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lunes, 6 de febrero de 2012

LA AGRICULTURA

La región era una franja costera, aislada del continente por dos cadenas de montañas de norte a sur. Era una región muy accidentada, cubierta en ese entonces por espesos bosques de cedro, famosos en la antigüedad por suministrar madera de alta calidad a todo el Mediterráneo. Fenicia no pudo ser una región agrícola pues la extensión de su tierra cultivable era muy pequeña aunque ellos descendieran de los cananeos, pueblos agrícolas y ganaderos.
   Esta civilización no se destacó por una agricultura extensiva porque su territorio estaba conformado por suelos montañosos y no aptos para dicha actividad y la configuración geográfica impide la práctica de una agricultura de carácter extensivo. Estos accidentes geográficos imposibilitan la ampliación del territorio.
     Sabemos que la región era deficitaria en el abastecimiento de cereales y aceite y por ello se estructuran para aprovechar lo máximo que podían el terreno agrícola  y buscaban tierras muy fértiles y aptas para regadío y secano (es el caso de los valles andaluces de Málaga, Cádiz, Huelva y cercanías en la desembocadura de los ríos). 
 No existe una agricultura única que se pueda para el Líbano. Túnez, Cerdeña o la Península Ibérica, en donde en cada zona se presentan facetas diferentes.
   En cuanto a los asentamientos costeros solían situarse en un paisaje formado por suaves plataformas que bajan desde las colinas hasta el mar, donde acaban normalmente en fuertes acantilados, salvo en alguna cala que se abre en la desembocadura de algún torrente..
    En los valles más estrechos de las regiones montañosas no existía el incentivo de unirse, el terreno tendía más bien a separar a  las ciudades fenicias que se situaban en la porción de la franja costera.
   Aunque las partes bajas de las faldas  de las ciudades son fértiles, no hay posibilidad de ampliarlas, cuando la población crece, la producción es insuficiente para mantener a los habitantes. Por esto, Fenicia nunca pudo vivir ni prosperar con su agricultura, ni convertirse en un país exportador.
    La agricultura se practicaba en terrazas escalonadas, en las laderas de las montañas, y de ellas se obtenían, todas los productos agrícolas.
    Practicaban la agricultura intensiva que dependía de las lluvias, abundantes en invierno disminuyendo en primavera y desapareciendo desde mayo hasta septiembre. En este periodo sólo era posible la irrigación gracias a las aguas procedentes del deshielo.  El suelo cultivable, mayoritariamente aluvial, era muy fértil.
  En sus huertos cultivaban hortalizas, que junto con las legumbres (garbanzos, guisantes y lentejas) forman parte de su dieta. Llegaron a tener auténticos vergeles de árboles frutales, comían higos, manzanas, melocotones, nueces, muchas de estas frutas las introdujeron en otras zonas y también las llevaron secas, así las ciruelas, pasas, dátiles e higos iban en sus cargamentos, también sabemos que comercializaron con aceitunas y uvas, además del vino y el aceite. Elaboraban gachas y panes de distintos sabores y formas, hacían queso y endulzaban sus manjares con miel, la apicultura fue otra de sus actividades y su miel exportada.
Phoenix dactylifera, “el arbol de phoneicia que da dátiles”. La palmera datilera es el “arbol de la Diosa del parto” en el Osasis, . De Babilonia, la diosa Ilu y su palmera. Por eso el nombre de Phoenix para la palmera, está vinculado al parto. Y en griego “dar a la luz” es por eso mismo “Phaíno”. Los griegos usan la raíz “phan-“ para todo aquello que hace referencia a “lo luminoso, la luz, la claridad”. De tal forma que la palmera se llama Phoenix, por el griego “phaíno” (dar a luz). No por el arameo o cananita o hebreo. Sino porque Fenicia es la “tierra donde hay palmeras”, donde hay “arboles del dar-a-luz”. Les remito al post sobre “La palmera sagrada y el oasis de Ammón”. Pensemos en que los griegos tienen dos términos que mostrarían ese trasvase de sentido: lo mayeútico y lo phanésico. Phanes y Maïa. El hijo dado a luz por la Madre del Agua Maïa. Eso es el método mayeútico de Sokratés: la verdad alumbrada debajo de una palmera filosófica. Los griegos tendrán su Diosa palmeril reconvertida, que será Artamis o Artemis. Que proviene de un término, que los seguidores de la kerontología ya conocen: Tammar o Dammar. La Tammar es la “palmera” en hebreo, pero es el nombre de la incestuosa mujer de la Bíblia. De aquella Tammar, esta ArTammar o ArTammis o Artemis.
  En el Próximo Oriente, la palmera siempre tuvo un significa­do sagrado, relacionadas con los ciclos iconográficos de la diosa Astarté en Fenicia. En Cartago, se la relaciona con el ámbito funerario.
     El granado y su fruta tuvieron una presencia destacada en muchas civilizaciones mediterráneas antiguas. Los egipcios utilizaban la granada tanto para curtir, por su riqueza en taninos, como para teñir el cuero de amarillo, pero también conocieron sus virtudes medicinales (usaban la raíz contra la tenia), y la apreciaban como fruta fresca. Todavía hoy el jugo de su fruto fresco -la granadina- sigue siendo muy popular en El Cairo. En la mitología griega, la granada fue el instrumento utilizado por Hades, señor del mundo subterráneo, para conseguir que su joven y bella esposa, Perséfone, permaneciera a su lado, pese a haber sido raptada por el oscuro dios: podría abandonar el mundo de las sombras siempre que no hubiera tomado alimento alguno. Desgraciadamente, la divina dama había tomado varios granos de una jugosa granada, por lo que no pudo "plantar" a su siniestro marido, al menos de forma permanente: tras las súplicas de su madre, Deméter, Hades acabó consintiendo en que, durante seis meses al año la diosa pudiera retornar a la luz del sol, instaurando así , esos períodos del calendario que conocemos como primavera y verano.
El nombre del género, Punica deriva de fenicios, quienes fueron unos difusores activos de su cultivo, en parte por razones de tipo religioso.
En el Latín clásico el nombre de la especie era malum punicum ó malum granatum,
El fruto es originario de una región que abarca desde Irán hasta el norte de los Himalayas en India, y fue cultivado y naturalizado en toda la región del Mediterráneo incluyendo Armenia desde la Antigüedad. Muy apreciada en las zonas desérticas, por estar protegida de la desecación por su piel gruesa y coriácea, lo que permitía que las caravanas la pudieran transportar grandes distancias, sin que le afectara en la conservación de sus cualidades tan apreciadas. Se encuentran sus huellas en todos los documentos antiguos.
  Se sabe del cultivo de la granada, desde hace al menos 5000 años en Asia occidental y en el Norte de África; se encontraba en los jardines pensiles de Babilonia y en los bajorrelieves egipcios. Los antiguos egipcios preparaban con su jugo un vino ligero con sabor a frambuesa.
  La granada simboliza la abundancia y fertilidad, así a Canaán la tierra prometida se le llama, "Tierra de Granados", así los espías trajeron granadas en su inspección representando la abundancia.
El simbolismo erótico sexual de la granada como símbolo de fertilidad es tomado del Cantar de los Cantares quien detalla, a la granada como una "dulce fruta y suave" 4:13,16, y el sexo oral a la fruta dulce de parte del "amado" bebiendo vino de granadas.
 Los romanos conocieron la granada gracias a los fenicios que la trajeron de Fenicia (aproximadamente en el actual Líbano) a Roma de ahí su nombre científico de Punica.
  Cada ciudad tenía un jefe que contaba con la ayuda de una gran cantidad de funcionarios pertenecientes a la nobleza, formada por los comerciantes más destacados. El resto de la población se dedicaba a la agricultura, ganadería y restantes actividades productivas que proporcionaban productos para la exportación gracias a la riqueza de las tierras fenicias en productos agrícolas y ganaderos. Los agricultores fenicios disponían de unas técnicas agrícolas desconocidas en occidente con las que proporcionaron una base sólida y estable.
 Los análisis procedentes de enclaves en la Península Ibérica muestran la presencia de cereales y un alto porcentaje de malas hierbas asociadas al cultivo cerealístico y sugieren un entorno donde abundaban los campos de cultivo y la realización de trabajos de trilla, cribado o tamizado del grano en el mismo asentamiento o en sus cercanías.
 Se considera que en muchos casos los territorios controlados por los enclaves coloniales fenicios debieron ser pequeños y que la mayor parte de las tierras fértiles próximas a ellos habrían permanecido en manos de la población autóctona, lo que, por otro lado, revelaría una dudosa estrategia colonial al permitir que el suministro de alimentos que precisaban los colonos quedara en manos de factores externos por medio de un intercambio que resulta difícil de precisar. Sin embargo, el territorio controlado por los Fenicios, aunque pequeño, junto con el modelo de agricultura intensiva diversificada que parece haber sido aplicado habría sido suficiente para asegurar el abastecimiento de la población colonial.
    En lo que a la propiedad de la tierra agrícola concierne, la presencia sobre el lugar de población autóctona que se manifiesta en el registro arqueológico no constituye un elemento de prueba definitivo, ya que resulta llamativo comprobar como esta presencia en el entorno productivo más cercano a los asentamientos coloniales no se produce, en algunos casos, hasta la instalación del enclave colonial en la costa.
   La adquisición de estas tierras se podía, realizar de diversas maneras, por medio de la violencia, o mediante pactos y alianzas que en la práctica vienen a resultar desiguales o, incluso, por medio de su compra. A partir de ahí las relaciones de los colonizadores con los pueblos autóctonos van quedar caracterizadas de diversa forma.
    Se realizaba también la explotación forestal,  talando los bosques y aprovechando la abundancia natural de especies como el roble, el pino, el abeto y, sobre todo, el cedro, que se convirtió en el símbolo de la región, que luego exportarían por todo el Mediterráneo para la  fabricación de muebles y la construcción de buques, navíos y casas.