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miércoles, 4 de diciembre de 2013

LA ORFEBRERIA FENICIA


Los fenicios asentados en las costas de la fachada levantina del Mediterráneo se habían consagrado, durante el II milenio a.C., como los grandes abastecedores de materias primas de origen mineral y de manufacturas metálicas a los mercados de Oriente Próximo (entre otros intereses comerciales). Este motivo es el que inicia la diáspora fenicia hacia Occidente, en concreto la búsqueda de cinco metales: hierro, oro, plata y estaño para su aleación con el cobre. El estaño lo encontrarán en la ruta atlántica, desde el sur de la Península Ibérica hasta las Islas Británicas, tanto por vía marítima como terrestre. Para ello se asentarán de manera principal en la zona de Huelva, llave del estaño atlántico y productora de plata y en Cádiz, siendo este enclave el centro de operaciones redistribuidor y organizador comercial. En la Península encontrarán todos los demás y en abundancia, lo que denota la importancia que ésta tuvo en el período colonizador fenicio y en la etapa posterior de asentamiento, con intereses agropecuarios y de establecimiento poblacional a partir del s.VIII a.C..
  En la naturaleza encontramos estos productos en su forma mineral, es a partir de su fundición y separación del resto de materiales cuando hablamos de metales y de las manufacturas, desde armas y herramientas, páteras, objetos de lujo y joyas. En un principio, la obtención de los metales será por vía de intercambio con los indígenas para, poco más tarde, iniciar la instalación de hornos de fundición en las inmediaciones de las minas, hornos de fundición de hierro, como así indican los escoriales hallados, y hornos de fundición para el beneficio de la plata por el método de la copelación.
  La técnica de fundición básica es por fusión. Se coloca el mineral molido con el fundente dentro del horno, sometiéndolo a altas temperaturas y obteniendo dos productos: la escoria o deshecho y el régulo, éste último constituyendo una amalgama de oro, plata y plomo, además de otros minerales, siendo el plomo el agente aglutinador de estos metales nobles.
  Posteriormente se aplica el método de la copelación, llamado así por la forma de copa de la vasija donde se realiza. El régulo era colocado en estos recipientes, sometiéndose de nuevo a la acción del fuego para liberar los metales nobles (cada uno lo hará a una temperatura propia). Así, parte del plomo se evaporará y otra parte quedará adherida al fondo de la copela en forma de óxidos de plomo, entre ellos litargirio. Sobre esta capa quedaba el metal noble en estado líquido, que se vertía en moldes. Estos fondos de copela, formados por óxidos de plomo, son los mismos que en número superior a 400 y con un peso de alrededor de dos toneladas constituían el cargamento del barco 2 de Playa de la Isla. Posiblemente para ser conducido a explotaciones mineras carentes de plomo suficiente para la copelación de su plata y para la manufactura de objetos de plomo. Importante para una valoración final es relacionar loscollares representados en varias esculturas, especialmente exvotos, con la producción de objetos en oro y plata contemporánea, cuyos modelos serían los copiados por los escultores y broncistas. Los registros arqueológicos evidencian que la sociedad oretana desde finales del siglo VII a.C. hasta época romana desarrolló una producción de orfebrería (oro v plata) paralela a la del bronce, potenciada por los recursos mineros de la región; prueba de ello son algu­nos adornos de oro del período orientalizante y los numerosos tesoros de plata ocultados en el último período Ibérico. Una muestra de esa orfebrería son dos colgantes en forma de "U", uno procedente del Collado de los Jardines (Santa Elena, Jaén) en el Museo de Linares (Blanco, 1960), y otro de Tugia, (Toya, Jaén); y una tercera pieza, colgante en forma de bellota, una ofren­da del santuario de Castellar.
Estos colgantes en "U", al que habría que añadir otro conservado en el M. Instituto Valencia de Don Juan, son una creación ibérica de talleres locales evolucionados a partir de los estuches amuletos de tradición oriental como los de Aliseda. Su elaboración y diseño muestran las característi­cas heredadas de la orfebrería orientalizante ibérica del siglo VI a.C. como  son las técnicas de granulado y fili­grana, mientras que en la temática se mezclan esquemas orientales y griegos, pero todo ello con un fuerte estilo griego, reflejo de la corriente helenística introducida por los cambios de los mercados comerciales y que mar­cará los estilos artísticos de Levante y Sureste desde el siglo VI a.C. El arraigo de este tipo de colgante entre la población ibérica del sureste se manifiesta en la iconografía y orfebrería; y una prueba de su originalidad local pueden ser los bronces de la colección Candela; dos matrices proceden­tes de Moixent (Valencia) que además nos informan de la existencia de talle­res y artesanos especializados. En cuanto a los colgantes en forma alargada, o de bello­ta, responden a la misma
tradición oriental y son fre­cuentes en ajuares funerarios de las necrópolis fenicias de Cartago, Utica o Trayamar (Quillard, 1979, p. 392) y también en ajuares funerarios de La Joya (Huelva) y Carmona (Sevilla); pero con diferencias de perfil, dimensiones y decoración. El marco cronológico de su desarrollo es de fines del siglo VII y VI a.C.
En cuanto, a los torques ibéricos de plata, su número conocido es numeroso y se concentran en la región del Alto Guadalquivir donde es posible que se origine su forma más característica. Casi todos ellos proceden de depósitos tesaurizados, algunos junto con monedas, en zonas próximas a los centros de explotaciones mineras. "Tomando como dato la ocultación y el estado de amor­tización, se puede proponer que son adornos de uso en la sociedad ibérica del período ibérico pleno, con una cronología de uso del siglo IV al II a.C.
Toda esta producción de orfebrería no puede expli­carse de forma aislada ni desde la descripción, sino que debe ser entendida dentro del desarrollo de la metalur­gia en un marco espacio-temporal de mitad del siglo VI a.C. v en la región oretana, cuando las estructuras socia­les del período orientalizante se han desestabilizado y los grupos sociales evolucionan hacia una estructura estatal; momento en el que las clases dirigentes necesi­tan mostrar su rango. Según algunas interpretaciones no se puede decir que existiera una monarquía, sino una aristocracia tribal que regía las ciudades v controlaba la extracción v comercia­lización del metal, quizás canalizada desde la ciudad de Cástulo, el más importante nudo comarcal desde el siglo VII a.C.
La técnica a la cera perdida (procedimiento escultórico de tradición muy antigua  que sirve para obtener figuras de metal (generalmente bronce) por medio de un molde que se elabora a partir de un prototipo tradicionalmente modelado en cera de abeja. Este modelo previo es rodeado de una gruesa capa de material blando que se solidifica; una vez endurecido, se mete en un horno, que derrite la figura de cera, saliendo ésta por unos orificios creados al efecto (de ahí su denominación) y, en su lugar, se inyecta el metal fundido, que adopta la forma exacta del modelo. Para extraer la pieza final es necesario retirar el molde. La principal ventaja de este procedimiento es la estrecha tolerancia dimensional que podemos conseguir, la cual no puede conseguirse mediantre otros procesos) de carácter orientalizante nos viene demostrada en la cantidad de exvotos encontrados en los diferentes santuarios oretanos. Con esta técnica de carácter oriental fabrican timaterios (quemaperfumes), asadores metálicos, cabezas de timón o lanza de carros, vasijas, lebes y bustos de dioses o diosas con las mismas características que los encontrados en el Este y  sur peninsular de tipo orientalizante de clara influencia griega o fenicia. Es posible que el bronce de estos exvotos se fabricas en talleres locales indígenas o que fuese de importación ya que los exvotos de bronce eran del estilo tartésico, traídos ya fuesen traídos por los pobladores de oriente llegados del mar. De influencia Rodia o Hititas son varias joyas y tesorillos encontrados en diversos puntos de la Oretanía, de carácter orientalizante son los braserillos encontrados en  el Santuario de esta Despeñaperros. Aunque la mayoría de materiales hallados estuvieran hechos con la técnica de la cera perdida, en otras partes de esta región aparecen carros votivos de bronce, al igual que aparecen fíbulas de bronce de influencia céltica y mediterránea, que como se ha dicho, este pueblo el de los oretanos estaba en una zona de intercambio de culturas, mercancías y productos. En cuanto a los tesoros o tesorillos encontrados en varias localidades, parece ser que había  talleres de población indígena que se dedicaba  a hacerlos o a imitarlos, siempre con las mismas influencias fenicias o tartésicas. Se cree que hubieran podido existir talleres  ambulantes donde se fabricaban  todas estas  piezas.
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