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martes, 7 de enero de 2014

El torrelló del Boverot



 Este poblado, situado en las terrazas superiores del río Mijares, es muy pequeño en extensión, no obstante, eso resulta interesantísimo desde el punto de vista de los materiales, piezas excepcionales tanto por sus formas como por sus decoraciones. 
El asentamiento del Torrelló se asienta en la parte oeste del término municipal, de Almassora junto al río Millars ( Mijares) y lindando con el término municipal de Onda.
En él se ha documentado mediante varias excavaciones arqueológicas unos restos del poblado de la época del Bronce, datados hacia el año 1000 a.C. A ellos se superponen diversas clases de estructuras urbanas, que dan pie a distintos momentos de la ocupación, quizás los más visibles son la calle ibérica con sus viviendas adosadas, datada alrededor del 160-140 a.C.
Otras estructuras importantes son las distintas murallas, un total de más de 70 metros longitudinales, que protegían la aldea de las constantes invasiones.
Una de las fases que más conocemos es la que se produce alrededor de las siglos VIII - VII a.C., donde se construyen unas viviendas elipsoidales en las cuales aparecen unas cerámicas realizadas a mano y de colores negruzcos.
Posteriormente, hay un cambio en el sentido orientativo de las casas, realizándose ahora de norte a sur, y con unos muros completamente rectilíneos, apareciendo por primera vez las vasijas levantadas con el torno de alfarero, lo que supone un cambio considerable en la economía.
Como en todos los poblados ibero-fenicios es de suponer que aquí se encontrase un taller local de alfareros indígenas que fabricaban ánforas de imitación fenicia además de  diferente cerámica ibérica.
Aunque también es posible que toda la cerámica hallada fuese de importación de Andalucía.
En este periodo cuando se documentan por primera vez algunas semillas de uva.
La importancia de este poblado radica en su situación estratégica de control de las rutas de comercio hacia el interior, en su condición fronteriza y en los numerosos restos de un importante comercio con los fenicios que lo convierten en un centro distribuidor de mercancías fenicias hacia el interior.
Por tanto vemos que aquí es notoria la influencia de los colonizadores semitas del Mediterráneo, es decir, se ve claramente la influencia de carácter fenicio en este poblado, que formaría parte del Hinterland de Vinarragell.
 Posteriormente y ya en la última fase de la ocupación del poblado, al final del momento Ibérico, siglo II a.C., encontramos diversas viviendas que se alinean entorno a una calle central de un metro de anchura, donde se han encontrado unas escaleras con cuatro peldaños.
En el interior de una de estas casas y situado debajo del suelo de una chimenea, se obtuvieron los restos de un niño recién nacido, que posiblemente murió en el parto. Encontrar niños enterrados en las casas es bastante normal, esto suponía creer en una inmediata fecundidad. Respecto a los restos de contenidos en algunas piezas cerámicas se han documentado miel con restos de higos o miel con frutos carnosos, además de la existencia también en ánforas de cebada fermentada o cerveza. En cuanto al estudio de los huesos, se han detectado gallos, ovejas, cabras, conejos, caballos, cerdos, es decir animales domésticos principalmente, aunque también se han encontrado huesos de ciervo.
      En la última fase de la ocupación del poblado, al final del momento Ibérico, siglo II a. C., se hallan diversas viviendas que se alinean en torno a una calle central de un metro de anchura, donde se han encontrado unas escaleras con cuatro peldaños.
    Los huesos de animal, ovicáprido, se dan en la modalidad de quemados con lo que podía pensarse también en una ofrenda alimenticia procedente de un sacrificio ritual que acompañase al difunto en el viaje a ultratumba.
  Los animales consumidos eran sacrificados a una edad superior a los 40 meses, según nos indica el desgaste de los dientes de las mandíbulas.
  Parece usual el material óseo de animales, en los ritos cultuales ibéricos en enterramientos de incineración, pero no lo es tanto el que estos también hayan sido quemados, aunque a medida que se elaboran estudios más profundos, se detecta que éstos se presentan abrasados en el interior de las urnas. 
Hay varias formas de cerámica globular y bruñida fabricadas a mano, decorada con incisiones en su parte exterior, así como impresiones correspondientes a la I edad el Hierro y fechadas en el siglo VII a. C.
También se encontraron diferentes formas de cerámica realizada a mano datadas en la misma época.
    Se han encontrado varias ánforas  fabricadas a torno de las conocidas como fenicias, en las cuales se ha podido  documentar que llevaban o transportaban en unas vino y otras salazones.
 Entre los diferentes hallazgos se han encontrado en la necrópolis y en diferentes tumbas varias urnas de carácter cinerario.
En dicha  necrópolis también se ha hallado un escarabeo etrusco, ese amuleto con forma de escarabajo pelotero -de ahí su nombre-, y que tiene su origen en la mitología egipcia. También se halló una tumba -incineración 20- con las cenizas de dos personas, además de restos de ovicáprido, e interesantes fragmentos de cerámica policromada.
   En una de las tumbas de dicha necrópolis la cerámica ofrece una pintura singular que carece de paralelos en todo el yacimiento como puede verse en el estudio de ella.
 Realmente, se cree que las tres piezas con pintura policroma se realizaron para esta tumba ex profeso y por el mismo alfarero. Es decir, se llevarían a cabo para la función de contener las cenizas de unos difuntos, y por tanto deben de entenderse ellas mismas como ajuar, al igual que otras piezas en otras necrópolis.
 Se ha encontrado dos fragmentos fenicios a torno correspondientes a lo que se conoce como tipo “Cruz del Negro” con pasta de Sándwich, gris interior y ocres anaranjados en los exteriores con abundante desgrasante equistoso correspondiente a finales del siglo VII a. C..y primeros del VI.
 También se ha encontrado varios fragmentos de  pithoi de carácter fenicio con decoración de bandas y filetes.
  Tenemos también varios fragmentos de  diversos platos de trípode fenicio fabricado a torno con pasta gris oscura y desgrasante de cuarzo y micas con las caras exteriores con un engobe verde aceituna.
 Existen también numerosos fragmentos de ánforas fenicias fabricadas a torno y con distintas clases de  engobe.
Estas cerámicas, debieron ser sometidas a un sistema de cocción bastante rudimentario, en el cual, probablemente no superaron en ningún caso los 800º Centígrados, ya que los materiales se mantienen intactos en los fragmentos analizados.
Hay otro grupo de pastas que corresponden a un grupo de muestras fenicias, cuyo origen más probable sea el sur de la Península, caracterizadas en su mayoría, por una cantidad  de desgrasantes, cocción a elevada temperatura y un bajo contenido en calcita y materiales arcillosos.
Estas primeras piezas con torno llegan desde las costas mediterráneas de Málaga, hasta la desembocadura del Millars o Mijares. 
En este poblado las gentes del lugar se dedicaban al comercio que realizaban a través del río y consistía en la producción de vino ya que formaba  parte de su estatus y al intercambio de distintas mercancías que río arriba y río abajo transportaban con sus barcazas.
 Formaba parte de lo que conocemos como el Hinterland de Vinarragell, localizado en la desembocadura del Mijares.
Las importaciones fenicias, en tanto que con-tenedores de productos alimenticios, se vinculan al interés de los grupos –aquellos interlocutores de los intercambios– por el consumo convivial. Beber y consumir alimentos pueden ser actos sociales con funciones determinadas, la más extendida de las cuales es potenciar –y manipular– la interacción social a través de la institución de la hospitalidad. Esta puede producirse de muchos modos, pero lo más destacable es que mediante su práctica se establecen diferentes relaciones sociales; así, se pueden producir relaciones de reciprocidad u obligaciones sociales pero, al mismo tiempo, puede servir para aumentar el prestigio y el poder social o, de forma sutil, crear vínculos de dependencia.
Puesto que las ánforas fenicias contuvieron principalmente vino cabe plantear las ventajas sociales, políticas y económicas de la bebida en una sociedad precapitalista de pequeña escala. Sin embargo, el vino fenicio no debió ser la primera bebida alcohólica que consumieron los grupos indígenas de la costa oriental peninsular, ya que es probable la elaboración de cerveza durante el Bronce Final, y con toda seguridad en el norte y este peninsular, ya que  se documentan copas o pequeños cuencos de tipología variable.
Los bienes de prestigio no actúan por sí solos, ni sus significados son fijos, sino que sus valores dependen de quienes se los otorgan.    
  Los intercambios expresan, así, la particularidad de una situación entre una expansión comercial protagonizada por los grupos fenicios y los intereses de ciertos grupos indígenas en asentamientos que controlan las vías de comunicación y ya existentes desde el Bronce Final.

viernes, 23 de marzo de 2012

La Dama de Elche

Los fenicios comenzaron a llegar alrededor de 1,000-900 ac, su primera gran colonia fue Gades (Cádiz moderno). Siglos más tardes, llegaron los griegos y establecieron su principal colonia en Emporiae (hoy conocido como Ampurias) en 575 ac. Un proceso similar de la difusión cultural ocurrió en Iberia como en Sicilia, es decir que los íberos locales comenzaron a adoptar los estilos artísticos de los griegos y fenicios. El ejemplo más evidente de este proceso es una serie de famosas esculturas del Sudeste de España, como la Dama de Elche.
Una de las obras claves de representación fenicio-cananea en la Contestanía puede ser la Dama de Elche la cual podría representar a  la diosa fenicia Astarté, cuyas joyas y amuletos son de carácter semita y de estilo orientlizante perteneciente a la antigua colonia de Illice.
 Esta escultura ibérica se caracteriza por la influencia recibida del entorno fenicio aunque adaptada a las necesidades propias de los indígenas de la Península.
Los esquemas decorativos de la Dama de Elche pertenecen al mundo oriental del Mediterráneo", señala, lo que le permite concluir que "como ese repertorio fue objeto de una relectura, de una integración en un estilo propio de la zona, debía de haber una escuela local de artesanos escultores" en el momento de creación de la Dama, en el IV o V siglo a. C.
Fechada en el siglo VI a. C., al parecer la estatua es una representación de la diosa Tanit — la Astarté fenicia — protectora de la fecundidad, del hombre y de los animales. Con todo, la escultura acusa una influencia griega en ciertos elementos, como la distribución del ropaje sobre el cuerpo y la ejecución del rostro, de gran realismo y encanto hierático. Sin embargo, lo que más sorprende de la Dama de Elche es su enigmático rostro, de bellas y delicadas facciones.
Los últimos estudios apuntan a que la estatua pudo ser obra de los llamados escultores nesióticos, es decir, de aquellos que iban de isla en isla y de país en país trabajando de modo itinerante en función de la demanda de sus servicios.
La complejidad del tocado ya habla de un pueblo dado al adorno al menos en circunstancias especiales y con tiempo de sobra ya que ese tocado debe llevar horas montarlo.

Con el nombre de arracadas se distinguen los pendientes completos, y más especialmente los de grandes dimensiones. Los llevaron de este tipo y de forma circular muchos pueblos antiguos como los egipcios, asirios, fenicios, etruscos, celtas e iberos. De estos últimos, son buena prueba algunas estatuas como la famosa de la Dama de Elche y quizás tuvieran el mismo destino muchas de las placas en forma de disco de bronce repujado halladas en sepulturas celtíberas. De labor fenicia con reminiscencias asirias son las magníficas arracadas de oro halladas en el Tesoro de Aliseda.
Algunas culturas utilizan los pendientes como amuleto protector, para impedir que los malos espíritus se introduzcan en el cuerpo a través de los oídos.

El tema representa  a una mujer ricamente vestida con una doble túnica sobre la que lleva un manto que le cubre la cabeza y los brazos y que presenta pliegues en zig-zag en sus bordes asimétricos. Luce tres hileras de collares abigarrados, uno con lengüetas, el del centro es de anforillas (según los expertos para contener perfumes). En la cabeza lleva un tocado muy complicado, compuesto por un velo sujeto sobre una peineta adornado con diademas, posiblemente de oro, y por dos enormes discos o rodetes a los lados del rostro, junto a los que cuelgan dos aparatosas arracadas formadas también por multitud de anforillas.
El rostro presenta una gran serenidad y belleza muy sencilla, con los ojos algo oblicuos, una nariz recta, pómulos ligeramente marcados y una boca de labios bien diseñados, con restos de policromía. Tiene un ligero aire melancólico.
La composición es muy sencilla, cerrada, poco estudiada; la figura está hecha para ser vista de frente. Se estructura en un eje vertical. Predominan las líneas rectas, aunque las curvas en rodetes y collares compensan y dan mayor veracidad. Aparece estática, algo rígida, con hombros demasiado anchos y cuello corto. El artista ha tallado con especial cuidado los adornos y joyas, prestando gran atención a los detalles para mostrarnos la posición social superior de la dama.
La función de la escultura es probable que sea funeraria: posiblemente era una urna cineraria ya que en la espalda tiene un hueco para meter las cenizas del muerto ( igual que la Dama de Baza). No sabemos quién es esta dama: podría ser una sacerdotisa o bien una señora de la aristocracia difunta o más probablemente una diosa-madre que acompaña al fallecido al otro mundo.
El estilo es  una obra del arte Ibérico perteneciente a la segunda mitad del siglo V ó al IV a.C ( existe poca precisión a la hora de datar la escultura porque se ha hallado sola) . Presenta similitudes con las esculturas griegas de comienzos del siglo V a.C , aún con ciertos rasgos de arcaísmo ( la frontalidad, la rigidez, los ojos oblicuos ,etc) pero hay ya búsqueda de belleza idealizada y serenidad. Sin embargo el escultor no se limitó a copiar sino que interpretó los modelos orientales con gran originalidad.
De escultor y  autor desconocido, sin duda un indígena que tenía conocimiento de obras de arte griegas. La dama de Elche es una muestra extraordinaria de la escultura ibérica porque en ella se ve muy bien la síntesis cultural que los pueblos ibéricos, establecidos en el litoral levantino y sur de la península durante la segunda Edad del Hierro, realizaron debido al contacto comercial con los pueblos colonizadores mediterráneos, especialmente fenicios y griegos. La influencia fenicia aparece claramente en las joyas que porta la dama (en el Museo Arqueológico Nacional hay piezas de orfebreria fenicia-tartésica muy semejantes, como las piezas de oro del tesoro de la Aliseda, realizadas en filigrana y granulado).
De acuerdo con William H.Swatos el autor de "La enciclopedia de la religión y la sociedad", la Dama de Elche, podría tener una estrecha relación con Tanit, la diosa y patrona de Cartago, a la que rendían culto los íberos púnicos. Tanit fue una diosa fenicia que representaba a la luna y a sus fases, el culto a esta diosa se extendió por toda la zona mediterránea, de Malta a Gades en tiempos del imperio helenístico.
Una de las hipótesis barajadas era que se tratara de una mujer con un elevado estatus social, con total probabilidad una reina, simplemente por el hecho de que se decidiera inmortalizar su imagen en una escultura y además se hiciera de un modo presuntamente idealizado conforme a los cánones de belleza de los antiguos griegos, ya que el autor de la escultura pudo haber sido algún griego o algún artista local formado en Grecia.

También existe la posibilidad de que se tratase de un regalo de boda para alguna dama noble. En este caso podría haberse representado a la misma novia o a alguna diosa ibérica de la fertilidad. Si este supuesto fuese cierto, el hueco que se encuentra en la parte trasera de la estatua serviría simplemente para que se sostuviera sobre alguna viga o columna.
Según Langlotz, los rasgos de la dama recuerdan a los de las esculturas del templo de la diosa Hera en Seliunte. Esto, unido a las riquezas de la vestimenta ha inducido a pensar en la posibilidad de que la dama fuese una vestal o sacerdotisa que probablemente sirviese a la diosa Tanit.
En la celebración de muchos rituales religiosos que provienen tanto del paganismo, como de la época ibérica se consideraba que la participación de mujeres era impura, por este motivo era frecuente que algún adolescente de rasgos finos representara el papel de una diosa. Aunque en este caso se ha especulado sobre si el busto representaba a alguna versión ibérica del dios Apolo. No obstante no existe fundamentación suficiente para justificar que se tratara de un varón.
De todas estas teorías, la que más fuerza cobra es que la escultura tuvo fines funerarios, que fue una urna de enterramiento. Tanto la estructura hueca, como los rasgos faciales relajados así lo indican, ya que la abertura que se encuentra en la parte trasera de la figura servía para colocar los restos mortales y los rasgos relajados indican que fue esculpida a partir de un molde realizado sobre el cuerpo de la fallecida, este molde serviría como modelo al artista ya que la muerte de la dama debió producirse antes que la talla de la escultura. Todo parece indicar que la dama era una joven de alta posición social que falleció a una edad aproximada de unos veinticinco años. Si se observa el rostro, no es que carezca de expresión, sino que representa la tristeza y el luto.
La Dama de Elche, fechada en el siglo VI a.C., se consideraba la obra cumbre del arte ibérico. Ambas son una versión de la diosa Tanit, equivalente a la Astarté fenicia, versión semita de la Ishtar babilónica, diosa protec-tora de la fecundidad, de los animales, del hombre y de la vida en sus más variados aspectos. Traída a Occidente por los fenicios, fue muy venerada entre iberos y turdetanos, como lo indican otras estatuillas de diosas, entre las que destaca la Dama de la Galera (Granada), del siglo VII a.C A esta protecto-ra de la fecundidad se la representó varias veces alada en la cerámica de Elche, sola o acompañada de caballos, de diversos animales o de motivos vegetales, como Astarté en el Oriente.
La Dama de Elche acusa influencia griega en diversos elementos: los rodetes para recoger el cabello también han sido encontrados en algunas terracotas áticas del siglo VI a.C.; la distribución del ropaje sobre el cuerpo recuerda los mantos de terracota de Rodas, hallados en Baleares, y la ejecución del rostro está realizada al estilo griego, con un gran realismo y encanto hierático. Todos los amuletos que lleva sobre el pecho son de origen fenicio y aparecen ya en los collares de la Aliseda (Cáceres), obra de artistas indígenas que trabajaban hacia el 600 a.C., y que se repiten en la Dama de Baza y en otros exvotos de piedra y bronce. Precisamente esta mezcla de elementos de diversa procedencia es una característica básica del arte ibero.

 

LOS HINTERLAND FENICIOS

EL HINTERLAND DE MAZARRON

EL HINTERLAND DE VINARRAGELL

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EL HINTERLAND DE  AMPURIAS

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