ATENCION

Si alguien está  más interesado en este tema envieme un email a:
 If anyone is interested in a subject more on this subject send me an email to:

mediterrano@gmx.us

Mostrando entradas con la etiqueta Bastetanía. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Bastetanía. Mostrar todas las entradas

domingo, 18 de diciembre de 2011

LOS TOSCANOS


        
El yacimiento fue descubierto por el Instituto Arqueológico Alemán de Madrid en las excavaciones de 1964-1967. Pero ya a inicios del siglo XX, el lugar había sido “excavado” por otro germano, Adolf Schulten. El que sería más tarde “descubridor” de Tartesos se concentró en la zona de Cerro del Peñón y en Cerro del Mar. Schulten no quería estudiar los patrones de asentamiento de los fenicios, ni nada por el estilo. Schulten se limitó a intentar ser un discípulo aventajado de Heinrich Schliemann, y al igual que el “renombrado” descubridor de Troya, descubrir a través de las fuentes clásicas la fabulosa Mainake de las fuentes literarias, es decir, la supuestamente más occidental de las colonias griegas.

Basándose en las fuentes literarias identificó el asentamiento de Cerro del Peñón de  “Toscanos” con la colonia focea de Mainake. Para Schulten, hubiera sido fundada hacia el 630 a.C. Según autores clásicos como Estrabón, Mela o Avieno entre otros, estaría situada entre Malaka y Sexi, diciéndose que era un asentamiento griego diferente a los fenicios. Para Niemeyer, Toscanos sí sería Mainake, pero no un asentamiento griego y sí fenicio, donde quizás se pudo dar una presencia griega con un barrio donde desarrollar sus actividades, como ya hicieran en otros lugares.

Toscanos está localizado en la desembocadura del río Vélez. Se apoya en el declive oriental del Cerro del Peñón. Las excavaciones del poblado se concentraron por tanto en una pequeña colina que estaba localizada entre la orilla izquierda del río Vélez y el citado Cerro del Peñón. En esta zona hoy día se encuentran dos cortijos que pertenecen a la familia Toscanos, que da nombre de esta manera tanto a un complejo de yacimientos fenicios (Alarcón, Cerro del Peñón, Cerro del Mar y Toscanos), como a un único yacimiento, el propio Toscanos, del cual parece que dependerían los demás en mayor o menor medida.

Las excavaciones dieron como resultado el hallazgo de una serie  de construcciones típicas fenicias que se podrían encuadrar cronológicamente a partir de los momentos finales del siglo VIII a.C., pudiendo llegar hasta los momentos iniciales del siglo VI a.C. De esta forma podemos ver la evolución que tradicionalmente se ha fijado para la presencia fenicia en la Península, si se obvia el tema de Gadir y el enfrentamiento a causa de la antigüedad de su fundación.

De esta forma, tradicionalmente el inicio de la presencia se coloca a mediados del siglo VIII a.C., cuando los fenicios llegan a las costas andaluzas en su vertiente oriental. Esto hoy día parece que se rechaza, al menos parcialmente, ya que por el estudio de piezas cerámicas (estudios radiometricos) se ha podido fechar hacia finales del IX a.C. la presencia fenicia. Si nos atenemos a las corrientes mayoritarias, se puede ver la evolución citada, llegando los fenicios a Toscanos (según Niemeyer) en los momentos finales del VIII a.C. Aubet concreta esto aún más, precisando que la llegada fenicia se daría entre el 730–720 a.C. Aubet se basa en el estudio de las piezas cerámicas más antiguas del asentamiento, las cuales se inscribirían en su totalidad dentro de las formas  clásicas de la cerámica tiria del siglo VIII a.C.Pero también, según de nuevo Niemeyer, se podrían ver piezas cerámicas, de origen griego, como unas ánforas del Ática y de la isla de Chíos, un alabastrón corintio o varios fragmentos de “bucchero sottile” etrusco. Sin embargo, estas piezas parecen que serían algo posteriores, como del siglo VII a.C. y quizás incluso del VI a.C. Sin embargo, no se ha encontrado ninguna pieza de importación griega cuyo origen se pueda colocar en el siglo VIII a.C., y de esta forma, no existiría un referente claro con el que comparar la cerámica tiria que según Aubet sería del siglo VIII a.C.

Estas piezas griegas tendrían que ser obtenidas por la importación, fuese a través de comerciantes y naves griegas, como por agentes fenicios. Una de las explicaciones podría ser que los fenicios al navegar hacia Occidente, podrían recalar en diversos puertos griegos, tanto de la Grecia continental, como en momentos más avanzados, en las diversas colonias de los griegos. De esta forma, los comerciantes fenicios al recalar en puertos griegos podrían comprar estos objetos.

Pero tampoco se debería descartar que hubiese presencia griega en Toscanos basándose en la tesis enunciada por Niemeyer, siendo esta presencia griega atestiguada por la introducción de estos objetos griegos.
Toscanos es tanto el nombre de un conjunto de pequeños yacimientos, como a la vez de esto es el nombre específico del yacimiento principal de la zona. El complejo, además de por Toscanos, está formado por Alarcón, Cerro del Peñón y Cerro del Mar.
 El principal yacimiento es el de Toscanos, que estaría al pie de una antigua bahía. Ocuparía un pequeño altozano, desde  el cual se podría dominar con la vista toda la llanura que se da a lo largo del río Vélez, al igual que la importante bahía, la cual mantuvo su configuración primitiva desde la llegada de los fenicios hasta la Edad Media. De esta forma, y por todos los sedimentos y los aluviones que llevó el río con el paso del tiempo, se ha obtenido como resultado la configuración actual de la línea de costa.
 Cerca de Toscanos, en el vecino Cerro de Alarcón, se documentó (hacia el interior del hinterland de Toscanos) un asentamiento, que según Niemeyer, sería un puesto avanzado de guardia, o incluso una fortificación exterior al asentamiento, con unos 500 metros de extensión, de tal forma que podría servir como un bastión adelantado de defensa ante una agresión de las poblaciones del interior contra el asentamiento.

Estas posibles construcciones de finalidad defensiva se pueden relacionar con la existencia de un foso de sección triangular, descubierto en la campaña de 1971.Este foso de sección triangular se aprecia en los cortes abiertos en el límite suroeste del cortijo de Toscanos: se trata de una zanja excavada. Parece que sería un método de defensa de la zona más vulnerable del asentamiento, es decir, la zona suroeste. Este foso también se localizo cerca del edificio que supuestamente se clasifica como de almacenaje. En este caso está excavado en la roca virgen y parece que sigue el curso natural del terreno. Tenía una inclinación de 45º. Además la existencia del foso quizás se pudo complementar con la existencia de una supuesta muralla, de la cual no parece existir ningún resto.

Es posible que, a causa de un supuesto aumento de la población que se pudo dar quizás en la primera mitad del siglo VII a.C., el foso fuese recubierto, para tener una mayor cantidad de terreno donde edificar, en un proceso análogo al que sufrieron las ciudades europeas en el siglo XIX de destrucción de sus murallas para disponer de más espacio.

Parece que la primera zona que fue urbanizada por los fenicios es la zona que Niemeyer denominó del “núcleo”, donde se situaría el “almacén” o edificio “C”, y el foso defensivo hacia los años 740–730 a.C. En el estrato I del “núcleo” se localiza la casa “A”, de la cual no se tiene más que una habitación excavada, sin saberse si pudo ser una casa o una dependencia adosada de una granja, aunque lo más probable es que resulte ser una casa. Tanto al norte como al oeste de esta casa “A”, están localizados unos terrenos que parecen ser de paso público.

En esta primera fase del yacimiento, el espacio adyacente a estas primeras casas quedó despejado de cualquier tipo de edificio permanente. Ya en una fase posterior, estrato II, en el siglo VII a.C., que sería el del máximo apogeo de Toscanos se puede ver como se amplió el terreno edificado, ya que la casa “A” sufrió una ampliación al adosarse el anejo “B”. A este impulso constructivo se debe añadir  las casas “D”, “H” y “K”, aunque hoy día solo se conservan sus zócalos, que parecen haber sido hechos con adobe que no fue cocido. El suelo estaría hecho con arcilla apisonada, y los muros pudieron tener un enlucido. La cubierta de estas casas parece que sería con un tejado a dos aguas.

Todos estos edificios parece que tuvieron múltiples habitaciones, de planta cuadrada o rectangular, dando como resultado el que fuesen catalogadas como viviendas.

A partir del estudio de estas casas, se puede al menos intuir la presencia de cierto espíritu urbanístico fenicio, al menos en el yacimiento. Estas casas no presentan una orientación única, variando en cada una ligeramente con respecto a los edificios vecinos. Por tanto se puede intuir cierto espíritu urbanístico, pero nada más, ya que no hubo ninguna red homogénea y fija de calles. Quizás en el espacio entre las casas, se pudieran dar una serie de huertos pequeños unidos a las viviendas. Esta quizás fuese la razón de ese espacio preurbanístico entre las casas.

Esto tampoco se ve en otros lugares, como Chorreras, aunque se supone la existencia de una parcelación del terreno más o menos obligatoria, debido a la existencia de construcciones mas antiguas, pudiéndose observar dentro de esta una orientación uniforme de los edificios.

Tras este estrato I se puede apreciar un aumento de la población, implicando esto, según Aubet, la existencia de ciertas casas de lujo, como podrían ser las casas “H” y “K”. La casa “H” presenta una planta compleja y compartimentada, que para algunos, como López Castro sería de tipo palacial dentro de una colonia de Tiro, siendo una casa seguramente anterior al 700 a.C. Tiene una superficie de unos 150-250 metros2: las cifras varían en función de si es parte de esta estructura o no lo es la casa “A”. Estas casas parece que se pudieron articular en torno a un espacio central o “patio”, aunque no se sabe determinar cual seria su función real.

En esta segunda fase, se puede apreciar cierta aglomeración urbana, puede que como resultado de un segundo aporte de colonos provenientes de Fenicia. Este mismo proceso parece que también fue coetáneo a Chorreras y Morro de Mezquitilla.

El edificio más conocido e importante es el edificio “C” o “almacén” de Toscanos. Se fecha su construcción hacia el 700 a.C. (estrato III), es decir, unos 30 años después de que comenzasen a darse los primeros usos del yacimiento. Este edificio se superpuso, al menos parcialmente, a la casa “H”, lo cual implica una reordenación del territorio, quizás ante la falta de espacio edificable. Se construyó adyacente a los muros de las casas “A” y “H”, que habían sido ampliadas con anejos en el lado oeste, de tal forma que la casa “H” tuvo que ser modificada, para poder colocar allí el almacén. Tuvo que ser derruido el anejo (“I”) de esta casa, para poder levantar este gran edificio.

Existe un almacén que es el mejor documento para hablar de la comercialización tanto de materias como de productos fenicios. La función original del edificio se puede apreciar en la comparación con otros, que presentan 3 naves, que fueron excavados por el equipo inglés establecido en Motya, y que se catalogó como un almacén, o de la misma forma, si se compara con los almacenes del Hierro Antiguo en Hazor. Además este almacén será el único espacio de función pública.
  
Esta interpretación se basa además en el hallazgo en su interior de todo tipo de recipientes tanto de transporte como de almacenaje. Por tanto, sería un lugar de almacenaje, como parece que hubo en otros asentamientos fenicios a lo largo y ancho del Mediterráneo.

El almacén tendría 3 naves, de 15 metros de largo y 11 metros de ancho, y pudo llegar a tener 2 pisos. Además de los objetos de transporte y de almacenaje, también se han localizado en el almacén otro tipo de objetos como alabastrones, escarabeos engarzados en anillos de plata y bronce o gran cantidad de cerámica griega, desde  producciones jonias o samias (Asia Menor) a elementos como ánforas áticas de tipo Sos. En alguna de esta cerámica “griega” hay grafitos en griego y en fenicio.

Pero en Toscanos además de estas piezas de cerámica, también se han encontrado otros tipos cerámicos (como la cerámica policromada), aunque en menor número y entidad que la de engobe rojo. Tienen estas piezas una decoración a base de bandas paralelas más estrechas. Sería una cerámica originaria de Oriente, más tarde parece que imitada por los alfareros “indígenas”. Se fabrica a torno, dominando los colores ocres, rojo tierra, rojo ladrillo, castaño, naranja, gris, negro y blanco. Su tonalidad iría desde los muy oscuros a tonos más claros.

Sus formas mayoritarias son los platos hondos pintados con bandas paralelas. Curiosamente este tipo de platos no han aparecido en la zona de Cartago, lo cual quizás implique una influencia totalmente oriental, sin haber pasado por ninguna influencia intermedia del Mediterráneo central. También podemos hablar de vasos con los bordes vueltos hacia dentro, vasos anchos de boca también ancha, o de vasos cerrados con cuello inclinado, estando localizada la policromía generalmente sobre los hombros, panza, cuello, borde y asas.

La mayoría de la cerámica policromada está compuesta por platos de cerámica roja, calculándose la existencia de unos 960 elementos de este tipo, todos ellos a torno, con una tonalidad que oscila desde el rojo anaranjado claro a un rojo vinoso oscuro y pardo oscuro. Algunos platos tienen un tipo de engobe muy característico, siendo este muy brillante. Curiosamente, este tipo de platos están relacionados con diversos puntos de la Península como Almuñécar y valle del Guadalquivir, pero también con puntos ajenos a esta, como Mogador.

También de cerámica roja tenemos una serie  de vasos de boca de seta, con tonalidades similares a la de las piezas anteriores. Apenas tenemos en Toscanos vasos de boca simple con forma algo panzuda. Estos estaban hechos a torno, con una tonalidad ocre o rojiza. También podemos observar como hay vasos panzudos con doble asa y boca ancha y forma cilíndrica, fuentes de cerámica roja o gris espatulada o bruñida.

También tendremos vasos en formas de botellas, con superficie arcillosa. Podemos ver como tienen un cuello muy estrecho, con una boca cónica muy saliente. Hay tres botellas de boca grande, con paralelos por ejemplo en Cartago o Útica entre otros lugares del Mediterráneo.

La cerámica a mano también está presente en Toscanos, con formas diversas. La arcilla usada no es uniforme, estando muy depurada. Los colores van desde el pardo rojizo al blanco amarillo pasando por el pardo amarillento, amarillo grisáceo, o los grises parduzco, verduzcos o claro. Cronológicamente se podrían situar hacia el siglo VIII a.C., siendo una cerámica similar a la de otros lugares de Andalucía como Asta Regia, Cerro del Real, Carmona y El Carambolo, o la localidad portuguesa de Lapa de Fumo.

Esta cerámica hecha a mano sería un elemento realizado por grupos “indígenas”. Este elemento autóctono esta presente dentro de un asentamiento fenicio, que en los primeros momentos de su existencia, importaba desde otros lugares una cerámica hecha a torno. Por tanto, necesariamente, tuvo que darse algún tipo de contactos entre los “indígenas” y los fenicios, quizás pudiéndose instalar aquellos dentro de Toscanos, en algún tipo de “barrio” propio, de la misma manera que pudieron hacerlo los griegos según las tesis de Niemeyer, según la cual se identifica por tanto a Toscanos con Mainake.

No parece  que existiese una población “indígena” en el espacio donde se instaló Toscanos, aunque a cierta distancia hacia el interior aparentemente sí habría asentamientos “indígenas”, como parece que pasó en Emporion.

Tras esta digresión podemos ver cómo de  esta forma podría servir el “almacén” para guardar y almacenar gran cantidad de productos de lujo que posteriormente serían redistribuidos hacia el interior por tierra, o a otros establecimientos fenicios por mar.

La existencia de ese almacén, quizás también se pueda justificar alegando que si Toscanos explotaba las tierras de alrededor (lo cual podría explicar la presencia de Alarcón, para controlar y proteger este terreno de uso agrícola y/o ganadero), desde este almacén se podrían redistribuir esos productos agrícolas, y no sólo objetos de lujo, o al menos de cierta entidad.

Los elementos de lujo aquí hallados estarían vinculados al mundo de ultratumba, pero sin embargo en Toscanos también aparecerán en casas y en este almacén.

También se puede apreciar el carácter monumental del almacén, al ocupar un lugar central tanto en el espacio del asentamiento como en la vida de sus habitantes.

Coetáneamente o algo después de la construcción de este almacén (700 a.C.) surgirían en Toscanos pequeñas viviendas o cabañas cerca del mismo. Serían por tanto casas de una categoría inferior, llamadas casas “E”, “F” y “G”. Tanto Niemeyer como Aubet las ven como viviendas de obreros destinadas seguramente para el personal destinado a trabajar en dicho almacén. De esta forma, se vería una organización y diversificación social de sus habitantes.

Esta diferenciación profesional también se podría ver en los restos metalúrgicos del Cerro del Peñón. Aquí se tendría que ver como existiría un grupo concreto de especialistas e importante en número. También Niemeyer dice que pudo darse una “industria” dedicada a la manufactura de la púrpura.

Otro rasgo de especialización económica podría ser los indicios de ganadería. Por el estudio de los huesos de animales, hechos por R. Soergel y H.P. y M. Uerpmann, se ve el predominio del ganado vacuno, y por detrás el grupo de ovicápridos, mientras que apenas hay restos de cerdos (quizás por motivos ideológicos o religiosos  más que económicos), y de la caza, aunque aparecen algunos restos de uro, ciervo, cabra hispánica o conejo. Aparece también el perro y las gallinas: parece que quizás fue el primer lugar de Europa donde apareció este animal domesticado.

La importancia del ganado vacuno es que puede aportar alimentos como carne y leche. Esto parece apreciarse en el patrón de sacrificio, que es secundario, al sacrificarse animales de cierta edad. Pero además de estos alimentos, también podrían aportar una fuerza de trabajo a tener en cuenta tanto en el nivel de carga y tracción de mercancías, como para las labores agrícolas. Esto se vería, por otra parte, también en el hecho de que podrían proporcionar estiércol que permitiera fertilizar el campo con potasio y nitrógeno, todo lo cual podría implicar una agricultura, al menos hasta cierto punto intensiva, que desgastara en gran medida la tierra, lo que justificaría el tener que enriquecer la tierra por otros medios.
 Por otro lado, parece que quizás el papel del ganado vacuno se ha sobrevalorado, y que en realidad esa importancia fue menor. Esto sería debido a que al menos en los niveles iniciales de Toscanos, se pudo confundir los huesos de cerdos con los de animales vacunos, de tal forma que esta importancia se sobredimensionó.
 El pescado parece que fue importante también en Toscanos. Se pescarían numerosas especies del litoral andaluz como el dentón, el mero o la breca. Esto quizás respondiese simplemente a una pesca de tipo subsistencial. También parece que se capturaría una cantidad importante de moluscos, utilizándose el múrex posiblemente para la elaboración de la púrpura.
 Por todo esto, quizás hubo grupos específicos de pescadores y de ganaderos.
 En el estrato V se puede ver como la zona del almacén fue ampliada a costa de cubrir el antiguo foso defensivo.
 Sobre el hallazgo de  huevos de Avestuz Torres Ortiz nos dice que su significado funerario es evidente yráramente se han hallado en contextos de habitat dentro de las colonias fenicias como ocurre en Toscanos.




jueves, 15 de diciembre de 2011

LOS FENICIOS EN MALAGA


La costa atlántica andaluza fue una de las primeras áreas occidentales que despertaron el interés de los comerciantes fenicios.Estas tierras ricas en minerales, como el cobre y la plata, y en productos agropecuarios acogieron a comerciantes y artesanos orientales al menos desde finales del siglo ix a. C., tal y como demuestran los recientes hallazgos efectuados en las zonas bajas de la ciudad de Huelva
Los fenicios vinieron  a la península ibérica, en busca de metales porque tenían necesidad de ellos.
 En el primer milenio a. C. surge un interés especial por la plata para crear artículos u objetos de lujo en plan ornamental, pasando después a ser un objeto de intercambio. De ahí que digamos  que  es el aspecto orientalizante, el cual está presente en nuestra península según los hallazgos en las diferentes necrópolis y poblados encontrados en toda la costa del Mediterráneo peninsular,
Este hecho posibilitó la asunción del riesgo y los costos de un comercio a tan larga distancia. Implantaron una ruta mercantil hasta el Atlántico, teniendo en Cádiz la principal base comercial, a partir de lo cual la costa de Málaga se hace fundamental en la difícil travesía del Estrecho.
En el siglo VIII son los fenicios  los que fundan en la desembocadura del rio Guadalhorce la colonia Malaka. Comenzó, por parte de estos comerciantes semitas, una interesada búsqueda de las riquezas naturales de la región y, con ella, una carrera de reconocimiento de nuestra geografía y de sus gentes.
Málaga fue una de las colonias comerciales fundadas por los fenicios de Tiro, desde el siglo VIII AC, éste periodo tuvo una duración aproximada según algunas fuentes , del 770 al 550 AC. Debido a las buenas condiciones para el atraque en su puerto natural al pie del monte Gibralfaro y la gran cantidad de yacimientos de plata y cobre, siendo bautizada con el nombre de Malaca. Entre las actividades económicas que esta colonia desarrolló, hay que hacer referencia a las industrias pesqueras destinadas a la producción de púrpura y a la salazón; y llegaron a acuñar moneda. 1. Orígenes. La costa que ocuparon los fenicios estuvo habitada desde tiempos remotos. Antes del V milenio aparecen vestigios de poblaciones neolíticas en Biblos, con cerámicas de tipo impreso. Sigue una cultura de clara influencia mesopotámica, que enlaza con la fase de Hassuna, con cerámicas pintadas, y más tarde se observa la influencia de las de Tell Hala. Se ignora a qué tipos de población cabe atribuir estas culturas, pero todo parece indicar que se trata de grupos asiáticos, quizá procedentes del noroeste del Irán y de la Alta Mesopotamia.
La llegada de los pueblos que pueden enlazarse directamente con los que después serán llamados fenicios puede situarse en torno al 3000 a. C. Se trata de grupos de lengua y estirpe semíticas, de tradición nómada, que acaban fiján­dose en la zona costera de F. Muy pronto el territorio interesa a los egipcios. A partir de poco después del 2000 a. C., durante la XII dinastía, la presión egipcia se manifiesta no sólo en los intercambios comerciales son frecuentes los hallazgos de objetos egipcios en los niveles correspondientes de las ciudades fenicias de esta época, sino también en el establecimiento de una especie de pro­tectorado. Sin duda, dichas actividades comerciales con el país del Nilo fueron un elemento clave en los inicios de la prosperidad económica de las ciudades del litoral cananeo.
    Incluso si la climatología impedía la navegación, se podía continuar el viaje a pie desde Málaga. Desde el VIII al VI a.C. se establecen numerosos enclaves fenicios en la costa malagueña, muy próximos unos de otros, compartiendo un patrón de asentamiento bastante homogéneo, situados en una elevación costera fácilmente defendible junto a la desembocadura de un río, que servía de puerto y vía de comunicación con el interior, a la vez que facilitaba las funciones de mercado de estos núcleos.
En estos lugares habita una densa población fenicia dedicada al comercio, la pesca y su salazón, que aprovecha las fértiles vegas para una producción agropecuaria intensiva y dispone de talleres de cerámica y metalurgia. Los modos de producción de los fenicios debieron causar un fuerte impacto en las poblaciones autóctonas, que de este modo conocieron innovaciones tales como la cerámica a torno, el uso del hierro, técnicas en la salazón, y nuevas
especies como el olivo y la gallina.
Del antiguo pasado fenicio, podemos visitar los yacimientos de Toscanos, Jardín y Trayamar:
Fundado en el siglo VIII a. C., Toscanos se sitúa sobre una colina en la orilla derecha del río Vélez, cerca de la C-N 340. Las excavaciones han dado a la luz restos de una factoría, protegida por una muralla y un foso, un gran almacén de tres naves y dos plantas, algunas viviendas e instalaciones portuarias.
Las tumbas y los asentamientos fenicios del área de Málaga manifiestan unas relaciones de poder entre grupos fenicios y gentes locales distintas a las que hemos visto en la zona de Huelva. Los colonos del área de Málaga se apropiaron de un territorio y ejercieron sobre él una soberanía en la que las jerarquías coloniales se establecían y legitimaban a través del origen, un principio, por otro lado, fácilmente manipulable.
      Todos estos asentamientos muestran un patrón muy diferente al de la Andalucía atlántica: se trata de asentamientos en áreas desocupadas donde o bien no se conocen poblaciones locales en las inme­diaciones o bien se dotan de límites físicos –Toscanos– o naturales –una isla rodeada de marismas en el caso del Cerro del Villar– que amplifican su distancia, su separación.
Estos centros parecen acoger a un núcleo de población estable integrado principalmente por gentes que trabajan en actividades mercantiles, artesa­nales y portuarias. En los enclaves fenicios de la costa de la Axarquía y de la bahía de Málaga se levantan viviendas y estructuras domésticas que traducen un paisaje colonial socialmente diverso, así como infraestructuras portuarias y comerciales –como tiendas y almacenes– y pequeños talleres artesanales dedicados principalmente a la producción cerámica y a la meta­lurgia del hierro y del bronce, y, en menor medida, de la plata,
Las características del lugar elegido para establecer el primer asenta­miento fenicio en el área malagueña sugieren que el intercambio con las poblaciones del territorio inmediato no fue la principal finalidad de esta fundación, al menos en sus primeras décadas de funcionamiento.
La cultura material manifiesta, por un lado, una clara intención por parte de los residentes de estos enclaves en construir una iden­tidad comunitaria, propia y diferenciada con respecto a la población local que vive en asentamientos no coloniales, y, por otro, la intención de estable­cer unas jerarquías sociales en la colonia que pivotan en torno a identidades de tipo étnico. En estos ámbitos, estas identidades sociales se establecieron, posiblemente, a través de la descendencia, pero principalmente a través del uso de una cultura material que subjetivamente identificaban como «feni­cia», tal y como sugieren los enterramientos.
Dicha  cultura material está ausente no sólo de los ajuares funerarios, sino también de otros actos fúnebres que tenían lugar en estos espacios. En la necrópolis de Trayamar se conservan evidencias de la celebración de ban­quetes fúnebres. En el exterior de las tumbas se acumulan decenas de restos de vasos de cerámica usados en estas prácticas, unas celebraciones que se realizaron incluso una vez clausuradas las cámaras sepulcrales. La vajilla utilizada en estas ceremonias se compone básicamente de platos de engobe rojo (Schubart y Niemeyer, 1976: 142-143 y láms. 20-23), estando exclui­das las vajillas cerámicas asociadas a modos de consumo tradicionales en las comunidades locales del área malagueña. En este sentido, la cultura material de estos asentamientos revela una importante diferencia con respecto a los barrios con población fenicia que hemos visto en el enclave onubense: la cultura material ligada a prácticas sociales con una alta visibilidad pública y que es crítica para la construcción de determinadas identidades y jerarquías sociales en las colonias remite prácticamente siempre a modelos fenicios, que pueden ser netamente orientales o reelaboraciones propias de estos ám­bitos occidentales (Delgado y Ferrer, 2007).
En las colonias fenicias del área malagueña, estos elementos se restrin­gen a ámbitos y a prácticas muy concretos: algunos elementos de vestido, el uso de determinadas tecnologías o formas de hacer propias de grupos locales,  y determinados vasos de cerámica destinados principalmente a la preparación y cocción de alimentos.
La vinculación que se establece en los ritos fúnebres de las necrópolis del área de Málaga con las formas que adopta la representación del poder en Oriente la encontramos también en el uso de vasos de alabastro. Estos recipientes fueron utili­zados como elemento de ajuar o como urnas cinerarias en muchas de las ne­crópolis fenicias del litoral mediterráneo –Lagos, Cerro del Mar, Trayamar, Almuñécar–. Algunos de estos vasos, que en su origen debieron contener vino y perfumes de alta calidad, son de producción egipcia y excepcional­mente disponen de inscripciones jeroglíficas.
Escarabeos egipcios, huevos de avestruz, cerámica griega... Estos objetos se han encontrado en la provincia de Málaga. ¿Cómo llegaron estos productos de origen tan lejano? La respuesta la hallamos en los transportistas de la Antigüedad: los fenicios.

LOS HINTERLAND FENICIOS

EL HINTERLAND DE MAZARRON

EL HINTERLAND DE VINARRAGELL

 HINTERLAND TARTESICO EN LA MANCHA

 SEXI Y SU HINTERLAND

EL HINTERLAND DEL RIO GUADALHORCE

EL HINTERLAND DE LA FONTETA

 EL HINTERLAND DE ANDALUCIA

  EL  HINTERLAND DE HUEVA

EL HINTERLAND DE GADIR

ALHONOZ Y SU HINTERLAND 

EL HINTERLAND DE EXTREMADURA

CASTULO Y SU HINTERLAND

EL HINTERLAND DEL CERRO DE ALCORCON

EL HINTERLAND DE MASTIA

AKRA LEUKA Y SU HINTERLAND

EL HINTERLAND  DE SUKRO – CULLERA

EL HINTERLAND DE  AMPURIAS

HINTERLAND DE ALLONIS