era de forma rectangular. Allí fondeaban las naves comerciales, que en su mayoría importaban garum, trigo, púrpura, marfil, oro, estaño y esclavos de las factorías, de las colonias y de las explotaciones agrícolas creadas en numerosos enclaves costeros a lo largo del Mediterráneo. Las exportaciones a otras ciudades, colonias o pueblos costeros nativos de las costas del Mediterráneo occidental fueron mercancías manufacturadas, vidrios, cerámicas, objetos de bronce o hierro, y tejidos de púrpura.
El puerto militar era de forma redonda y albergaba en su interior una isla artificial también circular. La isla era la sede del almirantazgo, y su acceso era restringido. El puerto militar según las fuentes clásicas podía albergar 220 barcos de guerra, y sobre los hangares se levantaron almacenes para los aparejos. Delante de cada rada se elevaban dos columnas jónicas, que dotaban a la circunferencia del puerto y de la isla el aspecto de pórtico. Los restos arqueológicos descubiertos han permitido extrapolar la capacidad de acogida del sitio: 30 diques en la isla del almirantazgo y de 135 a 140 diques en todo el perímetro. En total, de 160 a 170 diques, podían albergar tantos barcos de guerra como han sido identificados.
Por debajo de los diques de la dársena se situaban los espacios de almacenaje. Se ha supuesto que en cada dique podían tener cabida dos filas de barcos. En medio del islote circular,había un espacio a cielo abierto, a cuyo lado se levantaba una torre. Los diques podían tener sobre todo la función de astillero naval.
La zona alta se desplegaba partiendo de la colina de Byrsa, donde se hallaba la inexpugnable fortaleza del mismo nombre y el templo de Eshmún. En las laderas de la colina se encontraban las grandes residencias de la aristocracia cartaginesa. Se descubrieron restos de casas recubiertas por las cenizas del incendio de su destrucción, en el año 146 a. C. poseían características muy similares a las helenísticas, siendo un recinto con calles concéntricas.
Las ciudades fenicias eran muy dependientes del comercio, tanto terrestre como marítimo, y sus ciudades contaban con varios de los puertos más importantes del área. Los fenicios establecieron numerosas ciudades coloniales a lo largo de las costas del Mediterráneo (desde Iberia hasta el Mar Negro), con la finalidad de proveer un lugar de descanso para sus flotas mercantes, mantener un monopolio fenicio sobre un recurso natural de un área o para comerciar por su cuenta. Fueron estimulados a fundar ciudades por una necesidad de revitalizar el comercio para pagar el tributo extraído a Tiro, Sidón y Biblos por una sucesión de imperios que los gobernaron y, más tarde, por temor de una total colonización griega de esa parte del Mediterráneo. La colonización fenicia inicial tuvo lugar durante una época cuando otros gobiernos vecinos (griegos, hititas, cretenses) estaban pasando por una "Edad Oscura", quizás después de la llegada de los pueblos del mar.
El rey Pigmalión ambicionaba las riquezas de su cuñado Ajerbas, el gran sacerdote de Melkart, y mandó matarlo para apoderarse de ellas a Pesar de los ruegos de su hermana Elisa, más conocida por Dido, poético nombre que le dio Virgilio en su Eneida. De este modo, la princesa se encontró a la cabeza del bando opositor al rey; a toda prisa se organizó una expedición para huir de Tiro y en ella tomaron parte un buen número de ciudadanos de alcurnia. además de marinos, comerciantes, artesanos, esclavos, etcétera. Los fugitivos arribaron a Chipre, donde otro contingente de personas se sumó a la flota; ésta se encaminó hacia cualquier lugar del Norte de Africa, bien conocido desde mucho antes por los infatigables navegantes fenicios. Así, llegaron a un lugar -cuyo nombre aún desconocemos que ya estaba poblado por gentes de su mismo origen y cuyo jefe cedió a Elisa "todo aquel terreno que pueda ser contenido por una piel de buey". La inteligencia de Elisa demostró su capacidad de dar la vuelta al termino ambiguo del contrato y permitió establecer a toda su expedición, pues hizo cortar la piel de un buey en una fina y muy larga tira de cuero con la cual pudo marcar un terreno amplio, cortando una península y obteniendo una superficie con unos 4 km. de perímetro en la que fundar Qarf Hadasht, la "Ciudad Nueva", la futura Cartago de los romanos.
Con la visita de Eneas -por entonces huyendo de Troya y camino de Italia- y sus amores con Dido, la leyenda cierra otro capítulo y concluye en tragedia: el rey libio Hiarbas pretendió despojar a la reina Dido; no queriendo ésta salir de su viudez, y en homenaje a su difunto marido, organizó un ceremonial de expiación y al termino del mismo se arrojó a la hoguera. De este modo se explica que en Cartago perdurase el culto a Elisa y la proliferación de este nombre -Elishat- en las estelas púnicas halladas en sus necrópolis. Virgilio dramatizó aún más este relato, narrando que el suicidio de Dido fue consecuencia del abandono de Eneas y del mal de amores hacia éste.
Desde el punto de vista religioso, también hay una diferencia entre la oligarquía terrateniente y la mercantil. La primera depositaba su confianza en divinidades agrícolas de carácter femenino y el monarca era al mismo tiempo sumo sacerdote de tal divinidad. Por el contrario, los comerciantes estaban vinculados a una divinidad masculina, Melqant, representante de sus intereses en el panteón fenicio. Así los dioses principales de la ciudad fueron: Melqart (patrón de Tiro), Ashtart (la fenicia Astarté), pero sobre todos los demás se encontraba Tanit ("La Señora"), asociada al Señor Baal Hammón.
Es significativo que tanto en Cartago Nova como en Cartago los autores clásicos nos sitúen un templo dedicado a Asklepio, conocido también como Eshmún. Este hecho forma parte de la evolución de la religión fenicia, ya que parte importante de su desarrollo lo constituye «la espontánea aceptación de influencias religiosas extranjeras (anatólicas,iránicas, griegas)»
Tras la decadencia de Tiro, Cartago desarrolló un gran Estado, de carácter republicano con ciertas características monárquicas o de tiranía, que evolucionó a un sistema plenamente republicano. Los territorios controlados por Cartago la convirtieron en la capital de una próspera República, viéndose enriquecida por los recursos provenientes de todo el Mediterráneo occidental. Cartago fue durante mucho tiempo una ciudad más próspera y rica que Roma.
Cartago fue fundada por colonos fenicios de la ciudad de Tiro, que trajeron consigo la deidad tutelar de Melkart. El historiador romano Apiano fecha la fundación de Cartago 50 años antes de la Guerra de Troya (esto es, entre 1244 y 1234 a. C., según la cronología de Eratóstenes). El poeta romano Virgilio creía que la fundación de la ciudad coincidió con el fin de la Guerra de Troya; sin embargo, es más probable que la ciudad fuera fundada en algún momento entre 846 y 813 a. C.
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